Eladio, usted ya cansa

La opinión de…

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Había decidido no tocar este tema para evitar que mi posición se interpretara sesgada por la presencia de mi hermano en la dirección de la Caja de Seguro Social (CSS).   Me harté. Billy siempre ha mantenido un lenguaje técnico, alejado de verborrea política.   Eso, a mi juicio, le otorga credibilidad. De forma responsable, él ha expresado que la institución no está en capacidad de asumir el aumento a jubilados, a menos que el Estado se encargue del monto adicional. Pocas veces se ha visto a un director intentar que esta entidad se aparte de su sempiterna condición como botín económico y político del gobierno de turno.

Este puesto es solo por cinco años y después le quedarán varias décadas como simple ciudadano. Cuesta mucho forjar una imagen de independencia y honestidad para arriesgarse a perderla en poco tiempo. Conociéndolo, preferiría renunciar a dejar que su nombre se manche por parapetarse a intereses sectarios, de cualquier procedencia. Mi padre estaría orgulloso de su integridad y firmeza.

La CSS pertenece a todos los que cotizamos. Si pensamos en términos empresariales, los mayores accionistas serían los que más aportan. No obstante, la seguridad social fue ideada para ser solidaria y beneficiar a la mayor parte de la población, independientemente del estatus socioeconómico. De hecho, mucha gente pudiente ejerce el altruismo ya que cotiza bastante y no aprovecha sus recursos.

La medicina es cada vez más cara debido al surgimiento de sofisticadas tecnologías y terapias. Por tanto, para cumplir con el loable propósito humanista, se deben hacer ajustes periódicos en tiempo y cantidad de cuotas. En España, por ejemplo, hubo un acuerdo reciente entre gobierno y sindicatos (allá no son “frena-lo-todo”) para extender la edad de jubilación a 67 años, tanto para hombres como mujeres. Es evidente que, sin austeridad y eficiencia financiera, esta organización sin fines de lucro estaría destinada a colapsar.

Los ciudadanos tenemos derechos pero también deberes. Para prosperar como nación, la responsabilidad debe ser compartida. El Estado tiene la obligación de ofrecer condiciones básicas de salud a todos sus habitantes pero cada individuo debe colaborar con su propio bienestar. No es solo esperar “lo que puede hacer el Estado por uno sino lo que puede hacer uno por Panamá”.

Hay jubilados que poseen una enorme cantidad de beneficiarios entre sus filas. Debemos ser responsables por el número de hijos que elegimos tener. Idealmente, el individuo debe pensar en su futuro y ahorrar lo que pueda para gozar de una fuente complementaria de divisas para enfrentar su época senil. Hay varias cooperativas que ofertan paquetes de jubilación a precios bajos. Si los salarios son reducidos, habrá que esforzarse para educarse de noche y propiciarse posibilidades de mejor empleo. Por último, si el dinero es exiguo, toca sacrificarse y evitar los vicios (alcohol, cigarrillo, juegos de azar) que consumen lo poco que queda.

Hagamos cálculos. Un trabajador con sueldo de $300 aporta $25 mensuales (8% patrono, 0.5% individuo) para cobertura de enfermedad y maternidad.   En un año, la cuota es de $300. Una tomografía, una cesárea, tres días de hospitalización en sala o un cateterismo cardiaco, le cuesta a la CSS más que eso. Este cotizante tiene inscritos gratuitamente a varios beneficiarios. Como comparación, una póliza privada vale más de $200 al mes, aumenta por cada familiar incluido y requiere pagar deducibles por hospitalización o copagos por obtener medicamentos. El jubilado paga un 6.5% para tener derecho a atención médica pero a mayor edad los gastos sanitarios suben considerablemente.

La cotización al programa de IVM corresponde al 12.5% (4% patrono, 8.5% individuo) mensual. Con el salario mencionado, el aporte acumulado rondaría unos $15,000 en 30 años de servicio laboral activo. Esta cifra es mucho menor en el trabajador con retiro anticipado. La pensión de vejez sería aproximadamente $185 por mes. Si esta persona vive 20 años después de su jubilación, la CSS le otorgaría unos $45,000, es decir $30,000 por encima de su contribución. Por tanto, sin adecuados subsidios estatales ni hábiles administradores, esta institución estaría condenada a desaparecer en el futuro.

Es cierto que hubo promesa presidencial y que todos deseamos una pensión más digna para nuestros ancianos. Eso no justifica, sin embargo, trancar calles recurrentemente, obstaculizar el paso a hospitales, vociferar derechos sin mencionar deberes y salir diariamente en los medios arremetiendo contra una institución que lo ha mantenido por tanto tiempo. Usted ya cansa, don Eladio. Y no solo a mí.

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Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Los illuminati

La opinión de…

 

Xavier Sáez-Llorens

xsaezll@cwpanama.net

No hablaré de religión, pueden seguir leyendo sin temor. Lo que está sucediendo por estos lares me trajo a la mente la obra de Dan Brown, Ángeles y Demonios. El autor describe los intentos de una legendaria sociedad secreta para destruir al Vaticano. Las pistas que encuentra Langdon, el experto en descifrar símbolos antiguos, lo conducen a inspeccionar los llamados Altares de la Ciencia.     Cada altar se refería a los clásicos cuatro elementos vitales (tierra, aire, agua y fuego) que forman parte primordial de la existencia de todos los seres vivos, incluyendo a la irracional especie humana.   Los cardenales más influyentes de la época habían sido asesinados utilizando un método vinculado al elemento en cuestión. Curiosamente, las mismas técnicas están siendo utilizadas para destruir a Panamá.    Los jefes de las instituciones Anam, Alcaldía, Idaan y policía son nuestros Illuminati.

La Tierra está sufriendo los estragos de empresarios avariciosos y políticos inconscientes. Los negociados de madera, piedra y arena han acabado con gran parte de bosques y playas. La caótica proliferación de torres de concreto ha mermado la apreciación de paisajes urbanos, aniquilado áreas verdes, asfixiado el entorno de parques, diezmado espacios para caminar o estacionar, estancado drenajes pluviales y embotellado la ciudad en un laberinto inmobiliario. Cada vez hay menos manglares al sur de la metrópoli, se rellenan terrenos pantanosos y se fabrican islas artificiales para albergar a ricos o famosos.   La explotación minera indiscriminada, riqueza para unos y miseria para muchos, agrede la estabilidad ecológica del país. La Tierra tiende a cobrarse lo que le quitemos.   Las generaciones venideras pagarán caro las codicias de hoy.

El aire está más contaminado.   Humo de fábricas y emisiones tóxicas de una creciente maraña de vehículos que circulan por calles y avenidas trancadas recurrentemente. La basura, además de representar una amenaza microbiana a la salud ciudadana, emite una multiplicidad de gases irritantes que incrementan episodios de asma y otras afecciones respiratorias. La incapacidad de la comuna capitalina ya rebasó los límites de la imbecilidad.   Tenía razón Einstein. La estupidez es infinita, mucho más que el vasto universo.

Como respuesta, aparece una nueva autoridad de aseo. Me preocupa que haya sido incorporada como dependencia del Minsa, un ministerio que tiene tantas funciones que por mucho abarcar quedará sin apretar en nada. Para rematar, el panameño promedio tiene nula conciencia sobre su peligrosa práctica de tirar desperdicios en suelos, alcantarillas y riachuelos a su alrededor.

El agua, antes motivo de orgullo nacional, sucumbe a la torpeza y voracidad de los partidos en el poder.   La sempiterna intromisión política en las instituciones públicas tiene siempre efectos adversos a mediano o largo plazo. ¿Cuándo llegará el día en que los méritos técnicos sean los que determinen la designación de directores?    El problema actual del agua traduce la crónica de una escasez anunciada. Había informes científicos, elaborados hace más de 20 años, que alertaban sobre la crisis del lago Alajuela. Hace medio siglo, el 80% de la cuenca canalera estaba cubierta por bosques y ahora solo un 20%.

La deforestación, la invasión humana de hábitats silvestres y la improvisada construcción de caminos han facilitado los deslaves provocados por las lluvias y propiciado mayor sedimentación de los lechos lagunares.    Si, a todo esto, agregamos la falta de mantenimiento de estructuras y la nula previsión ante potenciales desastres, los malos presagios tienden a cumplirse. La ausencia de dosificadores es un simple ejemplo de ineptitud administrativa.

El fuego se usa para diezmar a la población carcelaria. Lo que acaba de acontecer con reclusos adolescentes, la mayoría pagando condenas menores, es realmente inverosímil. Por más delincuentes que hayan sido los jóvenes afectados, empero, verlos quemándose y no actuar para ayudarlos es típico de siniestros individuos de la peor bajeza moral. Lo inaudito fue visualizar a dos policías mofándose de la incineración en tiempo real, uno gritando “muéranse” y el otro riéndose con sarcasmo. El calificativo de cuadrúpedos sería un insulto a cualquier vertebrado. En el reino animal, se mata por supervivencia, no para disfrutar la agonía del otro. A estos agentes les debe caer el máximo de pena jurídica. No hacerlo sería evidencia palpable de la complicidad de unas autoridades que irrespetan derechos humanos básicos.

Ando crispado por lo que veo en Panamá.   En Escandinavia, los responsables renuncian por dignidad.   En China, los pasan por la guillotina. Aquí, los perdonan y condecoran.   El pasado nos encadena y el presente nos tortura.   Que mala pinta nos depara el futuro. Hay quienes creen, todavía, que estamos cerca del primer mundo.  No me jodan.

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Este artículo se publicó el 23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Desde la barrera…

La opinión de…

Xavier Sáez–Llorens

La postrimería noticiosa de 2010 fue entretenida.    Desde la barrera, el espectáculo siempre es mejor. No tener vinculaciones ni afinidades con los actores permite interpretaciones más objetivas por carecer de sesgos y conflictos de interés. Resulta difícil precisar si los protagonistas de las crónicas mienten o se defienden de manera veraz. Al tratarse de políticos, me inclino por lo primero.

Si algún provecho se le puede sacar a WikiLeaks es confirmar que los rumores son usualmente ciertos. Nada de lo filtrado hasta ahora, empero, genera sobresalto. Solo falta que nos revelen que Superman era Clark Kent. Espionajes y pinchazos telefónicos datan de tiempos atávicos.

Es probable que todos los gobiernos han utilizado estas tácticas para maniobras de seguridad, chantaje, debilitación opositora y perpetuación en el poder. De los más de 900 cables que se supone serán transparentados paulatinamente, alrededor de un 90% emanaría de administraciones anteriores.

Tan pronto el resto sea vomitado en las palanganas mediáticas, intuyo que el PRD será el partido con más experiencia en esos clandestinos menesteres. Saldrán detalles del contubernio entre Moscoso y Bush para liberar al terrorista Posada Carriles.   Y, aunque Endara fue el más honesto de los presidentes pretéritos, nos enteraremos de algunos ocultamientos.

Es harto conocido que EU se ha valido de estas prácticas de espionaje y siempre pensando en su propio interés. Me causa hilaridad que la izquierda del patio ha aprovechado la ocasión para arremeter contra gringos y capitalistas criollos. ¿Qué creen ustedes que sucedería si se colaran confidencias de embajadas y despachos en Rusia, Cuba, Venezuela, China, Corea del Norte o dictaduras árabes? ¿Y de computadoras o teléfonos de sindicalistas y comunistas alcanforados? La mugre también brotaría a borbotones. Hay maleantes y oportunistas en ambas esquinas del pensamiento político. Es más fácil conocer secretos de democracias, con periodismo investigativo y tecnología moderna de indagación, que de lugares donde la restricción y represión son actividades cotidianas. En estos últimos sitios, Assange ya habría sido aniquilado o desaparecido por cargos de fisgonear al servicio del imperio.

La sociedad se alarmó por toda la reseña negativa que fluyó de las instancias jurídicas. Yo no. ¿Ha habido alguna vez verdadera justicia en nuestro ultrajado istmo? Salta a la vista, no obstante, que nunca habían sido exhibidos en público, por imputaciones de corrupción, empresarios y políticos de alto perfil, como en la actualidad. Resulta difícil presagiar el desenlace final de los casos al tratarse de personas con apellidos rimbombantes.

Si la probidad imperara en las decisiones, se debería condenar a los que drenan las arcas estatales con “apego” a la ley, los que se hacen millonarios mediante triquiñuelas jurídicas y abogados mafiosos, los que se valen de información privilegiada para levantar negocios, los que exigen ser accionistas de sociedades anónimas a cambio de facilitar trámites de registro, los que construyen obras para ganar suculentas comisiones en compras licitadas o directas, los que trafican clientelismo y todos los sobornadores o sobornados.

Solo cuando esta quimera ocurra, estaremos orgullosos de vivir en un país decente. Concuerdo en que la institucionalidad democrática está en peligro por la injerencia del Ejecutivo en otros órganos del Estado. No perdamos de vista, sin embargo, que la culpa primaria de la situación que experimenta Panamá en estos momentos reside en las numerosas actuaciones ilícitas de los tres últimos gobiernos. Será interesante vigilar el comportamiento de Ayú Prado al frente de la Procuraduría. Tiene una gran oportunidad para depurar la deplorable imagen de esa importante institución, aparentemente ya a merced del narcotráfico.

Desde la barrera, también me divierte valorar la conducta informativa de los diarios nacionales. La Prensa es, sin duda, el periódico que ejerce el mayor contrapeso a los líderes de turno. Aunque se puede cuestionar la constante crítica negativa de su línea editorial, prefiero esta actitud al estilo dócil y adulador de otros rotativos.   Con la reciente adquisición de El Panamá América, una aparente movida del oficialismo para conservar popularidad, la posición independiente de esta corporación se me antoja fundamental. Voté por Martinelli pero presiono, desde esta columna, para que su mandato tenga un componente social sólido, se incline hacia el centro del péndulo ideológico y masifique la bonanza económica nacional.

La libre prensa es la munición más poderosa para derrotar al autoritarismo. De cualquier extremo…

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Este artículo se publicó el 9  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Navidad, fiesta ambivalente

La opinión de…

XAVIER  SÁEZ-LLORENS

xsaezll@cwpanama.net

La Navidad me despierta sentimientos de ambivalencia. Como los seres humanos hemos sido secuestrados, desde épocas pueriles, por tradiciones culturales, a edades donde lo místico se enclava casi irreversiblemente en el tejido cerebral, esta fecha desempolva recuerdos de la infancia.   La reunión de los parientes cercanos, la cena de Nochebuena, la solidaridad con los desposeídos y la sorpresa que trae Santa son vivencias que dejan una impronta imborrable en la mente de las personas que han tenido la ocasión de experimentarlas cuando niños.   De adulto, empero, la fiesta puede tornarse en farsa.

A medida que maduramos, en responsabilidades y canas, nos convertimos en los organizadores de todos los eventos familiares. Ya nuestros progenitores se han ido o están físicamente reducidos para dirigir esas iniciativas. El primer obstáculo es tratar de juntar a los hermanos. Una tarea harta complicada. Cada uno tiene su propia tribu, transita una situación personal distinta basada en sus particulares circunstancias y, en no pocas ocasiones, arrastra conflictos fraternales debido a discrepancias o malentendidos. Al final, sin quererlo, lo que brota es la desunión por rencores ocultos u orgullos estériles. Los alimentos e intercambios también pueden ser motivo de discordia. Nos fijamos, disimuladamente, en la complejidad y calidad de lo que trae cada invitado para después quejarnos cuando las relaciones no cursen su mejor nivel.

En segundo lugar, esa caridad con los que menos tienen, acostumbrada anteriormente a quedarse en la intimidad hogareña, se ha transformado en un atributo publicitario. Siempre he sostenido que la donación más magnánima es la anónima. El Teletón, como muestra de compasión humana, me genera descontento. Aplaudo los gestos de individuos y empresas que aportan dinero para alcanzar metas sociales y sanitarias que beneficien al pueblo. No obstante, me desagrada la explotación visual de la enfermedad o discapacidad, la búsqueda de imagen pública para enmascarar negocios nocivos (minería, casino, alcohol, tabaquismo), la fingida filantropía a cambio de favores y exoneraciones de impuestos y la utilización de arcas estatales para aparentar bondades de los gobernantes de turno.

Tercero, el reparto de regalos navideños representa una de las actividades de mayor iniquidad terrenal. La figura de Papá Noel está íntimamente vinculada a objetivos consumistas. Los propietarios de almacenes y jugueterías son los verdaderos favorecidos del invento. Para rematar, los medios de comunicación nos asfixian con campañas estridentes de mercado. En un esfuerzo por mitigar la codicia comercial de diciembre, los movimientos cristianos han tratado de eliminar a San Nicolás y reemplazarlo por el Niño Jesús.

Esta metáfora es, a mi juicio, aún peor. ¿A qué ente misericordioso y todopoderoso se le podría ocurrir dar dádivas a hijos ricos y migajas a niños pobres? El anhelo religioso de la Navidad se dirige a generar una sensación de celebración por un supuesto acontecimiento divino. Me pregunto, ¿qué deben celebrar los damnificados de las inundaciones en Panamá este y Darién, víctimas de destrucción, desolación y muerte? ¿Qué deben festejar los haitianos, vapuleados recientemente por terremoto y cólera? ¿Qué debe agasajar la gente humilde del mundo sin acceso a agua potable, alimentación adecuada, educación digna y salud de calidad? ¿De qué debemos alegrarnos los panameños, si nuestro país naufraga en basura, narcotráfico, impunidad, hipocresía y corrupción?

Por último, mi duda permanente ha sido saber si la mentira en que sumergimos a nuestros críos para que crean en personajes de fábula, derivados de adoraciones paganas al solsticio de invierno, podría propiciar el desarrollo de una personalidad supersticiosa y sumisa a largo plazo. Me temo que sí.

Lo que me resulta curioso es el clamor constante de la sociedad para que nuestra juventud exhiba valores de honestidad y transparencia en su conducta cotidiana. Una incongruencia. Concuerdo en que la cara de felicidad de los hijos cuando abren sus obsequios y la baba de beneplácito de los padres al observarlos son dignas de las mejores fotos y remembranzas familiares.

Al enterarse del timo, sin embargo, sobreviene desilusión y enfado por haber sido engañados por casi una década de su vida. Mi hijo pequeño ya descubrió la ficción pero me alivia saber que dice convenirle creer en el gordo barbudo porque así seguirá recibiendo lo que escribe en su carta. Menudo pícaro.

<> Este artículo se publicó el 26 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Wikileaks y ‘VatiLeaks’

La opinión de…

XAVIER  SÁEZ-LLORENS

xsaezll@cwpanama.net

Nada de lo conocido hasta ahora por los regüeldos de WikiLeaks es novedoso. Cualquiera que siga el discurrir de la política global coincidirá, en general, con las apreciaciones que los embajadores norteamericanos remitieron al Departamento de Estado.   Para llegar a esas conclusiones no se necesita ser zahorí. Fueron simples observaciones frívolas sobre mandatarios, lo que nos indica la precariedad de las razones que mueven la vida burocrática de las naciones. ¿Qué importa que Berlusconi sea lascivo, Sarkozy megalómano, Putin machista, Gadafi agorafóbico, Zapatero socialista romántico, Kim Jong-Il un viejo en sus últimos estertores, Karzai títere corrupto, Chávez un tipo que requiere aislamiento preventivo, Netanyahu temeroso de la proliferación nuclear de Irán, Hu Jintao censurador de Google, Noriega dictador a ser derrocado o que la señora Kirchner requiera ansiolíticos para fingir sensatez? Al fin y al cabo, no hace falta ser cuerdo, inteligente, democrático, honrado, humilde o fiel para ganar la silla presidencial.

Los diplomáticos son funcionarios que expresan un punto de vista, válido o no, procedente de su intransferible subjetividad. Este comportamiento se practica en todos los despachos del planeta. Su obligación es mantener informada a la cancillería sobre ideologías y tendencias, no sobre habladurías de coctel. La diplomacia es el arte del eufemismo, cuyos representantes deben mantener una conducta políticamente correcta, aunque por dentro se acumulen secreciones de acidez insoportable.    El mundo parece girar alrededor de suspicacias y presunciones. El tema, como siempre, es el de la libertad, el derecho básico por excelencia del hombre, cuyo ejercicio no puede ser absoluto porque chocarían dos deseos fronterizos: más seguridad o más autonomía. No son anhelos incompatibles. Dependiendo de las circunstancias, unas veces habrá más de la una y otras más de la otra.   El hecho cierto es que el ideal de conocer, hasta el dedillo, asuntos muchas veces nimios, nos va a llevar a restricciones en la libertad de información.   El riesgo que se avecina es que la quimera de la transparencia plena nos va a conducir a la mordaza mediática. Disfrutamos morbosamente con filtraciones y destapes. Nunca nos preguntamos, empero, de dónde y cómo se obtienen las confidencias, cuánto pagan por el virgo y quiénes en las sentinas del poder obtienen datos reservados para lucrarse con ellos. La defensa es la misma de siempre: el periodista no está obligado a revelar sus fuentes. De acuerdo. Pero, tarde o temprano, la democracia los obligará a confesar cuando lo que se proponen no se avenga con el bien colectivo y solo obedezca a rencores, venganzas o ratings.

El ser humano promedio es hipócrita por naturaleza. Desconozco si la hipocresía representa una ventaja biológica primitiva para la especie. Si es así, debemos erradicarla para despojarnos del rabo y pelambre de nuestros antepasados simiescos. Es una cualidad execrable que denota baja autoestima y falta de honestidad. ¿Qué pasaría si averiguamos lo que dicen amigos a nuestras espaldas? Correríamos el peligro, quizás, de romper relaciones con todos y vivir en soledad. Para no padecer decepciones, yo trato de tener pocos pero selectos. En el pasado, me han defraudado varios individuos de los que consideré leales. Mi esposa, con sus habilidades intuitivas femeninas, me ayuda a presagiar la sinceridad de las personas. A juzgar por sus recomendaciones, parece tener buen olfato para la gente con doble discurso.

¿Se imaginan ustedes que pudiéramos realizar pinchazos por doquier? La lista de impostores sería enorme. Aparte de desenmascarar la inmoralidad de políticos, empresarios, dirigentes gremiales o líderes sindicales, me encantaría enterarme de los chismes que circulan en el Vaticano, institución que presume ser la autoridad moral de los pueblos católicos desde hace 2000 años. Confirmar, por ejemplo, la veracidad de los rumores sobre secretos sexuales del clero, fetos abortados por monjas, mujeres casadas o viudas acostadas con sacerdotes, conocimiento previo de JP2 y B16 sobre la pederastia eclesial, transacciones bancarias fraudulentas, dineros sustraídos de colectas parroquiales, prebendas a cambio de favores gubernamentales, patologías mentales de los curas exorcistas, prácticas homosexuales clandestinas pese al sermón discriminativo, actividades ocultas del Opus Dei o la participación en el negocio de los condones. Antes de morir, espero conocer los entresijos del ‘VatiLeaks’. Sería mi último orgasmo.

<> Este artículo se publicó el 12 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Lucha de clases

La opinión de…

Xavier Sáez–Llorens

El término “lucha de clases” denota la presencia de conflictos sociales por el contraste en recursos y privilegios entre personas de distintos estratos políticos o económicos. La frase fue originalmente acuñada para resaltar las diferencias entre gobernantes y gobernados. Maquiavelo identificó cuatro tipos de clases que incluían aristocracia (los del poder), ciudadanía (poseedores de bienes), plebe (masa urbana) y campesinado (tropa rural). Marx redujo todo a burguesía (propietarios de empresas o jefes de asalariados) y proletariado (trabajadores pagados por su labor).

En su momento, el concepto ayudó a fortalecer la democracia en EU y Europa occidental, evitando la excesiva autoridad de mandatarios y la explotación del obrero por sus patronos. Aunque, en los países subdesarrollados, todavía persisten estas anomalías, la expresión es también aprovechada por gente resentida para enfrentar a los que más tienen con los que menos. Esta conducta no solo hace daño a la convivencia pacífica entre compatriotas sino que traduce complejos de inferioridad. Garantizar salarios razonables y servicios básicos de primera a todos es función exclusiva del Estado, no de sus contribuyentes.

Tener mucho o poco depende de diversos factores. Obviando la riqueza fraudulenta, desafortunadamente más regla que rareza en naciones tercermundistas, los elementos indispensables para generar ingresos son influencia familiar, capacidad intelectual, educación alcanzada y sacrificio laboral. Si el dinero se gana con legitimidad, no encuentro ninguna razón ética para poner techo a esa fortuna, restricción que violaría libertades individuales. Tomemos el ejemplo de Bill Gates. Salvo alguna denuncia sobre prácticas monopólicas, las arcas de este ingenioso empresario son legales. He escuchado sus conferencias y valorado el impacto de su fundación filantrópica en la erradicación de infecciones en regiones necesitadas. Para aplaudir. Si el caudal de este señor estuviera en manos del Estado, sería utilizado para comprar armas y no vacunas.

Pese a estar en desacuerdo con aplicar límites al capital de un particular, la obsesión por tener más puede tornarse enfermiza, provocar trastornos sicosomáticos y pérdida de amistades. La felicidad, además, no guarda relación con la solidez financiera. Ser exitoso tampoco es poseer más. El éxito de un individuo reside en su excelencia profesional, sus virtudes como pareja, progenitor o compañero y la impronta que deje su actuar en los demás. Me fastidia asistir a una reunión donde se hable de dólares, marcas famosas y artículos de lujo como táctica para impresionar al entorno. Me paro, emigro y no regreso. Prefiero los círculos donde se discutan temas sociales, filosóficos o deportivos y todos los asistentes son mirados genuinamente de igual a igual.

Algunas personas satanizan a los ricos que viven en áreas residenciales pomposas. Eso, a mi juicio, refleja envidia y frustración de fondo. Conozco muchos individuos decentes, éticos y solidarios que pertenecen a estos segmentos pudientes. Asimismo, otras catalogan de vagabundos, antihigiénicos y maleantes a los que habitan comunidades humildes. Pues, también soy amigo de numerosos pobres que, aún con severas limitaciones, exhiben cualidades dignas de alabar y emular.

Urge retomar el significado inicial de “lucha de clases” para lograr que todos los ciudadanos seamos contrapeso a las actuaciones de la estirpe gobernante hasta que, algún día, depuremos corrupción, tráfico de influencias, clientelismo político y conflictos de interés, los verdaderos males que nos asfixian. Triste es saber que, con contadas excepciones, los que buscan dirigir puestos públicos lo hacen pensando en ser millonarios a corto plazo, usurpando el patrimonio estatal y levantando negocios con base en la información privilegiada a que solo ellos tienen acceso inmediato.

Todo, como señalaba Ghandi, a expensas del silencio de los seres honrados.

Finalizo con un consejo. Para estar en concordia con el prójimo y en satisfacción con uno mismo debemos concienciarnos de que, por un lado, la riqueza no equivale a la cantidad de divisas que poseemos sino a la calidad de atributos que exhibimos; y por el otro, que aunque el dinero no asegura bienestar, es casi lo único que nos compensa por no tenerlo. La felicidad está en el equilibrio. Búscalo.

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<> Este artículo se publicó el 28  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Educación y patria

La opinión de…

Xavier Sáez–Llorens

xsaezll@cwpanama.net

Desfilar no hace a un estudiante más patriota. Enseñar inglés no lo hace más sabio. Inculcar abstinencia no lo hace más fiel. Imponer religión no lo hace más ético. Prohibir la fiesta de Halloween no lo hace más cristiano. Otorgar becas por promedio de 3.0 no lo hace más estudioso.

Si queremos mejores ciudadanos, necesitamos familias, escuelas y periodismo que adiestren a nuestra juventud en tolerancia, civismo, ética y pensamiento crítico. Mientras perdemos tiempo en debates superfluos, la educación pública navega sin brújula por mares de oscurantismo y mediocridad.

Todo joven aprende a querer a un país cuando vive una infancia placentera en su territorio, cuando canta su himno, cuando dibuja sus símbolos nacionales, cuando representa a su escuela en el exterior, cuando conoce sus bellos rincones geográficos, cuando viaja y añora regresar, cuando encuentra trabajo, salud y bienestar, cuando los demás lo aceptan tal y como es.

Uno siente orgullo cuando un alumno triunfa en las olimpiadas de ciencias o matemáticas, cuando un extranjero menciona los éxitos de Roberto Durán, Rubén Blades, Danilo Pérez o Eduardo Ortega-Barría, cuando fuera del país se exalta a Copa, cuando doctores ejecutan trasplantes o intervenciones pioneras, cuando científicos descubren una nueva especie de hantavirus o una terapia para alguna enfermedad tropical.

Hacer patria no es marchar obligatoriamente en noviembre al ritmo de tonadas militares. El mejor tributo que se le puede rendir a Panamá es no robar sus arcas estatales, no nombrar amigos y familiares en puestos públicos por encima de méritos y capacidades, no propiciar clientelismo político, no coimear, no evadir impuestos, no destruir la ecología, no discriminar a compatriotas, no explotar a trabajadores, no desestabilizar por beneficio ideológico, no vagabundear a espera de paternalismo gubernamental, no trancar calles y afectar a terceros, no tirar basura en el suelo, no interferir con la salud pública, no incitar lucha de clases. La patria somos todos, ricos y pobres; blancos, negros y coloreados; hombres y mujeres; heterosexuales y homosexuales; creyentes y ateos; viejos y niños; nativos y nacionalizados; sanos y enfermos. Toda legislación, por tanto, debe incluir a este repertorio de pluralidades.

Me molesta la gente cuando dice que los tiempos pasados fueron mejores o que la juventud de hoy anda descarriada y carente de valores. Cuando alguien se expresa así es que está envejeciendo y no desea recordar los cambios que practicó su generación sobre modas y conductas de sus antecesores.

Lo que sí anda desfasado de estándares de excelencia es la educación estatal. En mis años de escuela secundaria (Colegio Pedro Pablo Sánchez), la diferencia entre enseñanza pública y privada no era tan obvia. El compromiso académico de mis profesores era digno de elogio. Ahora, la brecha entre colegios oficiales y particulares es abismal, tanto en metodología de enseñanza como en esfuerzo docente y cumplimiento del calendario.

Urge, además, promover el pensamiento crítico y libre de los jóvenes, actividad vital para contemporizar conceptos y adaptarse al mundo moderno, para forjar individuos más independientes y creativos. Maestros y acudientes enseñan a los alumnos qué y cuándo pensar en lugar de cómo y por qué pensar. Saber qué pensar es muy fácil. Solo debemos asimilar las exigencias, prejuicios y costumbres de los que nos educan. Hay una tendencia perversa a esclavizar y embotellar la mente ajena, a obligarla a vivir dentro de parámetros herméticos. Cada cual se percibe como sabio e infalible y pretende que los demás lo conviertan en modelo a imitar.

El pensamiento crítico es un proceso destinado a utilizar conocimiento e inteligencia para alcanzar la posición más razonable sobre un tema y superar las barreras que los sesgos introducen. Ser objetivo y cuestionador resulta incómodo para quienes son mentalmente inseguros y prefieren guiarse por dogmas o emociones. La subjetividad de los argumentos emocionales se presta a manipulación. Es muy importante no caer en pensamientos desiderativos que carecen de rigor racional porque se basan en gustos, deseos o creencias desprovistas de evidencia o comprobación. La verdad obtenida a través del razonamiento crítico es sólida comparada con la mentira feliz que fabrica el pensamiento mágico. Los pensadores críticos están intelectualmente mejor equipados que aquellos instruidos con estrategias tradicionales.

Como decía Herbert Spencer, “El objeto de la educación es formar seres aptos para gobernarse a sí mismos, no para ser gobernados por otros”.

<> Este artículo se publicó el 14  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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