Minería a infierno abierto

La opinión de…

RAUL  LEIS  R.
raulleisr@hotmail.com

Creo que la expresión minería a cielo abierto no es correcta.   Claro, que en sentido literal se refiere a las explotaciones mineras que se desarrollan en la superficie de un terreno, a diferencia de las subterráneas, que se producen bajo ella.   Pero en su sentido profundo las palabras engañan, pues evocan una relación de la extracción minera con lo celestial que no corresponde con la realidad.   Por ello, mejor sería ser más apegado a la verdad bautizarlas como lo que son,   minas a infierno abierto.

¿Por qué? Un cúmulo de estudios y experiencias alrededor del mundo han determinado que esta minería impacta negativamente el ambiente produciendo desechos tóxicos, devastación de bosques, desertificación, afectación a cuencas hidrográficas, aguas subterráneas y el aniquilamiento de la biodiversidad. También ha significado el colapso de las economías agrícolas locales, produciendo impactos sociales negativos.

Existe un amplio consenso que reafirma que ninguna actividad industrial es tan agresiva ambiental, social y culturalmente como esta forma de minería.

Para mi cielo abierto, en cambio, evoca a los mayas lacandones, cuando afirman que las estrellas son las raíces de los árboles que Hachacyum –creador de soles, mundos y humanos– produjo para recubrir su selva celeste. Así, cada vez que en el monte se tumba un árbol, muere una estrella y desaparece del cielo.

¿Cuántas estrellas se habrán borrado del firmamento producto de los graves atentados contra la naturaleza y el ambiente que padecemos? ¿Cuántos proyectos amenazan la sostenibilidad del desarrollo socioeconómico? Minería a infierno abierto, macro hidroeléctricas, potrerización, deforestación, desertificación, urbanismo depredador, degradación de calidad de vida, y otras más están presentes muchas veces en formas avasalladoras y aniquiladoras de la vida.

La Unión Internacional por la Conservación de la Naturaleza determinó que Panamá y la región centroamericana no cuentan con las condiciones mínimas requeridas para controlar y minimizar los efectos negativos e irreversibles de esta actividad minera. No olvidemos que América Latina es la porción del planeta con más presencia forestal, con mayor diversidad biológica y humedad. Pero es fácil encontrar el avance de las huellas visibles del deterioro ambiental, la desigualdad y la pobreza, pues en este subcontinente sufrimos una de las mayores tasas de deforestación del mundo, 6 millones de hectáreas anuales, 80 mil hectáreas en Panamá.

En esto deberíamos aprender de los vecinos ticos que en lugar de impulsar un código minero que propaga la macro minería, conoció del fallo del Tribunal Contencioso Administrativo costarricense, que anuló la concesión de la mina de oro a infierno abierto de Crucitas, condenándoles a indemnizar al país por los daños ambientales causados en la zona.

Pero no solo eso, también recomendó al Ministerio Público abrir una investigación y causa penal contra el ex presidente Oscar Arias, y varios altos funcionarios, entre ellos el ex ministro Roberto Dobles, quienes autorizaron explotar los yacimientos que produjeron una gran daño ambiental, al usar entre tres y cinco toneladas diarias de cianuro durante nueve años; provocando un impacto irreversible en los mantos acuíferos y en 300 hectáreas de especies forestales protegidas, hábitat de aves en peligro de extinción. Este fallo se dio en el marco de la reciente aprobación de la ley que prohíbe tajantemente esta forma de la minería en ese país.

En Panamá “la verde”, como la llamó Vicente Blasco Ibáñez vamos en sentido inverso. Por lo que cabe preguntarse con la mano en el corazón ¿A quién beneficia de verdad la actividad minera? ¿A las grandes empresas mineras nacionales y transnacionales, gobiernos extranjeros o al país o las comunidades involucradas? ¿Cómo se evitarán los daños socio ambientales y cómo se compensarán los graves perjuicios provocados? ¿La vida de las comunidades, la fauna y flora debe subordinarse a una insaciable sed de ganancias?

Cuando el ambiente es ignorado o agredido, nos responde como un cañón cargado que se vuelve y dispara contra nosotros mismos, contra nuestra salud, existencia y futuro. La defensa y promoción del ambiente no es una moda inofensiva y pasajera. Por el contrario, el tema del ambiente está ligado a toda acción humana responsable, y es un componente fundamental de cualquier proceso de desarrollo que se precie como tal. Por ello, emerge en este país una conciencia ambiental local y nacional dispuesta a detener toda depredación contra el derecho humano al ambiente.

No todo lo que brilla es oro o cobre, pues el oro verdadero si bien reluce en el verdor de nuestra naturaleza, cobra más esplendor cuando se manifiesta en la tenacidad de la conciencia emancipadora de hombre y mujeres libres.

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Este artículo se publicó el 10 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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‘Preciosa’ y el derecho a la vida

La opinión de…

Raúl Leis R.

Claireece Precious Jones. Negra. Pobre. Obesa. Solo 16 años de edad. Analfabeta funcional pues fue forzada a abandonar la escuela.   Violada por su propio padre y en cinta por segunda vez. Residente en un gueto neoyorquino junto a una madre despiadada, abusadora y maltratadora. Aislada del mundo, con una autoestima en el piso y sin apoyo de nadie. Ya empieza a cometer pequeños robos. Luego descubre algo terrible: la han contagiado del virus del sida.

Ella está tocando fondo y lo sabe, pero surge una oportunidad a través de un programa de educación alternativa de jóvenes y adultos, donde encuentra a la joven maestra Rain, quien a través de un proceso integral, participativo grupal, logra avanzar no solo en la lectura y los temas básicos educativos, sino en una trascendencia ética que le permite que Preciosa crezca en capacidad, dignidad, construyendo un nuevo e intenso camino de posibilidades de existencia.

Esto resume el guión de la película Preciosa (Precious) basado en la novela Push de Sapphire, ganadora de 50 premios de cine, y que debería ser vista y debatida en nuestro medio.   Pero no hay que ir muy lejos para encontrar situaciones similares e incluso peores en nuestro medio, y los recientes sucesos y situación actual del Centro de Cumplimiento de Menores así lo demuestran.

Los menores privados de libertad, tanto los que fueron asesinados a través de una ejecución extrajudicial como los que aun sobreviven en condiciones infrahumanas, son producto de una cadena de exclusiones sociales, económicas, políticas, generadas por la sociedad en que vivimos, asimétrica y desigual. Más de la mitad de la población panameña es menor de 25 años pero el 57% de los pobres tiene menos de 20 años.

Mucha de la responsabilidad de lo que sucede con muchos jóvenes es de nuestra sociedad que no les proporciona las necesarias oportunidades, los invisibiliza y hasta estigmatiza. También suma un acumulado de años de errores y desidias gubernamentales, agravado hoy por un gobierno de corte autoritario y prepotente, que ha apostado más al castigo que la prevención y resocialización, y ha blindado de impunidad a la fuerza pública, estimulando así desmanes y represiones como las ocurridas en Changuinola y Tocumen.

La situación la plasmó diáfanamente Justo Arosemena, hace siglo y medio, con palabras que tienen plena vigencia hoy en día: “El sistema penal es más propio para empeorar que para corregir a un delincuente.    Nuestros presidios son focos de infección física y moral, escuelas de perversidad, en donde el hombre todavía sano se corrompe, y el malvado se perfecciona en el crimen perdiendo el último resto de pudor […] Vista la urgencia, ¿cuál es la esperanza de una reforma completa, general y concienzuda de nuestro cuerpo de derecho?”.

El informe de la Asamblea Ciudadana (31 de enero) sobre las condiciones inhumanas de los centros de cumplimiento y custodia da cuenta del abandono y la indiferencia, y contiene valiosas recomendaciones inmediatas para superar el estado de cosas: Se declaran vigilantes ante esta crisis en el sistema carcelario que viola los derechos humanos de la población privada de libertad, así como del procesamiento de los responsables y culpables directos e indirectos del crimen cometido. Piden la demolición del centro de cumplimiento y la adecuación del Centro Arco Iris garantizando que sólo puedan atender a los reclusos para los cuales tienen la capacidad física y técnica. Un mecanismo institucional vinculante, con recursos y presencia de organismos de sociedad, con un plan a corto y mediano plazo para evitar que se sigan construyendo escenarios de improvisación institucional y de malgasto de recursos públicos.

Un eje de transparencia e integridad que permita prevenir actos de corrupción y tráfico de influencias. La capacitación de todo el personal del sistema en materia de derechos humanos, en especial los relacionados con los menores. Seguimiento de las mejoras al sistema en el que estén representados Gobierno, técnicos del sistema, organismos nacionales e internacionales de DDHH, y en el cual tengan voz permanente representantes de los reclusos.

Gente como Preciosa tiene derecho a la vida al igual que todas las víctimas de la violencia y la criminalidad, y nos enseña que, en conjunto con los cambios estructurales profundos a la justicia, la apuesta educativa es fundamental en el proceso de rescatar a nuestra niñez y juventud. Un modelo educativo que conjugue los cuatro grandes pilares del Informe Delors: “aprender a aprender, aprender a hacer, aprender a vivir juntos, aprender a ser”, a lo largo de toda la vida.

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Este artículo se publicó el 3 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La última columna

La opinión del Sociólogo,  Escritor, Educador…

Raúl  Leis  R. 

Cumplo 17 años de sostener ininterrumpidamente todos los miércoles esta columna de opinión en este diario. Salvo en muy pocas y contadas ocasiones, por circunstancias inevitables, no acudí a esta cita con los lectores.

Durante todos estos años El Panamá América nunca me impuso censura ni limitación que restringiera mi opinión sobre los temas que he tratado en esta columna ad honórem.   Pero ahora confieso mi incomodidad con el nuevo panorama. El cambio de dueños ha generado radicales cambios en la línea editorial que no comparto.   Se han producido despidos y renuncias de periodistas.   Se han restringido los espacios de opinión de los lectores al eliminarse los foros virtuales.    Esto aparece precisamente en el contexto de serios ataques gubernamentales a la libertad de expresión.

Por ello esta es mi última columna en este medio. Mi agradecimiento a los excelentes comunicadores sociales y creativos ilustradores, y en especial a los lectores y lectoras para los cuales recupero algo que escribí hace un tiempo:

No encuentro mejor definición para nombrar a este espacio, si no es como una ventanita de palabras. ¿Por qué? Un periódico es como un edificio de papel y tinta provisto de muchas ventanas que muestran trozos de la realidad en la que estamos inmersos.   De esas ventanas de todo tamaño, cuelgan palabras e imágenes de todos los colores, tamaños y calibres como si fueran tendederos, balcones, maceteros pero alusivos a personas, sociedades, economías, naturalezas de aquí, de allá y acullá. También el edificio tiene puertas, que para mi simbolizan la comunicación, la interacción con la cotidianidad.

Siento que cada semana, puedo abrir mi ventanita de palabras para transparentar mi punto de vista con los demás que abran el diario o la web, y les interese o motive conocerla.   Gracias, queridos lectores o cibernautas. Pero mis palabras no son solo las mías, pues muchas veces abro la ventanita a pareceres, ideas, desafíos y esperanzas;  a través de una comunión de ideas y propuestas.    Por eso se asoman pueblos indígenas clamando justos derechos ancestrales, mujeres por la igualdad, la necesaria justicia legal y social, el ambiente sostenible frente a la depredación, la urgente cultura política democrática, la aspiración por la educación con equidad y calidad, las carencias de la pobreza, la creación e identidad cultural, los reclamos anticorrupción, y otros más; en fin todos los que propugnan por la construcción de una ciudadanía transformadora, y de caminos para cambiar para mejor, la vida.

Un viejo comentarista de una pequeña emisora de radio, me dijo una vez   “lo importante, es que por lo menos alguien me escuche” cuando pregunté sobre el tamaño de su audiencia.   No sé cuántos miran hacia esta ventanita, o la escuchan leída o citada en alguna radio, o por internet.    Gracias a los que lo hacen, porque lo esencial es que algún mensaje caiga de vez en cuando, alguna vez, como semilla en buena tierra, y así  valga la pena el esfuerzo sostenido.  Prometo que seguiremos en ello.

<>Artículo publicado el  2 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El sultán y el derviche

La opinión del Sociólogo, Escritor, Educador…

Raúl Leis R.

En alguna parte leí este cuento de origen sufí: Una vez el sultán iba cabalgando por las calles de Estambul, rodeado de cortesanos y soldados. Todos los habitantes de la ciudad habían salido de sus casas para verle. Al pasar, todo el mundo le hacía una reverencia. Todos menos un derviche harapiento.

 

El sultán detuvo la procesión e hizo que trajeran al derviche ante él. Exigió saber por qué no se había inclinado como los demás.

El derviche contestó:

– Que toda esa gente se incline ante ti significa que todos ellos anhelan lo que tú tienes: dinero, poder, posición social.   Gracias a Dios esas cosas ya no significan nada para mí.    Así pues, ¿por qué habría de inclinarme ante ti, si tengo dos esclavos que son tus señores?

La muchedumbre contuvo la respiración y el sultán se puso blanco de cólera.

– ¿Qué quieres decir? – gritó.

– Mis dos esclavos, que son tus maestros, son la ira y la codicia – dijo el derviche tranquilamente. Dándose cuenta de que lo que había escuchado era cierto, el sultán se inclinó ante el derviche. ..

Nuestros sultanes están cada vez más dominados por estos dos maestros, en especial la codicia que impregna las formas de operar la política y la economía convirtiendo a las personas en mercancías dispuestas a venderse por dinero o prebendas (Así, se compran campañas electorales, dirigentes, comunicadores, jueces, diputados, alcaldes, representantes) La ira no se queda fuera, declaraciones altisonantes que suenan a odio, violencia verbal, racismo. País donde cada vez más campea un mercado sin alma, populismos y contradictorias ordenes del mandamás de turno.

La libertad de expresión está en la mira en este desolador panorama. Por algo Kant la denominó “la libertad de la pluma… el único paladín del derecho del pueblo.”. Hoy estamos viviendo presiones sobre la prensa en procura de tratamientos de información que resulten más favorables a determinados intereses.

La tendencia a construir monopolios en materia de información que no impedirían la diversidad y el pluralismo. El culpar a los medios de todos los males que ellos denuncian o informan, en lugar de combatir al mal y no al mensajero.

Propuesta de proyectos de leyes de insulto, que disfrazan formas agresivas de censura, y que nacen de la antigua concepción del derecho divino de los monarcas (el rey no se equivoca) expresado en la ley francesa de prensa de 1881 (ya en desuso) que establecía que era un crimen “insultar al presidente”.

Formas veladas o indirectas de castigo o neutralización de periodistas a través de aplicación de presiones o acciones que permitan su control o separación.

El derecho a la libertad de expresión es decisiva para alcanzar la maduración política de un país, a través de una ciudadanía que sienta y tome parte de la vida política y económica, participando a través de los cauces democráticos, en la formación de la voluntad política, mediante una opinión pública con una perspectiva ética que ejerza contraloría social sobre el ejercicio del poder.

<>Artículo publicado el  21  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Sangre en las venas

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…

Raúl Leis R. 

Mientras escribo estas líneas ha muerto otro niño quemado en los sucesos del Centro de Cumplimiento de Tocumen, pues según la Convención de los Derechos del Niño se entiende por niño todo ser humano menor de dieciocho años de edad.   No tiene sangre en las venas ni merece llamarse humano, quien justifique lo ocurrido, y quien no se indigne y clame por justicia ante tamaña iniquidad.

Esa misma convención obliga a los Estados en su Artículo 37 que todo niño privado de libertad sea tratado con la humanidad y el respeto que merece la dignidad inherente a la persona humana, y de manera que se tengan en cuenta las necesidades de las personas de su edad, por lo que no pueden ser sometido a torturas ni a otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. No se impondrá la pena capital ni la de prisión perpetua sin posibilidad de excarcelación por delitos cometidos por menores de 18 años de edad.

Lo que los hechos permiten apreciar es que lo ocurrido viola flagrantemente este artículo, tanto por las golpizas y perdigonazos, y por la aplicación de facto de la pena capital con alevosía, premeditación y ventaja. El Centro de Cumplimiento con una capacidad para 70, tenía 150 jóvenes detenidos, pues la justicia continua enviando a jóvenes al hacinamiento en condiciones indignas para seres humanos y menos para niños.

Se está creado un clima permisivo para el abuso de la fuerza y la arbitrariedad aupado por Ley 74 del 27 de octubre del 2010 exime a los policías de la detención preventiva y suspensión provisional del cargo público que desempeña hasta que concluya el proceso. Además los discursos oficiales de alto nivel animan este clima, ejemplo cuando un Ministro afirma a los policías   “A los que intenten fugarse deben tirar a matar”; otro califica de indios salvajes, borrachos a trabajadores bocatoreños en huelga, o un Presidente declara la guerra a la delincuencia así “En nuestro gobierno les espera el hospital, la cárcel o el cementerio”.

El abuso de autoridad o de poder, es el exceso indebido en el ejercicio de la función pública, y es el delito que comete quien investido de poderes públicos realiza en su gestión actos contrarios a los deberes que le impone la ley, por lo que afecta la libertad de las personas, las intimida o les causa vejámenes, agravios morales o materiales, y peor, la muerte.

En la antigua Roma, Catón el Mayor le pregunta al Senado, quienes querían organizar una especie de policía:   “¿Quis custodiet ipsos custodes?” (¿Quién va a vigilar a los vigilantes mismos?).   La respuesta es construir el país que aspiramos, una nación de leyes y de instituciones cimentadas en los derechos de los ciudadanos.   Donde funcione la democracia y la justicia, con fuerzas policiales profesionales, eficaces, sujetas a mecanismos de control transparentes e idóneos, respetuosas de los derechos humanos. Para ello debe aplicarse la selección, formación de los agentes de orden público, la investigación penal y administrativa de autoridades involucradas en violaciones a los derechos humanos, y la creación de sistemas de control internos y externos idóneos.

<>Artículo publicado el  19  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¡Agua, agua!

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…

Raúl Leis R.

La consigna carnavalera de pedir por agua en nuestras clásicas mojaderas, se convierte hoy en una urgente demanda ciudadana dada la difícil situación en que vive casi la mitad de población del país, producto por una parte de un desastre natural aupado por el cambio climático provocada por los humanos, y por otra, por las omisiones y errores acumulados por la deficiente gestión gubernamental actual y de los últimos años.

El derecho al agua está consagrado como derecho humano fundamental, irrenunciable e inalienable a nivel mundial. Para hacer realidad este derecho es necesario afirmar que el agua es un patrimonio nacional estratégico de uso público, por lo tanto, por lo que debe prohibirse toda forma de apropiación privada. La gestión del agua debe ser es exclusivamente pública o comunitaria, pues no es una mercancía.

Las mayores amenazas al acceso al agua potable en el mundo la constituyen la degradación/depredación ambiental y la globalización corporativa. La primera a través de la deforestación y la desertificación, y la segunda mediante la privatización del agua como fenómeno progresivo y exportado agresivamente con los argumentos falaces de la liberalización del comercio, crecimiento económico y disminución de la deuda.

El efecto de esto es que quinientas millones de personas en el mundo sufren la escasez casi total de agua potable, y si las cosas van como van la cifra se incrementará cinco veces más en la próxima década, lo que quiere decir que una de cada tres personas estarán afectadas por esta situación, en especial los países subdesarrollados.

Panamá es el segundo país, después de Nicaragua, con mayor disponibilidad hídrica de Centroamérica, actualmente pero antes de la actual crisis el 11% de la población carecía del servicio de agua potable, y entre 27% y 35% de las personas les llegaba el vital líquido de forma irregular. Hoy con la crisis estas cifras se han multiplicado.

El fortalecimiento del IDAAN y las entidades públicas que hacen gestión del agua es fundamental, y para ello debe aportarse los recursos necesarios y abrirse a la participación ciudadana que aporte, monitoree y audite los procesos hídricos, a la par que se construye la sostenibilidad ambiental necesaria.

Como señaló recientemente la Asamblea Ciudadana “reclama y exige al Gobierno Nacional y al Presidente de la Republica, que el acceso al agua potable actual de los panameños y sus futuras generaciones, se le otorgue la mayor importancia posible, que se establezcan las medidas que tengan que adoptarse con carácter de urgencia y se restablezca cuanto antes el servicio y en especial, se proteja por todos los medios sus fuentes, por ser un derecho humano universal y esencial para la vida.

El gobierno debe garantizar que todos los panameños y panameñas, tengamos acceso al agua potable en forma permanente, y al mismo tiempo, por ello nos manifestamos en contra de la explotación del agua y los especuladores que solo buscan la rentabilidad del servicio. Convocamos a todos los panameños y sus asociaciones a organizarse y defender su derecho al agua.

<>Artículo publicado el  12  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde. El resaltado es nuestro.

El ejercicio de la libertad

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…

 

Raúl Leis R. 

raulleisr@hotmail.com

José Martí enciende sus palabras de 120 años, para advertir que “Lo que ha de hacerse es tener incesantemente la libertad en ejercicio; por donde el bueno se fatiga, el malo entra: la república no puede dormir; el tirano o el bribón sólo se levantan sobre los pueblos viciosos o indiferentes”.

Poner la libertad en ejercicio, y agregaría la justicia y la ética. No ha sido así durante el año que acaba de terminar. El balance no es favorable para la democracia ni para el desarrollo. Pues crecimiento económico sin equidad y sin afectar a fondo la desigualdad; concentración del poder, debilitamiento de la institucionalidad y de la libertad de expresión; naturaleza amenazada no son compensadas debidamente por las iniciativas positivas que se pudieron desarrollar.

Es evidente que existe demasiado poder económico y político juntos y concentrados en el gobierno y que esto no es bueno para la democracia. Tampoco un Estado centrado en una visión mercantilista que convierte a algunos empresarios, más bien en “empresaurios”.   Parte del cambio esperado que le dio el voto al actual gobierno, fue producto de la insatisfacción de cómo funcionaba la institucionalidad política del Estado, por lo esperado no era más acumulación de poder, sino por el contrario, una real y efectiva democratización del poder.

El riesgo para todos es inclinarnos hacia el autoritarismo civil, hijo del presidencialismo centralista. Por ello, estamos en un momento histórico importante, generar los cambios necesarios para pasar de la amenaza autoritaria a una mayor densidad democrática.

La democratización de la democracia, supone la transformación de los procesos electorales, esquivando su plutocratización, permitiendo más participación y acceso a los medios de comunicación, apertura a nuevos actores y alternativas. Significa entender la democracia también como de ciudadanía, con la generación de la descentralización, el poder local, el presupuesto participativo, los diversos resortes de la participación ciudadana en la construcción de políticas públicas.

Es necesario una permanente introspección y discernimiento de parte de los gobernantes para que comprendan el principio de “mandar obedeciendo”, ligado al desarrollo de la capacidad democrática de la población de envolver y orientar a sus líderes; una profunda reforma política democrática; la vigilancia ciudadana y mediática para la reafirmación del Estado de Derecho, y la vigencia plena de los derechos humanos. La organización ciudadana y popular. La educación popular transformadora. El autoritarismo es el camino equivocado; la construcción democrática y participativa del poder es la ruta correcta.

A esto nos invita Martí: “La república, como las casas de Pompeya,  ha de tener el perro a la puerta. Así surgen ahora, del peligro nacional, los que han de salvar a la nación de él; de la política negociante surgen, por el escarmiento y vergüenza de ella, los que la conminan y derriban; de la camaradería impura de la política y los negocios, surgen, imponentes, el férvido universitario, el abogado indómito, el obrero sesudo, el comerciante verdadero, el periodista fustigador. De la podredumbre misma sale la luz…”    Asi será, por el bien de Panamá.

<>Artículo publicado el  5  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.