Solo una vez, pero con segunda vuelta

La opinión de…

 

Rubén Darío Paredes

Aunque no es el tema de este artículo, durante su redacción ocurrió el vergonzoso y salvaje asesinato y trato cruel e inhumano de siete menores privados de libertad, bajo la responsabilidad del Tribunal de Menores y el Ministerio de Gobierno y Justicia.

Este acto bestial y aberrante con agravantes, ya con cinco defunciones, y con la intención evidente de complicidad, paternalismo y tolerancia con cálculos políticos demagogos, propiciado por las más altas autoridades del Gobierno Nacional, constituye la prueba más difícil por resolver del recién inaugurado procurador y el fiscal Guevara.

Este proteccionismo equivocado que induce a los uniformados a arrogarse hasta el derecho a matar mediante leyes creadas por el gobierno del presidente Martinelli, a quien más daño está causando desfigurando su imagen ante la ciudadanía, es precisamente a la Policía Nacional, como un cuerpo prepotente y represivo contra su propio pueblo, que retrotrae episodios negros de la guardia norieguista.   Esta conducción no inteligente de la Fuerza Pública podría estar gestando el embrión de un monstruo Leviatán que de repente crezca y se trague a sus propios creadores, tal como sucedió el 11 de octubre de 1968.

Ahora, a las reformas constitucionales: El Presidente con frecuencia en declaraciones inexactas expresa cosas que luego resultan no ciertas.   Cuando se le preguntó sobre sus planes de restaurar el túnel abandonado que utilizaban los norteamericanos en el cerro Ancón y en el que invertirían unos $3 millones, respondió que “era un invento y que por su mente nunca había pasado esa idea”. A la semana el ministro de la Presidencia, Papadimitru, convocó en el propio túnel a una conferencia de prensa para anunciar la restauración, y los fondos ya estaban incluidos en el presupuesto de 2011.

Por otra parte, la controversia con la embajadora Barbara Stephenson, que se agravó con los cables de Wikileaks, sugiere que el Presidente tiene fuerte vocación por las escuchas y espionaje telefónico contra sus adversarios políticos. ¡No es cierto que el crimen organizado ventile sus asuntos por teléfono! Luego, descalifica los cables y dice que “son bochinches”.    Ante la duda, sugeriría convocar otra conferencia de prensa nacional e internacional, en el cerro Ancón, en las instalaciones del Consejo de Seguridad, y permitir libre desplazamiento a los periodistas con acceso seguro y sin restricciones a todos los edificios y casas que allá existen. Entonces sí despejaríamos la duda sobre las declaraciones del Presidente cuando respondió a los medios: “Jamás se me ha ocurrido intervenir los teléfonos de alguien…”.

Ahora bien, cuando un estadista presenta ante su pueblo la iniciativa de reformar la Constitución o nuevo contrato social , según Jacobo Russeau, se espera que su intención reformadora sea satisfacer anhelos y aspiraciones del pueblo, corrigiendo vicios y debilidades del contrato, para modernizar y fortalecer la democracia por la vía del “balance y separación de los poderes en la República”.

Sin embargo, esta vez es diametralmente opuesto a la convocatoria de las reformas de hace 28 años, en abril de 1983, que consistió en “desmilitarizar la constitución de 1972 y escoger los diputados de la Nación por la vía electoral”, cuando fue eliminado el artículo 2, en el que a la Guardia Nacional se le reconocía jerarquía y peso constitucional igual a los Órganos Ejecutivo, Legislativo y Judicial.   Esta vez solo escuchamos reformas para introducir la posible reelección del presidente Martinelli y la segunda vuelta, 100 para los 70, beca universal, etc. Este manejo político de mala calidad, sin ningún brillo patriótico, exhibe un oportunismo y glotonería por conservar el poder y dormir con el presupuesto nacional bajo la almohada de los que detentan hoy el poder sin rubor ni sonrojo.

Mientras el pueblo esperaba un discurso mejor elaborado del Presidente, que lo proyectara como el verdadero dirigente explicando que había llegado la gran oportunidad del reimpulso de la Patria y de construir los resortes constitucionales, “pesos y contrapesos” para regular los concursos públicos por méritos al margen de los intereses políticos, para crear el método novedoso de escoger y nombrar en lo sucesivo al procurador, contralor, magistrados de la Corte Suprema, el fortalecimiento de la carrera policial y respeto a su escalafón como lo señala el artículo 305 de la Constitución y designación de los jefes de la fuerza pública cada quinquenio, y así terminar juntos los panameños en un ambiente de plena armonía y civismo, de anclar constitucionalmente la real separación de los poderes del Estado y fuerza pública y terminar de una vez con el desfile cada cinco años de presidentes que al llegar al Palacio nos convierten a todos en un santiamén en sus súbditos o rehenes, y bailen a su antojo e intereses el órgano Legislativo y el Judicial.

Finalmente, como sentencia superior, no debemos temer a la reelección de los presidentes y demás cargos de elección popular, siempre que sea por una sola vez y con el ejercicio novedoso de la segunda vuelta. Sin embargo, se necesita del presidente gestos de desprendimiento y buena fe, y que se comprometa a honrar e incluir en el documento reformador que se someterá en referéndum al pueblo panameño lo ya expresado: concursos para seleccionar a los procuradores, contralores, miembros de la Corte Suprema y jefes de la fuerza pública que emerjan de la institución a base del escalafón cada quinquenio, como lo contempla el artículo 305.

<>
Este artículo se publicó el 24  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El lago Alajuela colapsó

La opinión de…

Rubén Darío Paredes

El Art. 316 de la Constitución Nacional expresa:  “A la Autoridad del Canal de Panamá corresponde la responsabilidad por la administración, mantenimiento, uso y conservación de los recursos hídricos de la cuenca hidrográfica del Canal de Panamá, constituidos por el agua de los lagos y sus corrientes tributarias, en coordinación con los organismos estatales que la ley determine”.

El río Chagres representa para los panameños, lo que el Nilo es para los egipcios. Dicho mejor, Panamá es hija del Chagres como Egipto es un don del Nilo.   Descubierto en 1502 por Cristóbal Colón y bautizado por este con el nombre de “Río de los Lagartos”, pero pronto adopta el nombre del cacique Chagres a consecuencia de su fuerte liderazgo y dominio en su cuenca.

Aunque no se trata del río más extenso y caudaloso del istmo –como el Tuira, Chucunaque, Santa María, Sixaola o el Bayano– es un recurso de la naturaleza muy presente en la vida, desarrollo y economía de nuestro país, considerando que basta girar una llave para que las aguas del Chagres lleguen a las 400 mil viviendas de la capital y beneficien a más de un millón de panameños. Nuestros bisabuelos, abuelos, padres e hijos fueron bautizados con aguas del Chagres. Sin él no existiría el lago Gatún ni el Canal de Panamá, el activo físico estratégico más valioso para el comercio transcontinental, fuente de riqueza y soporte del desarrollo nacional.

En su recorrido el río Chagres forma el lago Alajuela (Madden) que nos brinda agua para el consumo humano y para impulsar el polo industrial y comercial, también dos saltos que generan electricidad.   Es el tributario principal del lago artificial de Gatún (425 Km2), ubicado a 26 metros sobre el nivel del mar, que permite almacenar y utilizar agua suficiente para que los barcos, con hasta 8 mil contenedores, atraviesen el istmo de un océano a otro, después de recorrer 33 Km antes y después de someterse al sistema de esclusas.

Por todo lo anterior, sugiero a las comisiones de Medio Ambiente y Recursos Naturales de la Asamblea Nacional, así como a la de Asuntos del Canal de Panamá, mirar con preocupación la desprotección y abandono de la irreemplazable cuenca del río Chagres; sobre todo ante la colonización espontánea, desordenada y por la explotación maderera, agrícola y pecuaria en la cercanía de su cuenca, ante la ausencia de una policía especializada de guardabosques y de un plan para el manejo de los recursos naturales.

La escasez de agua que nos obliga actualmente a un programa de racionamiento no es consecuencia única de los torrenciales aguaceros e inundaciones recientes.   Estos diluvios, aunque han contribuido a la turbiedad extrema del agua, lo que obstaculiza el procesamiento normal de potabilización en la planta de Chilibre, son apenas uno de los factores perjudiciales en la actual emergencia.

El problema es más complejo y delicado, porque el daño medular radica en que el lago Alajuela ha perdido capacidad de captación y embalse, como consecuencia de la tala desordenada, erosión de los suelos, escorrentía pluvial y la sedimentación histórica (prácticamente desde 1940), que se ha venido acumulando en su lecho. Vale decir que este lago, con un espejo de 50 Km2, aunque a simple vista no se note, se llena con el 60% de agua, el restante 40% lo ocupa la sedimentación o cieno, que aumenta cada vez más su espesor.

Por otra parte, sin ninguna regulación por ley ni límite, ocurre que más de mil vecinos del lago desarrollan actividades pesqueras comerciales, contaminando sus aguas con los residuos de la combustión de sus motores fuera de borda.    Como van las cosas, si el Estado sigue indiferente ante este deterioro progresivo, en algunos años más emergerán islas, con sus bosques, desde el fondo del lago Alajuela.    Para una mejor comprensión de la magnitud real del problema, cito del libro Colonización y Destrucción de Bosques en Panamá (1982), de los prestigiosos autores Stanley Heckadon y Alberto McKay.

El libro se basa en un valioso estudio técnico del biólogo norteamericano Frank Wadsworth, director del Instituto Forestal de Estados Unidos (en esa época), acerca de los problemas y consecuencias severas, a mediano y largo plazo, que traería la deforestación, erosión y acumulación de los años de enormes volúmenes de sedimento en el fondo del lago Alajuela.   El informe técnico en cuestión fue publicado y sustentado en una audiencia especial ante el Departamento de Estado y la AID, en Washington en 1978. Hace 33 años, recién firmados los tratados “Torrijos–Carter” y cuando EU hacía esfuerzos por demostrar a su contraparte panameña –y lo exigía así una cláusula del tratado–, que nos entregaban un Canal sin problemas operacionales a la vista.

Wadsworth establece en su informe que llegaría el momento en que habría que disminuir el tránsito de barcos para no sacrificar la demanda, por el consumo de agua destinada al millón de habitantes de la capital. Los argumentos vertidos desde entonces en dicho informe, a mi juicio hoy con los torrenciales aguaceros por el cambio climático del planeta, se han acelerado.

Sin embargo, el informe de Wadsworth y de Ira Rubinoff (este último entonces director del Smithsonian) demostraron que la capacidad de almacenamiento del lago Alajuela era cada vez menor por causa de la sedimentación veloz frente al cero dragado. Irónicamente, mientras hoy el lago ha perdido capacidad de almacenamiento de agua, la demanda por este elemento vital crece a consecuencia del aumento natural de la población, por la proliferación de nuevos edificios y torres, desarrollo comercial e industrial y las barriadas populosas por doquier.

Esto ha presionado de manera sostenida una mayor demanda de agua. Desconozco por qué razón la ACP no ha brindado el mismo dragado permanente a este lago tan importante para el desarrollo nacional como sí lo hecho con su gemelo mayor, el Gatún, como se obliga en el Art. 316 de la Constitución.

Por lo anterior, recomendamos construir dos dragas especiales en el sitio e iniciar, cuanto antes, el dragado en el Alajuela; iniciar los estudios de factibilidad de un nuevo acueducto en el Cerro Jefe (Cerro Azul) para atender la demanda de la población de Panamá este y su expansión (24 de Diciembre, etc.), utilizando aguas traídas del río Bayano; organizar, mediante ley, la policía ecológica y de recursos naturales, con la finalidad de custodiar todas las cuencas, ríos y lagos importantes del país.

<>
Este artículo se publicó el 15  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Constituyente paralela electa, Art. 314: Rubén Darío Paredes

La opinión y propuesta de….

Rubén Darío Paredes

Es cierto, los pueblos no se alimentan de constituciones, como lo expresa el ministro Papadimitriu, sin embargo, para lograr un desarrollo social y económico pujante en las sociedades avanzadas, tuvieron antes que aceptar que es necesario edificar un gran portal o contrato social blindado contra los caprichos de los hombres fuertes y oportunistas de la política.

Las arbitrariedades en las que incurrió el Órgano Legislativo en el affaire de la Ley 30, que explotó en Changuinola, es consecuencia indudable de que los tres poderes del Estado siguen prisioneros bajo un solo puño, ¡esta vez el del Sr. Presidente! El momento de corregir este vicio de arrastre es ¡ahora!, tal como usted se comprometió en su campaña electoral.

Por otra parte, no se percibe en las principales fuerzas de oposición como el PRD, el panameñismo, Unión Patriótica, Molirena, etc., etc., que aspiran al triunfo en 2014, una verdadera vocación de engrandecer la patria, ni determinación ni coraje político para redactar un “nuevo contrato social constitucional”, que introduzca una convivencia más humana y respetuosa en la relación Estado ante pueblo. Es decir, para que todos los hijos de este país tengan acceso a las riquezas y bienestar del desarrollo y crecimiento nacional. Nunca tendremos un verdadero Estado democrático ni habrá seguridad ciudadana mientras existan panameños con los estómagos vacíos. ¡Desarrollo económico sin pan, no es desarrollo … las balas no quitan el hambre!

Decía, son fuerzas de oposición numerosas, en efecto, pero acostumbradas a nutrirse del presupuesto nacional, como su plan de gobierno. Son partidos políticos exhaustos y obsoletos, cuyos fundadores ya partieron y, con ellos, la mística patriótica. Grupos que han perdido la inspiración para liderar cambios sociales novedosos y profundos, y cómo distribuir el peso de la pobreza entre todos los panameños. La pelota está de su lado, Presidente, y el gol al frente.

Quizás podría darse el “reimpulso” que la Nación demanda con urgencia en otras fuerzas políticas emergentes, aún juveniles pero con potencial para agigantarse en corto tiempo. Recuerde Sr. Presidente, lo expresa así uno de los que propiciamos la democratización del país, en 1983, por vía de un referéndum reformador de la Constitución.

El Dr. Arnulfo Arias, quien nos apoyó en aquellas reformas de 1983, hace 28 años, exclamó en la intimidad: “La próxima generación de políticos, que terminen de perfeccionarla”.

Medite sereno: “donde los poderes no estén separados no existe Constitución, y donde ésta no existe, no hay democracia; además, en los gobiernos democráticos sólidos y estables, debe prevalecer el ejercicio perpetuo de las instituciones y leyes, no hay espacio para hombresfuertes. Cuando pueblos como el panameño se defraudan, al comprender que no están representados en la Asamblea Nacional ni en la Corte Suprema ni en el Ministerio Público y, de repente, amanecemos como rehenes de una cúpula política como la actual, entonces se rebelan, cierran calles y tiran piedras. Otros buscan el camino de violentar las leyes que otros privilegiados le han negado.

No puede ser que la voluntad única del Presidente sea la que designe a todos los poderes del país. ¿Dónde está el balance y el contrapeso del sistema, Sr. Presidente? Solo un mandatario prisionero del poder incurre en un gesto de soberbia, al expresarse de manera tan desconsiderada de la comisión evaluadora de los sucesos de Changuinola. ¿Insiste en desconocer que es usted el principal responsable del desastre de Changuinola, Sr. Presidente? Además, la decapitación por el Ejecutivo para usurpar y controlar hasta la administración de justicia en el país, de la procuradora Gómez, dama honesta y prestigiosa, es el más reciente ejemplo que deja al descubierto la vulnerabilidad de nuestra democracia. Sin embargo, al procurador de la Administración, Oscar Ceville, quien preparó el cadalso para ejecutar a la Sra. Gómez, por un caso similar pero con agravantes, el procurador Giussepe Bonissi le guiñó el ojo y pasó agachado. ¿Díganos por qué esas cosas suceden ante sus propias barbas?

Otro abuso de poder es la decisión inconsulta de invertir 2 mil millones de dólares para comprar los corredores con dineros del Fondo Fiduciario, de la CSS y de accionistas privados. Lo anterior, con la fianza o el aval del Estado, lo que es otro acto de corrupción administrativa por el abuso de poder y la anuencia de la contralora de Bianchini y el ministro Vallarino.

¿No sería preferible que sea del todo un negocio de accionistas privados y sin el aval del Estado? ¿Díganos, por qué esta operación extraordinaria no ha pasado por la Asamblea? ¿Cuándo la ex presidenta Moscoso devolverá el patrimonio nacional de Punta Mala?

Ahora veamos si realmente el Sr. Presidente “camina con los zapatos del pueblo”, en su lugar descartaría de un solo tajo el artículo 313, que sugiere a la Asamblea Nacional como la herramienta principal para introducir reformas de gran calado a la Constitución, un grave error político. El padre del constitucionalismo nacional, Dr. José Dolores Moscote, sembró la siguiente nota de precaución cuando de reformas constitucionales se trata: “Porque este contrato social no puede quedar a la disposición de los poderes que deben su existencia al mismo; sería contradictorio que la obra del poder constituyente (el soberano), esté sujeta a lo que disponga el poder constituido”.

Sr. Presidente, la prudencia y coyuntura histórica sugieren recurrir al artículo 314 y convocar a elecciones nacionales para escoger a los 60 constitucionalistas que integrarían la Asamblea Constituyente Paralela, o no referirse más a este tema.

<> Este artículo se publicó el 12  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en:

El hombre y sus circunstancias

*

11 DE OCTUBRE DE 1968  – La opinión de…

Rubén Darío Paredes 

En fechas que marcan sucesos trascendentales en el país como hoy, 42 años después del 11 de octubre de 1968,  sugerimos hacer una pausa para reflexionar y, como un águila, mirar desde las alturas, embriagados de optimismo hacia nuestra república, comprendiendo que los panameños hemos logrado hacer de ella una nación hermosa y pujante.

 

Solo ayer, en 1903, éramos la patria imberbe, indefensa, temerosa y bajo amenaza, pues aún teníamos el cordón umbilical unido a Colombia. Aquellas circunstancias obligaron a nuestros próceres a buscar protección en la bolsa marsupial de Estados Unidos para acumular fuerzas y lanzarnos luego a perfeccionar nuestra soberanía, lo que tomó un siglo.

 

Hoy, tras solo 107 de vida independiente, la república luce vigorosa y autodeterminada ante los retos para su desarrollo. La ocasión es propicia para repasar los hechos que fueron tallando nuestra personalidad de nación libre y soberana.

 

Veamos entonces. Algunos historiadores tildan de oportunista, conspirador e impostor al ingeniero Philippe Bunau–Varilla, porque siendo francés y no panameño incurrió en un abuso o arbitrariedad, al firmar el tratado a perpetuidad con Estados Unidos, sobre el Canal y zonas adyacentes, el 18 de noviembre de 1903, en la residencia del secretario John Hay, en la ciudad de Washington.

Deberíamos preguntarnos ¿Cuáles eran las circunstancias imperantes que obligaron a nombrar a este francés como nuestro primer embajador ante el Gobierno norteamericano?   Él no pudo autonombrarse embajador ¿verdad?

 

Ubicándonos en aquel episodio de emergencia independentista en 1903, nuestro primer presidente, colombiano de nacimiento, el Dr. Manuel Amador Guerrero y la “Comisión de Asuntos Constitucionales, a nuestro juicio jugaron su mejor carta al designar a Bunau–Varilla como embajador plenipotenciario y negociador ante EU, quien a juicio de muchos cumplió con la patriótica misión que se le había encomendado de negociar el tratado, una réplica exacta confeccionada por los gringos, la misma que había rechazado Colombia unos meses antes.

 

Bunau–Varilla partió hacia Washington con dicho documento en su maletín e instrucciones precisas para convertirlo en un tratado, sin dilación. Además, desarrolló una participación decisiva de inteligencia estratégica ante la Casa Blanca, en apoyo a la decisión separatista de Panamá de Colombia. Por otra parte, había demostrado tener vínculos de influencia, confianza y el respeto de los norteamericanos.

Es evidente que Bunau–Varilla no necesita que alguien –y menos yo– un siglo después lo defienda, lo que deseo es introducir el pensamiento filosófico sobre la conducta y proceder de los hombres.

 

El escritor español Ortega y Gasset expresa que la actuación de los hombres las definen las circunstancias donde se encuentra inmersos… “Yo soy y mis circunstancias”.   En consecuencia, opinamos que Bunau–Varilla, contrario al criterio de aquellos nuestros próceres, supo hacer frente con devoción a sus circunstancias, en 1903.

 

Durante el primer golpe de Estado en la historia republicana, el 2 de enero de 1931, las “circunstancias” imperantes obligaron a los hermanos Harmodio y Arnulfo Arias, letrados cabecillas del movimiento populista “Acción Comunal” a actuar contra la oligarquía, que derrocó al presidente constitucional Florencio H. Arosemena y dejó un saldo de 12 muertos.   Los objetivos de ese movimiento se desvanecieron en corto tiempo entre los intereses y la partidocracia.

 

El 3 de abril de 1959,  Santa Fe de Veraguas, Cerro Tute:  “Don Anatolio, mandó a decir a don Chico que salga temprano mañana y que use otro camino, porque estalló la guerra; la Guardia Nacional al mando de un capitán Torrijos está en el pueblo de Santa Fe”.

 

La presencia militar obedecía a que 25 estudiantes se habían alzado en armas contra el Gobierno y se encontraban en las faldas del cerro Tute. Cincuenta años después, Virgilio García, uno de los estudiantes combatientes expresó: “En esa gesta perdí a mi hermano menor Domingo García y a otros cuatro compañeros.   La aventura valió la pena, como consecuencia de ese alzamiento fructificó con los años en el golpe militar del 11 de octubre de 1968, entonces la situación del país mejoró radicalmente”.

 

El 11 de octubre de 1968, cuando la institucionalidad de la Guardia Nacional se vio amenazada por el gobierno del Dr. Arnulfo Arias, quien ganó las elecciones de mayo de 1968, al cancelar y derogar la Ley del Escalafón de Méritos y Antigüedades de la institución, y cuando algunos jefes obligados al retiro habían claudicado inertes, “eran las circunstancias”.

 

Además, en una previa crisis política que culminó con una conspiración de los partidos, es decir un “golpe parlamentario”, pero fallido, contra el presidente constitucional Marco A. Robles, en las postrimerías de su mandato, ese “parlamentazo” lo que buscaba era la cabeza política del Dr. Arnulfo Arias.

Omar Torrijos y prácticamente toda la oficialidad de la Guardia Nacional, decidimos derrocar al presidente Arias por instinto de conservación personal e institucional.   El constitucionalista Dr. Carlos Bolívar Pedreschi da una versión en un ensayo publicado de aquellos sucesos previos al golpe del 11 de octubre, donde reseña, cuáles fueron las “circunstancias” que obligaron a los militares de la Guardia Nacional a derrocar al Dr. Arnulfo Arias.

 

Pasan los años y desde la óptica de ese águila en las alturas, Omar Torrijos representa el “último prócer” de la creación de nuestra república.

<> Artículo publicado el 11  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Al oído izquierdo del Sr. Presidente

La opinión de…


Rubén Darío Paredes 

Distinguido Presidente, hace 34 años, durante los Consejos de Gabinete, Omar Torrijos, jefe de gobierno, expresaba: “Díganme lo malo, que lo bueno yo lo sé”, sobre todo cuando observaba a ministros lisonjeros disputándose las simpatías del jefe, mientras otros competían en bravuconadas demagógicas para ganar puntos ante el general.

Solo los estadistas, más que los presidentes, detectan estas debilidades a tiempo, comunes en sociedades subdesarrolladas y que, si no se corrigen de inmediato, resultan perniciosas y malas consejeras cuando se trata de funcionarios próximos a los gobernantes.   Cuando el gobernante se deja envolver por la vanidad y el cortejo de estos funcionarios, especialistas aduladores, se aísla y distancia de su pueblo.

Los acontecimientos en la Asamblea, donde los diputados sacaron adelante –¡en choque de prepotencia y a rompe y raja!– la Ley 30, como tarea que les había dejado el jefe del Ejecutivo, explotaron en Bocas del Toro. Parece la consecuencia de un Presidente bajo el asedio de funcionarios aduladores que se valen de los secretitos al oído derecho.

Estos lamentables hechos son indicio de que usted está aislado de su pueblo y, lo preocupante, con un desgaste político prematuro.   De manera que vale sugerirle que haga un alto y evalúe las fuentes de inconformidad que derivaron en violencia y muerte.

Algo está fallando en la conducción del país, respetado mandatario.   Percibo que en su gobierno no hay cabida para el debate reposado e inteligente sobre las ideas y programas; irregularidad peligrosa que puede llevar a la administración del Estado de crisis en crisis.   Esta presunción confirma la respuesta en la anterior encuesta de Ditcher & Neira, cuando un considerable porcentaje de panameños expresó: “El estilo de gobernar de Martinelli comienza a incomodar a los panameños”.

No hubo consulta, Sr. Presidente, lo que predominó en los debates de la Ley 30 fue la imposición sorda, las sonrisas insolentes, los guiños de ojo, las tertulias y risotadas de ambas bancadas en la Asamblea, con pocas excepciones.   Usted parece no ser consciente de que conduce a un pueblo acostumbrado a la consulta, desde los más humildes y marginados campesinos e indígenas hasta los empresarios e industriales, profesionales, estudiantes y miembros de iglesias, entidades culturales y artísticas.

Usted y sus funcionarios se esfuerzan por encontrar no uno sino varios chivos expiatorios, cuando es más fácil mirar a su gabinete para ver la mirada de los responsables.   Usted reconoció que la Ley 30 tuvo un proceso irregular en el Legislativo, pero en vez de rectificar con un veto conciliador se precipitó a sancionar la ley disociadora, en un gesto de indiferencia con los gobernados que lo nombraron Presidente para que administre la República por la vía democrática y constitucional, no con burdos procedimientos parlamentarios; método propios, quizás, para pueblos de baja escolaridad.

En 1912, el tres veces presidente Belisario Porras expresó: “Cuando los que mandamos el país perdemos la cordura y la razón, los gobernados nos pierden el respeto”.   Guarde distancia de aduladores que le soplan al oído derecho que usted tiene cuentas políticas a plazo fijo ilimitadas para gobernar a su antojo; que no necesita consulta, porque ya se dio en las urnas, cuando ganó con el 60%, y con programas como “100 para los 70”, alza del salario mínimo, becas universales, incremento de agentes de la Fuerza Pública, etc.

En dos años más, muy pocos se lo reconocerán. Ya nadie sube al cerro Ancón, sola sigue en su cima Amelia, ¿sabe por qué?, porque son anhelos y conquistas superadas! ¿Que sí son  progresos sociales sus aportes?   ¡Claro que sí!, pero el crecimiento del costo de la vida los mitiga y desdibuja con el tiempo.

Así son todos los pueblos bajo regímenes democráticos, sus amores con los gobernantes son efímeros e ingratos, coquetean y bailan con parejo nuevo cada cinco años. La seducción de un pueblo debe ser un afán cotidiano y eso se logra solo con la consulta permanente. No se puede gobernar a 3.5 millones de panameños tratando de lastimar y debilitar al PRD, usted es el gobernante de todos los panameños. No es conveniente tratar de reformar el Código de Trabajo bajo el criterio de la titular de ver cómo decapita a Genaro y a Saúl, sin importarle con las masas de trabajadores.

Sr. Presidente, los gobernantes nunca deben ultrajar a los humildes ni tratarlos de ignorantes enloquecidos por el alcohol; más cuando somos conscientes de que el gobierno –por un manejo imprudente– originó el conflicto.

En otro orden de errores, el gobierno violenta la Constitución, dizque para lograr desarrollar su plan de gobierno por el fastrack.   Estamos de acuerdo con los impulsos desarrollistas novedosos, pero nos oponemos al método de conducir el país por una ruta peligrosa, bajo una precipitada carrera imprudente y desordenada, destruyendo conquistas sociales centenarias, debidamente consensuadas, arraigadas e incorporadas en la vida nacional como normas y acuerdos pactados por generaciones de panameños que hoy yacen en nuestros camposantos.

En consecuencia, Sr. Presidente, es una equivocación pretender someter el ritmo de avance de nuestra democracia en el marco de un estado de derecho, a la velocidad y ritmo de trabajo del temperamento del dirigente de turno o de un hombre, porque fácilmente caminaríamos hacia una autocracia.  Busque la luz en nuestra Iglesia católica, y la salida constitucional y elegante en la Corte Suprema. ¡Hay que volver a empezar, Sr. Presidente!

<>

Este artículo se publicó el 21 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Señor Presidente, más despacio

La opinión de….

Rubén Darío Paredes

Amigo Presidente, hoy todo sugiere que nuestra sociedad demanda impostergables cambios hacia una República con estructuras modernas, fuertes y funcionales; dicho mejor, un nuevo diseño administrativo y de liderazgo político que le dé alas y eche a volar una estrategia inteligente para el desarrollo económico y el crecimiento de nuestro país. Que sea audaz, novedoso, con luces que alumbren lejos para incrementar nuestra competitividad, ventajas y posición destacada entre los países del hemisferio; para luego, con equidad y justicia social, volcar la riqueza hacia el mejoramiento del bienestar de la población sin excepción, pero con prioridad hacia ese 40% de marginados.

Romper con el tradicionalismo de gobiernos poco resolutivos y aletargados en el transcurrir de los quinquenios, al parecer, es la consigna de su mandato y la aplaudimos con beneplácito. Al comparar su actuar con el método de conducción populista de Omar Torrijos durante las décadas de 1970–1980, distingo ambos estilos por patrulleros y humanistas, retadores ante los problemas y de soluciones y respuestas rápidas sobre la marcha.    embargo, vale decir, apreciado Presidente, que en el esfuerzo político por alcanzar el rediseño de la República moderna (soñada por todos) lo inteligente, político y estratégico sería alcanzar esa meta como hermanos, en armonía y felices; no separados, gritándonos consignas e improperios estériles, como comienza a observarse con los resentimientos en la última semana.

De repente, nuestro mandatario utiliza cada vez más el factor sorpresa y la imposición, contrario a lo prometido: ¡Juntos estamos haciendo la nueva patria!   Estilo que, en mi concepto y el de muchos ciudadanos, es innecesario e inocuo, casi un desperdicio prematuro e insensato del enorme capital político otorgado por el soberano, sencillamente, porque precipita la descapitalización del enorme plazo fijo de prestigio político en las bóvedas del corazón del pueblo panameño, dada la alta aceptación y popularidad ¡todavía! del Gobierno Nacional.

¿Dónde están los asesores del Sr. Presidente, cuando en su entorno se observan rostros de profesionales inteligentes? ¿Qué necesidad hay de avanzar pateando piedras en el camino, cuando al lado hay un sendero llano y expedito que lo conduce al mismo destino, sin lastimar ni ofender a sus propios hermanos? ¡Debe aprender a escuchar, amigo Presidente, escuche, escuche y escuche; también consulte, consulte y consulte, antes de tomar decisiones! Qué podemos pensar, cuando uno de sus ministros –supongo consejero allegado– pretende descalificar a los ciudadanos ambientalistas, expresando en los medios: ¡Siempre son las mismas personas, nombres y rostros de estos ambientalistas opuestos a todo progreso! Esto denota desconocimiento, los ambientalistas son y serán siempre celosos, preocupados por el medio ambiente; como el violinista, el pintor, el escritor o el poeta.

Un ambientalista no cambia en cada evento político o quinquenio, es amante de la naturaleza, de los recursos naturales, de la fauna, brisas, paisajes y aguas; disfruta al observar aves como el sangre de toro, el colibrí, el azulejo, el ruiseñor; felinos como el tigrillo o animales marinos como con el tiburón; se deleita con la nobleza de los árboles, con el nido de pichones indefensos, allá en las alturas. Lleva en su ser sensores especiales, similares al de los científicos, investigadores, inventores o artistas.

Si son verdaderos los mensajes que el Sr. Presidente ha divulgado por todos los medios: “solo no puedo realizar el cambio”, debería haber vetado la ley que desfigura los Estudios de Impacto Ambiental (EIA). Eso de 70 millones para las obras públicas que no avanzan por causa de los EIA es un argumento inexacto, baladí.   La herramienta del EIA es propia de pueblos civilizados, cultos y progresistas.

El Estudio de Impacto Ambiental busca garantizar el ambiente saludable y sostenido que merecen los panameños para crecer y desarrollarse. ¡Nunca los bravucones han resultado buenos consejeros! Tenga presente que usted es un ser humano, con suficiente moral y coraje para rectificar un lamentable error.

A Omar Torrijos le ocurrió algo parecido, cuando me envió un mensaje con su ministro estrella y colega, para que derribara los 25 mil arbustos en producción de naranjas en Cítricos de Chiriquí (es cierto, estaban abandonados y enfermos, pero recuperables en su mayoría).   A cambio, dijo que se sembraría caña de azúcar, porque el precio de la libra de azúcar en el mercado mundial escalaba los 65 centavos. Le respondí, “mi colega, ¿usted sabe lo que me está solicitando?   Déjame llamar al general Torrijos, antes de cumplir con esa orden, él tiene que escucharme a cuatro pupilas. Después de escucharme, si reitera la orden la cumpliría”.

Algunas cosas sucedieron y Torrijos rectifico la orden. Los arbustos siguen allí. Dos años después se produjo una helada en Orlando, Florida (tercer productor de cítricos a nivel mundial) y el frío intenso quemó los árboles de naranja. El cítrico triplicó su precios y vendimos cinco cosechas a precio de entonces, ideales para asegurar la entrega de futuras cosechas. Irónicamente, el precio de la caña se deprimió a ocho centavos la libra.

Años después volábamos, él y yo, sobre las plantaciones de cítricos en Potrerillos, las miró y sin mediar una sola palabra me miró con una expresión de agrado con sus ojos húmedos.

<>

Este artículo se publico el 19 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

Despierta panameño, alerta Presidente

La opinión de….

.

Rubén Darío Paredes

Cuando un mandatario requiere apoyo de su pueblo para realizar cambios de profundo calado y trascendencia en la vida nacional es una magnífica señal, y debemos creer que su llamado es legítimo, sincero y puro, no mera retórica en la repesca del aplauso de los incautos.

Nosotros, la mayoría del pueblo común, estamos muy distantes del centro de poder político de la Nación de donde se desprenden las grandes decisiones; seamos o no funcionarios públicos o de la corriente partidista que fuere, no tenemos otra vía para responder a ese llamado que a través del pensamiento limpio y de las reflexiones sensatas y bien intencionadas.

En consecuencia, he aquí un aporte como respuesta al llamado del Sr. Presidente: cada vez que el señor Álvaro Uribe (*) se ha visto frente a una posible reelección, nos ha hecho una visita relámpago, al extremo informal, como si la República de Panamá aún fuese un departamento colombiano. Y llega para renovar nuestros temores, tras su repetitivo discurso sobre la necesidad de abrir aquella frontera al sur en Darién –precisamente la más violenta y peligrosa de América–, y dar paso a la impostergable necesidad, según él, de construir el tramo de carretera que hace falta para comunicar a todos los países en tierra firme del continente americano.

Vale expresar que el protagonismo cíclico de este impulsivo mandatario, resuelto y de armas tomar en Panamá, siempre ante una concurrencia selecta de nuestras fuerzas económicas, empresariales y políticas que forman uno de los dos poderosos motores en el impulso de nuestro crecimiento y desarrollo económico (no existe registro en las hemerotecas en donde conste que este ilustre visitante haya confrontado el tema del tapón del Darién con la inteligencia del ámbito universitario, gremios de profesionales y nuestros trabajadores organizados, es decir, el otro motor de nuestro desarrollo), respondía a una de sus promesas en el afán de su tercer mandato, que aunque seducía a un segmento importante del electorado de su país, le fue denegado por la Corte Constitucional de Colombia.

Quienes apoyaban a Uribe en sus aspiraciones eran empresarios con visión de águila, con picos de plata y largas espuelas, que han venido apostando durante más de una década fuertes capitales en nuestra República, considerada una plaza privilegiada y segura en donde invertir, sobre todo, en proyectos inmobiliarios de gran impacto en la economía panameña. Algunos de ellos han adquirido activos en la producción, por ejemplo, en la fábrica más grande de galletas y pastillas del país, en la Cervecería Nacional, Multi Plaza, Multi Centro, Albrook Mall, en la construcción de rascacielos lujosos por doquier, etc.

Todas estas movidas con el cálculo preciso del ajedrecista, sugieren que los colombianos se preparan para consolidar su base alterna o segundo punto de origen de bienes de exportación hacia el mercado norteamericano desde Colombia y Panamá, cuando se firme el TLC con Estados Unidos. Debemos dar la bienvenida a estas estrategias, porque generarían mano de obra, siempre que sea prioritariamente para dar empleo a los panameños y no para competir con la mano de obra de colombianos en nuestro propio suelo, como sucede hoy.

Por otra parte, a través de los años se ha dado el fenómeno social de la fusión de dos culturas y costumbres entre colombianos y panameños, de manera espontánea, por virtud del fenómeno humano de la simbiosis, de efectos evidentes como se observa en la provincia de Darién de 11 mil 500 km2 y una población de 45 mil 680 habitantes, apenas 3.7% pobladores por km2, y se estima que de estos, el 50% corresponde a colonias invasoras trashumantes de colombianos indocumentados, que llegan no solo por la frontera terrestre, sino también por mar y aire.

Lo anterior se da porque los colombianos no necesitan visa para entrar a nuestro país (tolerancia peligrosa e incomprensible por parte de nuestros gobernantes), de manera que como van las cosas en el próximo siglo todos seremos, otra vez, colombianos, aunque con cédulas de panameños. Este regreso a 1903 es producto del principio de la física sobre el comportamiento de los cuerpos de masas; mientras los panameños aún no llegamos a los cuatro millones de habitantes en el istmo, Colombia cuenta con una población de 44 millones 450 mil 260 habitantes, en un inmenso país de un millón 141 mil 748 km2, donde caben Francia, España y Portugal juntos.

Surge entonces el principio universal de física: masa mayor siempre predomina atrae y absorbe a la masa menor, pero esto en nuestro caso se agrava por tres factores coincidentes de gran peso que favorecen a Colombia y son: población más numerosa, territorio abismalmente más grande, y penetración creciente de capitales colombianos.

Pero, más debería preocuparnos la tesis de Montesquieu en su obra El Espíritu de las Leyes (1748): “Cuando el capital sin identidad ni sentimiento de patria crece y se afianza en una comunidad o el pueblo que fuere y más en los países aun de instituciones frágiles, indefensos y vulnerables, aspira, compite y conspira hasta alcanzar el poder político”.

Por lo anterior, si los panameños no despertamos hoy y nuestros gobernantes no se empinan y encienden sus luces largas, no es de extrañar que en un futuro cercano ganen la Presidencia de la República, los ministerios y la jefatura de la Fuerza Publica ciudadanos nacidos en Colombia.

Es por ello que las expresiones muy recientes de un ministro de Estado del Gobierno nacional, coincidentes con la proyección expansionista del presidente Uribe, en derribar el tapón del Darién y construir la autopista de América, hicieron estremecer a nuestros próceres y mártires en sus tumbas y miles de patriotas, entre ellos iconos octogenarios, ya se están calzando las botas, porque nuestro tapón del Darién es mucho más que una barrera formada por bosques, ríos caudalosos, ciénegas, alimañas y fieras humanas al acecho, más bien representa desde 1903 el guardián o centinela celoso y alerta, que custodia nuestro crecimiento y formación aun adolescente de la panameñidad e identidad de un pueblo alegre, religioso y amante de la paz. ¡Alerta Presidente!

*Cualquier presidente que resulte el sucesor de Uribe insistirá en destruir el tapón, porque es una meta en la estrategia del desarrollo de Colombia.

<>

Artículo publicado el 13 de marzo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.