Inquietudes procesales

La opinión del Abogado…

JUAN CARLOS PASTOR

La necesidad nos llevó a elevar conductas a fin de destacarlas e individualizarlas a efecto de crear Leyes o Delitos.   He ahí ‘El derecho Sustantivo’, cuyo origen ha sido siempre noble e instructivo. Nuestra desgracia no se ha encontrado en la elaboración de nuestras leyes, menos en la descripción restrictiva de las figuras delictivas, pues, en la creación de estas y aquellas, ha existido un control razonable que mayormente aleja toda maldad e interés particular en la regulación general.

Nuestro pecado ha estado siempre en aquella porción de la justicia donde ha intervenido un número reducido de actores generalmente ligados al poder o vendidos a este. Este ínfimo numero de actores se ha dotado, consuetudinaria y crecientemente, de una idoneidad tan compleja como la variedad de sus vicios, y mediante este subterfugio ha logrado montarse sobre la norma sustantiva y el derecho.

Todo nuestro Sistema adolece de inmundicia sin revisar e inequidad, sobrepasando el Debido Proceso, haciéndolo trizas. Esa inmundicia es el exceso procesal, que aleja los valores Constitucionales y el Derecho mismo de la realidad concreta. El Exceso Procesal, es fuente también de arbitrariedad, mora y medianía en la figura de los juzgadores, es madre de la corrupción y la desidia; lo que ellos decidan.

¿Vemos cómo prosperan sobre todos, los pomposos Congresos del Derecho Procesal?, que al final pocos comprenden en su objetivo y la justicia y además nada aportan a la mejoría del sistema, aunque numerosos y constantes, mas sí, a la noblelización del Sistema, atrasándolo en el tiempo y el espacio, mientras es validado ante la masa de confundidos, que solo fijan su intención en apoderarse del certificado que los determine Procesalistas.

Puedo demostrar que nuestro proceso no es más que el catéter enchufado al enfermo para transmitirle el líquido malicioso que confunde la noción de justicia, con el espejismo de la misma noción ordenada desde otro poder o intereses como del Ejecutivo, ocultándosenos para dificultar su artimaña. Los ritualismos procesales insuperados cumplen su función conforme a la injusticia.

Veamos lo riguroso del Proceso civil, mientras se empeña en rechazar toda noción de adecuación a la tecnología de comunicaciones y afianza su desconocimiento público, apartándose de toda revisión, análisis y actualización. Los jueces de su esfera actúan con igual concepto y sospechosamente nada proponen o escriben haciéndonos creer en la pulcritud de lo allí acaecido o alardeando por defecto, su evidente medianía al delegar la posibilidad de críticas al protagonismo del mundo exterior, reservado a la voluntad de los políticos; pero algún beneficio deben ubicar de entre tantas miserias, que los motive a envejecer en el obscurantismo y la inquisición injusta que ellos y su sistema propician a nuestra sociedad.

La Inmensa ritualidad, a veces tan obviamente absurda normatividad antojadiza e innecesaria, se contradice con el simple derecho sustantivo, recopilado en código de excesiva sabiduría y equidad, y que ha perdurado, alejando con su autoridad las pretensiones de la maldad, que han preferido desviarse a otras ramas para intentar sus abusos, dado que su ignorancia les impide sustentar sus intereses, frente a una norma fundamentada como el Código Civil que, sin embargo, es saboteada por la vía del proceso consumando aquellos, su canalla finalidad.

¿Y porqué no es El Administrativo así ritualizado, o fatal en términos? ¿Por qué en lo penal se plantean cambios contra un modelo reconocidamente inquisitivo y estos cambios acuden vigorosamente a la destrucción del proceso predecesor, reconociéndose públicamente que es este el origen de la incongruencia entre la Justicia efectiva o injusticia y el Cumplimiento de los Principios y Garantías respecto al individuo?

La Existencia de la revisión procesal penal es luz brillante que ratifica lo afirmado. El proceso abusador, inadvertido por jueces del ramo, sea por maldad, ignorancia o incompetencia, coadyuvan lastimosamente a preservarlo, en contra de las necesidades de justicia de esta sociedad, es razón fundamental de la crisis en el Sistema. El proceso ha sido manipulado de forma tal que llamamos justo a lo injusto y bueno a lo malo y además allana cualquier pretensión moral o heroica en la actuación de juzgadores, siendo puerta de ingreso para toda manipulación y falta de independencia del modelo mismo.

<>Artículo publicado el 13 de septiembre de 2010 en el diario La Estrella de Panamá a quienes damos,   lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.
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El llamado sistema inquisitivo

La opinión de…….

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Juan Carlos Pastor

Para vergüenza de la Corte, sus magistrados y jueces entra a Panamá, y no por vía de su iniciativa, la obligada implementación de lo que ahora llamamos Sistema Acusatorio.

Para gracia de los involucrados en las altas jerarquías de nuestro demasiado cómodo e hipócrita sistema de justicia, cuentan ellos, cuando no son los mismos, con el cúmulo de técnicos e “ilustrados” procesalistas y autores nacionales afanosos más de figurar por medio de fantasiosos o mediocres ensayos que no hacen más que ocultar la verdad y no definir las realidades tal cual son en medio de tan abundante medianía mientras se hacen llamar Académicos pretendiendo así ser siempre parte de la doctrina en tan abusivo sistema jurídico. Malo o bueno siempre han sacado provecho del infeliz ejercicio osando llamarle “ciencia” a lo que siquiera ostenta su apariencia.

En esto pretendo describir las realidades que antaño han servido más a la corrupción e injusticias, que a los caros objetivos de la justicia en manos del Órgano Judicial y su anuencia consciente.   ¿Qué es el Sistema Acusatorio?,   eslogan ahora aprendido por aprovechados “académicos” que adelantan el tiraje de “obras” cada una peor que la otra en astucia, en medio de una población “letrada” demasiado sumisa y nulamente allanada a lo que su entorno intelectual ofrece, ofendiéndola en la médula de su intelecto y subordinada a la bazofia del engaño de una realidad jurídica premeditada.

El Sistema Acusatorio, ¡letrados!, no es más que una forma honesta de describir paso a paso lo terrible que hemos sido durante décadas al permitir la construcción tergiversada y dolosa de un Sistema de Justicia que para salvarnos y a sabiendas, hemos denominado Escrito a fin de acuñarlo para violentar las Garantías Constitucionales y derechos fundamentales fundados en excusas inadmisibles y las infames interpretaciones y fallos de los Tribunales en la obtusidad de su ceguera.

El Sistema Acusatorio es el claro reconocimiento de lo bueno que somos en la invención de subterfugios procesales que en su longitud y tortuosidad avalan las cabezas del sistema a fin de satisfacer sus comodidades prioritarias, sacrificando a toda costa la justicia, publicidad y transparencia.

Nunca que recuerde en mi academia, al sistema lo llamaron Inquisitivo. Hoy, al enfrentar obligadamente al modelo acusatorio, los ilustres juzgadores con libertad reconocen su definición inquisitiva. Lo peor no es el dolo reconocido de la legendaria tortura contra la justicia, lo es, que con esa aceptación de históricas violaciones y desconocimientos a las garantías individuales, más las razones del móvil, sencillamente lo seguimos aplicando para no llamar la atención del iletrado y confundir a los medios que no entienden si se trata de un asunto académico o de omisiones fraudulentas ordenadas por la necesidad de un modelo que solo beneficia la negación de su propio fin.

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Publicado el 28 de enero de 2010 el Panamá América Digital. a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Esperanzas de justicia

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La opinión del Abogado…….

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JUAN CARLOS PASTOR

No obstante el justificado grito social de diversos sectores nacionales por la forma y resultado en la selección de los nuevos magistrados, es menester olvidar lo sucedido, pues, conociendo nuestras democracias y respetando irremediablemente el Estado de Derecho, nos vemos compelidos a aceptar la designación del Ejecutivo y su confirmación por la Asamblea.

¿Qué tiene el Legislativo que, aunque de selección popular proviene, parece proceder en contra de las aspiraciones colectivas más evidentes?   ¿Será que es el pueblo el que se equivoca y ellos hacen lo debido?  Olvidar, supongo, el asunto es lo que nos queda y esperar por experiencia lo peor de los ungidos. No obstante, no todo fue malvado, y si por gracia de Dios solo uno resulta un magistrado responsable, cívico e imparcial, nos daría la bofetada por los vituperios lanzados y coadyuvaría al engrandecimiento de la democracia y juntos, dos harían la fuerza.

He escrito en contra de los magistrados de Moscoso y de aquellos ya difuntos que tanto mal hicieron, mientras los primeros a fuerza del descaro allí se mantuvieron, pero sé que responderán a Dios. No todo fue demasiado malo cuando por hipocresía o necesidad descartaron belleza: Latorraca, y por inercia les tocó dirigirse hacia una figura indiscutiblemente competitiva y reconocida, Abel A. Zamorano.

¿Qué moraleja nos brinda y evidencia su selección? Nos evidencia la necesidad del balance entre lo malo y lo bueno, entre lo político y lo cívico, entre las descarnadas luchas por el control del poder y la necesidad del neutrón entre la separación de los mismos; que los ratificadores siempre han sabido distinguir entre el mérito y la sinvergüenzura.

¿Qué buen abogado o estudiante en Panamá no conoce a Zamorano y se siente honrado con su escogencia? ¿Qué cuestionamientos negativos caben ante tan positivos ejemplos? Panamá gana con Zamorano en la suplencia kilómetros de lo que supongo hemos perdido con la escogencia de sus titulares.

Es un hombre campesino, educado al estilo de las mayorías luchadoras; amante y practicante del deporte y su rol social, un excelente académico en lo público y privado, un profesional que enorgullece. ¿De cuántos magistrados saludables, enérgicos, sencillos e incansables en sus actividades ha podido jactarse Panamá? ¿Quién puede decir que Zamorano goza de la venia del presidente o apoyo de la Asamblea? Abel le ha servido con su aspiración al Ejecutivo y al Legislativo, remediándoles en medida alguna su aberrante forma de escoger tan importantes nominados.

Sea como sea, hemos ganado con Zamorano y, aunque hoy es suplente, sabemos de su trayectoria y colocamos nuestras esperanzas en que sirva de ejemplo a los ungidos y vierta esas energías que le sobran en darle transparencia y publicidad al Órgano de Justicia en la medida de sus posibilidades.

Profesor, felicitaciones, pido a Dios que lo ilumine, para así iluminar ese importante Órgano del Estado.

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Publicado el  10  de enero de 2010   en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Magistrados y el por qué de la justicia

La opinión del Abogado….

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JUAN CARLOS PASTOR

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Magistrados y el por qué de la justicia

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Lo primero, no debemos olvidar lo que repiten los “expertos” en sistemas de selección y justicia, “ningún sistema es perfecto”. Lo cierto es que el nuestro abusa de mediocridad y con el universo a nuestro favor caminamos en vía contraria, en vez de aprovechar la democracia para afianzar recuperando décadas perdidas.

Hoy, al echarle un vistazo a la ciudad, campo y sociedad, cuantificando los recursos derrochados en “ democracias ”, los sacrificios humanos y pérdidas sufridas en cuanto a libertades, calidad de vida y oportunidades, me atrevo a sugerir que nos mantenemos con al menos tres siglos de retraso universal.

Todavía contamos con “ letrados ” que se adhieren al arcaico concepto fijado en la Constitución que le otorga toda nuestra servidumbre, sometimiento y adulación mundana al emperador. El presidente como cargo de jerarquía en nuestras democracias, no es más que la forma en que se prolongaron los reyes del medievo, no obstante la Revolución Francesa y todo su bagaje teórico y sustento. No es solo el conocido poder y reverencias que le otorgan nuestras desfasadas constituciones al poder presidencialista, es peor la actitud de nuestros súbditos en la forma como interpretan y legitiman este poderoso exceso luego incontrolable, con tan vasalla sumisión producto definitivo de su nula imaginación y deseos concretos de una sociedad equitativa en función de la sencillez educada al tipo de tanta pobreza.

Separación de poderes según fue concebido originalmente y ejercido en aquella cámara inglesa de los comunes, es sencillamente inconciliable con el dedo y la absurda atribución al presidente a designar los magistrados de la Corte (vea usted, Suprema) de Justicia. Después incomprendemos por qué la justicia se estanca y torna irresponsable desde estos hacia abajo en el contaminado Sistema.

Interesante el dilema.. y resulta que tanto su origen como solución ocupan su lugar solo en la mente humana, donde si ésta no es pura o, al menos, no enfila ese objetivo, cauterio del corazón, será imposible implementar el concepto de lo justo y equitativo. Mi país presenta un problema fácilmente concebible, cuando nos ponemos a buscar quiénes son los que pudiesen ocupar un cargo para administrar justicia con la certeza suficiente de su madurez, imparcialidad, credibilidad, honestidad, etc., y esto surge del hecho de que no tenemos una sociedad real, pues “ sociedad ” implica desear y trabajar por el bien de todos y esto a su vez implica ceder en alguna medida lo que tienes por ese compromiso con el bienestar común.

Esto quizás irrite a unos y confunda a otros, lo acertado es preguntarnos: ¿Fue primero la justicia o el juzgador? ¿Tiene nuestra sociedad una estructura ideológica e histórica que nos garantice que venimos formando personas con valores apropiados a un ser justo y bueno o estamos criando lo contrario? ¿Están nuestros valores morales ligados a nuestras creencias y temor real a un Dios único? ¿Es adecuada la moral de nuestros corregidores, policías, ministros? Entonces, hay que trabajar en todo ello, porque la carrera es larga.

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Publicado el 4 de octubre de 2009 en el La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Falta de transparencia en concursos

Falta de transparencia en concursos

La opinión del  Abogado…

JUAN CARLOS PASTOR M.

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Me toca escribirlo y enviarlo al magistrado Harley Mitchell, porque sospecho que desconoce el tema, pues si lo supiese estoy seguro de que ya lo habría atendido.  Debe, supongo constar en los archivos de Recursos Humanos de la Corte la cantidad, altos costos y tediosidad que representa participar o aspirar a cargo alguno en dicho Órgano.  Mis intentos fueron múltiples y a pesar del nivel posicionado, es el arbitrio del juzgador igual o de modo peor seleccionado, el que elige al funcionario que hará “carrera”.

Yo, al igual que muchos otros, desistí de continuar participando, pues descubrimos peores malestares que solo el tiempo que nos robaban en simulados actos de transparencia.

No he visto otros subterfugios, pero como el que voy a plantear supongo que deben existir otros que quizás no podemos observar en la escogencia del personal que, repito, hará carrera y administrará justicia. Esto ya lo he dicho e incluso algún artículo mío ya publicado alude al mencionado “ chanfles ”, para ofender al pulcro, a quien no tiene padrino y participa con inocencia.

Sencillo Sr. Mitchell.  Hay hoy demasiados funcionarios que entran interinos , seleccionados de “ a dedo ” o traídos por sus jueces, lo que parece ser la regla, la mayoría de los últimos cinco años.  Luego para estos mismos funcionarios se abren a concurso los cargos con la calificación de internos , excluyendo a otros aspirantes.   Mixtos son solo algunos cargos; internos , la mayoría, pero resulta que tal discreción está demasiado cercana a un acto de corrupción con el ánimo de obviar la transparente selección, y es que todos esos que concursan en internos , en su mayoría nunca concursaron mixtos con el resto de las mayorías.

¿Cómo somos hombres tan insensibles, demasiado bondadosos que permitimos que mi Panamá se bañe en corrupción desde cualquier chispazo de ilusión profesional? ¡Ya basta de que nos tomen el pelo! Haga algo Doctor.
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Publicado el 2 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

Reseña de una corrupción

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Reseña de una corrupción

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Juan Carlos Pastor

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Endara, Toro, Mireya y Martín. ¡Veinte años perdidos que la delincuencia, el pandillerismo y la pobreza sí aprovecharon! Total impunidad para los casos conocidos y desinterés en servirle al pueblo que sufre toda arbitrariedad de la Administración mientras sus funcionarios impunes se enriquecen.

El primero, en su enredo interpretativo del mundo e inocente honestidad, mucha culpa tuvo de lo que siguió, porque teniendo el país en sus manos para su transformación en estado cívico de compromisos visionarios, respecto a la educación, crecimiento demográfico, mercado, formación marítima y bilingüe por la virtual entrega del Canal, lo que hizo fue subordinarse al capitalismo central, entregándole la suerte de sus proyectos a las leyes de un mercado desconocido, mientras ignoraba transformaciones constitucionales y el impulso de controles administrativos, legales y cívicos a falta de los cuales su sucesor se acomodó dirigiendo nuestro Estado e insípida democracia mediante un modelo de dominio de los poderes del Estado a fin de satisfacer en la mejor medida posible sus absolutos intereses.

Pérez Balladares en su pretendida reelección justificó “no” haber tenido tiempo para implementar su último paquete, casualmente el social.

Nuestra ignorancia nos condujo a un atraso superior, el gobierno de Mireya, cuya más didáctica experiencia fue haber conocido todo lo que un individuo puede hacer con los bienes públicos pisoteando la Constitución, leyes y procedimientos, frente a la opinión pública, mientras los poderes del Estado enfilan sus recursos para proteger al agresor y no al agredido, ¡pesadilla de pobrezas! Así quedó y recibimos a Martín mejor votado, para confirmarnos lo que el pueblo siempre señaló.

Mentiras y demagogia, ese fue el estilo de Martín, quien sin remordimientos, como resultado de su ausente sensibilidad, liderazgo y honestidad llevó irremediablemente, igual que su predecesora, a su partido entero al despeñadero mientras hoy se aclaran sus manejos de corrupción con cargo a la pobreza social y sus males paralelos.

Sabemos cómo emana la corrupción desde la Asamblea en forma de leyes inmorales, y que nuestro modelo “democrático” facilita siempre la concentración de más poder en los órganos del Estado excluyendo a la población “por autoridad de la ley”; en esta vía se apoderan de los recursos del Estado enmarañando además una red de influencias y colaboraciones con los demás órganos del Estado en un todo corrupto.

En este punto sugeriría como prueba indiciaria que se investigue la cantidad y calidad de jueces y magistrados que tengan familiares nombrados en otros órganos estatales sobre todo en el Ejecutivo, y específicamente en todas y cada una de aquellas dependencias que han sido creadas por ley, adscritas a la Presidencia, Ministerio de Gobierno y las empresas estatales “S.A.”, además de la forma y fechas coincidentes en que llegaron a esos puestos a fin de determinar la moralidad de estos intercambios.

Una forma de iniciar el adecentamiento tiene que ver con la descentralización y desconcentración del poder.

Todas estas dependencias de la Presidencia deben pertenecer a las comunidades, no al presidente, vedándole la posibilidad de influenciar con actuaciones desde las más imperceptibles hasta las más descaradas.

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Publicado el 29 de julio de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Necesidad de recuperar la UP

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Necesidad de recuperar la UP

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JUAN CARLOS PASTOR MORALES

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¿Qué sabemos los panameños a cerca de nuestra Universidad de Panamá? ¿Nos importa tan solo un poquito saber de qué se trata y qué fin cumple para el aprovechamiento de nuestra sociedad? ¿Quién la supervisa y cómo es regulada respecto al cumplimiento de sus objetivos? Todas estas preguntas me las he formulando con seriedad, buscando y encontrando frustraciones casi desde un inicio. En lo sucesivo grandes indignaciones y gran aprendizaje es lo que he experimentando.

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La Universidad de Panamá, según mi observación, ha jugado un papel muy sensible en recibir y registrar en su propia piel y organismo cada una de las mutaciones obligadas por los peores traumas de la corrupción campeante en los tres Órganos del Estado. Ciertamente que debemos reconocer los elevados índices de corrupción que venimos acumulando en las Instituciones públicas en Panamá, pero por razón de un esquema demasiado egoísta, el concepto de autonomía ha servido como facilitador para el desarrollo cancerígeno de un creciente modelo de extremada corrupción y manejo de influencias a todo nivel en esa Institución y se ha apartado, junto a cada una de sus excusas, del objetivo real y noble para el cual fue creada y no encuentra forma de escapar a su propia podredumbre.

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La UP, no le ha perdido el paso, y posiblemente ha actuado respecto a ello con mejor libertad, a cada exceso, aberración, acumulación de poder, antijurídica interpretación o cinismo, el cual ha caracterizado nuestras Administraciones Públicas del Gobierno Central orientadas por el amiguismo, la politiquería, arbitrariedad, etc. Al parecer la Autonomía Legal y el hecho de no ser un organismo interesante a una buena parte de la población, por pertenecer al sector público o por sencillamente su apatía al conocimiento universal, han propiciado que nuestra Universidad Estatal haya sido tomada y dirigida por un grupito y en una dirección totalmente contradictoria a los fines a ella otorgados y se ha convertido en un instrumento para garantizar el “desarrollo profesional y económico” de quienes han sabido manejarse con intereses comodines en perjuicio de toda nuestra sociedad.

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La Universidad de Panamá no tiene norte noble alguno. Se caracteriza su cúpula por las constantes y más crudas persecuciones a quienes tengan la osadía de denunciar lo que en ella viene sucediendo. Su dirección cuenta, además, con una red de conexiones de influencias y corrupción ligadas al Gobierno Central y la Corte Suprema de Justicia y viene por supuesto evidenciando un total incumplimiento a sus objetivos mínimos que ameritan una intervención apoyada por toda la sociedad.

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La Universidad de Panamá ha experimentado un extraño y acelerado decrecimiento en su población de Licenciaturas y el improvisado y desreglado Sistema de Postgrados ha pasado a sustituir el interés de los profesores que han aprendido a lucrar de la población necesitada.

La universidad y su dirección no compiten en instalaciones, atenciones, servicios, disciplina y muchos otros rubros, con las universidades privadas y, sin embargo, tiene los precios de postgrados al mismo nivel de aquellas sin considerar la gratuidad de todas sus instalaciones patrocinadas con los recursos del Estado.

Nuestra Universidad, toda su administración y los objetivos que debe cumplir para beneficio de la sociedad y el real avance educativo de los panameños tienen necesariamente que ser revisados y rendir cuentas públicas a todos los nacionales.

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Publicado el 27 de julio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde