Logros de la Universidad de Panamá

La opinión de…

Enrique Lau Cortés

Si usted ha leído periódicos o escuchado noticias en las últimas semanas acerca de la Universidad de Panamá, probablemente se quedará con una imagen distorsionada de ella, porque en su mayoría las menciones hacia esta institución giran en torno a la política universitaria y a los intereses particulares de aquellos que haciendo uso de la libertad de expresión presentan sus puntos de vista.

Es posible que usted nunca haya escuchado que en la Universidad de Panamá el 77.6% de sus estudiantes proviene de hogares con ingresos familiares mensuales menores de B/. 600.00, y que tenemos cerca de 20 mil estudiantes que no pueden cubrir los costos de su matrícula, que por muchos años ha sido de B/. 27.50 por semestre; y que cada vez que logramos graduar a uno de estos jóvenes luchamos contra la pobreza, la delincuencia y sacamos a guerrilleros de las montañas, porque se les dota de una preparación integral, con pensamiento crítico, amor a la patria y elementos que les permiten insertarse en el mercado laboral, a través de un empleo digno y bien remunerado.

Pocas personas conocen que es el Instituto Especializado de Análisis de la Universidad de Panamá, el Laboratorio de Referencia para Medicamentos, Cosméticos y Alimentos, con el que cada día la universidad vela por la salud y la seguridad del pueblo; o que somos el centro de referencia internacional en el monitoreo de contaminación radioactiva y que en varias ocasiones hemos detectado marcadores que hablan de fugas radioactivas en hospitales que ayudamos a corregir.

Es probable que tampoco se sepa que tenemos el Instituto de Geociencias, que vigila y monitorea la actividad sísmica en cualquier punto del istmo y el monitoreo volcánico, lo que ayuda a predecir calamidades, estableciendo un hito en la historia científica de nuestro país.

Además, vigilamos la calidad del agua, del aire y el grado de afectación a la salud de los rayos solares, porque contamos con una Red Radiométrica Nacional para la medición de los niveles de radiación ultravioleta y otros parámetros atmosféricos, con lo que hemos desarrollado un método para evitar el cáncer de piel.

Si miramos el tema de la soberanía alimentaria, nos daremos cuenta de que la Universidad de Panamá contribuye, a través de su Facultad de Ciencias Agropecuarias, en la producción de “semillas certificadas y resistentes” de maíz, sorgo y arroz; además con la producción de diferentes rubros como carne de res, donde somos los campeones en la raza simbrah, o la carne de cerdo y pollo; proporcionamos a nuestros estudiantes de escasos recursos un plato de comida básica por B/. 0.50, cuando su costo es de B/. 1.25, con lo que apoyamos a los que menos tienen para que puedan graduarse.

En materia de producción, el Instituto Promega desarrolla un programa de capacitación en inseminación artificial a los pequeños y medianos productores; además hacemos fertilización in vitro y trasplantes de embriones con lo que contribuimos a la mejora genética de los hatos ganaderos de los más vulnerables en la cadena de producción de alimentos.

Desde 1990 tenemos registradas mil 690 investigaciones en áreas tan diversas como alacranismo y ofidismo, enfermedades tropicales, nutrición, criminología, etc., con lo que la universidad contribuye al desarrollo del saber humano.

Hemos realizado la autoevaluación de nuestras carreras. Estamos en la fase de homologación mediante el análisis de tres pares de otros países, para construir un plan de mejoramiento que nos debe llevar a la acreditación de nuestras carreras con los estándares internacionales, elevándose nuestra oferta a clase mundial. Mantenemos un proceso dinámico de transformación académica curricular, que busca la pertinencia en lo que se enseña para que cuando nuestros egresados se sumen a los más de 250 mil profesionales graduados en nuestras aulas, sigan contribuyendo al desarrollo nacional.   Se ha hecho mucho, pero mucho más falta por hacer.   En estas Bodas de Diamante, rindo homenaje a todos los hombres y mujeres que han construido patria a través del trabajo honesto en la Universidad de Panamá.

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<> Este artículo se publicó el 21  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.  Más artículos del autor en:  https://panaletras.wordpress.com/category/lau-cortes-enrique/

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Más allá del deber

La opinión de….

Enrique Lau Cortés


Cada año los bomberos panameños hacemos un alto en nuestras labores para honrar a nuestros héroes que han caído en el cumplimiento del deber. Si le preguntamos a cualquiera de los miles de hombres y mujeres de nuestra institución cuál es nuestro deber, la respuesta será: “preservar las vidas humanas y los bienes de la sociedad”.

Desde nuestra fundación, el 28 de noviembre de 1887, hay fechas que son significativas en nuestro calendario. La primera fue el 5 de mayo de 1914, cuando ocurrió la tragedia del polvorín que recoge los primeros mártires y héroes del Cuerpo de Bomberos de Panamá, distinguiendo a Félix Antonio Álvarez, Luis de Basach, Juan Bautista Beltrán, Luis Buitrago, Faustino Rueda y Alonso Teleche, todos hijos del pueblo; gente sencilla, honesta, trabajadora, unida por la vocación de servicio a la comunidad.

En Colón, el 28 de abril de 1917 se registra el fallecimiento en servicio del capitán Charles de Reuter y el sargento Andrés Mosquera. El 31 de marzo de 1935 cae el bombero Juan Acuña y el 7 de abril del mismo año, el bombero Luis Felipe Puello. El 19 de diciembre de 1971 sucumbe el teniente Guillermo Béliz. El teniente coronel Dimas Sanabria y el cabo segundo Manuel Ábrego se agregan al selecto grupo de héroes colonenses que, en el fragor de la lucha contra un voraz incendio ocurrido en una bodega de la Zona Libre de Colón, son llamados a la presencia del Creador, completando la lista gloriosa de nuestros mártires colonenses.

“Cuando la pena nos alcanza por un hermano perdido, cuando el adiós dolorido busca en la fe su esperanza; en tu palabra confiamos, con la certeza de que tú ya le has devuelto a la vida, ya le has llevado a la luz”. Esta es una frase de una canción escrita por el sacerdote vasco Cesáreo Gabarain Azurmendi, quien escribió la canción titulada La muerte no es el final, hecha especialmente para honrar a los héroes españoles que han entregado su vida al servicio de la patria.

La tomamos como una sencilla muestra de admiración, respeto y agradecimiento al legado de una bella tradición, engalanada con las muestras más hermosas de amor a la humanidad; expresadas a través de estar siempre dispuestos a servir sin límites, llegando incluso a entregar la vida, por salvar la de los demás. Ellos construyeron parte de la herencia que hoy tenemos y su sacrificio nos compromete a ser dignos sucesores de una tradición heroica al servicio de los más altos intereses de la patria.

Nos retan para que seamos celosos guardianes de nuestra historia y tradiciones, de manera que entreguemos, puros y sin manchas los estandartes institucionales a las nuevas generaciones que han de reemplazarnos.

Cuando capacitamos a nuestros bomberos les enseñamos que la regla más importante de un rescatista es preservar su seguridad, para poder salvar a otros; pero cuando en una muestra de amor, sacrificio y entrega pasamos el límite y arriesgamos nuestra integridad para salvar vidas humanas, vamos más allá del deber. Estos actos de nobleza destacan el carácter, la vocación de servicio, el compromiso y el valor que como un faro nos ilumina el sendero del servicio a la comunidad y nos da identidad como institución, constituyendo la esencia de los camisas roja panameños.

Para nuestros héroes elevamos una plegaria por el descanso eterno de sus almas, y para los que sobrevivimos, una voz de aliento a mantenernos leales al legado de estos mártires casi anónimos que entregaron su vida sirviéndole al prójimo.

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Este artículo se publico el 12 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Qué pasó con la coherencia?

La opinión del médico….

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Enrique Lau Cortés

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¿Qué pasó con la coherencia?
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Algunos se preguntarán qué hacía un ministro de Estado revisando las ollas y las condiciones de un restaurante de la localidad o pidiendo el carné de salud a las personas que ejercen el oficio más antiguo del mundo.   Según mi leal saber y entender, esto no ocurre porque el ministro de Salud no tenga nada que hacer, por supuesto que debe estar muy ocupado.   Un antiguo refrán nos dice que “quien no entiende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación”.   Si leemos entre líneas esta acción ministerial donde el titular de Salud saca tiempo para hacer lo que otros deben atender, algo no anda bien y se requiere un cambio radical de actitud en la atención de las responsabilidades, para garantizarle a la población la prevención de enfermedades de carácter alimentario o las de transmisión sexual.

No hay excusas para no cumplir, ya que el mensaje que viene desde el Palacio de las Garzas guarda coherencia con su plan de gobierno y la actuación del señor ministro de Salud refleja dicha coherencia privilegiando la prevención de enfermedades y la promoción de la salud como un cambio de paradigma que procura modificar el tradicional enfoque biologicista y patocéntrico.

Apruebo el trabajo que hasta ahora se ha hecho en el sector Salud, no obstante cuando presencié en los medios de comunicación social las repetidas imágenes de dicha misión, especialmente las de la visita al centro de lenocinio, me indigné por la falta de coherencia entre los discursos de algunos medios de comunicación que dicen que no pasarán imágenes violentas, para no ser ofensivos con el público, y los hechos que reflejan otra cosa, donde al parecer se está más preocupado por el famoso rating que por construir patria. Es por ello que la coherencia debiera incluir también no pasar imágenes que riñan con la moral y las buenas costumbres o que denigren a la persona humana.

Nuestro país, al igual que los otros 189 países miembros del Sistema de Naciones Unidas, suscribió lo que se conoce como el reto de los “Objetivos del Milenio”, que entre ocho puntos incluye la equidad de género, que significa dar iguales oportunidades a la mujeres para que puedan alcanzar y desarrollar al máximo sus capacidades.   Sin embargo, el proyectar una y otra vez las imágenes de mujeres calificadas de prostitutas, en ropa íntima, que corren desesperadas para ocultar sus rostros y evitar ser estigmatizadas, y en horarios que nuestros niños ven televisión, no le da valor agregado a la noticia, ni nos acerca al cumplimiento de este compromiso, pero sí lacera la dignidad no sólo de las mujeres que aparecen en pantalla, quienes también son madres, hijas, hermanas o amigas, sino que también desgarra las propias entrañas de la sociedad, ya que entre ellas también hay nacionales que seguramente son fiel ejemplo de la inequidad que existe en nuestro país.

Este tema no debe ser objeto de chistes de mal gusto, sino motivo de profunda reflexión de hacia dónde vamos como país y cuál es el papel que debemos jugar todos en el fortalecimiento de nuestra patria.

El compromiso es tan serio que no es asunto exclusivo de las mujeres, nos debe importar mucho a los hombres, ya que es impostergable revisar lo que hacemos como sociedad para que estas mujeres, quienes también son panameñas, tengan la oportunidad de ganarse la vida dignamente y así lograr salir de las calles.

Como dijo José Martí: “hacer es la mejor forma de decir”, por lo que la libertad de expresión no debe reñir con el respeto a la dignidad humana.

La crisis de la hemodiálisis

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La crisis de la hemodiálisis

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La opinión del médico….

Enrique Lau Cortés

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Con cierta frecuencia escuchamos a través de los medios de comunicación social, quejas presentadas por los pacientes o sus familiares que reciben hemodiálisis como tratamiento para su insuficiencia renal crónica, lo que quiere decir que los riñones han experimentado un deterioro progresivo e irreversible de su capacidad para manejar los líquidos, eliminar desechos tóxicos conocidos como productos azoados, de producir eritropoyetina que es una hormona que cuando falta ocasiona anemia, lo que lleva a las personas a retener líquidos, tener la presión arterial elevada, baja la hemoglobina, fatiga, y dejar de orinar.

Actualmente, en nuestro país se estima que existen cerca de mil pacientes con insuficiencia renal crónica, 80% generados en enfermos con diabetes y/o hipertensión arterial. Novecientos en tratamiento con hemodiálisis tres veces por semana a un costo promedio de mil 200 balboas al mes, que representan aproximadamente 62 mil balboas por paciente al año, si sumamos cada mes 35 nuevos pacientes en poco tiempo, al ritmo que vamos con esta epidemia, el país no podrá atender las necesidades crecientes e infinitas de ellos, con recursos cada vez más limitados de la sociedad, por lo que sugerimos un cambio radical en la estrategia de abordaje a esta problemática.

Por un lado, debemos entender que la hemodiálisis es un tratamiento paliativo que toma cerca de 12 horas a la semana; sin embargo, hay otras modalidades incluso con mejores resultados como la diálisis peritoneal continua, en cambio, ésta requiere mayor preparación, educación y colaboración de los pacientes y sus familiares y mejor control médico, pero este también es paliativo, así que en aquellos casos que califiquen, la solución debe ser el trasplante renal.

Los trasplantes renales a nivel internacional tienen un costo entre 25 mil a 50 mil balboas, y el tratamiento para evitar el rechazo del riñón tiene un costo aproximado de 12 mil balboas al año. No hay que ser financista para entender que es más costo–efectivo y produce más costo–beneficio trasplantar a los pacientes que mantenerlos en hemodiálisis, pero las ventajas van más allá de lo económico sino también les dan libertad a los pacientes, la vida vuelve a ser un poco más parecida a lo normal, mejora la autoestima y la calidad de vida cambia positivamente para todo su entorno familiar.

Si nos detenemos ahí no hemos hecho la tarea completa, ya que a nivel internacional se estima que cerca de 290 nuevos casos por cada millón de habitantes deben diagnosticarse cada año, por lo que se impone una acción sanitaria que es la prevención y la promoción de la salud, ¿Cómo hacerlo? Simple, evitando que los diabéticos y los hipertensos sigan siendo los mayores proveedores de insuficiencia renal crónica. Para ello debemos contribuir a la educación de nuestros pacientes, permitiendo la toma de conciencia en su responsabilidad con su salud. Además, cada uno de estos pacientes debe ser sometido a un acompañamiento por su equipo de salud y su médico de atención primaria, garantizando los medicamentos de calidad oportunamente, mejorando sus hábitos alimentarios, adoptando formas de vida saludables, eliminando el tabaco, alcohol y otras drogas con lo cual estaremos mejorando la forma de enfrentar esta grave condición.

Esta enfermedad se ha convertido en una epidemia mucho más grave que la ocasionada por el virus de la influenza A (H1N1), por lo que debe ser tratada como una verdadera crisis sanitaria ya que representa para nuestros países la utilización creciente de fondos para remediar una enfermedad que refleja en gran medida falta de capacidad resolutiva del sistema sanitario nacional, si continuamos haciendo lo mismo, los resultados serán más de lo mismo y no mejoraremos la calidad de vida de la población afectada.

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Publicado el 24 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde