¿Cuánto vale la vida?

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La opinión de la Abogada…

Sharon Alemán 

En el transcurso del tiempo, a través de los medios de comunicación, somos testigos de eventos trágicos que nos llaman la atención y deben despertar nuestra consciencia. Por un lado, catástrofes naturales, como: terremotos, maremotos, inundaciones, entre otros desastres; cuyas secuelas generan un gran número de pérdidas humanas; y, pueden ocasionar que víctimas sobrevivientes mueran de enfermedades y/o de hambre.

Por otra parte, las guerras y el terrorismo; y, no menos relevantes, la violencia provocada por la delincuencia común y la que emerge en el seno de las familias, las que, lamentablemente, están en aumento en el mundo y que, en particular, en nuestra sociedad se perciben cada vez más crecientes y cercanas.

En un contexto diferente, vemos casos como el envenenamiento ocurrido en nuestro país, que ocasionó varias víctimas fatales y otras que aún mantienen secuelas; y, algunos llamados públicos (en medios de comunicación, uso de alcancías en las calles y establecimientos comerciales; entre otros) de personas que tienen un hijo o familiar que padece una enfermedad cuya gravedad le pone en riesgo la vida y los tratamientos necesarios tienen costos tan elevados que no pueden sufragarlos, porque no poseen recursos propios suficientes, o no cuentan con un seguro médico (social y/o privado); o debido a que cuentan con un seguro, pero no les ampara en su totalidad contra el siniestro que padecen. Los comentados eventos nos confirman la convicción de que, sin distinción de raza, género, credo, condición social o ideológica, todos estamos expuestos a la furia de la naturaleza, a la poca estima que tienen algunos sobre la vida e integridad de otros, así como a cualquiera de las enfermedades implacables, que pueden enfrentarnos a la más grande de las batallas.

Debemos actuar y ser solidarios, ante desastres naturales y la existencia de víctimas que precisan de nuestra ayuda, no dejar para después, por encontrarnos envueltos en la rutina y tener todo cuanto precisamos, esa ayuda indispensable que puede satisfacer las necesidades inmediatas de otros que sufren la pérdida de todo.

Frente a la creciente violencia que azota nuestra sociedad y la difícil situación de padres y madres que deben agotar medidas desesperadas para salvar la vida de sus seres queridos o que han perdido familiares porque no lograron la ayuda necesaria; resalta: “la vida es un derecho humano fundamental” y no debe estar a merced de la voluntad de otros.

La Constitución Política de la República de Panamá establece la obligación del Estado y de las autoridades de proteger, velar y asegurar la vida, así como la salud, respectivamente; por lo que, es apremiante que se evalúe con la debida atención la normativa y las acciones existentes y, por otro lado, las alternativas aplicables; e implanten, sin demora, mecanismos efectivos que aseguren y protejan, en su justa dimensión, a todos los niveles, la vida y la integridad así como la salud (atención y cuidados médicos idóneos, suficientes y oportunos).

¡La vida es invaluable!, cualquier esfuerzo es poco para asegurarla y mantenerla con la mejor calidad posible. Todos debemos estar atentos, cuidarnos y unir fuerzas, ya que algún familiar, amigo, conocido y/o cualquiera de nosotros podría necesitar esa acción que para otros hizo la diferencia entre la vida y la muerte.

*Dedicado a Viktor y Enrique.

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<>Artículo publicado el  8  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora.   todo el crédito que les corresponde.
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