Casa por cárcel, jamás

La opinión de…

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Stella M. de Spadafora

Miembros de la familia Spadafora nos hemos manifestado en varias ocasiones rechazando el pedido de extradición de Noriega, a pesar de que desearíamos que pagara con todo el rigor posible, no sólo por el crimen de Hugo sino por todos los otros crímenes, anteriores y subsiguientes.

Rechazamos la extradición porque la Ley 14 de 2007, aprobada durante el gobierno de Martín Torrijos, permite dar casa por cárcel a las personas que han sobrepasado los 70 años de edad, lo cual convierte a estos delincuentes en ciudadanos con derecho a solicitar este posible beneficio (argumentando discapacidad o enfermedad) de “pagar” sus penas, disfrutando de un futuro bastante cómodo, tranquilo, feliz y hasta envidiable comparado con los vicisitudes que pasan delincuentes por delitos mucho menores en nuestras hacinadas y peligrosas cárceles.

Esta ley no explica qué clase de casa debe servir como pago de la pena, más bien supone que podría ser una casa con todas las comodidades que la mayoría de los panameños no poseen. Sabemos que Noriega tiene mucho dinero aún, puesto que no ha dejado de pagar sustanciosos honorarios a sus abogados. Imagínense, señores lectores, al Sr. Noriega viviendo en alguna de sus mansiones, porque para ello su familia y sus allegados solicitarán que alguna de las que le fueron confiscadas se la devuelvan, alegando que tiene derecho a un lugar para vivir.

En esa mansión puede tener todas las comodidades, pantallas gigantes para divertirse viendo toda clase de proyecciones de su gusto o computadoras con acceso a internet para entretenerse. Podrá tener piscina, salas de recreo con mesas para juegos de cartas y billar, entre muchas otras diversiones. Podrá tener bares con toda clase de licores, chef y mayordomo para atender a sus amigos y a sus familiares, disfrutar de ellos y agasajarlos. Ese privilegio de vivir y disfrutar de sus familias no lo gozaron ni Hugo ni ninguna de las otras víctimas.

¿Que el pobrecito no puede salir de allí, y eso es suficiente castigo? A edades avanzadas ya se ha visto mucho mundo y sólo se aspira a vivir una vejez cómoda. Esa comodidad sería para él mucho más de lo que como múltiple asesino, torturador y delincuente se merece. Ni siquiera a sus 75 años y 20 años en prisión ha pedido perdón por ninguno de sus crímenes.

Conociendo lo resquebrajado de nuestro sistema judicial, el pedir la extradición de Noriega por este Gobierno puede promover que un juez sin moral le otorgue a Noriega el privilegio de recibir esta indulgencia. ¿Así quiere el Estado compensar a Noriega por todas las atrocidades que cometió contra el pueblo panameño? Leyendo al presidente Martinelli honrosamente pedir perdón por los crímenes de los dictadores de otros gobiernos, pido que ese deseo de rectificación del Estado panameño no se quede en papel.

La Ley de casa por cárcel debe tener sus limitaciones. Una cosa es que en los mismos predios carcelarios se construyan infraestructuras especiales donde estos delincuentes puedan, ya viejos, ser visitados por sus familiares o por algún médico que atienda su salud, pero no más.

En países de Europa encarcelan a estos criminales sin reparar en la edad que tengan. Este fue el caso de los nazis que se escondieron en América y fueron capturados hasta con más de 90 años. Ninguno recibió casa por cárcel.

En Argentina, Jorge Rafael Videla, con 84 años de edad fue condenado a cadena perpetua, y aunque Carlos Menem lo indultó tres años después, fue procesado por nuevos crímenes. Videla solicitó y recibió un arresto domiciliario. Esta ignominia fue subsanada por la Corte Suprema de Justicia de Argentina, que anuló el indulto de casa por cárcel con el que había sido beneficiado, pues concluyó que por los crímenes horribles que había cometido no podía recibir ese beneficio, con lo que Videla perdió el privilegio de la prisión domiciliaria y ahora se encuentra en una cárcel común, como corresponde a este tipo de asesinos.

Ante la grave crisis de justicia y de moral que vive nuestro país, señor Presidente, reiteramos nuestra solicitud pública de que el Gobierno de Panamá conceda a Francia la potestad de enjuiciarlo y hacerle pagar por sus crímenes, los que cometió allá y los que cometió acá, y que sólo a menos que Francia fuera a dejar en libertad a este criminal, Panamá lo evite, trayéndolo a pagarlos aquí, pero a pagar, no a disfrutar inmerecidamente de una vejez cómoda. Cuando veamos a Noriega caminar con paso lento recordemos que Hugo fue asesinado con tan solo 45 años. Y qué decir de los asesinados en Albrook y de todos los demás desaparecidos, violados, golpeados y ultrajados bajo sus órdenes. Casa por cárcel jamás, Sr. Presidente.

No lo podemos permitir.

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Artículo publicado el 1°  de junio de 2010  en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

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