¿ Dónde están los relacionistas?

¿ Dónde están los relacionistas?

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EMILIO SINCLAIR
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El 1 de julio se produjo un hecho trascendental. Un empresario con suficientes recursos para no pellizcar las finanzas públicas, asumió la primera magistratura de la Nación. El presidente Ricardo Martinelli se caracteriza por ser exigente y perseverante, hechos que lo hicieron triunfar en negocios y política.

Martinelli viene advirtiendo que hará cambios profundos, que sacudirán las estructuras económicas y sociales del país y sus palabras con un tinte radical calan en los que ansían una transformación, aunque para algunos es un alfiler que los tortura mentalmente e impide conciliar el sueño. La pesadilla de su “oscuro pasado” los martiriza.

Las buenas intenciones del mandatario no serán exitosas si sus relacionistas públicos no hacen la divulgación adecuada para que este pueblo, cansado de informaciones disecadas, se entere hasta la saciedad de lo que está pasando.
Panamá tiene excelentes comunicadores sociales, por lo tanto confiamos en que las relaciones públicas estarán ocupadas por seres pensantes, con criterios periodísticos y no zombis con aires intelectuales, que se limitan a organizar fiestas o a servir de intermediarios entre el jefe y periódicos, emisoras o canales de televisión.

En el nuevo gobierno se distinguen varios comunicadores, lo que constituye un reconocimiento a los medios, que en toda gestión pública constituyen baluartes de donde emanan noticias que, procesadas, se convierten en hechos históricos que convierten a Panamá en nación fértil de acontecimientos.

“¡El cambio va!” , pregonan, pero el tsunami político en cuanto a las relaciones públicas arrancó aturdido. Ningún relacionista se dignó elaborar una carpeta explicando quién es Ricardo Martinelli Berrocal, su esposa, a qué se dedica, sus hijos, progenitores, gustos, logros académicos, organizaciones a las que pertenece, mascotas y cómo edificó un imperio comercial partiendo de una ferretería que compró a un asiático. En fin, otros detalles que servirán de fuente informativa e inspiración de aquellos que aspiran entrar como jefes en la mansión de San Felipe.

Una proliferación de carpetas, con la bandera tricolor, con detalles sobre el Canal, nuestra riqueza forestal, nuestros patrimonios de la humanidad y sobre las características del panameño, un pueblo pacífico y dicharachero, debieron estar en todos los medios, en manos de periodistas, visitantes, delegaciones, editada en varias idiomas, por lo menos español e inglés, para que, como herramienta de trabajo, los poseedores tengan una base veraz sobre quiénes gobiernan el país.

Fallaron y, si estoy equivocado, no he visto ni siquiera un folleto que nos infle de orgullo. La carpeta —con copia a las bibliotecas del país— también debería contener información sobre el Gabinete con fotos y hojas de vida, sería un documento de referencia permanente para que nadie ignore quiénes están sobre el, a veces indomable, corcel del poder.

Los relacionistas públicos debieron disparar sus informaciones para disolver los comentarios nefastos y para recordar que eso de “los locos somos más” fue una estrategia publicitaria de la campaña, que se debe borrar para enseriarse en la búsqueda de un Panamá mejor, con miras a evitar que la gestión del gobernante sea apaleada por las críticas.

No creemos que los relacionistas sean ineficientes, simplemente alguien se quedó dormido. Todavía tienen la oportunidad de empinarse y demostrar al mundo que son profesionalmente de jerarquía intelectual imbatible.

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Publicado el 9 de julio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

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