¿Es el momento apropiado para aumentar más impuestos?

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La opinión del Economista…

Rubén Lachman Varela

Las políticas públicas se pueden agregar en un conjunto de disciplinas, donde quizás las más conocidas sean tales como la economía, el derecho, la sociología y hasta la psicología. Lo medular de las políticas públicas se reduce a una pregunta simple: ¿qué acciones toman quienes nos gobiernan para lograr resultados y por qué medios? Las principales áreas de las políticas públicas, en un sentido muy amplio, atañen al desarrollo social dentro del cual los aspectos económicos son un elemento consustancial.

En un Estado de Derecho, las políticas públicas deben expresar, mediante leyes, cada materia producto de un objetivo. Uno de los tópicos a los que más prestan atención las Instituciones Internacionales (digamos el Banco Interamericano de Desarrollo) no es el contenido de las políticas públicas sino la manera en que cada país las formula y ejecuta. Y tanto la formulación como la ejecución de las políticas públicas deben mantener una visión de Estado, y no necesariamente responder al gobierno de turno o a alguna necesidad considerada urgente. Esto último está correlacionado con la credibilidad de una nación en el aspecto económico, que es el tema central de lo que ahora expongo.

En lenguaje popular, lo que pretendo anunciar es que si no hay reglas claras del juego, una minúscula pero dinámica economía en el entorno internacional (pensemos en el Canal, comercio, logística, etc.) como la panameña, puede verse afectada por la percepción de los inversionistas, especialmente los internacionales. Panamá ha recibido el grado de inversión, reflejado por una mejora sostenida en las finanzas públicas, deuda baja con respecto al Producto Interno Bruto y las reformas tributarias y fiscal, con un continuo compromiso de disciplina fiscal. En un ejemplo banal y más simple, en el caso de las fórmulas y ejecución de políticas públicas, si se va a construir un metro, es necesario conocer de antemano de dónde provendrán los fondos para dicha obra.   Si se van a subir pensiones de jubilados, es necesario conocer con anticipación de dónde se obtendrán los recursos. ¿Cómo sería percibida una nueva reforma tributaria de algún tipo para cumplir con algún nuevo objetivo cuyos recursos no están a la vista? Por lógica formal, se deduciría que se está quebrantando el estrecho vínculo entre los resultados y los medios para alcanzar objetivos o la manera como se formula y se ejecuta la política pública. Es decir, no mantendríamos la disciplina fiscal por la cual nos han premiado las agencias calificadoras de riesgo.

Panamá es una economía sui generis en materia de políticas públicas económicas. Lo usual es que las políticas de estabilización (en función de objetivos, que la economía opere de acuerdo a la visión del Estado) son monetarias y fiscales. En nuestro país no existe política monetaria como tal porque no hay banca central que pueda controlar la oferta monetaria ni la tasa de interés, que es el precio del dinero. Los panameños sólo podemos controlar la política fiscal.

La política fiscal consiste en cambios hechos a propósito para cambiar los niveles de los gastos gubernamentales, los impuestos y el endeudamiento. En Panamá los niveles del gasto gubernamental deben ser financiados, porque no controlamos la oferta monetaria. La única manera de aumentar los gastos del gobierno sería por medio del aumento de impuestos. El aumento de la deuda estaría descartado si queremos mantenernos en la situación elogiada por las agencias calificadoras y, por supuesto, por nuestra propia salud financiera.

Desde el punto de vista de la teoría keynesiana convencional, el incremento de los impuestos, al aumentar el gasto gubernamental ampliaría el Producto Interno Bruto debido al efecto multiplicador (dinero pasando de mano en mano), lo que aumentaría el gasto total en la economía. Pero debido al bajo multiplicador de la economía (caímos de un crecimiento de 10.7% en 2008 a 2.4% en 2009 y la deuda de los panameños oscila en alrededor del 140% del Producto Interno Bruto), dudo mucho que se de un efecto positivo, sino más bien negativo. Lo que sucederá es que el ingreso disponible para el gasto de los panameños se reduzca ante nuevos impuestos, con un multiplicador del impuesto negativo. En pocas palabras se reducirá el gasto en la economía, bajará el Producto Interno Bruto y aumentará el desempleo.

Ahora, desde otro punto de vista de la teoría convencional, se insiste en que existe una tasa óptima de impuestos que hace que los ingresos del gobierno, y consecuentemente sus gastos se maximicen. Si se cobran menos impuestos que ese óptimo, toda la sociedad pierde. Si se cobra de más, los inversionistas se desalientan y el ingreso disponible de los ciudadanos se reduce, lo que en conjunto provoca una reducción en las recaudaciones. Otra forma de ver esto mismo es que los impuestos encarecen el costo de transacción en las economías cuando se cobran impuestos de más; sobre todo si las economías no están estabilizadas y aprovechan al máximo sus recursos. Lo que se logra es debilitarlas aún más. Esto es especialmente válido cuando se reduce la actividad económica en sectores claves (por aumento de costos) que sí tienen enorme efecto multiplicador en el gasto nacional, por los estrechos vínculos que mantienen con importantes actividades del total de la economía.

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<>Artículo publicado el  7 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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