No molestar ya es ayudar

Panamá merece ser conocido y visitado, hagamos entre todos lo posible para atraer turismo, señores políticos, ¿les importaría ayudar un poquito? La opinión de…

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Me siento hoy delante de esta pantalla con una completa confusión. Me he pasado varios minutos mirando el teclado con la vista desenfocada y sin lograr fijar las palabras, el silencio me acompaña en mi desazón y me he puesto a teclear sin saber muy bien por donde empezar a hilar la vorágine de ideas que me vienen a la cabeza.

Les cuento, esta semana estoy leyendo que en España se ha inaugurado FITUR, la gran feria de turismo que se desarrolla todos los años por esos lares, y los medios de comunicación españoles lo han anunciado con gran bombo y platillo. Entonces allí me ven a mí, dándole a los cangilones del pensamiento, tratando de imaginar qué es lo que el stand de Panamá puede ofrecer a aquellos incautos que se acercan a él.

Veamos, seguimos sin agua, y la poca que hay es preferible no beberla. Es decir, los hoteles están llorando lágrimas amargas, lo malo es que con lágrimas no puedes llenar las cisternas de los excusados de todas las habitaciones y el mandar camiones cisterna a buscar agua al interior no es como muy sostenible que digamos.

Los restaurantes, o lavan los utensilios a cubetadas de agua no potable o siguen poniendo platos y cubiertos de plástico, muy poco glamorosa cualquiera de las dos opciones.  Y ya nos están avisando que no están muy seguros de que la cosa se arregle durante los meses de verano, a lo peor seguimos con esta situación per saecula saeculorum.

Esto no hace más que empeorar el tema de la basura, que no se ha terminado de mejorar con ANA, aunque allá vamos…Entonces sólo nos queda vender nuestro país como ‘playa brisa y mar’ pero sigo pensando yo, (es que cuando me pongo no paro) ¿pretenden que los turistas lleguen en autocar o en carro al interior?

Mejor no,  claro, porque los problemas en las vías hacia las playas continúan, y los tranques de ida y de vuelta son terribles, además del canguelo que deben pasar los pobres viendo cómo los accesos a uno de los puentes y el firme del otro están de mírame y no me toques.

Ahora, si lo que pretenden es llevarlos en avión directamente, deberían de tratar de que los vertederos de basura no se les prendan en llamas, porque aunque haya agua en el cuarto, no es muy agradable para un turista el tener que pasarte la semana de vacaciones en una playa paradisíaca encerrado en tu cuarto mirando el techo (los que se salvaron fueron los que estaban en luna de miel…) porque no puedes salir ya que una nube tóxica de basura quemándose en un vertedero próximo te asfixia cada vez que tratas de sacar las narices por la puerta, no digamos ya lo de comer esnifando a bocanadas el deliciosos hedor.

A ver, sigo pensando yo (cogito ergo sum),  ¿qué les estará ofreciendo exactamente el señor administrador de la Autoridad de Turismo a los interesados?   No digo yo que Panamá no sea un verdadero paraíso, que lo es, y que no tenga miles de cosas hermosas que ofrecer, que las tiene,    sino que llega un momento en que, además de naturaleza tienes que ofrecer infraestructuras, porque claro, para naturaleza maravillosa e infraestructuras nulas ya tenemos la competencia africana, y cuidadín y nos ganan algunos países de por allí con mejor oferta de comodidades y servicios.

¿Encima quieren poner más impuesto? Yo de verdad creo que esto último es una broma del señor alcalde, que como es un poco lento en sus reacciones nos está tratando de hacer la inocente mariposa en enero…

Panamá merece ser conocido y visitado, hagamos entre todos lo posible para atraer turismo, pero señores políticos, ¿les importaría ayudarnos un poquito? Aunque sea no molestando, que eso ya es mucho.

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Este artículo se publicó el 23 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.
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Definamos vilipendiar

Si no te digo más que la verdad no te vilipendio.  La opinión de…

 

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Definitivamente el gobierno nuestro de cada día no deja de sorprenderme, lo cual, si tenemos en cuenta la escasa esperanza que tengo en el género humano en general, ya es toda una hazaña.   Como no tuvieron bastante con el rapapolvo que les dieron hace unos meses cuando trataron de imponer otra vez las leyes mordaza ahora se salieron de nuevo con la tontería de querer pasar una ley donde se encarcelaría a aquellos que insultaran o vilipendiaran a los que tienen cargos electos.

En fin, está visto que es muy bonito el cargo mirado desde afuera, pero se han olvidado de lo que conlleva y cuando lo han descubierto ya es muy tarde y los muy gaznápiros se piensan que cerrando la boca del pueblo a la fuerza lograrán hacernos creer que todo lo que hacen está bien.

En primer lugar, definamos las palabras vilipendiar e insultar. Vilipendiar es, según el diccionario de la Real Academia, despreciar algo o tratar a alguien con vilipendio. Y vilipendio es, según la misma fuente, desprecio, falta de estima, denigración de alguien o algo.

También podemos ver que insultar es ofender a alguien provocándolo e irritándolo con palabras o acciones. En resumidas cuentas, lo que podemos ver es que si no te digo más que la verdad no te vilipendio y que no ofende quien puede sino quien quiere y que si ustedes aprenden a no ofenderse o a no realizar actos despreciables no tienen porqué obligarnos a nosotros a no vilipendiarlos.

O sea, que en realidad, insultar o vilipendiar no tienen nada que ver con nombrar a la persona por sus actos, porque concuerden conmigo en que si una persona roba es un ladrón, si un hombre viola es un violador, si un funcionario acepta sobornos es un corrupto, y si alguien hace una estupidez… ¡huy, no! bueno, todos podemos hacer estupideces, fíjense si no en la cantidad de gente que votó por Bosco.

Pueden tratar de taparnos la boca una y otra vez, lo que no pueden pretender es tapar el sol con la mano y hacernos creer que todo está bien.   Siguen ustedes empeñados en que la culpa de todo la tenemos los medios de comunicación, cuando en realidad, de su ineptitud y su estupidez la culpa la tienen solo ustedes, y ustedes solitos son responsables de sus decisiones.

Por ejemplo, puede que si el señor cónsul en Miami se hubiera quedado calladito hubiera logrado pasar agachado los cinco años, pero, lamentablemente para ustedes, taparle la boca a un idiota (y un cónsul no es un cargo electivo, así que puedo decirle lo que me de la gana, con todo respeto, eso sí) es muy difícil, así que ahora mismo la responsabilidad de la decisión de poner a ese ignorante allá es del que firmó su nombramiento.

Y así nos vamos, ¿quién fue el responsable de la tontería de poner de director del IDAAN a un señor que, en vez de trabajar para paliar una tremenda crisis, se encomienda a Dios? Pues al que le quede el traje que se lo ponga.

Asuman su responsabilidad y aguanten callados como hombrecitos cuando les canten las cuarenta.   Que, ya que tenemos que soportarlos por cinco años, cada vez, por lo menos déjennos el derecho al pataleo. Y además nunca, nunca, deben olvidar que aquí el pueblo es el soberano, y que sus cargos no son suyos, sino de todos los que los votaron, por lo tanto, el pueblo, como sus verdaderos jefes, tiene derecho a echarles la bronca y decirles las cosas claritas. ¿O es que acaso se les olvida ese pequeño detalle?

> Este artículo se publicó el 16 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.

Nos están tomando el pelo

“Estamos hablando de lo mismo de siempre: políticos corruptos, funcionarios ineptos y de una visión cortoplacista de gobernar. ”

La opinión de….

MÓNICA MIGUEL FRANCO
monicamiguelfranco@hotmail.com

TOKIO, 31. 2 millones de habitantes. París, dos millones y medio de personas. Londres, casi quince millones de almas. Madrid, aproximadamente seis millones. Sólo por poner unos ejemplos ¡Y tienen agua!, ¡un sistema de alcantarillado decente y agua para bañarse, para lavar la ropa y para beber!   En todas estas ciudades, con poblaciones varias veces mayores que la de Panamá, tienen agua. ¿Cuál es la diferencia? No me vengan con que esas son ciudades del primer mundo, si queremos estar en las grandes ligas y preciarnos de que nuestro país está en los primeros puestos del desarrollo mundial hay que demostrarlo, compararnos con Haití y sentirnos bien no funciona.

Yo entiendo perfectamente que el día de las inundaciones haya habido cortes de agua, y al día siguiente también, fíjate que te acepto que hasta dos días después ¿pero a un mes de las inundaciones?   ¿Me están ustedes tomando el pelo?  ¿No? ¿Entonces de qué estamos hablando? Pues estamos hablando de lo mismo de siempre, de políticos corruptos, de funcionarios ineptos y de una visión cortoplacista de gobernar, en la que hacer obras a largo plazo y pensar en el bienestar de los ciudadanos, más allá de los cinco años necesarios para poder cortar la cinta, es algo inconcebible.

No me canten la milonga de que estas circunstancias son extraordinarias, porque lamento informarles, (por si los tarados responsables de este desaguisado no lo saben todavía), que hay zonas (extensas y cercanas a sus ostentosas residencias) que no reciben agua, ni cuando llueve mucho, ni cuando llueve regularmente.

No me cuenten la historia de las lluvias torrenciales y las sedimentaciones, porque esto no es el Sáhara señores, esto es Panamá, un país tropical, donde que llueva torrencialmente es la tónica habitual, y la sedimentación debería estar prevista en el manual de uso de las potabilizadoras y los responsables del IDAAN debían tener estas cuestiones previstas, pero aquí, lo único que parecen prever nuestros flamantes puestos políticos son los números de la lotería o el ganador de la carrera del domingo.

Mientras ellos se tiran de los pelos, mandan comunicados absurdos e ininteligibles y nos tratan de vender el cuento de que las circunstancias los sobrepasaron, la verdad es que lo que los tiene sobrepasados es su propio puesto, su ineptitud y su completo irrespeto a los que les pagamos sus sueldos.

Nos tienen como gorgojos. Así nos vamos, de improvisación en improvisación, poniendo parches.   Si esto hubiera ocurrido en otras latitudes donde el honor todavía está de moda ya hubiéramos tenido unos cuantos suicidios por vergüenza. Pero no aquí, claro, aquí no, aquí vamos viendo qué se hace de hoy para mañana, pidiendo prestado, emparapetando.

En estos momentos, en vez de estar quemándose las cejas, las orejas y sus escasas neuronas viendo de qué manera arreglan esto de una vez por todas, haciéndolo bien para todos, con luces largas para que tengamos todos (reitero, todos) agua por los próximos siglos (si es que aún queda mundo de aquí allá) seguro que están pensando con sus mezquinas mentes retorcidas de qué manera embolsarse unos cuantos dólares más a costa de la sed y la penurias de miles de panameños.

¿Quién se hace cargo de las pérdidas millonarias de los restaurantes y las cafeterías? ¿Quién se está beneficiando con el negociado de vender por las barriadas galones de agua no potable a setenta y cinco centavos?    ¿Quién se hace responsable de los terribles problemas que tienen las casas donde hay niños chiquitos? ¿Cómo piensan que una familia con ingresos básicos va a hacer frente al gasto de comprar agua embotellada? ¿Con encomendarse a Dios tienen ustedes suficiente? ¿De verdad duermen ustedes bien por la noche?

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<> Este artículo se publicó el  9  de enero de 2011  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Me las dan hechas

Qué poco manejo de la diplomacia y las relaciones sociales tienen quienen nos gobiernan.    La opinión de….

 

 

MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

Hace varios meses una mujer me escribió para quejarse de que yo nunca veía las cosas buenas y me la pasaba quejándome y poniendo como chupa de dómine a todos.   No diré que no, pero es que convendrán ustedes conmigo en que me las dan hechas, las bestias pardas que tenemos como autoridades me las ponen a tiro semana tras semana, lo difícil es no escribir sobre sus boutades.

Hace apenas dos semanas aluciné por escrito con el despliegue coreográfico del ex boxeador Carrasquilla, y esta semana aún no he conseguido salir de mi asombro mientras tecleo con la boca abierta con el riesgo de que algún insecto se me atore en el gaznate. Háganse ustedes la idea: tempranas horas de la noche, una fiesta en un pequeño hotel en una céntrica calle de la capital, borrachos descontrolados y una llamada al corregidor que se resuelve con éste en plan ‘el vengador justiciero tatatachán’ apareciendo en pleno hotel rodeado de una manada de gorilotes (disculpen, mis fuentes no han sabido decirme si había también gorilotas) para reñir a los malos malosos e imponer de nuevo el orden y las buenas costumbres.   El dueño del hotel, viendo peligrar la buena imagen de su establecimiento, recién estrenado, llama directamente a su amigo, el administrador general de la autoridad de turismo (bendito país este donde puede accederse a cualquiera con una simple llamada de auxilio) y como si se tratara de la señal del murciélago en la luna aparece el justiciero en la escena, para enfrentarse directa y corporalmente con la molesta autoridad presente.

Y ahí lo tenemos, en vivo y en directo, grabado para la eternidad en cámara, el pobre corregidor enseñando sus arañazos. ¿Arañazos? ¡Sí, arañazos! ¡Mira tú qué cosas! Y mostrando sus prendas que, al parecer, habían sido arrancadas por el presunto agresor. Díganme, si ustedes fueran huéspedes de este hotel ¿se quedarían en el país?   Sí, no relean, he preguntado bien, no he dicho en el hotel, he dicho en el país, porque a mí lo que me da miedo no es ni siquiera la jauría de policías que invaden el hotel por una solemne pendejada, (ojo, que soy la primera en llamar a la policía cuando alguien hace fiesta fuera de las horas adecuadas, porque si yo no molesto no aguanto que me molesten) pero esas cosas se resuelven con una patrulla y un policía acercándose a recepción, preguntando por el gerente en turno y diciéndole muy amablemente, o controla a sus huéspedes o tendremos que ponerle una boleta.   Y si el gerente no puede, él solo o con todos sus compañeros, controlar a los traviesos y pícaros revoltosos, pues llama de nuevo a la policía pidiendo ayuda, controlada y discreta.

Pero a ver, que alguien me explique ¿qué hacía allí el corregidor?   ¿Y el administrador? Lo dicho, que si yo fuera un huésped en un hotel, en un país extranjero, me daría un poco de canguelo pensar donde me he ido a meter si es así como se solucionan las cosas.

Porque si tantas ganas tiene el señor administrador de arañar al contrincante lo que debería de haber hecho, (ojo, no hago apología de la violencia, pero si tienes que hacer lo que tienes que hacer por lo menos controla los daños colaterales, ¿no?) es citarlo a solas.   Y luego tu palabra contra la mía. ¿Pero delante de las cámaras de canales nacionales?   Noooo……hay cosas y hay cosas, y hay cosas que dan vergüenza ajena.

Lo que denota este tipo de hechos es el poco manejo de la diplomacia y las relaciones sociales que tienen los que nos gobiernan, el escaso sentido de sus obligaciones y de lo que se debe y no se debe hacer y la nula reflexión que ponen en sus decisiones, que siempre terminan repercutiendo en el resto del país.   Riamos por no llorar.

 

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<> Este artículo se publicó el 26  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

¿Dónde están las feministas?

Pareciera ser que las mujeres celebrarán la navidad recogiendo el reguero dejado por sus alegres familiares.   La opinión de….


MÓNICA MIGUEL
monicamiguelfranco@hotmail.com

 

 

Echo de menos en estos días el crujir de dientes y el ríspido sonido de las vestiduras al rasgarse.   No he oído ninguna queja, ninguna protesta, ni piqueteos, ni inmolaciones a lo bonzo.   Han pasado ya varias semanas y al no haber escuchado las voces indignadas de ninguna de aquellas que en teoría velan por el derecho de todas a ser iguales e igualadas, pues emito yo mi humilde aullido para que luego no digan que no apoyo a la causa.

Quiero suponer que todo esto de la navidad y los efluvios bondadosos que inoculan en nuestros embotados cerebros consumistas los cursis villancicos omnipresentes en estas fechas, lo que ha impedido que las personas inteligentes reaccionen del modo que yo esperaba.   Vale, me explico, ¿ustedes han pasado por Vía Argentina últimamente?   Digo, que si han pasado fijándose en algo más que no sea llenar su mente de pensamientos escatológicos sobre las habilidades laborales de los que programaron los semaforitos instalados en la dicha vía, si han pasado no habrán podido dejar de notar la decoración que han colocado.   Sí, ya sabemos, es un horror espantoso que no llega ni siquiera a kitsch, pero no es del mal gusto que quiero hablar hoy, al fin y al cabo para gustos se hicieron los colores (aunque haya gustos que merezcan palos), sino de algo mucho más sutil, ¿se han fijado en las escenas recreadas en estas estaciones navideñas? ¿Nadie se ha percatado del tema?

Se lo describo para que, aquellos que pasan por allí sin fijarse y aquellos otros que no tienen en su ruta esos pagos, puedan hacerse una idea.

Nos encontramos en la primera escena con un personaje que, con cara feliz y sonriente, avanza lleno de alegría hacia una pila con un montón de los que se supone platos sucios en los brazos, la cosa pretende pregonar las bondades desengrasantes de un friegaplatos.   Unos metros más adelante nos encontramos con otra escena en la que un personaje está delante de un platón de lavar ropa, con una prenda en la mano, y con gesto satisfecho contempla la ropa ya lavada y puesta a secar en el tendedero, sin manchas y olorosa por obra y gracia de un detergente.

Más allá de los comentarios alusivos a los mensajes de amor y paz navideños que se desprenden de aquestas escenas familiares y prosaicas (haberlos debe de haberlos, la cosa es entenderlos, y a mi pobre entendimiento se le escapan) más allá digo, la pregunta es… ¿adivinan ustedes el sexo de los personajes trabajadores en estas escenillas? ¡Efectivamente! Ambos personajes abnegados son del sexo femenino, o sea, la moraleja de este asunto es que en Navidad, las madres, abuelas o mujeres en general, son las encargadas de darse la soberana paliza fregando el reguero que han dejado los familiares y amigos que llegaron a celebrar las pascuas.

Imaginamos que después de haberse pasado cocinado todo el santo día, porque claro, como son días libres los papases, o los hijitos, se la pasarán tumbados en el sofá, chupando y hablando babosadas. Desde luego, ellas son también las encargadas de restregar y restregar hasta dejar la ropa como los chorros del oro, para que sus amados familiares del sexo masculino puedan ir de tiros largos a todas las reuniones habidas y por haber.   Y pregunto yo, que soy muy preguntona, ¿es que los papases o los miembros masculinos de la progenie no pueden mojarse los deditos fregando los platos grasientos del opíparo banquete?   ¿Será que lavar sus propios calzoncillos es un oprobio para ellos? ¿Eso es lo que les continuamos inculcando a nuestros herederos?   ¿Qué si son chicos lo tienen todo hecho y si son chicas les toca fregar y lavar ropa?

Lo dicho, aparte de feos como pegarle a un padre, son machistas. ¿Hasta cuando dicen que tenemos que tenerlos allí plantados?

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<> Este artículo se publicó el 19 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,   todo el crédito que les corresponde.

La dignidad del cargo

¿Quién, en su sano juicio, quiere bailar delante de varios cientos de personas imitando de modo torpe una revolcada?  La opinión de….

MÓNICA MIGUEL FRANCO
monicamiguelfranco@hotmail.com

A veces vuelvo la vista y siento asco de la forma tan retorcida que tenemos los humanos para degradarnos a nosotros mismos. En esos momentos, con todo el respeto debido a aquellos oídos delicados que se estremecen con el lenguaje crudo y sin pelos en la lengua, decido expresar en el más escrupuloso castellano (lean las definiciones ad hoc) el asco, la vergüenza y la lástima que sentí el otro día viendo cómo un energúmeno (2. m. y f. persona furiosa, alborotada),  perdía la dignidad (quiero suponer que en algún momento la tuvo) y hacía que algunas mujeres la perdieran también.

En un momento dado, viendo esas imágenes, me pregunté lo qué pensaría si fuera mi madre la que estuviera poniéndose a sí misma en ridículo en poses obscenas y soeces con un alcalde, y fíjense que no logré imaginar a mi madre en esas.

Hago aquí un inciso para recordar a los que puedan haberlo olvidado o para informar a los que no han leído mi columna hasta hoy, que se me puede acusar de muchas cosas, menos de mojigata o de escrupulosa con la moral y las buenas costumbres al uso, pero hay cosas que superan cualquier límite de buen gusto, porque lo que vimos el pasado martes en televisión nacional fue un espectáculo bochornoso.

¿Quién, en su sano juicio, quiere bailar delante de varios cientos de personas imitando de modo torpe una revolcada? ¿Quién, con dos dedos de frente, permite que bailando delante de una multitud le bajen la cabeza para hacer como si se estuviera realizando una felatio?

Recordemos que no estamos hablando de borrachos en carnaval,  estamos hablando de un alcalde y madres de familia, en una fiesta en honor de las madres.

Yo, que soy una aguafiestas, en medio de la hilaridad general que solo ve el lado jocoso, (qué cool es nuestro alcalde y todas esas cosas que se dicen de las personas dicharacheras y entronas), echo el jarro de agua fría y pregunto: ¿como puede este señor pretender que alguien lo tome en serio nuevamente? ¿Cree que podemos olvidarnos de sus bamboleos, sus envites de cadera y los revoleos que les pegó a las pobres taradas (2. adj. alocado. U. t. c. s.), que se subieron a la tarima con él?

¿Cómo esos palurdos (1. adj. tosco, grosero. U. t. c. s.) pretenden que luego los demás respetemos la dignidad de su cargo, si son ellos los primeros en desecharla?

La frase ’el poder corrompe’ es una mentira como la copa de un mango, el poder no cambia lo que eres, sino que te desenmascara y te ofrece la posibilidad de seguir siendo un verdadero soplagaitas (1. com. coloq. persona tonta o estúpida) sin que los demás te manden a freír espárragos.

Lo de que ’el poder es el mejor afrodisiaco’ son puras pendejadas porque solo un verdadero lelo, o lela (1. adj. fatuo, simple y como pasmado. U. t. c. s.) se deja seducir por un impresentable (o impresentabla, que con esto del feminismo hasta en ser imbéciles estamos equiparándonos) que le endulza el oído con los cánticos del cuanto tengo y cuanto quieres a cambio de quererme.

Y aquí estamos, en una vorágine de absurdez y tontería, en la cual una respetable (vamos a suponerles la respetabilidad, como el valor a los soldados) madre de familia que, supuestamente también, ha dejado atrás las tonterías de la adolescencia, se pone en ridículo delante de todo el país para poder contarles a sus nietos que bailó con un petardo (2. m. y f. despect. coloq. Persona poco competente en su cometido) para recibir veinte dólares como premio de consolación. Cuanta estupidez (1. f. Torpeza notable en comprender las cosas).

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<> Este artículo se publicó el 12  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora  todo el crédito que les corresponde.

Nadie dijo que fuera fácil

Es en ese preciso momento cuando te diste cuenta de que ya nunca, nunca más, volverías a ser la misma mujer.   La opinión de….

 

MÓNICA MIGUEL FRANCO
monicamiguelfranco@hotmail.com
Te sientas un momento y tratas de recordar. No han pasado tantos años, parece que fue ayer cuando lo supiste. Era una sensación extraña, durante meses no sientes nada, a pesar de que todo el mundo te dice que deberías hacerlo.

Y de pronto, un día, sin aviso previo, ocurrió y entonces, todo fue mucho peor. Porque ya no pudiste parar las sensaciones, y te sentías rara, violada desde dentro. Poseída por un ser que reclama para sí un espacio sin contar con nadie, sin importarle a costa de qué lo exige.

Y allí estabas tú, como una vaca holandesa, caminando con los pies embutidos en unos zapatos tres tallas mayores y marcando las diez y diez. Comiendo a horas intempestivas. Llorando todas las noches de puro sueño y sin poder dormir porque, justo cuando te desplomabas en la cama casi sin aliento, algo decidía que era la mejor hora para practicar kickboxing.

Te mirabas en el espejo y no te reconocías a ti misma, esa cara como una batea, ese cabello que de pronto tenía vida propia y no se dejaba manejar, ese cuerpo que no era el tuyo. Te dicen que debes sentirte sexy, pero en realidad lo único que te sentías era gorda, te dicen que brillas y tú solo puedes pensar en que mueres de calor.

Por si todo esto no fuera suficiente, la gente comienza a tocarte, así, sin más, completos desconocidos que en la cola del cine, en el supermercado, son atacados por una locura colectiva y comienzan a sobarte sin pedir permiso; las primeras veces tratas de manejar la situación con diplomacia, un pasito para atrás, un pequeño gesto de desagrado, pero cuando llevas cuatro sobijos en una mañana a nadie puede extrañarle el manotazo y las cajas destempladas.

Como si no tuvieras suficiente con la previsión de lo que se te viene encima aún tienes que oír consejos y estupideces: no cruces las piernas, no mires la Luna, no te levantes de repente, no te bañes en la playa, no cargues tu cartera… Muchos días quisieras salir huyendo y dejar atrás ese peso que, al fin y al cabo, no eres tú.

De pronto, sin previo aviso, algo se retuerce dentro de ti, sientes un chasquido y un calor intenso que te traspasa de parte a parte. El miedo se te clava en las entrañas. Ahora, al pasar el tiempo, recuerdas que fue, en ese momento, justo en ese momento, cuando la naturaleza tomó el timón y supiste que debías dejar que hiciera su parte. Aceptaste el dolor.

El dolor te acuna y te muestra poco a poco paisajes internos de rara belleza. Como pasajera de un barco misterioso sientes cómo se desliza suave, abriéndose camino lentamente entre escollos, rozando a veces los bajíos con un extraño crujido, en un último desgarrón te sientes dueña de ti misma otra vez, una persona entera.

¿Recuerdas? En ese preciso instante, en esos raros segundos no eras una madre, solo eras de nuevo una mujer feliz de haberte librado de un extraño.

Entonces lo escuchaste, un llanto urgente, una llamada primitiva y atávica. Caíste en cuenta del olor a sangre y del calor del diminuto cuerpo feo, sucio y resbaladizo que tenías cerca.

Es en ese preciso momento cuando te diste cuenta de que ya nunca, nunca más, volverías a ser la misma mujer.

 

<> Este artículo se publicó el 5  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.