Del fracaso al éxito escolar

La opinión del Profesor Universitario y Ex Ministro de Educación…

JUAN BOSCO BERNA
jbbernal@cwpanama.net

Con mucha facilidad la comunidad educativa y la sociedad en general se habituó a escuchar y pensar en el fracaso escolar del alumnado de nuestras escuelas básicas y medias del sistema educativo panameño. En razón de esta circunstancia, todos los años al finalizar o al iniciar del periodo lectivo se busca y difunde información sobre la cantidad de estudiantes fracasados y las medidas que asume el Ministerio de Educación para atender o remediar esta situación. El año 2010—2011 no ha sido diferente a los precedentes.

Muchos medios de comunicación se refirieron al tema y difundieron las estadísticas de los alumnos que fueron reprobados en las diferentes asignaturas, generalmente las mismas, cada año: Español, Matemáticas, Ciencias, Inglés. Por su parte, el Ministerio de Educación, se defendió y aclaró como siempre las inexactitudes en estos números y planteó como alternativa los cursos de rehabilitación para suplir esta deficiencia.

En los albores del Siglo XXI, cuando los derechos humanos en la educación, en una buena parte de las sociedades del mundo, han pasado de la retórica a la política de Estado para asegurarlos, hablar de fracaso escolar es un anacronismo. Este término se asocia a un lenguaje despectivo que expresa infortunio, desgracia, derrota, desastre, decepción y hasta suceso funesto. Ninguna de las conductas de estudiantes que dejaron de aprobar determinados contenidos en una o varias asignaturas del plan de estudio, servida bajo los patrones pedagógicos específicos de sus docentes, puede ser asimilada a este terrible término.

Lo que generalmente existe como sinónimo, es el sentimiento de frustración y de impotencia frente a un sistema educativo que, de acuerdo a sus reglas de juego, decide quién y cómo se aprueban los contenidos curriculares. Es así como se siembra en esta niñez y juventud, la negación del sentido real que debe tener la escuela y la educación como el mecanismo más importante para asegurar oportunidades a todas las personas, sin discriminación, para alcanzar una vida digna y el desarrollo pleno de sus capacidades humanas. La escuela no se creó para fracasar, su misión es contribuir a desarrollar integralmente las personas.

El ejemplo de Alfredo puede quizás ilustrarnos. Este joven de procedencia rural cursó sus estudios primarios en una escuelita multigrado con evidentes carencias de horas, docentes, materiales y apoyos en sus aprendizajes por su familia. Después de múltiples esfuerzos, terminó la escuela primaria y por decisión propia decidió inscribirse en el séptimo grado para completar la educación básica —gratuita y obligatoria— y encontrar una salida profesional a sus aspiraciones. Su sueño era romper el círculo vicioso de la pobreza rural que ha atrapado y asfixiado durante muchos años a su familia, amigos y conocidos.

Este joven en el pasado no estudió Inglés y tuvo una débil formación matemática y científica. Logró pasar al octavo grado en la misma escuela con profesores y esquemas pedagógicos diferentes. Sin embargo, aún con su esmero y rigurosa asistencia, no alcanzó la aprobación de cuatro asignaturas fundamentales del programa. Al preguntarle qué piensa hacer, nos dijo con pena: ‘no sé, pues no puedo rehabilitar ni puedo pasar al año siguiente. Tendré que abandonar la escuela, porque siento que no sirvo para estudiar y mis padres me dicen lo mismo’. Está desconsolado y triste.

Este es el panorama que viven cada año miles de estudiantes panameños, de la ciudad y del campo, que carecen de un sistema que les refuerce sistemáticamente sus aprendizajes, y les asegure el éxito escolar y personal al que ellos aspiran y que los conduce irremediablemente a desertar.

Hoy, acometemos de la misma manera, con ligeras modificaciones, la insuficiencia académica del estudiantado como se hacía desde los años sesenta del pasado siglo.

Debemos aprender la lección del sistema utilizado, que no recupera y menos dignifica. La experiencia de los países que más avanzan nos indica que todos los alumnos tienen los mismos derechos a una educación de calidad sin exclusión alguna. Que es durante sus estudios regulares donde se activan los mecanismos de evaluación diagnóstica, que permiten detectar tempranamente las debilidades que presentan los jóvenes en sus estudios. Con esta información, se procede a realizar con profesionales especialistas, las acciones que les refuercen la motivación, los métodos de estudios y los contenidos fundamentales para superar las deficiencias encontradas.

Este es un sistema que puede ser implementado dentro de nuestras escuelas. No se trata de desconocer las diferencias en el rendimiento de los alumnos. De lo que se trata es de garantizar los aprendizajes de los estudiantes más lentos dentro del periodo normal que cursan, sin castigarlos ni marginarlos, con un programa especial (Gabinetes Psicopedagógicos, Equipo SAE y otros) que los recupere y atienda sus necesidades educativas especiales. Preparemos nuestra escuela para una inclusión educativa total, que asegure el cumplimiento de los derechos que le asisten a nuestros estudiantes de aprender y construir un futuro promisorio más digno y esperanzador para todos.

 

Este artículo se publicó el 11 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Panamá en competencia educativa con los grandes

La opinión del Docente Universitario y Ex Ministro de Educación….


JUAN BOSCO BERNAL
jbbernal@cwpanama.net

Por primera vez Panamá participa en la evaluación de sus resultados educativos, a la par de las naciones del mundo que mayores progresos registran en los aprendizajes. En efecto, nuestro país decidió integrase a la prueba PISA (Programme for International Student Assessment) en el 2009. Esta prueba es administrada por la OCDE (Organización para la Cooperación del Desarrollo Económico), cada tres años, desde el 2000 y evalúa las competencias obtenidas en los estudiantes de 15 años en las áreas de matemáticas, ciencias y lenguaje, no solo en contenidos curriculares sino también en desempeño para la vida. PISA permite dar a conocer los países cuyos estudiantes han logrado los mejores promedios y, al mismo tiempo, se convierte en un distribuidor de oportunidades que, cual espejo de varios lados, muestra a los menos favorecidos en los resultados, el tamaño de la ambición y esfuerzo que debe realizar hacia el futuro.

De los 65 países participantes, alcanzaron el mejor desempeño: Shangai – China, Corea, Finlandia, Hong Kong – China, Singapur, Canadá y Nueva Zelanda. Panamá ocupó la posición número 62 con un promedio de 371 puntos de los 600 establecidos como límite máximo en la escala de evaluación. Así, está por encima de Perú, Azerbaiján y de Kirgyzstán. En la prueba marca por debajo de Argentina, Brasil, Colombia, Trinidad y Tobago, México y Chile, únicas naciones de la región incluidas en este importante test.

A diferencia de los países descritos, Panamá compite por primera vez en esta prueba y aunque mostró un lugar muy bajo en la pirámide de resultados, su desempeño es más alentador que el de países como Chile y Colombia cuando iniciaron su experiencia en el PISA. De modo alguno, esta comparación significa autocomplacencia con el sistema educativo panameño que, coincidimos muchos, demanda una reingeniería total. Lo que deseamos resaltar es cómo, gracias al empeño de sus gobiernos y los parámetros que ofreció esta prueba, países hermanos ubicados en los últimos lugares en el pasado, hoy muestran posiciones más favorables.

Por ejemplo, en el área de lectura, Chile, que es el país latinoamericano que mejor desempeño mostró (en esta y otras evaluaciones), se ubica en el lugar 44 entre los 65 participantes, con un promedio 449 puntos, que significan 44 puntos por debajo del promedio de los países de la OCDE, que fue de 493.

Una de las variables que mide la prueba es la condición socioeconómica de las escuelas de los alumnos evaluados. Mientras que en Finlandia (3er lugar) tienen un desempeño entre 3 y 4, pues, en general, son de clase media, las panameñas son clasificadas entre 1 y 2, representada básicamente por escuelas pobres. En el caso de Chile, pese a sus buenos resultados relativos dentro de la región, uno de cada tres estudiantes no alcanza el nivel 2 de desempeño, ubicándolos en condición de no poseer las competencias que demanda su inserción efectiva en el mundo laboral y ciudadano. La condición socioeconómica ayuda a explicar los resultados, pero no representa un obstáculo insalvable para mejorar los aprendizajes, pues países como Brasil y la propia China muestran buenos resultados educativos en poblaciones pobres.

El buen desempeño de los estudiantes no puede improvisarse ni construirse a la ligera. Los sistemas que mejor responden a la evaluación son aquellos que poseen políticas educativas y normas claras, sostenibles y ambiciosas, ampliamente compartidas en esos países, acerca de las habilidades de pensamiento complejo de orden superior que deben lograr en sus alumnos. Es decir, las reglas del juego son explícitas acerca de lo que se requiere para obtener un buen desempeño en los aprendizajes. Aquí la calidad del sistema educativo y de sus escuelas no puede ser superior a la de sus principales actores: estudiantes y docentes. De esta manera, la condición de buenos docentes y estudiantes definen las posibilidades de éxito en los resultados de la formación de su capital humano.

Los consensos nacionales (empresa privada, ministerios de educación, hogares, gobiernos, asociaciones profesionales) acerca de las competencias que deben tener los egresados del sistema educativo, caracterizan un entorno y una cultura que proveen condiciones, incentivos y restricciones (cuando sea indispensable) a los procesos y resultados en los aprendizajes, tanto en la contratación de profesionales como en el reconocimiento social a los estudios realizados.

Una tendencia observada es la de pasar de los sistemas centralizados y burocratizados hacia organizaciones menos verticales, donde la gente participa más directamente en las decisiones pedagógicas y financieras de los centros educativos. Allí la transferencia de poder a las escuelas y a sus directores para determinar lo que se enseña y cómo se enseña y aprende, parece ser un factor que hace la diferencia en estas evaluaciones. Son entornos escolares donde el personal docente aprende a trabajar junto en impulsar las buenas prácticas educativas y realizar investigaciones que permiten verificar los procesos que aplican en sus aulas de clase, como medio de avanzar en el logro de los resultados deseados.

Panamá ha dado un primer paso importante en reconocerse a sí misma como sistema educativo frente a las naciones del planeta con mejor educación. Ahora corresponde tomar las decisiones y trabajar inteligente, responsable e incansablemente para alcanzar los estándares que la historia y la sociedad naciente demandan. Saludamos la entrada al juego de las grandes ligas.

*

<> Este artículo se publicó el 17  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Las lecciones de nuestros educadores ilustres

La opinión del Docente Universitario y Ex Ministro de Estado…

JUAN  BOSCO  BERNAL
jbbernal@cwpanama.net

Hace unos pocos días viví una de mis mejores experiencias profesionales, al compartir con más de seiscientas personas del sector educativo, asociadas a COOPEDUC, una jornada de reflexión sobre el legado de nuestros educadores ilustres y sus aportes al desafío que Panamá debe enfrentar en el campo de la educación.

En esa oportunidad recordamos cómo los educadores se constituyeron tempranamente en los constructores de la nación panameña. Este hecho derivó del papel que la educación jugó desde el amanecer de nuestra proclamación republicana, en la difusión de la condición del nuevo Estado y la necesidad de asegurar la integración de todo su territorio.

De este modo, la educación se reconoce como un pilar fundamental de la historia panameña y sector decisivo en el devenir del desarrollo nacional. Oportunamente los próceres alertaron sobre la necesidad de crear escuelas, formar y nombrar maestros. La escuela fue la pionera en los servicios públicos de Estado naciente, y llegó a comunidades remotas, donde otras agencias gubernamentales no soñaron con establecerse.

Así, ser educador, maestra o profesor, se constituyó en una de las primeras profesiones que logró prestigio y reconocimiento social. Era la figura que representaba el saber, sinónimo de la verdad y de la virtud en las comunidades donde laboraba.

Muchos educadores forjaron su profesión y prestigio dentro de difíciles circunstancias en las que vivían y realizaban su misión. Probablemente los nombres que mejor conocemos sean los de Manuel José Hurtado, José Daniel Crespo, Abel Bravo, Octavio Méndez Pereira, Francisco Céspedes, Otilia Arosemena de Tejeira, Sara Sotillo, entre muchos otros, que tuvieron una destacada actuación en su función pedagógica, social y política.

Menos conocidas son las vidas igualmente ejemplares de los miles de educadores, de la ciudad y del campo, cuya vocación, dedicación y superación contribuyó a cambiar el destino de sus estudiantes y de las comunidades, pues les otorgaron poder y un porvenir de oportunidades. Esta pléyade de buenos docentes tiene sus ejecutorias inscritas en los anales silenciosos de la profesión y en nuestros corazones.

De todos estos educadores aprendimos muchas lecciones imperecederas. Fueron personalidades íntegras que formaron con la palabra y predicaron con el ejemplo. Su función primordial fue enseñar a pensar y aprender durante toda la vida, y fueron excelentes orientadores sobre el bien, el trabajo, lo verdadero, lo correcto y la belleza. No solo transmitieron saberes, especialmente se interesaron en formar la personalidad y el carácter de sus discípulos, cuidando con esmero el desarrollo afectivo y moral. Amaron con pasión su profesión y sentían orgullo de ser educadores. Cuánta nostalgia nos causan.

Sin embargo, ante los cambios que viven la sociedad y el mundo, cambió también el sentido de la escuela, la manera de aprender y la función del educador. El conocimiento ocupa un lugar estratégico y la forma de crearlo, adquirirlo, transferirlo y aplicarlo decide la prosperidad o pobreza de las naciones. El aprendizaje se logra en la escuela, pero también fuera de ella, mediante diversos canales y agentes, que sorprenderían a los mejores docentes de aquellas épocas (Internet, TV por cable, radio, entornos virtuales, libros). Se ha pasado de un aprendizaje escolar memorístico y repetitivo, a un aprendizaje dinámico, diverso y significativo p ara toda la vida.

Pero ¿qué pasó en Panamá? La escuela panameña, en general, ha mostrado parálisis (a veces también retroceso) ante el ritmo de estos cambios, contrario a los resultados observados en los países que más avanzan en esta materia. Son evidentes los bajos resultados académicos obtenidos en las pruebas nacionales e internacionales y otros signos en los alumnos, que muestran que algo está ocurriendo en la formación y desempeño de nuestros educadores. Cuando los alumnos no aprenden los contenidos curriculares correspondientes a su edad-grado, una buena parte de esa dificultad es atribuible al acto docente. Evitemos la autocomplacencia y la frustración, pasando a la superación.

Urge intervenir en alguna de las partes del proceso educativo, para transformarlo y adecuarlo a las nuevas demandas sociales. Sin duda, el eslabón más decisivo en esa cadena es el personal docente, por lo que el porvenir de la educación nacional depende, incuestionablemente de lo que se decida y realice a partir de este momento en sus educadores, especialmente en cuanto a: la sólida formación, el riguroso reclutamiento, el apoyo a su gestión y los incentivos profesionales y salariales, para atraer y mantener en el servicio a las personas más talentosas e inspiradas. Atender esta urgencia es responsabilidad primaria del Estado, quien puede así reivindicar el legado de nuestros educadores ilustres y ofrecer un futuro de oportunidades a las nuevas generaciones.

 

*

<> Este artículo se publicó 10  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Competitividad, educación y pobreza

La opinión del Docente Universitario….

 

JUAN BOSCO BERNAL
jbbernal@cwpanama.net

Evangelina a sus escasos 19 años ya es madre de tres hijos que intenta criar con los pocos alimentos que le arranca a un suelo árido y los eventuales ingresos que recibe Pedro, su marido, por trabajos de peón ocasional que realiza en Cerro ‘Pela’o’, en Ñürún, Comarca Ngäbe Buglé.   Ella, sus hijos y su marido viven con menos de dos balboas al día. Ella solo cursó hasta el tercer grado de enseñanza primaria. Nunca conoció la capital del país y desconoce que el mundo es más que su huerto, la comunidad y la iglesia a la que asiste con regularidad. Los términos globalización, competitividad, inversión extranjera, exportaciones y balance macrofiscales, nada significan para ella y poco le ofrecen para cambiar su vida, pues sus padres vivieron ya de manera similar.

La vida de Evangelina es parecida a la que afrontan 385,000 personas en Panamá que, como ella, viven en pobreza extrema, al margen de los indicadores que configuran la nueva economía globalizada, que se mide en términos de un producto interno bruto que sube y baja según decisiones usualmente tomadas fuera del país, por parte de personas que generalmente desconocen de su existencia.

Según la última entrega del índice de competitividad global publicado por el Foro Económico Mundial (2010—2011), Panamá logró subir 6 posiciones, pasando del puesto 59 al 53, para colocarse así como el segundo país en América Latina, solo después de Chile, como la economía más competitiva. Ocupa un lugar privilegiado, por encima de Costa Rica y Uruguay que son naciones que han demostrado solidez en sus políticas de desarrollo.

La buena nota para nuestro país se obtuvo principalmente en 6 de los 12 pilares evaluados, donde el mejoramiento de la infraestructura y la estabilidad macroeconómica, fueron los mejores calificados. En los seis pilares restantes sobresalen con baja nota la rigidez en el empleo, la calidad del sistema educativo y la independencia del sistema judicial.

Cuando estos indicadores globales, que denotan progreso y riqueza, se cruzan con la distribución de los beneficios de esa economía que crece en virtud de diversos factores favorables, encontramos una sociedad profundamente desigual. Según la Encuesta de Niveles de Vida del Ministerio de Economía y Finanzas (ENV-2008), se observa que el 20% de la población, la mejor situada en la pirámide social, percibe el 53% de la riqueza, y que el 20% más pobre, segmento al que pertenecen Evangelina y su familia, recibe apenas el 4% de los beneficios de esa economía.

Aún cuando las cifras de la pobreza tienden hacia una declinación progresiva, la distribución del ingreso ha cambiado muy poco en las últimas dos décadas en el país, lo que lleva a pensar que si no se logran introducir y mantener políticas públicas sociales y educativas efectivas para la vida de la gente, esta brecha lejos de cerrarse en el tiempo, puede mantenerse o agravarse frente a cambios en el panorama económico nacional e internacional.

Los indicadores señalados deben alertarnos sobre el panorama de desarrollo humano del país. Es importante crecer económicamente y ser crecientemente competitivo en el mundo globalizado, con un claro pensamiento puesto en la igualdad de oportunidades que los diversos sectores sociales del país deben lograr para construir un futuro más digno y humano para toda la población.

En ese sentido, apostar a una fuerte institucionalidad y a una educación con equidad y calidad en todos los niveles y modalidades del sistema educativo, se convierte en una tarea fundamental de carácter irrenunciable e inaplazable para construir ese porvenir. La educación debe convertirse junto a otros sectores estratégicos, en la herramienta fundamental para salvar la brecha que separa la miseria de la opulencia, la vida sin horizontes de la vida con esperanza.

Ello es así, pues, la educación dota de autonomía y poder a las personas al proveerles de los conocimientos, habilidades y actitudes favorables que requieren para superar las estructuras de la pobreza y la baja autoestima, y así potenciar las capacidades humanas para trabajar decentemente, participar activamente en la vida ciudadana, vivir en un entorno saludable y aprender a lo largo de su existencia.

Este escenario es compartido por amplios sectores de la población panameña y sus líderes más reconocidos.   Por ello, muchos encuentros, estudios y diálogos realizados sobre el tema han servido para pavimentar ya el camino que conduce hacia esa finalidad, sin improvisaciones ni repetición de diagnósticos conocidos.

Frente al imperativo de la competitividad para reducir la pobreza y la desigualdad social, es importante ahora otorgarle el lugar que se merece la educación. Este mensaje fue destacado en el V Foro Nacional para la Competitividad (FNC) realizado recientemente en el país. Solo de esta manera es posible pensar que los hijos e hija de Evangelina tengan oportunidades a una mejor calidad vida que sus padres y abuelos nunca alcanzaron.

 

*

<> Este artículo se publicó el 28 de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del   autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/bernal-juan-bosco/

Salario docente justo y transformación educativa

*

La opinión del Educador y Ex Ministro de Educación…

JUAN BOSCO BERNAL

La reivindicación salarial de los docentes vuelve a ocupar un espacio dentro del debate de los dirigentes gremiales magisteriales y autoridades del gobierno. Igualmente, se cierne como una de las preocupaciones capitales de las familias, mayoritariamente de los sectores populares, por los efectos nocivos que pueda tener este desencuentro en la pérdida de clases de sus hijos, alejándoles, una vez más, de las posibilidades de alcanzar una formación integral de calidad.

El tema salarial es consustancial al ejercicio de todas las profesiones, especialmente de la docente, que está en la mira de la sociedad por la delicada misión asignada de formar las generaciones del mañana con los conocimientos, valores y habilidades que la sociedad y el nuevo momento histórico demandan. De allí que, probablemente, ninguna otra profesión tenga un efecto tan directo en el desarrollo personal y el porvenir de la sociedad como la profesión docente. Esta convicción sobre la trascendencia social de la función docente ha sido asumida plenamente por las naciones que más avanzan en la educación y que han dado muestras claras del lugar que ocupa el maestro o profesor dentro de la escala de profesiones y de los salarios de sus países.

Son múltiples los ejemplos en naciones de continentes y culturas diferentes, como Finlandia, Singapur y Chile, que han hecho de la docencia y el magisterio una profesión de elevado prestigio y reconocimiento, igual o superior al de otras de histórica reputación social (Ingeniería, Arquitectura, Medicina), tanto por la sólida formación de sus egresados, como por el nivel salarial y de respeto a esta función en la estructura del Estado y valoración de la comunidad. Por eso, en el momento de plantear y evaluar la situación salarial de los docentes, conviene hacerlo en un contexto más amplio, que permita responder a preguntas tales como: ¿Qué tipo de docente necesita Panamá para asegurar la calidad de los aprendizajes que los alumnos requieren para vivir y trabajar en la nueva sociedad? ¿Cómo formar inicial y continuamente a estos docentes para que cumplan con éxito la misión asignada? ¿Cómo debe remunerarse un profesional que cumple con las exigencias descritas y que muestra un desempeño eficaz de sus funciones y tareas? ¿Cuáles deben ser los incentivos para atraer a los mejores talentos al servicio docente y reconocer el desempeño más innovador?

La respuesta a la primera y a la segunda pregunta, puede construirse mediante una política pública de formación docente (que no existe actualmente) que oriente con claridad las competencias pedagógicas, científicas y culturales, además de los fundamentos éticos, que debe tener el educador, el perfil de ingreso a la formación docente dentro de la universidad, los lineamientos curriculares básicos de esa formación, los requisito para los formadores de formadores, la importancia de la práctica a lo largo de la formación, así como los requisitos de egreso de la formación e ingreso al servicio docente activo. Esta política debe contener lineamientos claros acerca de la formación continua del personal docente en servicio y el que ingrese en el futuro, mediante experiencias de aprendizaje que perfeccionen y actualicen los modelos y estilos de la práctica pedagógica en el centro educativo.

Un ejemplo de criterios de acceso a la formación docente en las universidades lo ofrece Finlandia, que exige a los aspirantes un rendimiento en el bachillerato igual o mayor de 9 (En una escala de 1 a 10) y una evaluación de competencias docentes (Lectura, escritura, empatía, comunicación, artísticas, científicas, matemática). El gobierno de Chile, por su parte, además de acompañar el proceso formativo en las universidades, ha establecido pruebas de ingreso al servicio docente dentro del Ministerio de Educación. La remuneración docente representa siempre el resultado de la ecuación: valor que el Estado asigna a esta profesión en la sociedad, el nivel de formación académica exigido y los resultados del desempeño profesional. Esta remuneración se compone de diversos factores: salario inicial para el tipo de cargo, incrementos salariales por años de servicio, superación y resultados observados, y las bonificaciones por el valor agregado en el cumplimiento de sus funciones normales en términos de su creatividad y dedicación.

De esta manera, un docente debidamente formado, independientemente del ciclo o modalidad escolar en el que se desempeñe, puede alcanzar la más alta remuneración en atención a su desempeño, superación y dedicación. En ese sentido, atraer al sistema a los jóvenes más talentosos e inspirados para formarlos en la profesión docente, mejorar las condiciones laborales en favor del rendimiento académico y la autoestima profesional y personal; incrementar la capacidad de los docentes en servicio dentro del sistema para llevarlos al nivel deseado y retener dentro de la profesión a los educadores más comprometidos y eficaces, se convierte en el más importante de los desafíos de la educación panameña en la búsqueda de la calidad ambicionada. Es por ello que el salario y los incentivos profesionales del personal docente se tornan en elementos de negociación que apuntan al mejoramiento continuo de sus habilidades, el entorno laboral y de los aprendizajes. Así, más allá del ciclo viciado de tensión gremio—gobierno, habría que trabajar en la solución de salario justo y calidad educativa.

*

<> Este artículo se publicó el 18  de octubre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Más del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/bernal-juan-bosco/

La EBI: Importancia y desafíos

La opinión del Educador y Ex Ministro de Educación….

JUAN BOSCO BERNAL

La búsqueda de opciones pedagógicas efectivas para la niñez, tiende a ofrecer un lugar preferencial a la Educación Bilingüe Intercultural (EBI) en las políticas educativas, en países como Panamá, caracterizados por su diversidad cultural y lingüística. Ello es así, pues en los tiempos modernos se reconoce el inmenso poder que tiene la educación para transformar la vida de las personas, fortalecer la autoestima y crear bienestar social en la familia y la comunidad. Su valor es indiscutible como herramienta eficaz para avanzar hacia el desarrollo humano y la justicia social, potenciar la empleabilidad, la productividad y el progreso nacional.

El sistema educativo heredado de Panamá posee amplia cobertura con bajos niveles de calidad, pertinencia y equidad. Cerca de un tercio de la población en edad preescolar y seis de cada diez de media está excluida de estos niveles educativos. En las áreas indígenas esta situación es particularmente crítica. Allí cuatro de cada diez personas padece analfabetismo, especialmente las mujeres, y un alto porcentaje de sus alumnos es afectado por la reprobación, el abandono escolar y la exclusión del sistema educativo. La niñez indígena padece los efectos de la existencia de una escuela ‘nacional’ distante de su lengua y su cultura.

Esta disociación etnolingüística explica en gran parte los bajos rendimientos escolares del alumnado indígena. Y es que las escuelas inclusivas y de calidad no están al alcance de los indígenas y la niñez más pobre del país. La educación que recibe la mayor parte de la niñez y juventud de las comarcas indígenas, impide su plena inserción ciudadana y productiva en la sociedad.

En el pasado la escuela única, igual para todos, y la enseñanza del castellano, buscaban contribuir a la uniformidad pedagógica y lingüístico—cultural de la población. Su finalidad apuntaba a la consolidación del Estado Nacional. Hoy el avance del conocimiento, las luchas por la reivindicación de sus derechos y la praxis social, cultural y política de las naciones, conceden a la diversidad étnica y lingüística un valor destacado y representan ventajas comparativas de significativa importancia.

En ese sentido, se tiende a pasar del modelo segregacionista de los pueblos indígenas a su integración efectiva respetando sus capitales culturales propios, de la descalificación de los dialectos étnicos a la valoración de las lenguas e idiomas indígenas con su potencialidades culturales; de un currículo uniforme para toda la niñez, de todo el país, a un currículo único, flexible, con adecuaciones a intereses pedagógicos y culturales específicos y de una política educativa nacional única y homogénea para todos, a una política que reconoce la diversidad en la construcción de la unidad nacional.

El enfoque pedagógico bilingüe intercultural en Panamá es un fenómeno reciente, que se ha promovido gracias a la determinación de la dirigencia comarcal y la intelectualidad de esos pueblos.

Es un esfuerzo destinado a la recuperación del capital cultural e histórico de estos pueblos, para integrarlo armoniosamente dentro de la propuesta pedagógica y curricular, que tenga pertinencia y significado para quienes aprenden y facilite la formación integral de las personas.

El objetivo de esta estrategia, además, es fomentar la equidad, la motivación, la permanencia y el éxito escolar en los estudiantes indígenas. De este modo se reduce el ausentismo, la reprobación y el abandono escolar, se promueve la recuperación de los conocimientos, las técnicas y los valores de cada pueblo. Igualmente, estimula el respeto a la diversidad cultural, la tolerancia y la convivencia intercultural y pacífica entre las personas.

En Panamá la Educación Bilingüe Intercultural ha dado pasos importantes, sin embargo requiere de su consolidación y desarrollo. Se espera que se pueda insertar dentro del proceso pedagógico y curricular formal del sistema educativo nacional, que le permita asegurarle el reconocimiento y los apoyos institucionales requeridos y superar la percepción de modelo pedagógico marginal y hasta clandestino.

Asimismo, requerirá de directores de centros educativos bien formados, sensibles a la diversidad y líderes de su organización, igual que docentes motivados con las competencias técnicas para que asuman la tarea de difundir y aplicar la experiencia con éxito. En este caso, la Universidad Especializada de las Américas (UDELAS), aporta una contribución importante en la formación de docentes bilingües interculturales para los pueblos de Kuna Yala y Gnöbe Buglé.

Este es el sueño y la ruta de concreción, que como bien expresara Nele Kantule ‘Quiero que la cultura de mi Pueblo perdure dentro del marco universal de la cultura de los pueblos del mundo’.(1)

(1) IGUAIBILIKINYA O NELE KANTULE FUE UNO DE LOS GESTORES DE LA REVOLUCIÓN KUNA.

<>
Este artículo fue publicado el  20 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.