Prohibido olvidar

La opinión del Fotografo Profesional…

ARISTIDES HERRERA BRAVO

Son muchos los panameños que en una época auparon al general Manuel Antonio Noriega, y que aún persisten en defenderlo, como si fuera un santo de su devoción. Entre ellos destacan periodistas, políticos y financieros, además de sus esbirros y muchos individuos del bajo mundo antiguamente protegidos por el ex dictador, quienes a diario exigen que el hoy residente en La Santé de París regrese a la tierra donde nació hace más de setenta y cinco años.

Pero, los avasallados por las Fuerzas de Defensa bajo el mando del diminuto militar tienen presente las atrocidades de que fueron víctimas. Viudas, padres e hijos a diario sufren las secuelas de las mismas, sin que nunca se les haya compensado por el dolor y la tristeza causados por los desmanes del antiguo huésped del Cuartel de El Chorrillo. No se pueden olvidar las víctimas de la ‘Matanza de Albrook’ ni los desaparecidos anteriores. Entre ellos, el padre Héctor Gallegos y el Dr. Hugo Spadafora. A esto hay que agregar la nunca bien investigada muerte del general Omar Torrijos Herrera, quien era el principal obstáculo en la vertiginosa carrera del MAN hacia la cúspide castrense.

Es lamentable escuchar y leer todos los días a los antiguos testaferros del noriegato, clamando el retorno y el perdón para alguien que ignoró y aplastó con la bota los sagrados principios universales de libertad y el derecho a disentir.

Es muy cierto que se deben considerar la senilidad y el mal estado de salud del ex hombre fuerte panameño, pero no hay que echar en saco roto sus desplantes ante un pueblo indefenso, masacrado.   No debemos borrar de la memoria los ataques sangrientos de la soldadesca, cuando un pueblo blandiendo pañuelos blancos protestaba y él, con grotesca sonrisa y machete en mano, se burlaba de la indefensa situación de los manifestantes.

Nunca se debe dar un paso atrás para que el ex presidiario de la DEA reciba su castigo por los crímenes cometidos. Así como él se vanagloriaba a su antojo de su condición de mandamás y alardeaba de ser un valiente de verdad, hoy con ese mismo ánimo debe afrontar las consecuencias de sus censurables acciones del pasado, para cumplir las penas impuestas por sus delitos. Por otro lado, hay que meditar la causa a la que se aferran sus ‘gratuitos’ abogados para gritar y elogiar a los cuatro vientos el hoy excelente comportamiento de alguien que desbarató por completo el buen vivir de los demás. Debe haber gato encerrado e intereses desconocidos de los compatriotas que porfían en el retorno de su líder a la patria istmeña. ¿Acaso hay millones en este juego encubierto?

No soy yo quien juzgó al esposo de Felicidad Sieiro de Noriega, inocente víctima de la situación de su cónyuge, su sentencia la dictó un tribunal acreditado por la justicia panameña, que en su debido momento procedió conforme lo manda la Ley, anteriormente desdeñada por el militar condenado.

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Artículo publicado el x de julio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá,   a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La educación de ayer

La opinión del fotógrafo profesional…..

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ARISTIDES HERRERA B

En 1941, cuando ingresé al primer grado de la escuela República de Cuba, ubicada en el Centro Manuel Amador Guerrero, contaba con ciertos adelantos didácticos gracias a mi madre, quien era una educadora empírica con experiencia en los campos santeños. Pero yo carecía de un real amor por el aprendizaje, era un soñador y no atendía las clases de mis maestros.

Somos tres hermanos, siendo yo el encargado de las adquisiciones del hogar cuando niños. Acostumbré a sisar un real del dinero del desayuno para comprar el periódico matutino. Me aficioné a los crucigramas elaborados por Homero Alfaro, pero con el tiempo, ya en la secundaria, lo desdeñé para dedicarme a confeccionar mis propios acertijos esperando ser algún día el creador de los pasatiempos de La Estrella de Panamá.

Recuerdo, como si fuera ayer, un momento en que cursando el segundo año del Nido de Águilas, la profesora de matemáticas me sorprendió haciendo uno de mis pasatiempos en vez de poner atención a la lección por ella impartida. La aritmética no era mi preferida.

Sentía un gran entusiasmo por el dibujo y el idioma castellano. Me dediqué a vender mapas multicolores, afiches y todo aquello concerniente al arte de las líneas y las sombras, además de comercializar páginas de tareas de vocabulario puestas por mis profesores de lingüística. Gracias a Dios tuve magníficos guías de la lengua cervantina, entre ellos: Berta Cabezas de Domínguez, Ángela Herazo, Raquel de Filós, Isabel Illueca y Miguel Mejía Dutary.

La inolvidable autora de mis días soñaba verme vestido de sacerdote, pero al darse cuenta de mi gran admiración por las chicas optó por inculcarme el estudio de las ciencias, ansiando que yo fuera médico u cosa parecida. Lástima que su muerte a temprana edad le impidió ver cumplido tal deseo.

Su desaparición me obligó a separarme de mis estudios, porque fue padre y madre para mí. Anduve por el mundo sin rumbo fijo, sin ideas definidas. Me ocupé de mensajero bancario, lavé carros, hice de barbero, sastre, empleado de supermercados, además de practicar en laboratorios fotográficos y ejercer la buhonería. Por éste oficio paré dos veces en la cárcel. Tengo récord policivo por trabajar, y tiene un lugar especial en mi oficina.

Con los años me dediqué a la fotografía por completo. Al principio vendía fotos a La Decana, también a particulares y clubes cívicos, logrando figurar entre los mejores de la profesión. Eran tantas las imágenes proporcionadas por mí al rotativo que originaban cheques jugosos, por esta razón ingresé a su planilla, porque buscaban abaratar los costos de mis servicios. Esto trajo el beneficio del Seguro Social; aunque disminuyó mis honorarios.

Pero mi papel de asalariado permitió poner en práctica lo aprendido con mis antiguos instructores del idioma. Incursioné en la crónica deportiva, redacté cuentos, editoriales, poesías, noticias de toda índole. Estaba en mi elemento: Las letras. Vivía la pasión de mi vida, practicando las enseñanzas de mis añorados profesores.

Solo llegué al quinto año del Instituto Nacional; aunque la educación recibida no tiene parangón con la de hoy, donde hay oportunidades tecnológicas, despreciadas muchas veces por la juventud irresponsable. Por eso muchos dicen: La educación de antes era mejor.

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Publicado el 21 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Día del fotógrafo

La opinión del fotógrafo y escritor……
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ARISTIDES HERRERA BRAVO

Un día como hoy, cubriendo una noticia en la capital de Costa Rica falleció el fotógrafo y camarógrafo de televisión Rogelio Martínez, a quien conocí desde pequeño, por ser un vecino que residía en calle Próspero Pinel a menos de cien metros de mi hogar. Además su hermano Marcos Hermoso es allegado de mi familia.

El mencionado amigo y compañero de profesión se inició en este campo cuando laboró bajó las órdenes del Ingeniero Luis H. Moreno en la Reforma Agraria, remota dependencia gubernamental.   También trabajó en la Caja de Ahorros, cuando el gerente era el Licenciado Luis C. Pabón, para más tarde titularse como uno de los mejores de tal quehacer en Televisora Nacional.

Esta rama del saber ha contado con numerosas figuras pioneras, valientes e indiscutibles artistas. Puedo traer a mi memoria, algo marchita por mis casi ochenta años, a Rafael Peralta Ortega, Orestes Cabredo, Sánchez Durán, Emilio Gasteluz, Tomás Burbano, Manuel “ El cojito ” Fernández, el viejo Langchaw, Tomás Fernández, Ruperto Miller, Rogelio e Ismael Achurra, Frank Sealy, etcétera.

El reportero gráfico es quien expone su integridad física en todos los instantes de cubrir un hecho noticioso; mientras que los periodistas consiguen permanecer ocultos sin comprometerse de alguna manera.

Las cámaras no se pueden esconder, deben permanecer al frente de los encargados de ellas. Muchos de mis colegas pueden dar testimonio del riesgo que implica la tarea.  Entre ellos: Rolando Aizpú, Camilo Jipsión, Alberto Muschett,  Rolando De Gracia, los hermanos Casís, y una pléyade de personas del fascinante y riesgoso oficio.

Hace algunas décadas el seis de febrero era celebrado con una santa misa en horas de la mañana, para luego tener un encuentro total entre una enorme cantidad de profesionales de la lente periodística.

El iniciador de la idea fue el Ingeniero Moreno, quien hasta en su propia residencia rindió homenaje póstumo a su antiguo subalterno.   Más tarde este acto se trasladó a los salones de reuniones de los mejores hoteles y restaurantes de la ciudad capital.

Hace un par de años el Ingeniero Juan Carlos Navarro, ex alcalde del distrito capital, ofreció un excelente y opíparo homenaje a los amos de los aparatos fotográficos que tuvo lugar en la sede comunal.    En esa ocasión fueron distinguidos con sendos pergaminos los más veteranos de esta rama noticiosa, y aún en el diario bregar.

Ojalá esta fecha sirva para renovar los votos de continuar, como hasta ahora, como los baluartes del acontecer diario en todo el ámbito de la nación.   Pero no olvidando la protección imprescindible para seguir con vida para beneficio y seguridad de nuestros abuelos, padres, hijos y nietos.

Todo paso implica un riesgo, y más en esta faena muchas veces mal remunerada.

Hago un fervoroso llamado a los nuevos baluartes de la diaria misión para que se mantengan, como los antes dichos veteranos, al pie del cañón sin pedir ni dar cuartel, porque la gloria es de los osados sin importar la paga por la que arriesgan sus existencias.

Estoy seguro de que en el más allá, Rogelio pondrá su visto bueno a todo lo expuesto en este corto artículo. Porque nunca rechazó ningún encargo encomendado. Jamás habrá otro como él.

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Publicado el 6  de febrero de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El Niño y el ladrón.. un cuento (II)

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La opinión del Fotógrafo….

ARISTIDES HERRERA BRAVO

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“Juan vengo en tu ayuda, porque lo mereces. Eres hombre bueno y debes atender tu hogar”, indica el Niño de Belén, quien sentado en un camastro luciendo divina sonrisa agrega: “Observa que por designios de mi Padre la celda permanece abierta, y los vigilantes están dormidos. Puedes marchar en paz”.

Han pasado dos semanas, es Nochebuena. Los villancicos alegran el ambiente y el sol desvaneció la humedad. Las noticias destacan la fuga del delincuente. Las sirenas vuelven a funcionar, el secuestrador ha retornado al sitio del delito, provocando que agentes vayan al punto donde arrestaron al malhechor.

El primero en acudir es el cazador del ladrón del Niño Dios, quien irrumpe en el lugar vociferando: “ El criminal siempre regresa a la escena del crimen, y ahora es igual ”.

Pero de pronto calla, viendo la grama de fina textura y sin huellas del barrizal.   Atónito observa el delicado acabado de las estatuas de la Sagrada Familia, y crece su estupor al ver a Juan arrodillado y acompañado por una señora con tres hijos a su lado. Se respira santidad.

Tañen las campanas del nuevo día, ha nacido El Redentor, y se oye al mecánico agradeciendo hallarse de nuevo con los suyos.   El militar de hinojos susurra: “ Se robó al Niño Dios y a mi corazón, bendícenos Señor… ”.

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Publicado el  8  de enero de 2010   en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El Niño y el ladrón.. un cuento (I)

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La opinión del Fotógrafo…..

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ARISTIDES HERRERA BRAVO

El estruendo de bocinas policiales rompen el silencio de la noche, y un temporal cae sobre la ciudad. Las radios de las patrullas informan de un nene raptado: “No podemos tolerar tal hecho, y menos en fiestas navideñas. Atrapen pronto a los culpables”, profiere la emisora.

Juan, un mecánico alcoholizado, se refugia en las sombras. Un bulto sobresale de su camisa. Es una figura de un Niño Dios que cogió de un pesebre del área tocumeña, pero fue visto por vecinos, quienes inmediatamente llamaron a la guardia del sector.

“ Amiguito, te saqué del suelo mojado para protegerte ”, dice temblando de frío el perseguido por la Ley. Tomando otro trago de la pacha que lleva en un bolsillo, sigue hablando con la efigie: “ Dejé a tus padres debajo del aguacero, pero pueden taparse con lo que tienen ”.   Se rasca la cabeza y continúa el soliloquio: “ Iré por ellos, son seres humanos en la peor de las pocilgas ”.   “No tienes que preocuparte.   Mis progenitores te esperan para hacernos compañía ”, expresa la imagen que de súbito ha cobrado vida para asombro del beodo, quien cree que todo es producto de la juma.

La tormenta arrecia y el obrero apresura el paso para llegar al fangoso terreno convertido en nacimiento.   Dando traspiés acude al recinto donde inició su alcohólica aventura.

Cuando tiene las representaciones religiosas envueltas en un periódico recibe un golpe en la espalda, a la vez que le gritan: “ ¡Quieto, perro sarnoso! ”, es la orden de un sargento blandiendo su pistola.

Como no se resistió al arresto, el prisionero durmió sin los dolores de una golpiza;  aunque añora la resaca por no beber su botella de guaro completa. Está lúcido, algo que no ocurría en una eternidad, pero confundido por ignorar la razón de su captura en el instante en que prestaba socorro al bebé.   Entretanto trama escapar de su encierro.

Sigue mañana..

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Publicado el 7  de enero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Carta al Niño Dios

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La opinión de fotógrafo y escritor….
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ARISTIDES HERRERA BRAVO

Cuando era un niño de corta edad y se aproximaba la Navidad, como aún no sabía escribir, le solicitaba a mi hermano mayor o a mi mamá que me hicieran una carta para el Niño Dios pidiéndole juguetes y muchas cosas más.

En la mañana del 25 de diciembre saltaba de alegría viendo lo requerido al pie de mi cama o al lado del nacimiento alumbrado por velas votivas, porque las extensiones eléctricas de foquitos multicolores eran muy costosas.

Nuestro humilde cuarto semejaba cosa de otro mundo ante mis maravillados ojos. Además aparecían otros regalos para el resto de los integrantes del hogar. Al instante, sin asearme, salía al patio del caserón de piezas de alquiler donde residíamos, para encontrar a otros pequeños retozando con los aguinaldos de aquella ocasión inolvidable.

Pelotas, soldaditos de plomo, sogas para saltar, patines de hierro, trenes y carritos de cuerda eran parte de los presentes para los chiquillos que durante el año habíamos guardado buena conducta.

A medida que iba creciendo, ciertos amiguitos mayores se burlaban de mis creencias diciéndome que era mi madre quien compraba los obsequios dejados junto al pesebre navideño. Al comienzo, enojado por las palabras en contra de los principios cristianos enseñados por la gestora de mi vida, hasta llegué a pelear con aquellos muchachos, a quienes consideraba profanadores de la conmemoración de la llegada al mundo del hijo de El Señor. La costumbre de la mencionada misiva se ha ido perdiendo, y ahora los padres de familia le inculcan a sus retoños que es Santa Claus quien trae los presentes de Nochebuena.

Asimismo los comerciantes, en su gran mayoría judíos, desde las postrimerías del mes de octubre engalanan sus comercios con enormes figuras del barbudo gordito vestido de rojo y sonora carcajada. También lo encaraman en trineos tirados por descomunales renos animados No se ve por ninguna parte la Sagrada Familia en el establo de Belén. No podemos dejar de reconocer que el agringado Papá Noel es un excelente promovedor de las ventas de fin de año. Ahora, siendo un septuagenario redacto mi cartita para el recordado hijo de María y José, nacido entre pajas y rodeado de animales. Si vieran mis antiguos compañeritos, algunos en el más allá, que la tinta utilizada son lágrimas de tristeza y añoranza por mi lejana infancia donde el bien, la honradez, la sabiduría y otras virtudes humanas imperaban en Panamá.

Asimismo, estoy orando de rodillas para que termine la delincuencia juvenil, la drogadicción, los asesinatos, el maltrato a niños y mujeres, etcétera. También clamo por el amor a la justicia divina y terrenal. En pocas palabras, para que alumbre las mentes panameñas y regrese para siempre la imprescindible paz social.

Sé que no depende de quien me trajo mis juguetes en aquellas lejanas navidades de la época de la Segunda Guerra Mundial, porque si la mayoría no aporta su granito de arena en la consecución de lo reclamado al Niño de Belén mis súplicas serán en vano.

Por eso recurro a esta misiva con la finalidad de que llegue a los corazones de la totalidad de mis conciudadanos. Todavía estamos a tiempo de volver a nuestro bello pasado.

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Publicado en 25 de diciembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Ayuda de mamá

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La opinión del fotógrafo…..
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ARISTIDES HERRERA B.
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En los albores de diciembre un venerable anciano espera que abra el templo de Santa Ana para rezar, como acostumbra antes de ir a la tertulia de un corro de vecinos. No ha olvidado las normas de conducta de Gavina, la autora de su vida.

“ ¡Hola Pedro! ¿Cómo estás? ”. Es el saludo de un compañero de la infancia viniendo a darle lata. “ Recuerdas las enseñanzas de tu mamá, deseosa de verte vestido de cura socorriendo al pobre? ”. Agrega el conocido, quien parece tener un puesto vitalicio en la Plaza de la Democracia.

“ No te preocupes compadre, porque para servir al Señor no es necesaria una sotana. El favor a un necesitado, un consejo, una sonrisa y otras manifestaciones católicas regocijan al que las recibe, al Creador y a uno mismo ”. Contesta Pedro al recién llegado, quien no esperaba tal respuesta.

El insidioso concurrente al sitio de recreo, luce furibundo por no perturbar al devoto con sus comentarios.   Solo le queda el camino de la intimidación, y dice: “ Actualmente emborronas cuentos con una regular inspiración. Te conmino a confesar si copias obras ajenas.   El plagio es un delito ”. Suenan las campanas llamando a la oración, y el aspirante a escritor penetra en la iglesia.   Es el Día de la Madre y la imagen de la Purísima luce muy engalanada, porque bien temprano recibió la visita de los chiquillos de primera comunión.

El cristiano se arrodilla, y agradece por tener una imaginación que le permite jugar con los vocablos como nunca soñó. De repente, una dulce voz le susurra en su conciencia: “ Hijo mío, pedí permiso al Altísimo para guiarte desde el cielo, y eso sucede con tus obras cultivadas bajo el amparo divino, son flores sin igual ”.

Siguen las palabras vibrando en su intelecto, tienen el timbre de la madre atesorado en su memoria. Ella le recuerda: “ Cuando aún eras un niño te adiestré sobre la forma de componer escritos, procurando perfeccionar tu forma de redactar. Mi anhelo era verte ungido sacerdote; sin embargo, a pesar de ser maestra no valoré tus habilidades con la pluma. Perdóname por no advertirlo ”. Indica el ánima a su retoño, quien ansía un lugar entre los trabajadores de la prosa.

El alumno de Cervantes mentalmente responde: “ Cuando estoy frente a la computadora siento la presencia de alguien observando sobre mi hombro la pantalla del monitor. Yo creía que era efecto de la brisa del abanico del estudio, pero ahora que sé de tu constante interés por mis líneas brinco de felicidad, porque con tu colaboración llegaré la cima ”.

Pedro abandona el recinto rebosante de alegría. Ingresó a charlar con Dios, pero éste envió a su madre para sostener un inesperado coloquio espiritual.   Busca inmediatamente al amigo para decirle la procedencia de su virtud caída desde las alturas. Lo encuentra insultando a un limpiabotas por subir el precio de su labor.

El enojo del compinche por unos reales es tan grande que el olfato del bisoño literato le obliga a exclamar: “ ¡Mi próximo cuento será sobre el alto costo de la vida, con auxilio de mamá! ”.

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Publicado el  8 de diciembre en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.