Lecciones plumíferas

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La opinión de…

Eliécer Rodríguez 

Por alguna de esas raras intuiciones que subyacen en las mentes de las buenas madres, cuando aún era yo un mozalbete sin futuro cierto, mi progenitora me asió el brazo llevándome al patio trasero de la casa, se detuvo justo frente al árbol de calabazo. “Quiero que aprendas una lección muy importante, te servirá para cuando seas grande”, expresó con absoluta certeza. 

Transcurrían los primeros años de la década de los 60, se avenía el crepúsculo de un hermoso día de verano en un poblado muy cercano a la frontera con Costa Rica llamado Gariché y las gallinas de doña Emérita se enrumbaban a escalar por el tronco recostado sobre el calabazo, prestas a rendirle tributo a “Morfeo”.

“Observa bien lo que va a suceder, mira las características de los primeros animales que suben, también de los últimos”. -¿Observaste?- Preguntó. Aunque veo a los primeros subir hasta lo más alto del árbol, por ahora lo único trascendente aquí es una hermosa rubia enseñándole a su hijo cómo suben las gallinas al árbol, respondí todavía confuso por la lección. “Bien, por ahora la primera parte, mañana seguimos”, concluyó.

Durante toda la noche cavilé sobre el propósito de la enseñanza y la verdad caí rendido del sueño, pero pude entallar en mi joven mente las características de todas las gallinas que subieron al árbol.

Al día siguiente mi madre nuevamente me lleva hasta el calabazo, a la misma hora. Cuando las emplumadas empezaban a escalar, doña Emérita me recuerda que las primeras en subir el día anterior por alguna razón inexplicable se retrasaron, siendo las últimas en acomodarse. ¿Dónde está la lección? Pregunté atónito.

Sencillo, ripostó, las primeras en subir ayer defecaron sobre las últimas en hacerlo y hoy ocurre algo similar, pero inverso, les toca recibir lo que ayer alegremente evacuaron.

Cuando seas grande, solo te pido que no seas político, pero si llegas a serlo, o simplemente un empleado público, no olvides que si tienes la ocasión de escalar posiciones no hagas lo que hacen las gallinas, echarle a quienes están debajo lo que no quieres te devuelvan a ti mañana.

Por supuesto quedé perplejo, acaso mi madre profetizaba que sería servidor público toda la vida, o visualizaba ella a uno más de los gárrulos que desde un hemiciclo expelen sobre toda una población incauta e indefensa, olvidándose que la tierra da vueltas, para encontrarlos mañana recibiendo de otros lo servido en pócimas abominables tiempos anteriores.

Sin duda la lección de mi madre cinceló en mi espíritu el deber ineludible de servir al prójimo desde la perspectiva cierta que mañana puedo ser yo quien requiera lo que hoy dispenso.

Por esta y muchas otras lecciones poderosas, rindo tributo a mi madre convaleciente, doña Emérita, una dama de inmensa sabiduría, belleza admirable a pesar de sus 80 y tantos abriles, de cualidades diplomáticas casi extrasensoriales, a pesar de no alcanzar siquiera el título de primaria. Como lección, las gallinas ilustran cuan prudentes debemos ser en nuestro proceder cuando estemos en la cima y como moraleja, profetiza sobre tus hijos un oficio menos aberrante que el de servidor público en tiempos de locura.

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<>Artículo publicado el 7  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Mensaje a las madres

La opinión de la Ingenieria, Política y Ex candidata presidencial…

BALBINA  HERRERA ARAUZ

En nuestro país, el Club Rotario de Panamá fue quien impulsó en 1924 la primera celebración en honor a las madres el 11 de mayo. El texto que se envió a las madres por el costo de 5 centavos era el siguiente: ‘señora, en este día dedicado en honrar a las madres, vengo a renovarle las expresiones de mi profundo respeto y de mi invariable amor’.

En 1930 bajo la presidencia del Ing. Florencio Harmodio Arosemena, se declara fiesta nacional el 8 de diciembre Día de la Madre. En el santoral católico es la fecha de la Virgen de la Inmaculada Concepción.

Hoy deseo expresar como mujer y como madre, ese reconocimiento al trabajo permanente, constante, tenaz y profundo que realizan las madres campesinas con sus manos con olor a fogón; a las madres indígenas que con sus cuerpos protegen a sus hijos y familias, en un esfuerzo constante en mantener viva su herencia cultural; a las madres que tienen hijos con discapacidad que con su entereza y abnegación los llevan a sus terapias y citas médicas a pesar de los obstáculos, para que puedan tener una mejor calidad de vida; a las madres de los barrios populares que luchan todos los días por sacar a sus hijos adelante, en medio de grandes inconvenientes; por la madre trabajadora que se levanta a las 4 de la mañana y que al regresar a su hogar siempre tiene esa hermosa sonrisa para saludar a su familia; a la madre profesional y empresaria que sigue preparándose para dar mejores días a los suyos; a la madre que es jefe de hogar, que a pesar de todas las dificultades, siempre camina con la frente en alto, mirada penetrante y firmeza al andar.

También a todas las madres que han perdido una parte de ellas y que les ha tocado despedir a sus hijos, la fe que las mueve es el reencontrase con ellos en la vida eterna. En estos momentos reflexionemos sobre el papel de nosotras las madres que luchamos contra los anti valores y contra el flagelo de las drogas.

Se es madre todos los días, por su labor incansable y su presencia permanente con sus hijos, aunque estos crezcan.

Este es un homenaje a las que siempre están a nuestro lado para ayudarnos a la realización de nuestros sueños y metas.

‘Hay que seguir trabajando, para que nadie robe nuestros sueños’

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<> Artículo publicado el 5 de diciembre  de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde

Madre solo es una

La opinión del Periodista….

ERNESTO  A.  QUIJADA  DÍAZ
erluga.10@gmail.com

‘Una madre es capaz de dar todo sin recibir nada. De querer con todo se corazón sin esperar nada a cambio.  De invertir todo en su proyecto sin medir la rentabilidad que le aporte su inversión. Una madre sigue teniendo confianza en su hijo cuando todos los demás la han perdido. Gracias por ser mi madre’.

Pese a mostrarme en desacuerdo con la celebración de un día específico para reconocerles a las madres su papel en la vida de cada ser humano. Pese a entender que la festividad es una oportunidad de los comerciantes para engordar sus cajas registradoras, utilizando el bombardeo incesante de anuncios comerciales que comprueban el fenómeno del ‘ser humano rebaño’, tengo que aceptar que la fecha que por años se dedicó a la Inmaculada Concepción, era la más adecuada para venerar a su similar en la Tierra, que es la Madre.

Ese ser, que se priva de lo más necesario para ella, para ponerle un bocado de comida a su vástago. Que pasa frío, y limitaciones físicas para proveer a ese fruto de su vientre del calor necesario, esa que llora para adentro, con tal que no se le noten las lágrimas y en medio de su dolor nos transmite una sonrisa, ese ser humano cuya valoración muchas veces no es entendida por los suyos, sino hasta después que fallece, es a ese ser que quiero exaltar en la oportunidad de un nuevo 8 de Diciembre.

Existen tantas acepciones que nos dibujan las cualidades de una madre. Pero no quisiera entrar a hacer una valoración de ellas. Solo quisiera poder recoger en estas cortas líneas, lo que son las madres. En mi concepto resultan seres humanos especiales. Las hay blancas, morenas, amarillas, altas, bajas, incluso pequeñas, gruesas, obesas, delgadas, adustas o sonrientes, de cabello lacio, o enredado, pero todas rinden una cuota extra de sacrificio a la hora de procrear un hijo. No importa que sea en la Antártida, en algunos de los continentes del planeta, en una nación desarrollada o en un país de tercer o cuarto mundo, una de las pocas cosas que resultan similares, es el amor de las madres por sus hijos.

No existe termómetro que mida más amor o menos amor en una mujer que llevó durante su gestación un ser humano en su vientre. Todas, califican como excepcionales criaturas humanas cuando se valora su condición de MADRE. Yo veneré a la mía hasta el minuto final de su vida, en el cuarto de urgencia de la especializada del Seguro Social, un 19 de octubre de 1993 exactamente a las 5:43 minutos de la madrugada.

Por eso, al cumplirse una fecha de tanta importancia en el calendario religioso y humano, quiero expresarles a todos los hijos que tienen todavía el privilegio de tenerlas a su lado, que, por favor, no dejen pasar los días, sin reafirmarles lo importante que son en sus vidas. Que no sea durante una enfermedad, o en el sepelio de un familiar que se vean, que ojalá puedan hacer el ejercicio diario de tenerlas entre sus brazos, darles todos los besos que ella se merece y darle gracias a DIOS por haberles permitido ser parte de ella y de tenerla a su lado.

Los que la tenemos en el CIELO, nos corresponde seguir dándole gracias al Altísimo por regalarnos el tiempo que estuvo entre nosotros dándonos ejemplos de todas sus cualidades, pero que ahora que está al lado del Creador, nos sigue bendiciendo y protegiendo.

Programémonos, entonces, para dar tanto a la Inmaculada Concepción de María, como a su similar en la Tierra, que son nuestras madres un momento especial y sublime cuando nos toque reconocerles lo especial que han sido y siguen siendo en nuestras vidas.

‘Mi madre encuentra la felicidad cuando yo la encuentro. Cuando yo vivo algo hermoso, lo vive a través de mi experiencia. Mi madre reza por mí, incluso cuando yo solo rezo por mí mismo, mi madre me daría el mundo entero si fuera capaz’.   Gracias Mamá.

Madre Amorosa

Solo la madre amorosa,

de sus hijos cuidadosa,

yace en vela;

y a su afecto reverente

es, de la vida inocente,

centinela.

¿Qué del hombre sucediera,

si a su lado no tuviera

en la infancia,

de una madre el dulce anhelo,

sus caricias, su consuelo,

su constancia?

Rafael Carvajal (1818-1881)

 

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<> Este artículo se publicó el 13  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Una gran mujer llamada Cucu

La opinión de la Jurista y Ex Diputada de la República….

 

MIREYA  LASSO
mireyalasso@yahoo.com

Se trata de mi madre y madre de mis cinco hermanas. Nos dedicó su vida, consagrada por entero a criarnos hasta que encontramos nuestro propio camino guiadas por el carácter y la moral que aprendimos de ella. En compañía de mi padre, hoy —gracias al Señor— la tenemos con nosotras para conservarla como la joyita más preciada y retribuirle todo lo bueno que hizo por sus seis hijas. Nos educó con su ejemplo y con el sabio consejo que nacía de su innata inteligencia. Hoy, cuando se tiende a valorar a la mujer solo por las destacadas funciones que pueda desempeñar en su vida pública o profesional, mi madre, Cucu, no necesitó llegar a ser primera dama ni ministra ni regentar grandes empresas para ser la Gran Mujer que goza de la admiración de sus hijas, de su compañero de vida, de sus nietos y de quienes la conocen. Es una mujer ejemplar.

Oriunda de la provincia de Veraguas y con el carácter de Urracá, a la edad de seis años perdió ambos padres. Una experiencia traumática en tan tierna infancia que marcó el resto de su existencia; le hizo apreciar el valor de un hogar y el calor de una familia estable. Siempre sobrellevó ese dolor con estoicismo. Para su fortuna, el vacío dejado por la ausencia de sus padres fue llenado por un ángel chiricano, doña Ana de Valdés, Mamanita, insigne dama quien la acogió como su hija en su hogar davideño, preocupándose por redondearle su educación y fomentarle la fe religiosa que siempre la ha acompañado; por ello quiso que estudiáramos en escuela regentada por curas y se preocupaba por comprobar nuestro rendimiento académico, inclusive revisando diariamente nuestras tareas escolares.

Todos los domingos caminábamos a la Iglesia, todas tomadas de la mano y nos hacía sentar juntitas, por orden de edad, para oír misa. Hace ya casi seis décadas que encontró al compañero de su vida. En el ambiente de amor que siempre vimos en nuestro hogar, aprendimos del ejemplo que nos dio Cucu cuando se dedicó —sola y por entero— a la crianza de su familia en la cual la hija mayor no cumplía aún los siete años cuando llegaba la última. Con limitaciones económicas y sin las comodidades modernas, fue ama de casa preocupada por el arreglo de su hogar, imponiendo una firme disciplina ante el desorden innato de la infancia. Sola llevaba el peso del diario vivir en el hogar; solía imponer el orden amenazándonos con ‘decírselo a tu papa cuando llegue’; pero todas sabíamos que, aún cuando lo hiciera, no pasaba más allá de un regañito acompañado de una mirada amorosa. Cuidaba como tigresa a sus pollitas, pero sabía alcahuetear nuestras travesuras infantiles.

Con su ejemplo, nos enseñó ética, moral y educación. A no mentir, respetar y ser atentas con los mayores, cederles el paso o el puesto, ser corteses con la gente; saludar y dar los buenos días; ayudar a quienes tienen menos. A llevar nuestro nombre con orgullo, sin ser orgullosas; ser humildes, pero con mucho amor propio.

Podría escribir mucho sobre mi madre. Hoy, la hemos hecho abuela de 14 nietos y un bisnieto. La queremos consentir y disfrutar. Todas la hemos paseado por varios continentes y dentro del país, junto con su ‘media naranja’, que no se le despega. Nos invade una gran satisfacción verla disfrutar lo que nunca pudo en su juventud y siempre damos gracias a Dios por la dicha de tenerla con vida y con salud para que pueda recibir un poquito de lo inmensa que fue como madre y lo tanto que se esforzó para cuidarnos.

Agradezco a Dios por los padres maravillosos que me dio, por la madre que nunca reparó en nada para darnos lo mejor que pudo. Si tuviera que escoger en una próxima vida, pediría que fuera la misma madre acompañada del mismo padre, porque no los cambiaría por nada del mundo. Feliz día: te quiero mamá.

 

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<> Este artículo se publicó el 8  de dicembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

86° aniversario del Día de la Madre

La opinión del Educador…

ROGELIO HERRERA
rogelio1944@hotmail.com
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El  día de la Madre se remonta a la antigua Grecia, en donde se rendía tributo a Rhea, progenitora de Júpiter, Neptuno y Plutón. Los romanos la distinguían como La Hilaria y la celebraban era el 15 de marzo.

Los cristianos transformaron este elogio a la Diosa Madre, hacia la Virgen María, madre de Jesús, lo que se conoce en el santoral católico como la Inmaculada Concepción, fecha acogida por varios países en el mundo, como es el caso de Panamá. El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su Bula Ineffabilis Deus.

La Inmaculada Concepción de María es el dogma de fe que declara que por una gracia especial de Dios, ella fue preservada de todo pecado desde su concepción.

En la página Web Alonso Roy.com, se relata cómo en Panamá en 1924 el Club Rotario de Panamá dio los pasos necesarios para establecer un día para honrar a las madres, escogiendo para tal fin la fecha del 11 de mayo a partir de 1924. Se logró que el secretario de Instrucción Pública (ministro de Educación) emitiera un decreto, que luego fue firmado por el presidente Belisario Porras.

Surgieron los primeros telegramas a un costo de cinco centésimos de balboas, veladas, concursos, visitas a los cementerios, se publicaron anuncios en los medios. Se exhortaba a los religiosos a celebrar el día dedicado a la misión divina, encargada a la mujer. ‘La Estrella de Panamá’ dedicó un editorial titulado ‘Hermosa Realidad’.

La celebración del Día de la Madre prosiguió hasta el 8 de diciembre de 1930, cuando por una Ley, donde influyentes damas de la localidad solicitaron la nueva data, por ser el día de la Inmaculada Concepción de María. La propuesta fue realizada por los diputados de Coclé (Héctor Conte Bermúdez), Herrera (Bolívar Márquez) y Colón (José B. Sáenz), el 1 de diciembre de 1930. Era presidente de la República Florencio Harmodio Arosemena.

Hubo fuertes discusiones en torno al nuevo momento, y en cuanto al contenido del proyecto de ley, en donde se mencionaba a la Inmaculada Concepción, producto de diversas creencias e interpretaciones religiosas. Fue entonces cuando el diputado Aníbal Ríos D., propuso modificar el contenido, eliminando el aspecto religioso y declarando el día estipulado en homenaje a las madres como ‘Día de Fiesta Nacional’.

Es primordial, que todo hijo (a), tenga presente que es trascendental honrar a sus progenitores, lo que le garantizará una larga vida sobre la tierra y bienestar para su descendencia. Esto se lograría practicando las virtudes del trabajo, honradez y buena moral.

 

 

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<> Este artículo se publicó el 9  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Mujer y madre panameña

La opinión de la Psicóloga Especialista de la Conducta Humana…

 

GERALDINE EMILIANI
geraldinemiliani@gmail.com

ERES LO QUE ERES. No pretendas ser ‘otra cosa’. ¿Por qué has de ‘hacerte ajena’? Si eres, por creación de Dios, un ser ‘único’ y ‘original’. Los valores internos como: paz, armonía, sensibilidad, plenitud, y amor son objeto de tu inspiración, de tu intimidad, no son algo que tengas que conquistar. Son algo que posees, es el potencial esencial de tu ser, y que has de desarrollar, expresar y llevar en cada instante de tu vida.

A la hija, esposa, madre y mujer, a la madre—soltera, a la que sueña y piensa, a la que trabaja sin descanso, a la mujer y madre maltratada que tiene su alma lesionada, a la que por necesidad vende su esclavizado cuerpo, a la que sufre por el hijo descarriado, a la que se ilusionó y no pudo ser madre, a la que adoptó y crió como si fuera el nacido de sus entrañas, a la que defendió la vida de su hijo al decirle ‘no’ al aborto, a la que no se recobra por el hijo que perdió la vida, a la que se siente impotente ante la pobreza, la injusticia social y por la falta de una buena educación, a la mujer y madre con discapacidad, a la mujer y madre que perdona: tú aportas un valor único como pilar de familia y salvaguarda de la Patria que te vio nacer y a la que perteneces. Tienes el valor de la maternidad, el valor de la generosidad, el valor de la fraternidad, el valor de la sensibilidad y el valor del servicio por los demás. Lucha por tu dignidad y autoestima, porque después de todo, para nadie en el mundo eres tan importante como lo eres para ti misma.

Mujer y madre panameña, el mundo es tuyo, arráncale la porción que por derecho te corresponde, mira la vida con amor y optimismo en beneficio de los que amas, pero más que todo por ti, y recuerda que el mundo no sería el mismo sin ti.

A la mujer y madre panameña apasionada que sueña, pide, grita, gime y llora, porque se sabe bella, porque le arrebataron sus sueños de mujer, porque no la dejaron ser, porque no la dejaron crecer, porque no la dejaron madurar, porque no la dejaron realizar sus más caros anhelos, porque le coartaron toda la posibilidad de ascensión y la dejaron allí, mutilada y abandonada en un rincón de su tierno corazón, como una muñeca rota, con su zapatito de cristal perdido, como una cenicienta esperando que llegue el príncipe azul de sus sueños de toda la vida.

¿Y en qué cosas sueñan las mujeres y madres panameñas? Algunas intrépidas, sueñan con tomar toda el agua del océano con sus dos manos, otras sueñan con volar a la luna, otras sueñan con atrapar todo el aire y el viento en un solo suspiro, otras le apuestan a una sonrisa, y se sienten capaces de enterrar el alma de su amado, en su alma propia a través de un solo beso.

Y otras mujeres y madres panameñas más ambiciosas, sueñan con castillos en el aire, se sienten Reinas, Guerreras y Diosas de la más sutil sensualidad, seductoras por convicción, regalonas por devoción y doctoras del alma por su corazón.

Mujer y madre panameña cada alma viviente ha tenido o tendrá que tener alguna experiencia dolorosa y precisamente es a través de las experiencias dolorosas como vas desarrollando tu personalidad y conquistando un corazón grande para amar.

Si aún no eres madre, recuerda que muy posiblemente un día tú misma lo serás también, llegará el día que entregues todo por tus hijos, y así como quisieras que ellos lo aprecien y valoren, tu madre también lo merece. Enséñales a que amen a la tuya, porque ella te dio la vida, porque eres lo que eres gracias a ella. Ahora tú eres portadora de ese amor que su vida te dio, tú también entrega amor como solo una madre puede dar. Cuando los años empiecen a cobrar factura al cuerpo de tu madre es cuando más paciencia deberás tener con ella, te contará muchas veces los recuerdos que tiene, y deberás escucharla como si fuese la primera vez que te los cuenta. Ahora eres tú quien debe protegerla, amarla y valorarla.

Mujer y madre panameña, recuerda siempre que tu dignidad y valor no proceden de lo material que te rodea, de la belleza que tengas, de lo popular que seas o de lo alto que hayas llegado en tu carrera. Tu fuente es divina, eterna, hinchada de amor; y, recuerda siempre que eres hija de Dios y solo por eso ¡TÚ VALES!

 

<> Este artículo se publicó el 8 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

El machismo del apellido primero

La opinión de…

Kevin Moncada-Luna Arjona

Vivimos en una sociedad netamente machista, en la que, aunque cueste creerlo, hasta las mismas damas pueden llegar a ser machistas. De acuerdo a nuestra legislación, el padre, al momento de reconocer al hijo (a), le transmite automáticamente su apellido de primero, quedando el materno de segundo. Ejemplo: Juan Pérez Cano (Pérez del padre y Cano de la madre).

Ahora bien, ¿qué sucede si una persona decide invertir el orden de los apellidos? El artículo 40 de la Ley 31 de 2006 (reformada) lo permite. Basta la simple solicitud por escrito dirigida al Tribunal Electoral por el interesado, que debe haber cumplido la mayoría de edad. De hecho, el mismo artículo permite que ambos padres, de común acuerdo, decidan el orden de los apellidos que llevará el neonato, siempre y cuando se decida antes de la inscripción registral.

Retornando al tema, cabe preguntarse: ¿es bien visto por la sociedad que alguien mayor de edad invierta sus apellidos, es decir, colocar el materno primero y el paterno segundo? Lo más probable es que sea criticado ferozmente por aquellos esclavos de la cultura machista predominante y denigratoria de la mujer. Y quizás, usted, señor (a) lector (a), se una a las filas de esa asquerosa idiosincrasia sexista que envilece subrepticiamente la dignidad femenina.

Tradicionalmente, el machismo ha permeado las ideologías de diversos pueblos. Producto de ello tenemos la práctica social de que el hombre, al determinar la filiación, impone “de fábrica” su apellido de primero al vástago, a fin de que este lo transmita a sus hijos y así sucesivamente. Retomo la interrogante: ¿por qué es mal visto aquel que se invierte los apellidos si la ley lo permite? Pregunto al lector, ¿por qué no puede?, ¿es acaso la mujer menos que el hombre?

Países como Brasil contemplan en su legislación el establecimiento del apellido materno como primario y el paterno como secundario. ¿Por qué en Brasil no es malo y aquí sí? Fácil, es cuestión de educación, formación y cultura. En ese sentido, importa mencionar que, incluso, hay féminas panameñas que percibirían incorrectamente el hecho de que alguien invierta el orden de sus apellidos. Lo mirarían como una “ofensa para el padre” (alguien que me explique con argumentos válidos dónde está la ofensa). Esto denota que hasta las mismas mujeres pueden llegar a verse inoculadas por el veneno machista, lo que podría denominarse como una especie de “autodiscriminación”.

Mi conclusión: Nuestras madres nos albergaron en su vientre por meses, nos criaron y se han preocupado (y aún se preocupan) por nuestro bienestar. Nadie ha nacido únicamente de un espermatozoide. Por ende, debería quedar a la libre discreción del individuo la decisión de invertir o no sus apellidos, sin ser blanco de censuras sexistas y de reproches. Es una resolución que debe ser respetada en lo más mínimo, de lo contrario, lo acepte o no, se está despreciando el valor de la mujer.

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<> Este artículo se publicó el  11  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.