La fiesta del chivo presidencial

¿Qué autoridad moral tienen algunos colegas para cuestionar las malas actuaciones de los funcionarios?   La opinión del Director de la Estrella de Panamá…

GERARDO   BERROA

 

(Nota del editor: Este artículo fue publicado el 22 de noviembre del año 2000 en el diario La Prensa por motivo de la fiesta presidencial del Día del Periodista. Por tener plena vigencia, el editor considera que es importante volver a publicarlo.)

Hace 11 meses, la prensa nacional se volcó en críticas contra la presidenta, Mireya Moscoso, por haber regalado relojes y carteras Cartier a los legisladores.   En el mar de pobreza en que están sumidos miles de panameños, regalar Cartier a los legisladores es equivalente a darle una bofetada al pueblo.

Pero, ¿qué moral tienen algunos periodistas panameños para condenar la actitud de la presidenta?   Lamentablemente, solo en contados casos, diríamos que ninguna. Veamos algunas razones.

El día del periodista (13 de noviembre), ministros, alcaldes, legisladores, directores de entidades autónomas, entre otros funcionarios, aparte de felicitar a los ‘‘profesionales de la pluma’’, los invitaron a almorzar, en cuyas degustaciones culinarias no faltaron las rifas de regalos (una adicción de muchos colegas), porque si faltan la invitación ‘‘es floja’’.

La presidenta Moscoso, por su parte, regaló a los jefes de medios (directores, jefes de redacción, etc.) bellas canastas rellenas de botellas de Moet&Chandon. Pero como algunos directores de radioemisoras no fueron agraciados, fustigaron a la presidenta por no haberlos tomado en cuenta, mientras que otros se jactaban por haber brindado con la costosa champaña en honor de doña Mireya.   ¡Salud!, y que la ética siga de vacaciones.

El otro caso, sin ir más lejos, ocurrió el domingo pasado en la piscina del Hotel El Panamá, en lo que se llamó la ‘‘fiesta del chivo presidencial’’.

Recordemos que la presidenta recibió un mar de críticas por la compra de los Cadillac para la Cumbre Iberoamericana.   Pero el día después que finalizó el citado evento, la mandataria invitó a los periodistas ‘‘a una barbacoa en celebración del día del periodista y en agradecimiento a su participación en la X Cumbre Iberoamericana’’. El dinero para costear la fiesta, a lo mejor, salió del mismo fondo que los Cartier.

Muchos de los críticos de la presidenta Moscoso –debajo de un fuerte aguacero– fueron los primeros en llegar. Lucían almidonaditos y compuestos. Con tenedor en mano, los comensales le cayeron a la barbacoa como condenados a muerte.

El lugar estaba lleno a reventar. De entrada: agenda electrónica para cada uno de los asistentes, un regalo que no se puede comparar con los Cartier, pero que no se le queda atrás. Había comida hasta ‘‘para echar pa’l aire’’: se empezaba con ceviche; luego usted decidía entre la carne asada, las chuletas o los chorizos. Para cerrar elegía entre flan, dulce tres leches o de chocolate.

Los periodistas brindaban con whisky, vino, ron, seco y cerveza. Podían repetir cuantas veces quisieran. Algunos con los ojos rojos, por las combinaciones de bebidas, comenzaron a hablar chocheras y a adular a cuanto funcionario se les paraba al frente.

Para cumplir estrictamente con el protocolo, culminó la fiesta con la rifa de regalos: televisores de 26 pulgadas, VHS, equipos electrónicos, juego de cubiertos (¿serían Luis XV?), barbacoas (para la playa), hamacas (para los dolores de espalda), un quintal de arroz, un quintal de azúcar y un quintal de cebolla que a los precios que se cotizan últimamente, compiten por lo menos con los Cadillac.

Los regalos más deseados quedaron para el final: pasajes a Nueva York para hacerle la manicura a la Estatua de la Libertad; a México para entonarse con unos buenos tequilas y un par de rancheras; y a Cartagena, para verificar de primera mano los paseos en carroza que realizó Fidel Castro en compañía de García Márquez.

No en vano la profesión de periodista tiene tantos críticos. ¿Qué autoridad moral tienen algunos colegas para cuestionar las malas actuaciones de los funcionarios? ¿Dónde está la ética?

Dicen que cuando empezó la regaladera un periodista gritó ‘‘el que parpadea pierde’’. Otros pidieron sal Andrews para controlar la hartura al estilo de las viejas orgías romanas. ¿Quo vadis cuarto poder?

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<> Artículo publicado el 19 de noviembre de 2010  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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