Bienvenido primer mundo

Bienvenido primer mundo

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Rodrigo Kuy B.

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Bajo las actuales condiciones de desarrollo económico que, de acuerdo a las estadísticas y medidores, experimenta Panamá e, incluso, tomando en cuenta las predicciones más conservadoras y los efectos de la crisis económica mundial, todo parece indicar que nuestro país se sigue moviendo hacia lograr las condiciones requeridas para mantener un ritmo positivo de crecimiento.

Esta situación privilegiada de Panamá se da mientras que el resto del mundo busca soluciones ante las consecuencias, aún indefinidas, de una de las crisis económico-financieras más rígidas experimentadas en la era moderna.

Ahora vivimos el proceso de transición de un nuevo gobierno a otro, cuya elección simbolizó un clamor febril por mejores días para nuestro país. El periodo de cinco años por el que el gobierno del Sr. Martinelli regirá, es un periodo de tiempo muy similar al que necesitamos, como país, para cambiar aquello que no está funcionando y empezar a cosechar los primeros frutos.

Ante tal escenario, me pregunto si somos los panameños conscientes de cuán cerca nos encontramos de poder alcanzar logros significativos como país. ¿Qué es lo que separa a Panamá de ser un país capaz de optar por las bondades del primer mundo? En mi opinión… ¡muy poco! Si en algún momento hemos estado cerca de adquirir las condiciones que nos permitan definirnos como un país de primer mundo, pues sin lugar a dudas, ese momento es el actual.

De la misma forma en que con una visión de país y con un liderazgo de panameños ilustres logramos nuestra independencia de la Gran Colombia, la tan anhelada recuperación de la Zona del Canal, la resistencia acérrima a una dictadura militar, y muchos otros objetivos propuestos, está en nosotros los panameños –y por supuesto en nuestros gobernantes– decidir si nos mantenemos siendo otro país subdesarrollado de Centroamérica o si nos consolidamos como el “tigrillo americano”, haciendo referencia con este concepto a países como Singapur y Tailandia que por sus trascendentes logros económicos y de desarrollo social son hoy día conocidos como los “tigrillos asiáticos”.

Para empezar, ¿Qué tal si decidimos fortalecer y verdaderamente organizar la seguridad social?, o iniciar el proceso que nos lleve a una reforma educativa que realmente forme a nuestros jóvenes, o bien implementar los controles y correctivos necesarios para erradicar o disminuir la corrupción y a la vez internalizar en cada empresa pública y privada valores y prácticas de transparencia. ¿Qué tal suena aplicar un plan para procurar la correcta y equitativa distribución de las riquezas?, o bien un sistema de justicia verdaderamente independiente, eficaz, que imprima confianza en su labor, y que no represente solamente un cúmulo de procedimientos cuyos efectos prácticos, en la inmensa mayoría de los casos, no llenan las expectativas de nadie.

Claro está que los cambios requeridos resultan mucho más sencillos plasmarlos en un papel que llevarlos a la práctica. Sin embargo, hay muy buenas noticias. Y éstas consisten en que el inicio de todo lo que anhelamos para nuestro país se encuentra intrínsecamente en cada uno de nosotros.

Pongamos a prueba nuestra voluntad, perseverancia y capacidad de trabajo tanto individual como colectiva, y seguramente muchos quedarán sorprendidos con lo que somos capaces de alcanzar.

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Publicado el 15 de junio de 2009 en el diario La Prensa

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