Son panameños los Ngobe Buglé?

La opinión de….

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Aram Cisneros N.

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 ¿Son panameños los ngöbe buglé?
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Los ngöbe buglé son panameños, aunque de última categoría, debido a tres razones: identidad e idioma que los hace extranjeros en su tierra, marginación del modelo de desarrollo económico y pobrísima educación. ¿Cómo les abrimos la puerta a las oportunidades que goza el resto de la población?

Abundante tinta y tiempo televisivo ha sido dedicado al tema las últimas semanas. Al 9 de octubre, se contaban 41 muertes por problemas respiratorios severos. El problema no es nuevo. Ahora tiene visibilidad, gracias a los medios.

En la columna de opinión gráfica del 3 de octubre, Vic, caricaturista de La Prensa, realiza una viñeta que retrata la situación de forma clara: mientras su padre entierra a uno de sus hermanos, una niña ngöbe mira en el horizonte una ciudad próspera y le pregunta al progenitor si ellos también son panameños. En la parte superior de la viñeta, la ironía y reflexión se completan, con la descripción del significado de la palabra indígena: “originario del país de que se trata”.

Tal vez reaccionando a Vic, el lunes 8 de octubre, la Secretaria Nacional para el Plan Alimentario, Senapan, publica también en La Prensa a página completa: “…con un bono mensual de $35, una familia beneficiaria compra alimentos y jabón, los niños se asean, van a la escuela, donde además reciben merienda y almuerzo. La familia recibe atención de salud. Los adultos se capacitan en producción agrícola”. El aviso, además, indica que los resultados son “bienestar, salud y educación, beneficios para la comunidad y crecimiento de la economía local”.

La mitad de las familias beneficiadas por la Red de Oportunidades de la Presidencia viven en el área ngöbe buglé. El programa establece condiciones. Se reciben $35 para comer, siempre que cumplan con asistir al médico, aunque su cultura sea la del chamán, aunque solo tengan cuatro enfermeras y aunque solo cuenten con cuatro médicos para 140 mil personas en 7000 kilómetros cuadrados de acceso casi imposible. Se reciben $35 para comer, siempre que cumplan con enviar a los niños a la escuela, aunque solo puedan completar la primaria pues no hay secundarias en la comarca y aunque no cuenten con suficientes educadores motivados para prestar servicio allá. Defendido por el Presidente, y criticado por la oposición, es cierto que el programa atiende una necesidad impostergable: terrible hambre. La Red de Oportunidades está bien, pero no basta. Alimentar a ciudadanos mal nutridos es digno de aplauso, pues con hambre no se puede estudiar. El asunto, sin embargo, es estructural.

Paso a explicarme. El 50% de los ngöbe buglé son menores de 15 años. Cada mujer tiene seis hijos versus dos del resto de la población de Panamá. Casi ninguno tiene electricidad, uno de cada tres posee servicio higiénico y solo la mitad tiene agua potable. La dispersión de sus habitantes y accidentada geografía hace del asunto una tarea hercúlea. Su idiosincrasia dificulta aún más su integración al país del que gozamos o aspiramos la mayoría de los 2 millones de habitantes de la capital.

La población indígena depende de la producción agropecuaria para sus escuálidos ingresos o para su subsistencia. En el año 2000 contábamos con 1.2 millón de pobres. Dos de cada tres eran rurales e indígenas. Durante los últimos 30 años, los pobres han representado el 40% de la población total. En 1960 el sector agropecuario era el 25% del PIB. Hoy es menos del 10%. Aún peor, a pesar de esta reducción, el 17% de las personas que tienen un empleo en Panamá lo tiene en el sector agrícola. En síntesis, hay más gente participando de un pastel que se achica.

A excepción del banano y el azúcar, los países desarrollados no producen casi ningún producto tropical por lo que no pueden subsidiarlos ni protegerlos. Los productos tropicales tienen arancel 0% en todas las economías desarrolladas. Los productos tropicales tienen una enorme demanda insatisfecha, ya que solo 6% de la tierra cultivable en el mundo esapta para la producción de bienes tropicales. Casi la totalidad de las tierras panameñas son aptas para la producción de bienes tropicales. Los precios de transporte marítimo desde Panamá, un país tropical, son los mejores del mundo.

Por audaz que parezca, con acceso a educación secundaria y técnica, los niños que hoy están muriendo podrían ser hombres que se dediquen a sembrar productos tropicales no para comer, sino para vender. Por audaz que parezca, con acceso a educación secundaria y técnica, niños que hoy están muriendo, entenderían el mundo, dejarían de ser los campeones de la deforestación y negociarían con inversionistas el desarrollo turístico de áreas de su comarca, la cual puede ofrecer a turistas del mundo entero, una de las mercancías más cotizadas en nuestro mundo moderno: tranquilidad y silencio con vista a una montaña o al océano.

Todos los que seguimos el desempeño de la economía lamentamos que esta crezca 8%, pero no se reduzca dramáticamente la pobreza. Lo cierto es que si mañana no hubiera ni un solo ngöbe buglé pobre, la pobreza nacional se reduciría a la mitad, tal como me confirmó un viceministro que me pidió no ser citado. Debemos concentrar nuestros esfuerzos en hacerlos panameños de primera categoría.

Artículo de opinión publicado en La Prensa de Panamá, el 22 de octubre de 2007.