Informe Goldstone: el voto de Panamá

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La opinión de….
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DAYRA   BERN
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Las votaciones de los países miembros de la ONU se han caracterizado generalmente por respaldar intereses políticos y económicos de sus respectivas regiones. Esa ha sido por lo general la trayectoria histórica de la votación por parte de los países latinoamericanos y africanos y últimamente la de ciertos países que, aunque considerados del “primer mundo”, prefieren abstenerse para evitar “futuros inconvenientes” con sus “posibles socios”.

Cuando el pasado 16 de octubre el Consejo de Derechos Humanos de la ONU aprobó el Informe Goldstone, que básicamente condena a Israel y a Hamás por haber cometido crímenes de guerra durante la ofensiva en Gaza, de los 47 países que forman el Consejo 25 apoyaron la resolución. Seis (6) la rechazaron, 11 se abstuvieron y 5 no votaron.

Este reporte fue catalogado por el fundador y ex presidente de la organización Human Watch Right, Robert L. Bernstein, como carente de objetividad. Pero los países islámicos, y los no alineados participantes en el Consejo aprovecharon para condenar a Israel y aprobaron el texto contando también con el apoyo de países como Argentina, Chile, Bolivia, Brasil y Nicaragua. Los europeos votaron divididos. Se abstuvieron Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Noruega y Eslovenia; y se opusieron Eslovaquia, Holanda Hungría e Italia.

La aprobación del Informe Goldstone en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, con el voto de la Liga de Países Árabes y el Movimiento de los Países No Alineados, contribuye a que se emita la Resolución que pide al secretario general de la ONU enviar el informe al Consejo de Seguridad. El jueves 5 de noviembre esta Resolución fue aprobada por el voto favorable de 114 países, 18 países votaron en contra y 44 se abstuvieron.

Muchos de estos 114 países son calificados como regímenes autoritarios, con baja representatividad, que irrespetan los derechos humanos y sobre todo los derechos de la mujer. Paradójicamente justicia piden los que ni siquiera en sus países la brindan. Entre estos países se encuentran Afganistán, Irán, Indonesia, Vietnam, Yemén, China, Congo, Cambodia, Pakistán, Cuba, Venezuela, Somalia, Senegal, Libia, Nigeria, Jordania, Egipto, Siria, Sierra Leona.

Creo que es suficiente hasta aquí para ilustrar sobre los países que votaron en contra de un país (Israel) de solo 7.5 millones de habitantes, donde hay unas 80 organizaciones de Derechos Humanos, una prensa libre, libertad de culto, un gobierno elegido democráticamente y un sistema jurídico que en ocasiones ha sentenciado incluso contra el gobierno. Nada de esto ocurre entre la gran mayoría de los 114! y menos aún en Gaza con el grupo Hamás.

Pero lo que me motiva escribir este artículo es referirme a Panamá, porque fue uno de los 18 países que votó en contra de la Resolución, junto con países democráticos y libres, como lo son Canadá, Holanda, Australia, Italia, EUA, Islas Marshall, República Checa, Alemania, Hungría, Nauru, Polonia, Palau, Eslovaquia, Macedonia, Israel, Ucrania y Micronesia, es por ello que no puedo dejar como panameña de sentirme orgullosa. Panamá votó con los que respetan la libertad de prensa, no con los que cercenan a los medios de comunicación ni con los que encarcelan a periodistas.

Es notable que, conociendo la trayectoria de cómo funcionan las votaciones en ese Organismo, Panamá actuó con independencia, dignidad y espíritu crítico. Por eso me siento orgullosa. Su actuación no debe pasar desapercibida. La actuación de Panamá, en el caso que nos ocupa, no debe ser vista o considerada como un apoyo al Estado de Israel. Panamá está demostrando que toma decisiones propias, basadas en la razón y la justicia al margen de intereses económicos o políticos. Nos debemos sentir orgullosos de que Panamá haya tomando una posición difícil, pero madura y de altura.

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Publicado el 26  de noviembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a  quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

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