Nueve desde el 99

La opinión de….

José Manuel Fajardo Salinas

¡Panamá suspende apertura de nuevos proyectos hidroeléctricos en todo el país!   ¡La Gaceta Oficial publica ley para devolver al lecho de los ríos un 50% de su corriente natural!    ¡Gobierno condiciona permanencia de hidroeléctricas extranjeras en orden a renegociación de contratos en favor de beneficios sociales para las poblaciones adyacentes a su zona de acción!

Los anteriores exclamaciones son titulares soñados por todas y todos los que apreciamos a Panamá como espacio multicultural, plurirracial y pletórico de riquezas naturales y humanas. Tocando en forma y fondo a la dimensión ecológica, a la seguridad ciudadana, a los derechos de huelga, el paquete de reformas jurídicas embutido en la llamada “Ley Chorizo” se opone desde todos sus ángulos a lo que significa una ética social y un desarrollo humano para la Nación, y rompe desgraciadamente la expectativa de un Gobierno orientado por el ideal del bien común.

Ahora bien, el juego estratégico que parece estar imponiéndose en el ambiente es calificar a los ministros y ministras de Estado como las malévolas mentes que dan forma a estas aberraciones y luego las proponen al Legislativo para su aprobación.   Si alguna de estas propuestas de ley resulta demasiado impopular, la buena y paternal mano del Presidente interviene para echar hacia atrás el despropósito (caso evidente con la afectación del domingo como día de descanso obligatorio).

Lo que no parece ser tan evidente para la ciudadanía es que la más mínima propuesta de ley que se lleva a la Asamblea Nacional ha sido previamente aprobada por el Presidente del poder Ejecutivo.   Ignorar este nexo es imperdonable, pues favorece el imaginario de un Presidente popular y un aparato ministerial desacreditado.    Captar la relación entre las iniciativas del Ejecutivo como un todo y sus intenciones hacia Panamá es vital. De ahí el título de este breve artículo.

No sé si ha sido providencial, o bien casual, pero lo alegre de la mencionada “Ley Chorizo” con sus nueve reformas a distintas legislaciones es que ha unido, sin querer queriendo,   a distintos frentes de reivindicación ecológica y social que luchaban cada uno por su lado.  No hay mal que por bien no venga. En la unidad está la fuerza.

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Este artículo se publicó el 17 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Iluminación ecológica

La opinión del extranjero y docente universitario…..

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José Manuel Fajardo Salinas

Raisa Banfield junto con un par de panelistas marcaron la diferencia para mi conciencia ecológica de Panamá el jueves recién pasado. Con fotos y vídeos del estado de los ríos de Chiriquí (si es que aún pueden llevar ese nombre en el estado de desecación que padecen), entrevistas con moradores de la región que se han visto afectados, cifras y datos por demás sugerentes, el Programa de FETV “Cuidando el planeta 3” nos ilustró sobre la depredación abierta que se está sosteniendo e incrementando en el occidente del país.

Reproduzco el dato que más me aclaró sobre la urgencia ecológica que se padece: las hidroeléctricas de capital foráneo tienen por ley el derecho a desviar de su cauce natural un 90% del agua de cada río, dejando sólo un 10 % fluyendo normalmente… Esto no sería problema pues luego este 90% de agua debería ser retornado a su ruta natural… Pero la situación real es que se mantiene fuera de su lecho por casi todo el trayecto antes de llegar al mar. ¿Por qué? Pues cuando hay once hidroeléctricas en sólo un río (y se planean construir más), el agua permanece saltando de una hidroeléctrica a la siguiente, y pasa más tiempo moviendo turbinas que corriendo por las zonas donde antes alimentaba a la flora y la fauna, además de proveer facilidades para cultivos y ganadería.

Las consecuencias de sequía, deforestación, y desequilibrio multidimensional son lógicas.

Gracias entonces a Raisa e invitados por la iluminación. Panamá necesita abrir los ojos y Uds. ayudan a este despertar ecológico.

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Este artículo se publicó el  16  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El gobierno de la sensación

Reproducimos el artículo de opinión de….

José Manuel Fajardo Salinas

Hace algún tiempo, un colega me facilitó un artículo titulado La sociedad de la sensación, que versaba sobre lo epidérmica que se ha vuelto la vida moderna, especialmente entre la juventud, acostumbrada a fuerza de los últimos adelantos tecnológicos a moverse por la última moda en aditamentos como celulares, blackberrys, pantallas planas, etc. No poseer estos artículos equivale a estar desfasado, ser anticuado o haberse quedado en la Edad Media…

También este afán de sensaciones nuevas afecta a los jóvenes en las maneras de vestir, cuando recurren a colores inusuales y estridentes, peinados llamativos, cadenas, collares o anillos colocados en los lugares más inhóspitos de la anatomía humana… a la par de tatuajes de variedad de formas, colores y diseños… Todo ello manejado en el área de la superficie corpórea más evidente para impresionar visualmente. Se extiende a la vez a las formas de hablar, de escribir (el chateo), donde se crean nuevos vocablos o se abrevian los antiguos para hacerlos más fluidos y manejables en un estilo que se ha dado en calificar como light, o sea, fácil, sin complicación, liviano…

Haciendo una analogía con esta ola de gusto por lo superficial, se me ocurre que resulta apropiado para dar un juicio general sobre el primer año del nuevo gobierno en Panamá.  ¿Por qué? Pues, porque a través de todo el aparato de comunicación gubernamental se ha procurado cultivar una especial sensación en la sociedad local. ¿Qué sensación? La sensación del optimismo, en cuanto se trata de hacer sentir que Panamá como nación va bien y seguirá mejor. Las medidas de atención social implementadas hasta el momento como el aumento del salario mínimo, 100 a los 70, el bono y los útiles escolares, o el mantenimiento de la Red de Oportunidades, más la expectativa publicitaria de un nuevo sistema de transporte capitalino, procuran dar la sensación de que las cosas marchan por buen rumbo.

Si se observa bien, estas medidas se ubican en lo que la pirámide de Maslow conoce como necesidades humanas elementales, tanto fisiológicas como de seguridad (con un gran vacío de respuesta en esta última dimensión, que la ciudadanía reclamó en la marcha por la paz del pasado mes).

Se deja entonces entre paréntesis o no se le da importancia en los medios oficiales a temáticas como la justicia: destituir a una procuradora y que el Ejecutivo coloque a un suplente sin existir fundamento jurídico para este nombramiento;   indultar entre otros a policías que matan a un par de humildes pescadores de Playa Leona; en cuanto al cuidado ecológico: ofertar a Panamá como espacio para inversión con la propuesta de minería, los proyectos hidroeléctricos…

Estos son breves, pero plausibles ejemplos de que mientras haya beneficios sociales tangibles, la sociedad civil (que es algo más que las asociaciones que dicen representarla) parece quedar conforme y tranquila en su mundo de sensaciones gratas.

Una sociedad educada a vivir de dádivas sociales se mantendrá sumisa ante el Gobierno, que hace lo que quiere y cuando quiere con el aparato estatal que se le ha dado por cinco años.

Su fórmula de dominio es sencilla: seguir dando espejuelos y señuelos brillantes a quien se conforma con ello, a una sociedad habituada a no superar la primera escala de las aspiraciones humanas, y que no reclama con convicción una estructura social en equidad y justicia.

Con esta estrategia, incluso la idea de la reelección no es un sueño imposible, es solo cuestión de seguir “dando y dando, y dando…”, lo demás vendrá por añadidura.

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Este artículo se publico el 7 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

La lecto-escritura y el reto educativo

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La opinión de….

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José Manuel Fajardo Salinas


Leer y escribir no son acciones neutrales. Leer y escribir define el mundo personal y las relaciones con el entorno. Leer y escribir, desde el momento de su aprendizaje y durante su ejecución cotidiana, son formas de “estar” en la realidad y reaccionar ante la misma.

Cuando aprendemos a leer y a escribir con una metodología “bancaria”, desde la crítica del paradigma freiriano, quedamos encerrados en un bagaje de significados ajenos a nuestra verdad. Es decir, aprendemos como autómatas, a repetir lo que se espera de nosotros, lo que el sistema nos exige para sobrevivir en medio de la competencia, pero no aprendemos a pronunciar nuestra propia palabra.

Este “aprender a repetir”, más que a “crear”, nos hace seres abúlicos, rutinarios, presas de las modas de pensamiento y de lo que nos nivela con la masa. Se carece de “personalidad”.   Este aprendizaje anti-humano acontece por dos vías básicas: la metodología y los contenidos.   En cuanto a la metodología se prioriza el aprendizaje memorista, la adquisición acrítica de datos innumerables e inconexos, la no-búsqueda de los factores explicativos de los fenómenos, el no-análisis de los hechos, etc.; y en la dimensión de contenidos, se utilizan temas que no “enganchan” con los intereses naturales del aprendiz, se trabaja con modelos foráneos que no hablan de las situaciones y los problemas propios, en breves palabras, se des-contextualiza el aprendizaje con modelos o temáticas no significativas para la vida personal.

Como antítesis a lo anterior, tenemos tanto en Panamá como en el resto de la región mesoamericana, una propuesta que retomando los mejores valores de la ilustración, procura poner a disposición de los interesados, una serie de temas de cultura general, utilizando un formato agradable y adaptado al gusto del oyente-lector. Esta propuesta se denomina Escuela para todos de Centroamérica.

El proyecto “EPT”, con todo el trasfondo de significados inter-culturales que guarda, es un bastión para el desarrollo de la libertad cultural de la región. Su metodología basada en “la escucha atenta” del oyente-lector, permite retransmitir los contenidos solicitados por la población del área en un lenguaje apto a su mentalidad, sin imposiciones y en clave de solidaridad cultural. Tanto por sus transmisiones radiales en 70 emisoras de la región, como por el libro Almanaque que se expone a la venta en quioscos y supermercados, la niñez y la juventud, y toda persona adulta interesada en aprender, goza de un espacio de sano aprendizaje y de auto-construcción del saber a través de la audición y/o la lectura. Muchos docentes de nivel primario utilizan las narraciones del Almanaque EPT como recurso pedagógico para introducir la lecto-escritura en sus estudiantes.

Tanto el proyecto Escuela para todos, como otras iniciativas novedosas para la lecto-escritura, serán presentadas en el II Congreso Nacional de Lectura y Escritura que se desarrollará en Panamá por iniciativa de Apalec en el presente mes.

Ojalá que las reflexiones y argumentaciones que se presenten en tan valioso evento, logren impactar e informar las políticas públicas nacionales, tan necesitadas de luces para afrontar el reto educativo, que se vuelve más y más urgente cada día.

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Publicado  el   18  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El héroe de nuestro tiempo

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La opinión de…..

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José Manuel Fajardo Salinas
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Si en el pasado los héroes tomaban patrones arquetípicos basados en la santidad, la nobleza o la buena voluntad, en la actualidad hay un prototipo que destaca fuertemente por la influencia de una modernidad decantada hacia la esfera económica. Nos referimos al líder financiero, al hombre de negocios, o dicho simplemente, al empresario.

En su acepción básica el empresario es “el que emprende”, es aquel que sabe reconocer con ojo avizor las oportunidades donde otros ven sólo dificultades, es el que aprovecha sus ventajas comparativas y competitivas para sobresalir en medio de los demás, y destaca por su ingenio para proseguir avante a pesar de los hándicap y los tropiezos, incluso sacando provecho de los mismos.

No es extraño que en ese sentido, el imaginario suscitado por un empresario haya impresionado tanto a la sociedad como para haber ganado las elecciones presidenciales de Panamá. Y tampoco es raro que Ricardo Martinelli haya sido el segundo presidente mejor evaluado de América Latina en el pasado mes de noviembre, con un 82% de opiniones favorables de acuerdo a CID–Gallup. Ahora bien, ¿cómo este imaginario de habilidad, oportunidad y astucia del empresario ha funcionado desde la esfera del poder Ejecutivo?

Si consideramos estar en una época managerial, y como lo afirma Adela Cortina, en una sociedad de organizaciones, donde la esperanza y el progreso se ubica más allá de la sociedad misma, del Estado o de la conversión del corazón, y se centra más bien en la transformación de las organizaciones siguiendo el paradigma empresarial, lo justo para el caso es juzgar si el hábito emprendedor del líder presidencial ha logrado empapar a su equipo de gobierno, y desde ahí a todas las instancias subordinadas y dependientes del aparato estatal. Ello debería ser lo más lógico en cuanto a los ministros de Estado, ya que en su mayor parte provienen del ámbito empresarial.

¿Qué cualidades y actitudes deberían descollar en este sentido? Arropada bajo el emblema de una ética empresarial moderna, y siguiendo los aportes de la citada autora, denotamos la agilidad y la iniciativa, el fomento de la cooperación y no del conflicto (tanto ad intra como ad extra del Estado), la solidaridad pronta y oportuna, el riesgo razonable y la corresponsabilidad. Todo lo anterior bajo un marco de justicia, sin la cual las mejores intenciones se vuelven inmorales.

Y ejemplar en este sentido debe ser el que lidera el Gobierno, sabiendo producir resultados, de modo especial proyectando e ilusionando con sus proyectos, y colocando (o recolocando) en los puestos claves a las personas que denoten excelencia directiva y administrativa. O sea, como se proclama constantemente en el ámbito de la responsabilidad social corporativa, promocionando el recurso humano como el recurso por excelencia.

Los meses transcurridos desde el inicio del gobierno del cambio nos parecen aún breves para dar un juicio absoluto de lo anterior, sin embargo se notan elementos positivos que alientan la esperanza popular (factor que explica el porcentaje positivo de la citada encuesta de opinión), y puntos suspensivos en otros aspectos que aún están pendientes de acciones decisivas, por ejemplo la administración de justicia –que se gestiona con otro poder del Estado, lo cual no es sencillo–. Esperemos que el gobierno del cambio sepa sacar ventaja de su cariz empresarial para agenciarse réditos de excelencia ética en lo que debe ser su norte: la satisfacción de las necesidades vitales de los ciudadanos que lo eligieron. Esa es la máxima riqueza donde debe empeñar su capacidad.

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Publicado el  15 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

La pobreza, raíz o consecuencia

La opinión de…..

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José Manuel Fajardo Salinas

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La pobreza, raíz o consecuencia

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La pobreza es un fenómeno extremo del que la humanidad ha tomado mayor conciencia desde la revolución industrial.

A partir del desarrollo de las economías a gran escala, unas porciones de población del globo terráqueo conocieron lo que era enganchar o no con el progreso prometido por la modernidad. Mientras unos eran centro, otros eran periferia… e incluso dentro del propio centro se constituían cordones o rémoras de miserables, que emigrando del campo a la ciudad se trataban de acoplar al proceso de enriquecimiento que tan bien resultaba para unos, pero no para todos.

A partir de este hecho y, sobre todo, con el eventual fracaso de los intentos de salir de la pobreza y avanzar al desarrollo, tanto en América Latina como en otros espacios del mundo, se han multiplicado los centros de estudio que inauguran cátedras, diplomados o congresos en torno a como “reducir la pobreza”, “disminuir la cantidad de pobres”, establecer rangos o medidas plausibles para calificar los distintos “tipos de pobreza”, e incluso organizando “observatorios de la pobreza”, para mejor determinar las condicionantes del fenómeno y saber mesurarlo con cientificidad.

Y, por supuesto, la pobreza también ha sido usada para promover campañas políticas o mejorar los índices de acierto o proselitismo en gobiernos de turno.

Así, como bien observa I. Roberto Eisenmann Jr., (La Prensa, 9/10/2009), “existe una industria y/o burocracia corrupta de la pobreza” que establece planes o programas para atacarla, pero en realidad se aprovecha de los mismos y conduce los dineros a su beneficio particular.

Lo cierto es que mucho se habla de la pobreza, pero el rostro de los auténticos protagonistas de la misma queda en lo oculto, en el anonimato.

Al trabajar con el marco lógico, técnica que se utiliza para elaborar proyectos de desarrollo humano dirigidos a entes financiadores, hay un capítulo esencial que consiste en distinguir las raíces y las consecuencias de los problemas. Hay ejercicios de educación popular orientados al aprendizaje de esta habilidad, pues es insuficiente crear estrategias o planes si no se sabe apuntar a la raíz –y no a las ramas– del problema que nos aqueja.

Precisamente este error de enfoque es el que nos parece evidente cuando se trata el tema de la pobreza: confundir una consecuencia con lo que es el real origen del problema. Decía un sociólogo moderno, F. von Hildebrand: “Los que creen que la intranquilidad y el descontento de las masas de este continente proviene sólo de su pobreza, demuestran una deplorable ignorancia del alma latinoamericana”.

Es decir, de nada valdrá a mediano o largo plazo instituir proyectos, programas o consensos para la reducción de la pobreza, si no se ataca la raíz del problema que viabiliza la condición de pobreza. Esta sobrevendrá tarde o temprano en los ambientes donde no se haya tocado fondo con sus verdaderas causas.

Juzgar sobre las auténticas causas del problema, sabiendo ver la pobreza como consecuencia –que por evolución histórica deviene en causal estructural por círculo vicioso– es tema para otro artículo; baste por el momento esta crítica de planteamiento, para colocar los conceptos en su lugar.

Con lograr este viraje mental se lograría mucho para estructurar planes de desarrollo humano viables y realmente efectivos para combatir no ya la pobreza, sino sus raíces, lo cual sería el ideal.

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Publicado el 23 de octubre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

El espíritu del tiempo para Panamá

El espíritu del tiempo para Panamá

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José Manuel Fajardo Salinas
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El filósofo Guillermo Dilthey (1833-1911) nos habla de la categoría “espíritu del tiempo” para explicar el carácter histórico del hombre y de la filosofía. Este espíritu del tiempo es lo que determina la atmósfera histórica de una época en especial. Es como si confluyendo de diversas circunstancias, hubiese de repente unos ideales, unas expectativas, unos sentimientos colectivos que conforman un perfil particular para una nación o colectivo.

En este sentido, es interesante discurrir sobre el especial momento histórico que se vive en Panamá, ¿cuál es el espíritu del tiempo que en este instante involucra vivencialmente a la población? De modo sumamente básico, podríamos afirmar que es el espíritu de un cambio. Se nota por doquier, en las conversaciones casuales, en los artículos de opinión de los diarios, en los programas de televisión… ¿Pero qué cambio es el que profundamente anhela la nación y cuál está dispuesto a proveer el nuevo Gobierno? ¿Se desea un simple crecimiento económico? ¿O bastará con una provisión suficiente y digna de los bienes y servicios populares?

Si bien estos factores son valiosos y significativos para el ciudadano, tal vez el mayor reto del nuevo Gobierno, y el anhelo que el pueblo solicita sin saberlo expresar, es el de ser tomados en cuenta para sentirse parte y decidir la vida en común. Un dato de realidad para ilustrar lo anterior: en el popular programa de entretenimiento La Cáscara se entrevistaba a varios transeúntes de la Avenida Central sobre cuál ministra o ministro haría una buena labor y cuál no. Más allá de las variadas respuestas ofrecidas, el común denominador de las personas que respondían, era dejar traslucir su posición de espectadores ante lo que pudiese ocurrir.

Si según lo anterior, el verdadero cambio que se necesita es hacer sentir a la gente parte de este cambio… ¿cómo lograrlo? ¿Tiene el recién gobierno electo la capacidad de hacerle sentir a la gente que el cambio inicia en ellos, comenzando por su sentido de pertenencia a la vida nacional? Una visión pesimista dirá de inmediato que esto es imposible. Se dirá que la dirigencia política electa es ya parte de un sistema establecido que en realidad no busca, ni es capaz, de un cambio sustancial.

Una visión más abierta a la sorpresa y a las transformaciones que puede darse en la historia de los colectivos humanos puede creer que el cambio sí es posible. Y si el slogan de campaña “ponerse en los zapatos del pueblo” es una convicción sincera en el candidato electo, se podrían señalar dos movimientos sustentadores de transformaciones de fondo: de cara a las elites criollas y extranjeras, concienciar sobre las ventajas que a mediano y largo plazo les traerá invertir a favor del desarrollo integral de toda la población local, comenzando desde los más desprovistos; de cara al resto de la nación, expresar de manera periódica y continuada medidas gubernamentales que sostengan la confianza social en la voluntad de cambio (por supuesto algo que esté más allá de acciones populistas mediáticas concebidas por expertos de “imagen pública”), por ejemplo, acciones de autodisciplina con los miembros de su equipo de Gobierno, que luego de un tiempo probatorio prudencial, no demuestren estar a la altura de la exigencias del momento.

El verdadero éxito de la posibilidad de cambio estará en que el nuevo gobierno haga entender que el cambio no está en él, sino en la gente que solicitó el cambio.

Publicado el 13 de junio de 2009 en el diario La Prensa