Ahora le toca al pueblo… El Otoal

La opinión del morador de la comunidad del Otoal…

ELIO    PINEDA 
eliopineda@gmail.com

Me contaban mi abuelo y mi madre, en mi niñez, que en las décadas de los 50, 60 y 70, aquello era un verdadero espectáculo que atraía la atención de chicos y grandes.    Ver una recua de machos en perfecta fila india, que muchas veces se divisaba a lo lejos, bordeando el río, surcando los senderos, subiendo el filo de los cerros.   Entre sesenta y cien animales, cargados cada uno con su enjalma, bien aparejados para llevar dos sacos de café cada uno.   Desde Los Llanitos del Fraile se veían bajar por la Loma de El Fraile; su origen era Barreta de Olá, pasando por El Calabacito, este producto tenía como destino Pocrí de Aguadulce, centro del comercio coclesano en aquellos días. Era una travesía de trillos, quebradas, ríos, valles, cerros, riscos, de día y de noche, realizada con sol y lluvia por hombres como: Cucho Real, Blas Collado, Chano Quezada, Pastor Riquelme, Andrés Castillo y otros comerciantes, emprendedores y fundadores de las modernas rutas de transporte.

No fueron malos esos tiempos, en realidad fueron de gloria, de desafíos, empresas y conquistas para estos hombres, para la campiña y para el desarrollo nacional. En aquellos días no existían las carreteras asfaltadas y mucho menos los buses, no había caminos de penetración por donde sacar los productos del campo para su comercialización. La fuerza que impulsaba a estos hombres era el coraje, el deseo de surgir, de mantener a sus familias, el sueño de un porvenir mejor, y por eso lucharon contra la naturaleza, los obstáculos y sus propios temores; ellos fueron la fuerza motriz de una economía que, aunque rudimentaria, (por estar basada en la compra-venta y el trueque, en donde las familias con su producto (café) obtenían a cambio vestido, calzados y otros productos básicos), sentó las bases de los pueblos, las ciudades y sus sistemas de comercio y transporte moderno.

En la actualidad muchos de estos trillos y viejos caminos han sido olvidados, nuestros gobernantes ni siquiera saben de su existencia. Los pioneros y visionarios de antaño han sido reemplazados por inversionistas (en su mayoría extranjeros, que nada saben de nuestro pasado y nuestras luchas), que ofrecen muy poco o nada a la comunidad, a cambio de apropiarse, ‘legalmente’, de los recursos naturales con los que enriquecen sus bolsillos. Así, mientras el progreso acaricia y nutre sus arcas, el cacareado desarrollo sostenible es casi nulo para la comunidad.

Por esta causa, pongo en conocimiento a su Excelencia Señor Presidente de la República, Ricardo Martinelli, que en una población campesina del corregimiento de Guzmán, distrito de Natá, se desarrolla un proyecto hidroeléctrico que explota y aprovecha las aguas del Río Grande, río que ha sido histórico en el desarrollo de estas comunidades desde su nacimiento en Cerro Negro.   Las ‘mejoras’ impulsadas por esta empresa no llenan las expectativas comunitarias, porque son afectadas desde la toma de agua de la represa en la localidad de Zapillo Arriba, hasta la salida de la línea de transmisión que entregará a la Red Nacional la energía generada por el proyecto en la entrada de Río Grande, vía Interamericana.

El Otoal requiere que el gobierno del cambio corte con tractor el camino y habilite el paso para vehículos desde los Llanitos de El Fraile, la Loma de El Fraile y conecte a las comunidades de Caimitillo, Zapillo y Chirva. Señor presidente, usted cuenta con los recursos humanos, económicos y logísticos para realizar esta pequeña obra que, de seguro, será indicio de verdadero progreso en esta localidad. En este momento, las autoridades de Coclé están al tanto de la problemática social que se vive en estas áreas apartadas. Esperamos a corto plazo respuestas y que las decisiones que tomen nuestros gobernantes de turno redunden en beneficio del desarrollo real, a largo plazo, para nuestras comunidades campesinas. Igualmente, esperamos que los esfuerzos realizados por estos hombres ilustres y visionarios del pasado sean respetados, porque ellos sentaron las bases del Panamá que tenemos hoy.

 

Este artículo se publicó el  4  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

El yugo neocolonial

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La opinión del Comunicador Social…

Edwin Rodríguez

Bayano, importante en la emancipación de su raza durante la época de la colonia española en el Istmo.   El río de la región de Chepo y escenario de sus cruentas luchas y la hidroeléctrica respectivamente, fueron bautizadas con su nombre y posteriormente, entregadas, entre otros bienes estatales, a empresas multinacionales en bandeja de oro.

Esta colosal obra, fue inaugurada en 1976 en los tiempos que se promovía en el mundo, como una panacea del momento, la construcción de grandes represas en el tercer mundo y un modelo de salir del atraso económico en que nos encontrábamos.

Luego de 40 años, la historia de Bayano y la de las hidroeléctricas que se han impuesto a lo largo del país, sigue siendo triste.   Hoy seguimos pagando la deuda acumulada de los préstamos que se obtuvieron para el financiamiento, pero con una diferencia, los embalses y lo que generan son privados.   Pagamos la electricidad más cara de la región, a pesar de los excedentes en la producción.

Increíblemente la electricidad producida aunque sea de origen hídrica, se combina con la generada por combustible y supeditan el precio a los altibajos del costo del petróleo. O sea, cada mes las compañías eléctricas incrementan el precio de la electricidad a su antojo, mientras que los usuarios, históricamente, hemos carecido de tarifas claras de cobros.

El Estado, debe obligar a estas empresas a cumplir estándares estrictos de seguridad y reducir la energía un 40% menos de lo que se paga actualmente; eliminar el cargo por demanda; impulsar la creación de un impuesto por el uso del agua por parte de estas compañías; estimular la búsqueda de otras fuentes de energía; deben clasificar entre la energía hidroeléctrica y la energía generada con combustibles; revisar los contratos periódicamente; examinar los subsidios y sus márgenes de ganancias; que por cierto, son excesivos.

Gran parte del disgusto y el sobreprecio de todos los bienes y productos de primera necesidad se la debemos, de manera directa, a las privatizaciones que han estado impulsando los últimos gobiernos en Panamá. Las rentables y exitosas empresas de energía eléctrica (IRHE) y de comunicaciones (INTEL) fueron entregadas al capital transnacional para enriquecer a estas compañías. Las promesas de mejorar la calidad y bajar los costos de los servicios resultaron exactamente contrapuestas.

Las empresas transnacionales como en los tiempos de la conquista, sustraen las riquezas del país y saquean la población. El alto costo de la energía eléctrica constituye un freno al desarrollo y un pesado yugo sobre la población.

La historia nuestra nos habla de que durante la explotación colonial y neocolonial no sólo nos robaron el oro y esclavizaron la cultura; sino que ahora también, nos subyugan con nuestra propia agua.

Cuando los recursos hídricos son encarcelados los ríos agonizan y también mueren sus pueblos. Bayano, entre otras hidroeléctricas, es el vivo ejemplo de ello.

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<>Artículo publicado el  31 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los que siembran contaminación cosechan tragedias

La opinión del Jubilado del Cuerpo de Ingeniero de Estados Unidos…

Carlos E. Rangel Martín 

Es muy fácil echarle la culpa de las inundaciones a la madre naturaleza; pero la escueta realidad es que esa tragedia resulta principalmente del calentamiento global producto de la contaminación de la atmósfera, propiciada por políticas y leyes gubernamentales perjudiciales al medio ambiente, como las panameñas. 

Ya sea que culpen al “Niño” o a la “Niña”, si las temperaturas del aire y del mar aumentan, ello causará una mayor evaporación de las aguas, una mayor formación de nubes y lluvias más copiosas y continuas. Las potencias industriales son las mayores responsables de esta catástrofe pero, como pide la Declaración de Cancún, todos los países deben reducir 50% sus contaminantes, para resolver este problema mundial.

El tiempo dirá si nuestro actual gobierno es o no el más corrupto que hemos tenido en nuestra historia republicana, pero, desde el punto de vista ecológico, no cabe la menor duda que es el que más está perjudicando nuestro eco-sistema; y de ser el más perjudicial al medio ambiente a ser el más corrupto hay poco trecho.

Debemos suspender la instalación de nuevas plantas que consuman productos petroleros y, especialmente, las plantas que utilicen carbón como combustible porque, contrario a cualquier propaganda, son las que más contaminan.   Como también se acordó en Cancún, se deben descontinuar falsas soluciones, como las hidroeléctricas con embalses, porque estos contaminan con el gas metano producto de la descomposición de la flora sumergida en agua.

La generación eléctrica eólica (utilizando la fuerza del viento), es una nueva tecnología verde que es competitiva económicamente con la generación termoeléctrica y cuya aplicación es ideal para Panamá, debido al largo de sus costas, donde los vientos son más fuertes. Por esto mismo, la generación eólica costeña ha permitido que Irlanda planee exportar electricidad a otros países europeos.

Gamesa, fábrica española de turbinas eólicas, ha iniciado en México un proyecto para instalar plantas eólicas con una capacidad total de 324,000 kilovatios, equivalente a 20% de la capacidad máxima de Panamá. Y el gobierno chino incluso subsidia nuevas plantas eléctricas solares, aunque éstas todavía no sean competitivas, por sus costos iniciales, para reducir la contaminación.

Desafortunadamente, quizá por falta de actualización profesional o quizá por evitarse problemas con los altos mandatarios que deben estar enriqueciéndose con el negociado de la electricidad, nuestro ente regulador sigue permitiendo plantas eléctricas contaminantes.

Por otro lado, las minas a cielo abierto también contaminan las tierras y los ríos circundantes.   Por esto, los gobiernos de Costa Rica y de El Salvador han prohibido ese tipo de minería. Adicionalmente, a fines del pasado mes de noviembre, la Asamblea Plenaria del Secretariado Episcopal de América Central ha pedido a los parlamentos legislativos centroamericanos que, como mínimo, prohíban la minería de metales preciosos mediante el cianuro.

El novelista Vicente Blasco Ibáñez llamó a nuestro país “Panamá la Verde” y, como ya señaló nuestro arzobispo metropolitano, nuestro gobierno tiene la obligación moral de proteger esa riqueza natural para el beneficio de nuestros descendientes.

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Artículo publicado el  2  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

‘Al pan, pan y al vino, vino’

La opinión de…

Laura Pedreschi Janson

Aprovechando el Mes de la Patria, cumplo con la responsabilidad ciudadana de no ser una observadora pasiva, demandando que este gobierno ponga un poquito de buena intención, respeto y transparencia en la explotación de nuestros recursos hídricos.   Es la única manera que podremos cumplir con nuestra demanda energética.

Ha pasado un año desde que me tropecé con el tema de las hidroeléctricas; aprendí tres fáciles lecciones:

1. La rentabilidad de las hidroeléctricas para con la Nación: Estos proyectos debieran representarle al Estado cuantiosas ganancias proporcionales a las ganancias de estas empresas. Mas no es así.

Calculamos que una hidroeléctrica pequeña de cinco megavatios produce anualmente $5,256,000.00. Pueden estar seguros que esa empresa no pagó suficientes impuestos al Estado. Son nuestros recursos hídricos, su materia prima, convertidos en indecentes ganancias en relación a su inversión. Eso no es rentable ni correcto y no nos conviene el negocio de esta manera. Seguramente se podría aplicar algo parecido a lo hecho recientemente en la Zona Libre de Colón. Si cobráramos debidamente, el Gobierno Nacional cubriría con dignidad y holgura nuestras necesidades básicas.

2. Responsabilidad social y ambiental: Los estudios de impacto ambiental constan de dos partes: ambiental y social. La mayoría de esos estudios vigentes aprobados antes de la Ley 30 dan ganas de llorar por lo básico que son y por la forma arbitraria en que se dan. Para todos los efectos, hay cero aporte social y muchos problemas nuevos.

Al preguntar a una dirección regional, si tal y cual empresa había cumplido, o no, con la responsabilidad social, la respuesta fue una clásica “cantinflada”: muchas palabras sin contenido alguno. Y cuidado que la otra autoridad competente le acepta la entrega de energía a la misma empresa, sin haber cumplido ese compromiso con el pueblo. Pueblo que no cuenta siquiera con aceras ni cunetas debajo de los postes de la línea de transmisión.

3. Seguridad igual tierra de nadie: Estas empresas debieran regirse bajo los más altos estándares de seguridad de proyectos en países desarrollados, o sea, sin improvisaciones y con seriedad. Las condiciones de trabajo en los túneles son precarias. De sobra sabemos que el Estado no cuenta con mecanismos de supervisión adecuados para con estos trabajos e instalaciones.

Recientemente una entidad gubernamental no encontró nada malo con la instalación de ciertas líneas de transmisión. Que si es, o no, “legalmente correcta” afecta la seguridad vial.   Para acomodar la instalación cortaron un poste de madera existente y pretenden dejar que dos postes con 34 mil 500 voltios encima, y con medidores que cuantifican la energía a ser vendida, queden a 2.20 metros y a 2.50 metros del cordón de la calle. ¡Peligro, peligro!   A lo Perdidos en el Espacio, un programa de televisión de antaño.

Conclusión: Las autoridades gubernamentales apoyan a ciegas a las empresas privadas, yendo en contra de nuestros intereses y el pueblo, decepcionado, frustrado o apático, no custodia sus haberes.

Velemos por nuestro suelo, que es el único oro en polvo que Dios nos ha legado. Para mañana será tarde.

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<> Este artículo se publicó el 25  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la  autora  en:   https://panaletras.wordpress.com/category/pedreschi-janson-laura/

IV Foro Social de las Américas

La opinión del Docente Universitario y Miembro de SERPAJ-PANAMA….

JULIO  YAO

Del 11 al 15 de agosto asistí al IV Foro Social de las Américas (FSA) en Asunción, Paraguay, por invitación del Comité Organizador y el Servicio Paz y Justicia en América Latina (Serpajal), una organización presidida por Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz, dedicada a la defensa de los derechos humanos y la justicia social, así como a la promoción de una cultura de paz mediante la no violencia activa (NOVA). Ya antes había estado cerca, en el III Foro Social Mundial, que se llevó a cabo en Porto Alegre, Brasil, en 2003, en el marco de una asamblea anual de Serpajal en dicha ciudad.

Al FSA asistieron decenas de miles de activistas de derechos humanos, organizaciones, movimientos, redes y personas comprometidas con los derechos de los pueblos de la Región.   Fue preponderante, además de los paraguayos, la presencia de países vecinos como Bolivia, Brasil, Argentina y Uruguay. Se realizaron simultáneamente miles de paneles, talleres, seminarios, actividades culturales y plenarias sobre la más completa temática regional.

Hice una exposición en un panel organizado por Serpajal sobre: Matrices Productivas, planes de megainfraestructura y militarización, en el cual también intervinieron, entre otros, Ana Juanche (Coordinadora del Serpajal y moderadora),  Raúl Zibechi (Uruguay), Enrique Acha (Colombia), y expositores de Brasil y del Serpaj—Paraguay. Como participantes en ese panel estuvieron Rina Bertaccini (Argentina), del Movimiento para la Solidaridad de los Pueblos (MOPASSOL) y del Consejo Mundial de la Paz, así como Gladys de Souza Floriani, de la Casa Latino—Americana de Brasil, quien me invitó a la inauguración de un Parque Latinoamericano en este país.

En este panel se analizaron megaproyectos hidroeléctricos de carácter internacional, los impacto negativos de la minería a cielo abierto, la realidad económica, política, social y ambiental del Paraguay; críticas y defensas del presidente Lula de Brasil; las siete bases que EE.UU. opera en Colombia; las perspectivas del presidente Santos de este país; el progresivo involucramiento de Panamá en el conflicto colombiano por públicas presiones del Pentágono, así como las Maniobras Panamax 2010.

Serpajal organizó también una segunda parte del anterior panel: Desarrollo, militarización y criminalización, conjuntamente con Diakonia (Suecia), Base.IS, y Serpaj-Paraguay. Igualmente participé en el Taller: Los instrumentos de dominación y la Escuela de las Américas (Western Hemisphere Institute for International Cooperation, por sus siglas en inglés), hoy sita en Fort Benning, Georgia. Esta actividad fue realizada por la agrupación estadounidense School of the Americas’ Watch (Observatorio de la Escuela de las Américas), liderada por el padre Roy Bourgeois, de la Orden Maryknoll, ex combatiente de Vietnam condecorado por el Senado de EE.UU., que promueve el cierre de dicha ‘Escuela de Asesinos’, como la llamó el ex presidente, Dr. Jorge E. Illueca, cuando decidió expulsarla de Panamá en 1983. Aquí se analizaron las modalidades de dominación que se ejercen sobre personas, agrupaciones y naciones.

Finalmente, participé en un debate sobre: Marx y el humanismo marxista en América Latina hoy, organizado por News & Letters, un tema que forma parte de una amplia discusión sobre el significado y la pertinencia de Marx dentro de un debate ideológico regional que aún está pendiente.

El cierre coincidió con la fundación de la ciudad capital, gemela con Panamá, fue de lujo, con la presencia de tres presidentes: José Mujica, Uruguay; Evo Morales, Bolivia; y Fernando Lugo, Paraguay. Lugo (pese a su cáncer) fue iluminador. Evo fue el más antiimperialista y ecologista, y Mujica fue el más amplio (por algo es del Frente Amplio) y breve: ¡Habló menos de cinco minutos! Un sacerdote, un indígena, y un ex guerrillero: ¡Cómo cambian los tiempos y las épocas!

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Este artículo fue publicado el  21 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Quo vadis, Panamá? La lección ambiental del golfo de México

La opinión de….

Howard V. Walker

La fuga de petróleo en el golfo de México debe alzar la bandera roja para todos los panameños. No porque se taladre en busca de petróleo en las costas locales del Pacífico y el Caribe, sino porque este país es amenazado gravemente por desastres ambientales, más cerca de nuestra casa, principalmente en las tierras verdes del interior y en sus ríos.

Las propuestas alarmantes de minas y represas hidroeléctricas han causado muchas críticas de parte de nuestra ciudadanía. Entre ellos, grupos diversos como el de los científicos, ambientalistas y los indígenas, estos últimos en cuyos territorios se llevan a cabo la mayoría de esta explotación de recursos.

Panamá es un pequeño país. Se puede decir que se escucha caer cada árbol que se tala.

Claro, es imposible limitar o aislar los impactos del número de mega intervenciones, como las represas y sitios mineros que ya se aprobaron y se empiezan a desarrollar.

El Colorado no se ubica en una remota montaña andina, típica de los sitios chilenos de minería. Mientras, el trabajo sigue adelante con camiones y equipo pesado de tallas enormes que compiten en las carreteras con el bus popular, el automóvil económico y los turistas extranjeros.

Estos proyectos de interés multinacional nos arrancan la calidad de vida. Los proyectos se aprueban con caminos nuevos, a través de reservas naturales, y con comunidades rurales exigiendo un precio ambiental. Se contamina el suelo, el agua y se desampara a miles de campesinos.

Los partidarios ingenuamente reclaman que hay controles incluidos. Quizás sea necesario reflexionar sobre las recientes experiencias que se han registrado a falta de aplicar la ley en Panamá (también BP y el golfo de México). En este punto, a los residentes canadienses, como este servidor, nos preocupa la manera arrogante en que las compañías mineras canadienses se empeñan en la explotación destructiva del paisaje virgen en Panamá.

Hasta en Canadá se reclama en voz alta. Al comienzo de año, un diputado canadiense (John McKay) presentó la Propuesta C–300, que requería a las compañías mineras observar y respetar los estándares y normas que se exigen en Canadá en sus actividades en otros países.

¿Por qué sus anfitriones panameños, en la mayoría indígena, no se merecen el mismo respeto y trato con el que se labora en Canadá? Desgraciadamente, no es ninguna sorpresa que la propuesta encuentre oposición en reuniones de accionistas y en otra parte.

Es obvio que no se puede depender solamente de la conciencia cívica/social de los que explotan los recursos naturales en Panamá.  Esto es un asunto que sólo puede ser dirigido por regulación del Gobierno.

Diariamente se incrementa la lista de países que desean la cornucopia de las ricas reservas minerales y fuentes de energía que Panamá posee. El interés y el sentido común, sin duda alguna, dictan que las frágiles y valiosas herencias naturales y culturales de Panamá reciban la protección requerida. Una vez que el daño está hecho, la ganancia a corto plazo de unos cede a cicatrices ambientales y cívicas de manera permanente.

Panamá ha sido bendecida con una belleza natural única, un puente ístmico extraordinario entre dos continentes, y es el hábitat de una flora y fauna de esplendor incomparable y enriquecedor del alma.

La fama de nuestros atractivos naturales atrae y crece con los miles de turistas y nuevos residentes que han venido a disfrutarlos. Sus ciudadanos ingeniosos han triunfado sobre la conquista colonial y la mucha adversidad política y, ahora, se paran en el umbral de un futuro próspero.

Es inimaginable que sus patrimonios nacionales se vendan ahora para quedarse solo con el mal sabor y mal olor de los desechos. Panamá ha cultivado la imagen, a través de los años, de ser un país con tesoros y riquezas naturales. Urge mucha cautela y medidas responsables para mantenerlo así.

Como reza un dicho: en las decisiones del día de hoy están las consecuencias de mañana.

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Este artículo se publico el 23 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Hidroeléctricas, pa’ la cola

La opinión de….

Laura Pedreschi Janson

El lunes 14 de junio, Holanda le ganaba a Dinamarca mientras Ciam (Centro de Incidencia Ambiental) le ganaba a la Anam (Autoridad Nacional del Ambiente), 5 a 0, en una entrevista televisiva matutina.

El director de Anam dijo que le dará seguimiento a las denuncias. ¡Qué buena noticia! En esta entrevista quedaron claramente establecidas las intenciones del gobierno para con el ambiente.   Lejos de ser custodios de nuestros recursos naturales, le clavaron una ley bárbara cuyo resultado será su sistemática destrucción.

También la recordaremos como “la Ley del Mundial 2010”, que exime a los proyectos de los gobiernos el cumplir con normas mínimas que garanticen la seguridad de nuestra Nación, en proyectos que son necesarios y urgentes.

Una explicación que se nos puede ocurrir es que hayan concebido esa ley para asegurarse una reelección dentro de cuatro años.   Sólo que los ciudadanos que hoy se chupan los dedos, no votarán entonces.

Los diputados que apoyaron esta ley no se merecen siquiera una tarjeta amarilla, sino su expulsión inmediata de la Asamblea.  Es un insulto a todos los panameños y lo peor de todo es que nosotros les estamos pagando.

¡Alguien nos está vacilando! Dicho sea de paso, próximamente recibirán estos un formato de testamento donde le dejarán en herencia a sus hijos y nietos, una patria inservible, ya que ellos mandaron a eliminar el único recurso que teníamos para proteger el ambiente, o sea, los difuntos estudios de impacto ambiental de los proyectos de “interés nacional”.

Los ambientalistas saben qué consideran los gobiernos como “interés nacional”. Son, por ejemplo, hidroeléctricas privadas que sólo generan ganancias a sus socios y no para el país.   Hidroeléctricas, ¡Pa’la cola! Así cantó Celia Cruz: “Aquel que te quita y no te da, lo mandamos pa’ la cola”. No habrá estudio de impacto ambiental acumulativo que justifique la absurda cantidad de 26 hidroeléctricas sobre la cuenca 102 del río Chiriquí Viejo, cuyo cauce pretenden utilizar para el beneficio de empresas privadas, en detrimento de las actividades preexistentes de sus moradores.

Seguramente las agrupaciones profesionales, centros de enseñanza y religiosos, agricultores, mecánicos, aviadores, empleados domésticos, gobernadores, alcaldes, representantes, etc., etc., etc., se pronunciarán sobre esta ley: levantarán sus plumas, sus pañuelos, sus corazones, sus brazos y sus voces por el derecho de vivir en libertad, y en nuestro suelo “¡Bien cuidao, jefe!”.    Pero si esta ley y otras son requisitos o producto de acuerdos internacionales, entonces queridos compatriotas, esta lucha será más difícil que la lucha por la soberanía del Canal de Panamá.

Como los estudios de impacto ambiental no son más que cerros de fotocopias que nadie voltea a ver después, ni para hacer las inspecciones, entonces le pedimos respetuosamente al señor Presidente de la República que declare una moratoria sobre las hidroeléctricas no aprobadas, una investigación a las hidroeléctricas en construcción y el cobro digno por el uso del agua de las mismas.

La esperanza es lo último que se pierde. Trabajaremos todos para el beneficio de nuestra tan frágil patria.

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Este artículo se publicó el 18 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

Nueve desde el 99

La opinión de….

José Manuel Fajardo Salinas

¡Panamá suspende apertura de nuevos proyectos hidroeléctricos en todo el país!   ¡La Gaceta Oficial publica ley para devolver al lecho de los ríos un 50% de su corriente natural!    ¡Gobierno condiciona permanencia de hidroeléctricas extranjeras en orden a renegociación de contratos en favor de beneficios sociales para las poblaciones adyacentes a su zona de acción!

Los anteriores exclamaciones son titulares soñados por todas y todos los que apreciamos a Panamá como espacio multicultural, plurirracial y pletórico de riquezas naturales y humanas. Tocando en forma y fondo a la dimensión ecológica, a la seguridad ciudadana, a los derechos de huelga, el paquete de reformas jurídicas embutido en la llamada “Ley Chorizo” se opone desde todos sus ángulos a lo que significa una ética social y un desarrollo humano para la Nación, y rompe desgraciadamente la expectativa de un Gobierno orientado por el ideal del bien común.

Ahora bien, el juego estratégico que parece estar imponiéndose en el ambiente es calificar a los ministros y ministras de Estado como las malévolas mentes que dan forma a estas aberraciones y luego las proponen al Legislativo para su aprobación.   Si alguna de estas propuestas de ley resulta demasiado impopular, la buena y paternal mano del Presidente interviene para echar hacia atrás el despropósito (caso evidente con la afectación del domingo como día de descanso obligatorio).

Lo que no parece ser tan evidente para la ciudadanía es que la más mínima propuesta de ley que se lleva a la Asamblea Nacional ha sido previamente aprobada por el Presidente del poder Ejecutivo.   Ignorar este nexo es imperdonable, pues favorece el imaginario de un Presidente popular y un aparato ministerial desacreditado.    Captar la relación entre las iniciativas del Ejecutivo como un todo y sus intenciones hacia Panamá es vital. De ahí el título de este breve artículo.

No sé si ha sido providencial, o bien casual, pero lo alegre de la mencionada “Ley Chorizo” con sus nueve reformas a distintas legislaciones es que ha unido, sin querer queriendo,   a distintos frentes de reivindicación ecológica y social que luchaban cada uno por su lado.  No hay mal que por bien no venga. En la unidad está la fuerza.

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Este artículo se publicó el 17 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a l autor,  todo el crédito que les corresponde.

Iluminación ecológica

La opinión del extranjero y docente universitario…..

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José Manuel Fajardo Salinas

Raisa Banfield junto con un par de panelistas marcaron la diferencia para mi conciencia ecológica de Panamá el jueves recién pasado. Con fotos y vídeos del estado de los ríos de Chiriquí (si es que aún pueden llevar ese nombre en el estado de desecación que padecen), entrevistas con moradores de la región que se han visto afectados, cifras y datos por demás sugerentes, el Programa de FETV “Cuidando el planeta 3” nos ilustró sobre la depredación abierta que se está sosteniendo e incrementando en el occidente del país.

Reproduzco el dato que más me aclaró sobre la urgencia ecológica que se padece: las hidroeléctricas de capital foráneo tienen por ley el derecho a desviar de su cauce natural un 90% del agua de cada río, dejando sólo un 10 % fluyendo normalmente… Esto no sería problema pues luego este 90% de agua debería ser retornado a su ruta natural… Pero la situación real es que se mantiene fuera de su lecho por casi todo el trayecto antes de llegar al mar. ¿Por qué? Pues cuando hay once hidroeléctricas en sólo un río (y se planean construir más), el agua permanece saltando de una hidroeléctrica a la siguiente, y pasa más tiempo moviendo turbinas que corriendo por las zonas donde antes alimentaba a la flora y la fauna, además de proveer facilidades para cultivos y ganadería.

Las consecuencias de sequía, deforestación, y desequilibrio multidimensional son lógicas.

Gracias entonces a Raisa e invitados por la iluminación. Panamá necesita abrir los ojos y Uds. ayudan a este despertar ecológico.

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Este artículo se publicó el  16  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Intrusos!

La opinión del Ingeniero….

Carlos Eduardo Galán Ponce

Pudo deberse a las distancias, a las precarias vías de comunicación de la época. O quizá fue que llegaron inmigraciones diferentes.

Lo cierto es que en ambos extremos del país fueron surgiendo culturas muy distintas. Aquellos que poblaron originalmente esta distante provincia de Chiriquí, llegaron atraídos por sus bellezas naturales, sus climas, sus bosques, sus ríos de abundantes y cristalinas aguas.

Por la fertilidad de unos suelos que se ofrecían generosos para el desarrollo de su vocación agropecuaria. Y cautivados por ese entorno natural, se quedaron e hicieron de esta tierra su hogar. Y ocurrió lo que fue imperante en todos los asentamientos humanos que surgieron en condiciones similares.

Las dificultades para llegar a sitios más lejanos y subsistir en condiciones difíciles, exigieron de sus pobladores una mayor disciplina y un manejo ordenado de los recursos naturales del lugar.

Pero eso no significó permanecer en el pasado. La provincia se esforzó por modernizarse e ir cubriendo sus necesidades. Y en muchas áreas fue más allá. El distrito de Boquete se proveyó su propio acueducto que aún hoy administra, y en 1925 ya contaba con una planta hidroeléctrica privada local que le suministraba energía.

Comunicaciones, S.A., empresa chiricana, en 1956 ya había conectado con telefonía automatizada a la provincia, integrando luego en una red de larga distancia a todo el país.  Empresas Eléctricas de Chiriquí, S.A., en 1960 ya le suministraba luz y energía a toda la provincia, habiéndole agregado a su parque cinco megavatios de la planta hidroeléctrica de Caldera.

Era todo lo que necesitábamos, y que lejos de perturbar la naturaleza, parte de su captación hídrica la convirtió en un riachuelo que corría regando las tierras altas de El Francés, hasta entonces yermas. Igual corría “la acequia” en la planta de Dolega. Y nos suministraban energía eléctrica a $.02 el kilovatio hora.

Por otro lado, las poblaciones que fueron conformando lo que es hoy la capital de la Nación llegaron atraídas por las actividades comerciales que allí tenían lugar y luego, por la construcción del ferrocarril y del Canal.

Una vez terminadas esas obras, la ciudad capital, además de la sede del Gobierno, fue proyectándose como el centro comercial y de servicios del país, con la gran ventaja de verse provista de todos sus servicios básicos por la Compañía del Canal y otras empresas extranjeras, agua potable, luz eléctrica, telefonía, calles, carreteras, recolección de basura, ofertas de alimentos, etc. Y eso les hizo las cosas mucho más fáciles. Pero los personajes que originalmente construyeron las calles y barrios de su ciudad, se cuidaron de hacerlo siguiendo un concepto urbanístico hermoso y elegante, que era el orgullo de propios y extraños.

De repente, a alguien se le ocurrió que Panamá debía ser como Hong Kong,   donde andan en bicicleta y viven uno encima del otro. Y comenzó la debacle. Empresarios insaciables, en contubernio con funcionarios indolentes o corruptos, cambiaron las normas de uso de suelo y tomaron “por asalto” los hermosos barrios de la capital.

Reemplazaron sus elegantes chalets por enormes moles amorfas de vidrio y cemento. Los bellos jardines del Hotel Panamá, imagen emblemática de la ciudad, ya habían sucumbido a la gula de los “torrijistas” de esa época.

Fueron acabando con cada área verde. Y continuaron. Le cayeron encima desde el primer día a las áreas revertidas de la Zona del Canal y no han parado de ir arrasando con sus bosques. Sin planificación alguna, crearon una ciudad saturada solo de enormes edificios que se pueden tocar uno al otro. Sin áreas públicas, con calles insuficientes, que se inundan cuando llueve y se sumergen a ratos en aguas fétidas.   Ruidosa, agresiva y hostil, sumida en la basura y la violencia.  Donde escasea el agua potable y el transporte público es un caos. Donde trasladarse en automóvil es tan difícil como andar a pie.

Pero bueno. Hasta allí, pudiéramos decir: total, yo no vivo allí. Pero el caso es que cuando llegó el momento de suplir el derroche de energía de que hacen gala esos mamotretos diseñados para desperdiciarla y para el boato de unos cuantos, los mismos que crearon la debacle vieron en el mapa nuestros ríos y le han caído en pandilla. Intrusos atrevidos e insaciables que han llegado aquí a acabar con lo que ya no hay donde viven. Han venido a deteriorar nuestro entorno natural, a ofender la idiosincrasia de nuestros hombres del campo.

A pisotear sus medios de subsistencia y a burlarse de su sencillo estilo de vida. Armados del “derecho” que le dan las concesiones que regalara el gobierno de Martín Torrijos a sus compinches, para instalar aquí sus hidroeléctricas. Como filas de dominó en cada tramo de nuestros ríos. Hasta al millonario mexicano le tocó del botín, en un viaje “de gorra” en su avión.

El otro Torrijos se trajo al Sha de Irán y le sacó 14 millones de dólares, que se embolsaron los “Todo por la Patria”.   Esta vez no sé cómo fue el asunto. Pero hay una provincia lacerada por la codicia desmesurada de unos cuantos, con su complicidad. Y si un castigo le va a tocar, será allá arriba cuando parta, porque por lo de “entrar limpio y salir millonario”, no lo veo.

Pero no hay que cejar en la lucha por detenerlos. ¿Y el próximo capítulo de los depredadores?… las minas.   A pararse firmes, o nos la van a “zurrar”.

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Este artículo se publicó el 17 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Llegó la hora de rectificar

La opinión del periodista…..



Juan B. Gómez

Gobernar es rectificar ( Confucio).

Cuentan que cuando el revolucionario mexicano Pancho Villa juzgaba a alguien, que supuestamente estaba conspirando contra su gobierno, decía: “Afusílenlo, mientras investigamos”.

Y casi en los mismos términos leí que la diputada por el Partido Revolucionario Democrático, Crescencia Prado, propuso un anteproyecto de ley con el fin de establecer una moratoria de 25 años “para la adjudicación de concesiones a futuros proyectos ambientales dentro de los territorios comarcales”.

Con el perdón de la señora diputada, se debe aclarar, que esa moratoria que ella solicita no afectaría a las concesiones que ya se han dado y que marchan a todo vapor desde hace un buen rato, pues ella señala que se trata de “nuevas concesiones a futuros proyectos ambientales”.   Por eso recordé lo que decía Pancho Villa.

No se trata, repito, de evitar nuevos proyectos sino de revisar y cancelar las concesiones que ya se han dado. Porque, con el consentimiento del gobierno anterior del señor Torrijos, se cometió “ una salvajada” contra la ecología de nuestro país.   Lo que corresponde y se espera del gobierno del señor Martinelli, es que impida que esa situación continúe.

Explico lo de la “salvajada”. Cuando hace unos tres años empezó la fiebre de las concesiones para la construcción de hidroeléctricas, muchos chiricanos ignorábamos el crimen que se estaba autorizando contra la naturaleza nuestra.   En esos días hablé con un amigo español sobre el tema, y me dijo que con el mismo sistema de concesiones habían destruido una gran cantidad de ríos en Galicia. Y pocos días después me entregó una serie de fotografías, en las que aparecían los ríos como eran y como quedaron después de la instalación de las hidroeléctricas.

Lo que quedaron de los ríos fueron pedregueros con ranas, sapos y culebras. Y aquí viene la frase de un gallego enardecido: “¡Aquí lo que están haciendo es una salvajada contra nuestros ríos!”

La única vez que pude hablar con el Presidente Martinelli fue unas semanas antes de las elecciones; y le advertí de los temores que afligían al pueblo chiricano. Él me contestó que “Tres o cuatro hidroeléctricas” no eran para asustarse. Y yo le rectifiqué que las concesiones eran más de cincuenta. ¡ahora nos amenazan con la explotación de cobre de Cerro Colorado!

El gran poeta chiricano, Dimas L. Pitty, me envió para su publicación la siguiente Décima:

Una mina a cielo abierto y represas en los ríos,

de locos son desvaríos que el suelo dejarán muerto.

Chiriquí será un desierto, sin porvenir y sin vida,

si se acepta la “movida” de voraces desalmados

y acabamos despojados de nuestra tierra querida.

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Este artículo se publicó el  8  de junio de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.