El problema de la violencia contra la mujer

La opinión de…

María Eugenia Hernández

La violencia contra la mujer es un fenómeno social que afecta a las mujeres como grupo, donde el hombre ejerce poder y autoridad, utilizando la violencia como medio o control, obligándola a comportarse de determinada forma. Teóricamente se define la violencia de género como todas las formas de violencia que mantienen la dicotomía entre hombres y mujeres y aseguran la desvalorización e inferioridad de todo lo asociado con lo femenino (Fempress, 1993:13).

En febrero del presente año tuve la oportunidad de entrevistar a la Dra. Teresita Ramellini en San José, Costa Rica, directora del Centro de Investigaciones de Estudios de la Mujer. Expresaba ella que la violencia contra el género femenino es “la opresión y la discriminación en todas las formas de sexismo, comprendiendo las agresiones física, emocional, económica y sexual. En nuestro país se observa cómo los medios de comunicación dan un marcado interés a la cuantificación de los casos de la violencia física, es decir, el número de agresiones, el número de “femicidios”, etc., pero se mide poco la cualificación del problema, los avances abordados desde el punto de vista de la ciencia social y sus posibles respuestas a la magnitud del mismo.

Es importante tener presente que la categoría del género no sólo es analizada desde el punto de vista biológico sino desde posiciones ideológicas culturales que determinan el estereotipo femenino y el masculino y hacen mención a todo lo heredado biológicamente, es por ello que algunas personas parten de lo biológico para definir el género, mientras otras lo hacen desde el punto de vista cultural-ideológico.

Visto desde lo sociológico, se da la violencia hacia la mujer no sólo cuando esta es golpeada por su esposo o compañero, sino cuando la sociedad la discrimina como grupo en las relaciones de poder, cuando se le ubica en posición inferior. Es aquí donde debemos reflexionar cuántas mujeres tiene la población panameña, de estas cuántas son profesionales, cuántas han tenido la oportunidad de participar en materia de política del Estado de nuestra llamada democracia, cuántas magistradas hay en la Corte Suprema de “Justicia”. Porque el hombre tiene más aval por la ley y las costumbres para este dominio, cuándo se hará justicia para la otra mitad de la población, es decir, para las mujeres.

Panamá como región puede avanzar a verdaderos niveles de desarrollo, cuando objetivamente se vea igualdad de oportunidades, no sólo en áreas urbanas sino en las más excluidas del país, como sucede con aquellas mujeres de la campiña interiorana y las comarcas indígenas, quienes actualmente viven excluidas del discurso de la inclusión, como si vivieran en otro mundo.

Esto lo observo cuando viajo a comunidades apartadas de la comarca y veo niños y niñas morir de hambre, o por un resfriado sin control médico, una madre en labor de parto sin la opción de salud igual para todos, el rostro de la desnutrición de mujeres y niños especialmente en los meses de verano, cuando no existe ni siquiera una yuca para sobrevivir.

Debemos trabajar mucho más para enorgullecernos como nación. Yo me pregunto: desarrollo para qué o para quién, si nos persigue la pobreza y se aumenta la brecha de las desigualdades que a su vez se convierten en las grandes injusticias del sistema. Para estos hechos sociales no existe una política pública de familia que responda atinadamente a los intereses de tales grupos vulnerables, como lo son las mujeres, ancianos, niños y niñas.

<> Este artículo se publicó el 27 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.
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Para frenar la violencia contra la mujer

Según la opinión de….

María Eugenia Hernández 

La violencia contra la mujer es la mayor barbarie cometida contra sus derechos en esta sociedad. La mujer, desde que nace hasta que muere, enfrenta episodios de discriminación, violencia del Estado, la comunidad y en su propia familia. Ejemplo de esta violencia son los embarazos y abortos forzados; así como la violencia intrafamiliar o doméstica, donde ella se convierte en víctima de un agresor, quien es en este contexto su esposo o compañero.

La violencia contra la mujer se manifiesta en todos los estratos sociales, no es exclusiva de una estructura política o económica; se observa en todas las sociedades sin distinción de etnia o cultura. Está sentada sobre bases sólidas de poder en la sociedad que la legítima, le da cobertura y la perpetúa con raíces profundas e impide que la mujer ejerza sus derechos humanos.

Este es un fenómeno social que insiste en mantenerse invisibilizado y lleno de mitos que se han ido construyendo sobre que lo femenino es inferior a lo masculino, reforzándose en imaginarios sociales que, con sus prácticas, atentan contra la mujer. Esta violencia se da por razón de su género y persiste dañando a la mitad de la población, es decir, afecta a millones de mujeres en el mundo.

En Panamá la violencia contra la mujer se da en diversos tipos que van desde la violencia física (puñetazos, patadas, uso del fuego y ácidos para causar dolor), la violencia sexual (violaciones), la violencia psicológica (insultos, amenazas y comentarios denigrantes, lenguaje sexista) y la violencia económica, en donde el varón del cual depende, le priva de alimentos, vestimenta y otras necesidades de índole económica.

Según las estadísticas del Observatorio Panameño de la Violencia de Género, en el año 2008 se registraron 10 casos de asesinatos de mujeres; en 2009, 17; y en 2010 la cifra ya suma 23 casos de mujeres muertas a manos de sus esposos, compañeros o ex compañeros; hombres que en algún momento juraron amarlas, pero acabaron con sus vidas.

El Estado panameño debe legislar mejor al respecto. Se han hecho pinitos en la construcción de políticas públicas, mas el problema en vez de disminuir va aumentando. La población no recibe capacitación en todas sus dimensiones, al ritmo que amerita lo pactado en los convenios internacionales. Los casos más altos de homicidios de mujeres se observan en las provincias de Colón y Panamá.

Debemos reforzar entre la población la enseñanza de perspectiva de género; debemos romper los esquemas tradicionales y crear un compromiso de cambio. El Ministerio de Educación debe adoptar ese reto y preocuparse por desideologizar culturas patriarcales y, en su transformación curricular, implementar la asignatura para reeducar y construir un aprendizaje significativo para las nuevas generaciones. Solo así lograremos un proceso de cambio social, que se verá reflejado en bajos índices de violencia.

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Este artículo se publico el 27 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.