El derecho a la conectividad

La opinión de…

 

Héctor Rodríguez G.

A raíz de la reunión del G–20 en Seúl, de nuevo las protestas, exageradas o no, contra los esquemas del manejo mundial, coincidieron en un denominador común: la brecha entre pobres y ricos.    Pero seguirán siendo estériles tales alardes y los demás esfuerzos de acá y acullá, aturdidos o enceguecidos por el sofisma de que la fiebre está en las sábanas. Lo propio ocurre en lo doméstico nacional y aun en lo familiar, como que existen papás que la dan al hijo que pronto se casará el dinero para que lleve a su novia al cine.

La responsabilidad endógena es la característica indispensable de todo proyecto y mientras más concienciada sea ella, mayor y más firme será el éxito de este.

Si una casa no se hace con tripas de cucaracha, toda sociedad necesita una infraestructura cultural, como cimiento de cualesquier proyecto de desarrollo; tal cultura nace de la buena educación que a su vez coadyuva a la ulterior capacitación específica. De la educación fundamental depende entonces la eficacia de la capacitación y de esta, el menor o mayor grado de competitividad.

Las dádivas financieras difícilmente superan la codicia burócrata de suerte que de todas maneras, los esfuerzos generosos de los poderosos resultan de muy escasa respuesta o estériles. Muy positivas, en cambio, son las gestiones enfocadas al nutrimento cognitivo de la gente.

La inconmensurable potencialidad comunicativa de los sistemas magnéticos y electrónicos, unida a la tradicional TV y las ondas hertzianas nos brindan hoy y cada día más, la anhelada viabilidad a la educación fundamental. Tan importante es el asunto que están haciendo carrera en cada país las gestiones legislativas encaminadas a adicionar o reformar las constituciones a objeto de convertir en ley “el derecho a la conectividad”. Francia (2009) fue pionera en este logro.

Sin ánimo de acicatear a nuestras autoridades, que con seguridad estarán desde antes mejor informadas que nosotros, sí nos permitimos hacer un respetuoso llamado a la reflexión no sólo del Gobierno nacional, las academias y demás centros educativos, en el sentido de establecer, qué tan al alcance de todos está la tecnología, pues en nuestro modesto entender, en Panamá estamos a niveles aún algo tímidos en inversión pública en telecomunicaciones y sobre todo en conectividad digital. Si el mundo vive la era de la información, en la que las tecnologías innovadoras ayer, que nunca llegaron a nuestra masa popular especialmente la campesina, ya son obsoletas hoy ¿cómo pretendemos eliminar la brecha? Y a nadie sensato se le puede ocurrir que estamos propendiendo por el consumismo, como nadie tildaría de consumista al papá que envía sus chicos a la escuela.

La alfabetización digital es un nuevo desafío social y el estado debe asumir el liderazgo de esta gestión que tal vez sea de las últimas que le quedan al paternalismo, pero, la más positiva de las inversiones sociales. Así, la conexión se perpetuará como un pilar básico de la sociedad.

En Finlandia el 79% de la población usa internet, y cuenta con 1.52 millones de conexiones de banda ancha, lo que se traduce en 287 por cada mil habitantes y todas las escuelas y librerías públicas cuentan con computadores con este tipo de conexión; allí se ha emitido una ley (julio de 2010) mediante la cual todos los ciudadanos tienen el derecho a una conexión de internet de banda ancha de un megabyte. Alemania, Dinamarca y Noruega sancionaron ya similares leyes. La idea es que el mercado va a hacer las inversiones y construcciones y que eso va a ser posible con la ayuda de cada estado. Suecia tiene como objetivo que, en el año de 2020, el 90% de los hogares y empresas tengan acceso a banda ancha de por lo menos 100 megabyte/seg.; y una de las posturas centrales concerniente a la conectividad que tiene el Gobierno sueco es que no va a haber una diferencia entre las ciudades y las áreas rurales.

La conectividad sí conduce a romper el tabú de que la educación es un derecho solo de quienes acceden a las escuelas y universidades, o peor aún, que sólo es un privilegio de los infantes y de los jóvenes.

Claro que el tema es más extenso y complejo de lo que podemos explayar en estas líneas, pero, ya vemos que las soluciones a todos los problemas del subdesarrollo, o que a él nos atan, sí están a nuestro alcance. De nosotros depende estrechar la brecha que los desenfocados pretenden cerrar con arengas incendiarias y con guijarros. Buscar meramente los alivios económicos, sin concienciarnos de la indispensabilidad de la educación fundamental y para todos, es consumirnos en la dependencia sempiterna, en el paternalismo recurrente, en la castración de nuestras iniciativas y de nuestros talentos; es prohijar la corrupción y, con ello, afianzarnos en la antesala del estéril y requemado socialismo. Mil gracias.

<>
Este artículo se publicó el 14 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Al revés tengo las botas mi amo

La opinión de…

Héctor Rodríguez G.

Recién se cumplieron 25 años de la toma del Palacio de Justicia de Colombia, en la que murieron civiles ajenos al M–19, la guerrilla que, financiada por el cartel de Medellín, incendió los expedientes de Pablo Escobar y sus altos mandos mafiosos. Por una amnistía, los líderes del M–19 hoy son gobernadores, etc. Mientras los oficiales del Ejército encargados del rescate a riesgo de sus vidas están presos, porque como el M–19 ni existe ni pagaría, los deudos de las víctimas rebuscaron argumentos para inculpar al Estado y así demandar indemnizaciones. “Al revés tengo las botas mi amo”.

El 1 de agosto oímos en una emisión radial colombiana, la entrevista a una hermana de Pablo Escobar que escribió un libro según el cual el abominable criminal pasó a ser la víctima de una sociedad que no le supo entender su codicia de poder, riqueza y lujuria, ni su voluptuoso derecho a asesinar. “Al revés …”. En la misma emisión hubo una nota en que la Sra. Ángela Holguín, al recibir la oferta del cargo de canciller, por parte del presidente Santos, se lo consultó a su amigo Hugo Chávez; ante el consentimiento, Holguín se posesionó. Así, Colombia sometió al criterio de su agresor gratuito el nombramiento de la ministra de Relaciones Exteriores. Chávez prometió pagar las deudas a los exportadores colombianos, promesa que incumplió. En cambio, el gobierno Santos echó al olvido los cargos que con testimonios serios y fotos había elevado su antecesor ante la ONU, denunciando la protección que Chávez da a las terroristas FARC y ELN. “Al revés …”.

A inicios de este año Uribe, fustigó a la Corte Suprema por su falta de compromiso. Una de las primeras gestiones del presidente Santos, fue visitar la Corte para darle su apoyo, con el eufemismo de la coherencia entre los tres poderes.

Ahora los magistrados llevan más de un año incumpliendo su obligación de nombrar el fiscal general; y así llegará 2011, con la honorable Corte entorpeciendo la justicia. “Al revés …”. Los contrasentidos y Ley de Murphy siguen vigentes en Colombia, mientras se corrobora que cualquier situación, por difícil que parezca, es susceptible de empeorar gracias a la traición. En Panamá, para no quedarnos atrás, por estos días hay que rasgar de vestiduras por la supuesta falta de dignidad del Gobierno, al conceder asilo a Ma. del Pilar Hurtado, ex directora del DAS, organismo de inteligencia del Estado colombiano.

Veamos el contrasentido: desde siglos ha, los cuerpos de inteligencia hacen los seguimientos encauzados a obtener pruebas, con metodologías a veces no muy santas y siempre ocultas, por razones obvias, tal aconteció siempre en el DAS; hasta hizo historia la grabación de un telefonazo del presidente Samper a una mujer de apellido Sarria, a quien llamándole monita (rubia) retrechera le reclamaba más apego; este asunto culminó a los pocos días cuando Sarria fue asesinada.

Pero, ahora hay pesos pesados interesados en escarbar esas metodologías, no tanto por lo moral, sino a la zaga de una prueba venenosa que logre la condena de quien atacó sin reticencias los delitos de todos los pelambres: Álvaro Uribe y, por supuesto, surgen las tácitas alianzas entre los desenmascarados, condenados y opositores; la misma Corte que, como ya vimos no es diáfana, se unió a la cacería, so pretexto de que debajo de una de sus mesas se halló una grabadora instalada por quien les servía el café.

Pero, la jauría no se entretiene con presas livianas, quiere desaparecer a Uribe, porque el 75% de sus compatriotas le sigue considerando el prohombre, el líder ideal, el mejor presidente. Las presiones de esas tendencias oscuras se derivan a personas como Hurtado, quien por su entereza, no calumnia al ex presidente; el recurso es la amenaza de la injusticia y la traición que, como hemos visto, sí se usa.

Mientras Hurtado solicitaba asilo en la Embajada panameña, ya estaban en la calle las protestas con pancartas impresas ¿? Y al día siguiente a su arribo a Panamá, llegaron los abogados de las “víctimas” a pedir la nulidad del asilo; gestión que es como ladrarle a la Luna, luego: pobres clientes pagando viáticos y alharacas huecas.

La mera manifestación en nuestras calles capitalinas por parte de los esclavos que somatizan la rebeldía, entre ellos algunos estudiantes, uniformados con colores convencionales (Ejército de Liberación Nacional), evidencian que ignoran o quieren ignorar el trasfondo que en estas líneas tratamos de explicar. Salta la interrogante: ¿por qué no protestan así cuando se asila algún ex presidente que ha desfalcado el tesoro de su país? ¿O ante el arribo de Murcia Guzmán? ¿O de cualquier criminal financiero? Es cierto: Hurtado ni es criminal, ni trae plata, sólo susto.

Al presidente Martinelli le asiste todo el derecho, porque el asilo hace parte de la normatividad internacional, cuando la justicia local dobla su cerviz ante la política o ante presiones delictivas o apenas injustas. Así el presidente Santos asegure, de buena fe, que “nadie puede sostener que aquí no hay garantías para ser juzgado”. Es que no se trata sólo del juzgamiento, y en lo demás los hechos son contundentes y a la vez tozudos.

*

<> Este artículo se publicó el 27  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en: https://panaletras.wordpress.com/category/rodriguez-g-hector/

La fiebre no está en las sábanas

La opinión de…

Héctor Rodríguez G.

Aunque plausibles por su intencionalidad, los esfuerzos oficiales desde siempre tratando de sacar adelante el tan manoseado atraso rural panameño, siguen cayendo en el foso de ignorar el real origen del mal, pero, con el agravante de que otros países, cuyas brújulas sí señalan acertadamente el norte, nos están tomando en cada temporada más y más ventaja, de suerte que cuando por fin entendamos la verdad, nos será aun más difícil alcanzar la meta del desarrollo sostenible, por cuanto los nichos de los mercados ya estarán rotulados incluso por países menos favorecidos por la naturaleza que el nuestro.

Veamos qué ocurre con los tres elementos o factores del desarrollo rural: trabajo, tierra y capital, empezando por los dos últimos. Por tierra, entendemos el entorno natural, disponibilidad hídrica, calidad y cantidad de suelo, climatología, topografía, vías de acceso, etc., que se enmarcan en lo que llamamos vocación de la tierra. En verdad, la vocación de la tierra depende de encontrarle a cada dedo su anillo; es decir, el objetivo justo. Hasta las topografías más empinadas tienen su vocación rentable: la forestación. El único requisito infranqueable para la viabilidad de cualquier explotación es que sea amigable con la naturaleza, con los biomas locales.

El capital o aspecto financiero, tiene históricamente la disponibilidad de recursos para el desarrollo del campo, sin embargo, ha propiciado las piedras de escándalo, ya por las desviaciones de los créditos, ya por la falta del correcto seguimiento a los proyectos. Es que según el esquema, los bancarios deben presentarle a los banqueros los resultados de colocar los recursos del Estado (financiamientos de fomento) en forma masiva; el después es lo de menos, puesto que ya han ganado la intermediación y si el usuario no paga pues pierde el bien dado en garantía. Claro que además se han visto exabruptos, como el legislar subsidios nacionales a favor exclusivamente de productores chiricanos.

Nos queda el primer elemento en la producción rural y este sí es el problema grave. Nuestro protagonista del trabajo, la masa campesina carece de la suficiente infraestructura cultural, de cara a la competitividad de hoy y del futuro. Lo dicho, en vez de escocer debe suscitar la reflexión de quienes tienen en sus resortes la posibilidad (entiéndase: la obligación) de propiciar el desarrollo.

Debemos asumir de manera rotunda la imperiosa necesidad de empezar por educar a la gente en los verdaderos principios y valores morales y éticos que, como todos sabemos se encuentran bastante postrados; sostenida la personalidad en esa columna vertebral, sí podrá establecer su criterio propio y emitir la autocrítica y la crítica, condiciones sólidas para acumular a nivel cognitivo las tecnologías de producción sostenible enmarcadas en disciplinas amigables con el medio ambiente. El productor rural nutrido intelectualmente, eliminará con suficiencia los defectos vistos en los otros dos elementos de la producción.

Ello catapultará la iniciativa privada afianzando el sentido de pertenencia, lo cual conlleva al desarrollo endógeno que a su vez desplazará el recurrente paternalismo, fuente de pírricos logros y de abultada corrupción ya no del sector primario, sino del país.

Saldríamos del elemental modelo familiar “de la mano a la boca” sin acumulaciones ni ahorro, pasando al menos al “justo a tiempo” para crear los nichos y los ulteriores privilegios de mercados cautivos, aún exteriores; consecuentemente sería normal hablar de la meta tan anhelada por los industriales: “Calidad total” que nos conllevaría al éxito de posicionar sólidamente más productos y más marcas país.

Diversas y no pocas sociedades en el mundo disponen ahora del suficiente poder adquisitivo para consumir los alimentos certificados y acreditados como naturales y limpios, y en Panamá, en donde contamos con la bendición de los entornos naturales expeditos, solo nos falta crear y afianzar la cultura y la idoneidad para desarrollar los abastecimientos permanentes de tales productos, sometidos a las más severas normas de control, como la trazabilidad, y asumir sin temores ni complejos los serios compromisos de suministro (TLC, Euregat, etcétera).

Claro que este marco de estrategia, debe concitar a todos los estamentos, pretiriendo en los sectores secundario y terciario, el complejo de Caín  ¿soy yo acaso guardia de mi hermano?   Mil gracias.

*
<> Este artículo se publicó el 25  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor  en:  https://panaletras.wordpress.com/category/rodriguez-g-hector/

El final de otro monstruo

La opinión de…

Héctor Rodríguez G. 

Apenas en el primer mes del nuevo gobierno en Colombia,  las bandas narcoterroristas habían consumado endemoniados actos de acérrima crueldad, por el estilo de acribillar a soldados o policías para, después de muertos, incinerarlos; alardes de cobardía dirigidos, sin duda, a atemorizar al país para conseguir que el Gobierno replegara sus fuerzas armadas, en actitud seudo claudicante, dando tácita patente de corso a las criminales FARC.

En efecto, la escalada terrorista cosechaba ya sus perversos éxitos, incluso, internacionales, como el resurgimiento de los vituperios contra Colombia en Europa de la tránsfuga Piedad Córdoba, o como el cínico pronunciamiento, desde luego entrometido, de la fiscal argentina Mónica Cuñarro, pidiendo la entrega a la narcoguerrilla de 285.437 kilómetros cuadrados (una cuarta parte del territorio colombiano).

Mientras que en el ámbito nacional, ya se presentaban secuelas del temor, como el caso de una jueza que liberó a 22 ladrones de material de guerra que proveían a las bandas terroristas, dizque porque fueron detenidos en horas no laborales; hecho que, por supuesto, minaba las ánimas militares y ciudadanas, lo que se reflejó en la evidente erosión de la confianza depositada en el nuevo gobierno.

No obstante, la senda trazada por Álvaro Uribe, quien hasta los últimos días de su mandato guardaba la esperanza de poder darle a su patria “una gran noticia”, fue seguida firmemente por su discípulo J.M. Santos, a quien ahora, desde la ONU en Nueva York, le correspondió dar aquella anhelada sorpresa: era nada menos que la noticia del abatimiento del más cruel y sanguinario bandido, jefe del ala militar y comandante del bloque oriental de las FARC, conocido con los alias de Mono Jojoy o Jorge Briceño Suárez, y cuyo real nombre era Víctor Julio Suárez Rojas.

Él, desde el ingreso al delito en 1975, proyectó su crueldad, ganándose la confianza de sus comandantes; el propio Tirofijo, le ascendió a miembro del secretariado. Jojoy había hecho construir, en la zona más inaccesible y escabrosa de la selva, un búnker de 300 metros de largo, en concreto y bajo tierra, con túneles y laberintos, cuyos accesos del exterior eran protegidos por los anillos humanos de seguridad, únicos que conocían los planos de las minas explosivas sembradas.   Cuando salía del búnker, era protegido por mil 500 subalternos y por el vecindario civil, esclavo natural de esa sangrienta brutalidad.

La propietaria de un restaurante en el pueblo de La Macarena, se atrevió a narrar hace unas horas cómo un día de esos hizo la mayor venta de su vida, mil 500 almuerzos por encargo del propio tirano, quien le dijo: ¿Usted no sabe quién soy yo? Soy el mismísimo Mono Jojoy, míreme bien y aproveche para tocarme y estrechar mi mano; mientras tanto, alguno de sus lugartenientes o su enfermera exclusiva le probaban los alimentos para prever algún envenenamiento.   Ese hálito de omnipotencia se exteriorizó, entre otros, en un video, en el que fingiendo modestia exclamaba que él era un hombre como todos. Solo que sobre él pesaban 62 órdenes de captura, 12 medidas de aseguramiento, 5 condenas y 2 peticiones de extradición, por los bestiales delitos con los que se podrían llenar libros.

Pero lo que además merece ser tenido muy en cuenta son las posturas adustas y mesuradas, tanto del presidente Santos como de su ministro de la Defensa Rodrigo Rivera y de todos los altos mandos al dar el parte de victoria; es más, llamaron a la ciudadanía a esquivar el triunfalismo y mantener la cordura.

Los generales, desde el sitio más inmediato al campo de batalla y en las primeras horas del día siguiente al combate, declararon con serenidad a los medios que el procedimiento todo se había enmarcado en las normas convencionales del respeto a los derechos humanos, ajeno al odio y sencillamente con la confianza y certeza derivadas del trabajo concienzudo, paciente y tenaz durante siete años. Y es que no de otra forma hubieran logrado cazar un escorpión en una jungla. Qué buen ejemplo, en una sociedad tropical y además latina. ¡Mil gracias!

<> Este artículo se publicó el 25 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Claro que nos interesa

La opinión de…

Héctor Rodríguez 


El discurso del filósofo y político inglés Francis Bacon (1561-1626), padre de la Revolución Científica y del Empirismo, consistente este en aprovechar la observación de casos concretos o de experimentos, para llegar a leyes y teorías científicas, en bien claro de la humanidad, supone como contraprestación que la ignorancia deliberada o no de la historia constituye una fatalidad.

El socialismo Siglo XXI, invocado así por los hermanos Castro Ruz y por sus discípulos presidentes, D. Ortega, H. Chávez y E. Morales, no es más que otra máscara del socialismo escueto, el de Lenín, Marx, Stalin y Trostky, que después de medio siglo de experimentar en medio planeta, encontró sepulcro en el derrumbamiento del muro de Berlín (1989).

La empírica es contundente al establecer, entre otras graves sentencias, que a mayor ensanchamiento del Estado, mayor su susceptibilidad a la corrupción y que los desconocimientos de la iniciativa y la propiedad privadas, causan la desidia colectiva que conlleva al desastre nacional (ej., los nunca cumplidos planes quinquenales de N. Kruschev), pero, sobre todo, porque como lo predicó el filósofo griego, Heráclito (540 a 480 a. C.).  “Si la felicidad estuviera hecha de placeres corporales, diríamos que los bueyes son felices cuando encuentran garbanzos para comer”.    Así fueron cayendo uno a uno todos los regímenes comunistas que por cierto, en otro alarde de sus falacias se autodenominaban demócratas.

Lo irónico está en que tengamos que parafrasear al mismo Heráclito: “es necesario que haya guerra para valorar la paz, invierno para valorar el verano, hambre para valorar la saciedad”.

Aunque lo expuesto es universal, volviendo a nuestro ámbito iberoamericano, Hugo Chávez, quien, para cautivar y luego aturdir a los venezolanos, se declaró el hijo de Bolívar, ha recurrido a todas las estrategias que el Libertador rechazó de manera visceral (traición, falsedad, bravuconadas, odio y servilismo) para complacer su megalomanía, tratando de imponer el tal socialismo Siglo XXI allende las fronteras, bajo el carisma de un imperio bolivariano, para cuyo expansionismo ha contado como cabezas de puentes con los presidentes antes mencionados.   Mas, durante ocho años se ha estrellado contra un roble: el gobierno de Álvaro Uribe V., que para completar le ha demostrado que son los colombianos todos, incluyendo ostensiblemente a sus Fuerzas Armadas, quienes le desprecian, por decir lo menos.

De modo que hasta el compromiso de Chávez de retribuirle a las FARC el favor de haberle apoyado para tomarse el poder, se ha reducido a darles albergue y protección en territorio venezolano, delito desde luego de lesa humanidad, y a erigirle algún monumento a un capo de esa banda narcoterrorista.

Independientemente de los aciertos internos, como quintuplicar la inversión extranjera, el alcanzar una notable reducción del porcentaje de endeudamiento, el mejoramiento del Coeficiente Gini de distribución del ingreso, la creación de más de tres millones de nuevos empleos y la reducción de la pobreza en cerca de 2 millones de personas, sin dejar de observar que, como lo predica el propio Uribe, aún se está lejos de la panacea, todo explica el cariño que le profesa más del 80% de sus compatriotas, no el 100%, puesto que además de quienes nunca se manifiestan y de los opositores filosóficos propios de una democracia, son enemigos naturales de su gesta, todos aquellos perseguidos frontal y severamente, como nunca en la historia de Colombia: narcoterroristas, paramilitares, congresistas corruptos, jueces venales, militares torcidos, etc.

No hay que olvidar que en Colombia se llegó al extremo de que las mafias lograron la Presidencia a través de un candidato financiado por ellas, cuyo primer escudero, un tal Serpa, hoy se declara “avergonzado” por la obra de Uribe.

Específicamente, en Panamá, gracias al roble Uribe, no tenemos a Chávez resollándonos en la nuca con algún chantaje, como el poder nuclear de Irán o el de inocularnos la maldición de las FARC, de Changuinola a Sambú y de Pto. Obaldía a Río Sereno.

Por tantas connotaciones, la transmisión del mando de Álvaro Uribe a Juan M. Santos, que acontece hoy en Bogotá, nos conmueve a elevar nuestras humildes plegarias al Todopoderoso para que ilumine al nuevo mandatario y lo lleve a rayar tan firme y alto como su antecesor.

<>

Este artículo se publicó el 7 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Una funesta candidez

La opinión de…..

.

Héctor Rodríguez

En Colombia, desde la revuelta vandálica del 9 de abril de 1948, –cuando turbas embriagadas y azuzadas por quienes, como Fidel Castro rifle en mano, percibían la mejor oportunidad para instaurar el comunismo como cabeza de puente para América–, nunca como ahora se presentó una situación más propicia para la imposición de la dictadura socialista.

Esta amenaza que consterna a los demócratas es el acicate de quienes, aturdidos por la codicia del poder, se agazapan en la oposición al gobierno de Álvaro Uribe Vélez, reputado por los colombianos como el mejor de su historia y, según el Barómetro Iberoamericano de Gobernabilidad 2010, como el segundo mejor entre los 21.

Hugo Chávez, ocupando el penúltimo puesto, no perdona que el 70% de los colombianos quiera a Uribe, como tampoco tolera acusaciones a las FARC, de quienes recibió apoyo para tomarse el poder y en quienes cifra sus esperanzas para expandir su imperio; por ese contubernio les alberga en Venezuela y les erige monumentos. Es que se está ejecutando una endiablada faena para torpedear la candidatura de Juan Manuel Santos, continuador de la obra de Uribe.

Aquí en Panamá, un diario editó un artículo escrito por un periodista colombiano de reconocida afinidad con el candidato Mockus; el mismo medio en un artículo noticioso publicó la foto de ese candidato con su camisa verde y el girasol, característicos de su campaña.   The Washington Post revivió una calumnia contra la familia del presidente Uribe, que ya había sido judicialmente desmentida, pero que por la difusión amarillista afecta a Santos.

Por su parte, el titiritero de Miraflores declaró que si Santos es presidente habrá guerra, y muy seguro del chantaje terrorista, que de hecho repercutió en las encuestas, repartió partituras de hostigamiento a Colombia.   Su embajadora Piedad Córdoba, quien por cuenta de los colombianos viajó por Europa, fue en verdad a reivindicar el postrado perfil de las FARC. Rafael Correa rescató un expediente ya archivado por inviable contra el candidato Santos. Daniel Ortega capturó un pesquero colombiano en aguas colombianas, sometiendo a sus tripulantes a vejámenes.

Las FARC también se arrebataron y apabullan a las comunidades más aisladas, además de torturar a los secuestrados, se retuercen en la barbarie a extremos que el propio secretario de la ONU, Ban Ki-moon, denunció el reclutamiento de niños para combatir y para reclutar otros menores como espías y esclavos sexuales, en lo que están involucrados 633 niños.   “La resistencia o los intentos de escapar llevan a estos niños a la tortura o la muerte” y agrega que muchas menores provincianas quedan embarazadas, para evitar ser reclutadas.

Y qué decir de las explosiones de bombas humanas en Guapi (Cauca) o la de Heriberto, de 13 años, o la de Samaniego (Nariño), o la de una mujer bomba o la del niño Orlando Ropero en Fortul (Arauca).   En fin, escribiendo estas líneas que serían apenas un abrebocas a la antología de la narcoguerrilla se escucha del asesinato de nueve militares emboscados cuando encontraron un campamento coquero en Solano (Caquetá). Hasta el prontuario internacional es tan pavoroso que Eloy Velasco, magistrado de la Audiencia Nacional, principal instancia penal española, procesa a siete miembros de las FARC por asesinos.

Mockus, quien dice carecer de nicho en la “vetusta politiquería”, cifra un tercio de su poder en el izquierdista Luis Garzón, y su vicepresidente es el también izquierdista Sergio Fajardo, en cuyo ejercicio como alcalde de Medellín se creó la Clínica de Abortos y se suprimieron las capillas en los aeropuertos Olaya Herrera y José María Córdova. Pactó ya su alianza con Gustavo Petro, ex guerrillero y candidato del partido Polo. Para completar, admira a Chávez y anunció invitarle a la posesión.

No son meras laxitudes de un idealista, en estas instancias se trata de desatinos tan graves como la trascendencia misma del cargo, no es el vigilante de un corral. Es la laxitud que durante su rectoría de la U. Nacional, pasó de la anarquía al establecimiento revolucionario armado, como lo evidencian hoy los despliegues divulgados del ELN, empuñando armas en plena plaza Che (que antes de la gestión Mockus se llamaba plaza Rafael Uribe Uribe) en homenaje al ilustre prócer colombiano.   Es la misma laxitud que le llevó a declarar ante el alarmante auge de alucinógenos en la universidad: “El que quiera drogarse, que compre y se drogue, el que no, pues que no compre ni se drogue”.

Esa aparente candidez conlleva trasfondos como su declaración: “Digo con coraje que sí aumentaré los impuestos, pero a costas de los ricos” invocación demagógica que solo busca capitalizar los votos de las mayorías pobres, así como ha cautivado a las juventudes que en él solo ven una llamativa innovación, porque desconocen la realidad tortuosa de Colombia antes de Uribe, pues hace ocho años eran niños.

Otros astutos, esperan un desliz de Mockus, como presidente, para asestarle a Colombia el zarpazo similar al que le dio Chávez a Venezuela, oculto tras su manto de redentor que extinguiría los vicios de la política tradicional. El mismo que declara no conocer otro candidato “un tal Mockus de quien nunca he sabido nada”. Mientras los archivos de prensa y videos nada recientes, exhiben a Chávez escuchando un discurso de Mockus y luego a los dos en un efusivo estrechón de manos. ¡Dios salve a Colombia!

<>

Este artículo se publicó el  29 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Derechos del Darién y beneficios para todos (II)

La opinión de….

HÉCTOR  RODRÍGUEZ

Costa Rica, por empeño del entonces presidente, José Figueres, y las simientes de sus hijas, que han preservado los cauces a favor del medio ambiente y específicamente la forestación, ha establecido estrategias y metodologías dignas de ser emuladas por Panamá y el mundo, y que bien le han valido el prestigio de ser pionera en la mitigación ambiental.

Una de tales consiste en motivar a cada turista a que adopte un árbol; por un valor bajo, el adoptante recibe el certificado de pertenencia del árbol que es rotulado.  Claro, el “ dueño ” exhibe las pruebas a sus relacionados, quienes acicateados, viajan a Costa Rica para copiar el honor.   Este multiplicador acrecienta además, los ingresos del país por la venta de certificados de beneficio ambiental, que se negocian en bolsas como la de Chicago.  Ignoramos qué recursos recauda cada año el ente rector del medio ambiente en Panamá, ANAM, por la venta de certificaciones de absorción de CO2 de los sumideros o bosques, pero, estamos seguros de que cada año serán menos toneladas convertidas, por las talas “ clandestinas ” en el Darién,   pues es un secreto a gritos que cotidianamente salen de esas selvas los convoyes de camiones con los troncos.   Como también se sabe que por su logística, los traficantes de fauna exótica ya no van allá, pues los raizales les mandan los ejemplares, con sus “ certificaciones ”.   En acciones parecidas, las redes internacionales del narcotráfico pagan a los nativos, quienes aprovechando su invulnerabilidad, trasladan el veneno y lo entregan a los eslabones receptores, que lo reparten por el país y el mundo.

Y como si no fueran graves los pesares, leemos noticias como: “ Durante enero y febrero de este año se han capturado 135 africanos en las áreas selváticas de Darién y en este mismo período en el año 2009, se detuvieron a 126 personas, lo que refleja un aumento… ”. Bueno, esto ya es parte de nuestra cotidianidad, como los titulares: “ Educadores de Darién huérfanos de protección, pues es cierto que los agentes policiales han implementado una modalidad de patrullaje, pero no es constante “ y alarmas como: “ es insuficiente la cantidad de salvavidas que suministró el Ministerio de Educación para quienes debían trasladarse por agua ”.

En síntesis, mantener la desidia en el Darién, es un despropósito por tres factores:

1. Se está prohijando la comisión de tan graves delitos contra diversos códigos, hasta de lesa humanidad;

2. Se le está privando de sus derechos humanos (nutrición, salud, educación) y panameños (prosperidad), y;

3. En pleno Siglo XXI se le impide al Mundo, a América y a Panamá, el privilegio de recorrer cabalmente el continente americano.

Lo contrastante e irónico está en que ese paso trascendental para la prosperidad se halla implícito desde 1925, pues en el Primer Congreso Panamericano de Carreteras, en la V Conferencia Internacional de Estados Americanos, en Buenos Aires, se aprobó la Ruta Panamericana, ratificándola en los de 1929 y 1939, para unir el continente comunicando todos los países, los 13 de América del Sur con los 10 de Centro y Norte América, son 48,000 km., hoy solo interrumpidos por el tramo de 87 km. del Tapón del Darién, (nombre talvez dado por la National Geographic tras sus expediciones entre 1950 y 1970).   Y la Ley panameña es explícita, pues a la luz del Artículo 1 de la Ley 53 del 1 de septiembre de 1978, declara de interés social urgente el uso de las tierras estatales comprendidas en una faja de 8 kms. de ancho, a cada lado de la línea central de “ la Carretera Panamericana, comprendida entre el puente sobre el Río Cañitas y la frontera de Colombia ”. Ahora bien, como en toda frontera, quien por allí pase, y lo que pase, se someterá a las medidas policivas de última generación:  Interpol, detectives, rayos X, perros amaestrados, alarmas y la más esmerada intercomunicación en el registro nanotecnológico de documentos, fotografías, retinas y voces.

Y queda claro que torpedear este emprendimiento con argumentos como la preservación de la biodiversidad, es una falacia. Antes bien, la organización genera gobernabilidad y esta conlleva al desarrollo, el que a su vez produce ingresos y divisas para costear la prestancia oficial y enriquecer el tesoro público.


<>

Artículo publicado el 27 de marzo de 2010 en el  Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.