El arte de gobernar bien

La opinión de…

 

Darío Suárez

Aproximadamente, medio año antes de celebrarse las elecciones de 2009 un estimado amigo convidó a otro a ayudar al actual gobernante a ganarlas.   Al respecto este respondió que realmente ese aspirante no necesitaba más ayuda porque el rechazo contra el partido PRD y su aliado en su gestión de gobierno era tan extendido, en todas las capas sociales y tendencias políticas del país, que, independientemente del candidato que colocaran para tratar de ganarlas y continuar gobernando, él ganaría ampliamente como abanderado de los rechazantes.

Pero, añadió, donde sí necesitaría orientación y asistencia era en la tarea de gobernar, si es que lo quería hacer bien. Porque gobernar bien no es simplemente mandar, sino hacerlo para la mejoría o el bien y beneplácito de la más grande mayoría posible de los gobernados: tanto de los que lo eligieron, como de los que no. Para ello, tendría que realizar su gestión de acuerdo con un conjunto de preceptos y reglas para hacer las cosas bien, con habilidad, idoneidad y respeto para con los demás… lo que constituiría un arte.

Entre un plan de gobierno y los propósitos de un gobernante, está no solo el cumplir las promesas de campaña proselitista y, si puede, mucho más, sino el hacerlo con los preceptos y reglas vigentes de convivencia democrática, dentro de un estado de derecho basado en la separación y armoniosa colaboración autónoma de los tres poderes clásicos: el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial.

Por lo que cuando este equilibrio se disloca y uno de los poderes doblega o suplanta subrepticiamente a alguno de los otros se arruina la institucionalidad, se pierde la confianza en sus ejecutorias, se mancha la acción de gobierno, se descalifican los gobernantes, florece el autoritarismo con sus secuelas de corrupción, y se perjudica a los gobernados.

Por las premisas expuestas, un gobernante debe tener la habilidad o, al menos, la intuición de escoger los mejores consejeros, colaboradores y asistentes que lo orienten con carácter a ejecutar una acción de gobierno que preserve los valores cívicos, institucionales, vernáculos, culturales, morales y sociales, y promueva su desarrollo como motor de un crecimiento no sólo material sino espiritual. Ello resulta particularmente importante en un mundo en que parece prevalecer el bienestar del egoísta poderoso sobre la sobrevivencia digna del desvalido. Encontrar ese norte y los colaboradores que lo acompañen a seguirlo es el camino más difícil y sólo lo recorren quienes tienen vocación de estadistas o de prohombres.

Empero, la mayoría de los gobernantes no entienden tal encrucijada y, aunque alguna vez hayan tenido la intención de perseguir la grandeza, algunos se dejan dominar por la vanidad; la promoción del culto a su personalidad; y, por ambiciones de permanecer en el cargo más allá del período constitucional al que pretendían servir, utilizando para su cometido diferentes métodos según el momento psicológico y su grado de poder, y olvidando su obligación moral de mejorar material y espiritualmente a la mayoría de sus gobernados.

Tal vez el error más propagado es el de que si se promueve en un país un sobresaliente crecimiento económico a cualquier costo –como el del sacrificio de la transparencia; de la competencia, esquivando licitaciones; de congelación de costos de la canasta básica, aumentando el ITBM o el costo del combustible y energía; de evitar el despilfarro de construir un edificio–torre gubernamental estrafalario y provocante de caos vial y urbanístico; o, de conservación de áreas, cuencas hidrográficas y montañosas sin contaminaciones desertificantes que propicia la explotación minera en manos propias o privadas, o, aun peor, de gobiernos extranjeros que expondría a Panamá a potenciales litigios o hasta a adversos laudos internacionales– se obtendría un desarrollo humano mejor que si fuera a la inversa.

Los estudios de reputadas instituciones de crédito (Banco Mundial), como de economistas internacionales de reconocida solvencia, y hasta de nacionales incluso en trabajos de graduación, han demostrado que siempre es preferible poner más hincapié en el desarrollo humano primero que en el crecimiento económico, para llegar mas rápido a ese crecimiento económico o a uno mayor, que poner la carreta por delante de los bueyes y llenarse la boca con que por crecer económicamente desaforadamente el país ha alcanzado elevados puntajes en entidades calificadoras de inversión y un alto crecimiento coyuntural en el producto interno bruto, mientras a pesar de ello la pobreza crece en las clases bajas, sigue estancado el consumo de calorías y proteínas, y, por las políticas públicas heredadas, el sector agrícola continúa sin recobrar el nivel satisfactorio que antaño tenía y que abarataba el costo de la canasta básica.

Panamá ha sido bendecida con su posición geográfica; con su copioso régimen de lluvias y de aguas subterráneas, por su vegetación y configuración montañosa; y, con la calidad de su gente, entre la que, a veces, ha contado con personas visionarias, tanto pensantes como ejecutoras.   Por ello, pudiera conservar y mejorar la calidad de vida de sus habitantes si cuida lo que tiene (como lo es una buena agua potable, el oro del futuro) y si hasta logra producir energía no contaminante –o a un grado ínfimo– sin alterar ni dañar la naturaleza ni el ciclo del agua, como los dañaría la minería, perjudicial en cualquier balance costo-beneficio que se haga. Sólo le faltan gobernantes que quieran gobernar bien… como un arte.

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Este artículo se publicó el 4  de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Por la puerta de la cocina!

La opinión del Abogado, Político independiente…

Juan Manuel Castulovich 

Literal y materialmente en eso consiste la propuesta para reintroducir la figura de los llamados “diputados nacionales”.

 

Anteriormente los hubo y fueron parte de la Asamblea Nacional Constituyente, integrada por 9 diputados nacionales y 42 diputados elegidos por provincias, para un total de 51, que elaboró la Constitución de 1946.

En 1945, para solucionar la crisis institucional que vivía el país, los dirigentes de las principales fuerzas políticas acordaron convocar la “Segunda Asamblea Nacional Constituyente”, la primera fue la de 1904, para que produjera una “nueva Constitución”, que reemplazara la de 1941, creada a su medida por el doctor Arnulfo Arias y de acuerdo con la cual el período presidencial que completaba Ricardo Adolfo de la Guardia, que lo había sucedido por un “golpe de Estado”, se hubiera extendido hasta febrero de 1947.

A partir de 1948, excepto durante el régimen militar, en el que desapareció la asamblea del corte tradicional, ya se denominare ésta “Asamblea Nacional, Legislativa o nuevamente Asamblea Nacional” ha tenido una sola clase de diputados. Sus miembros han sido elegidos por provincia o por los actuales circuitos electorales; pero no ha existido diferencia entre ellos.

Durante la crisis de 1945, la introducción de la figura de los “diputados nacionales” fue resultado de las transacciones políticas circunstanciales acordadas entonces; pero, en el presente político, para nada se explica y menos justifica su resucitación, mediante una fórmula absurda para privilegiar a personas específicas, que se erigirían en “seudo senadores”, utilizando para acceder a esa condición “la puerta de la cocina.”

So pretexto de que serviría para “elevar su nivel”, en el proyecto de la “comisión de reformas electorales” se propone que las 71 curules de la Asamblea Nacional se dividan entre “10 diputados nacionales”, que se elegirían en un circuito que comprendería todo el territorio nacional y 61 que se elegirían por los actuales circuitos. Y como en nuestro país no estamos vacunados contra sorpresas o contra la aparición de los que en la Argentina, certeramente, han bautizado como “flor de vivos”, la propuesta dispone que las listas de los 10 candidatos a “diputados nacionales”, estén encabezadas, automáticamente, por los candidatos o candidatas a la presidencia y vicepresidencia de la República. El puesto de los que ganen lo ocuparían “sus suplentes”; los que pierdan se consolarían, gracias a esa “brillante idea”, con una curul de “diputados nacionales.”

Si en las pasadas elecciones hubiera existido el “ingenioso mecanismo”, la fórmula perdedora del PRD estaría “irradiando sabiduría y buen hacer” desde el palacio Justo Arosemena.    Algo parecido existió en el régimen “pre-Chávez” y por su virtud los candidatos presidenciales derrotados se convertían en “augustos senadores” y, supuestamente, todos quedaban contentos y felices.

Los “diputados nacionales” son como el espejismo de la “Constituyente”. Nada garantiza que los “constituyentes” sean mejores que los actuales diputados. Tampoco el “nuevo engendro” es fórmula mágica para acabar la mediocridad existente en la asamblea. Lo único que puede garantizar que exista una buena asamblea es que el pueblo se disponga a elegir buenos diputados, con formación y criterio; pero, sobre todo, con vocación independiente, no dispuestos a “saltar” o claudicar, antes de que se los hayan, siquiera, insinuado.

<>Artículo publicado el  1 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El Poder del Yo Individual

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La opinión del Abogado, Administrador de Empresa, Profesor Universitario….

Miguel A. Boloboski Ferreira 

Por más insólito que parezca, hacerse la pregunta correcta ante cualquier hecho que afecte (o no) nuestra vida, tiene una incidencia proporcionalmente directa en la calidad de la misma. Comprobar este teorema aunque imperceptible, es algo que ocurre a diario ante los resultados de nuestras decisiones.   Una buena pregunta como principio lógico previo a la toma de cualquier decisión, conduce por lo general a un buen resultado y viceversa.

Típica es la toma de decisión matrimonial. Independientemente de las razones o causas por las cuales los índices de divorcios en Panamá van en aumento; cierto es que si además del aspecto sentimental consideráramos matices relacionados al porqué profundo de la decisión, con certeza habría menos divorcios (positivo para la sociedad, negativo para los abogados). Y ante una eventual errada decisión contamos con las alternativas de disolución que establece el Código de la Familia. Desafortunadamente no ocurre así con las decisiones que tomamos cada cinco años durante las elecciones.

Elevar el nivel de nuestra sociedad implica un cambio de actitud ante el futuro, y eso únicamente se logra utilizando de manera sabia (pregunta ¿?) el poder que nos entrega la Constitución Política a través del Voto. Empero; ¿cómo es que una simple pregunta al yo individual puede transformar al nosotros comunitario desde una situación complicada y llena de elementos que hacen impredecibles sus resultados? Elemental;   “son los pequeños detalles los que demuestran la grandeza y carácter del ser, lo que nos hace prever”.

Imaginemos lo que el ejercicio de ese poder implicaría al llevarlo al límite. Las encuestas producto de nuestra “pensada decisión” a ser ejercida y manifestada en último minuto, mostrarían que el porcentaje de “indecisos” es abrumadoramente superior al de todos los candidatos juntos ante cualquier puesto de elección popular. ¡Ay bendito!, la que se armaría. Candidatos, medios de comunicación, encuestadoras, publicitarias, comandos de campaña, proveedores en general, y todos aquellos con un exclusivo y voraz interés pecuniario, estarían literalmente “más allá de la locura”, haciéndose preguntas motivadas por la incertidumbre; imaginándose los fantasmas, laberintos y consecuencias de una derrota.

Los perdedores de hoy serían los ganadores de mañana, o sea, nosotros los votantes. Finalmente los ganadores de hoy (la clase política) serán los perdedores de mañana, vale decir, todos los que de alguna manera u otra nos engañaron.

El elemento principal que nos debe ayudar a encontrar respuesta a la correcta pregunta; es un cambio de actitud. Asumir una actitud positiva y alerta desde la cual estemos absolutamente convencidos que la situación que se nos presenta tiene solución, y que nosotros podemos encontrarla, es fundamental para el logro del objetivo que se plantea; sin olvidar que la clave está en hacernos esta pregunta desde una perspectiva emocionalmente desapegada.

 

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<>Artículo publicado el 20  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Segunda vuelta electoral

La opinión de…

 

Dorindo Jayan Cortez

Al margen de los fraudes, las elecciones presidenciales en Panamá han estado normadas a través de un sistema electoral en el que el candidato con más votos (sin importar el margen) es declarado ganador. Con la reforma constitucional se pretende cambiar el modelo vigente, incluyendo la segunda vuelta; en esta, el candidato con mayor número de votos es proclamado, en la primera ronda, siempre que obtenga mayoría absoluta de los votos, o la mayoría relativa calificada, según lo que se establezca. Si ninguno de los postulados obtiene el porcentaje exigido, se realiza una “segunda vuelta” entre los dos candidatos con mayor número de votos, resultando triunfador el más votado.

Este mecanismo, en América, lo inauguran Costa Rica y Ecuador en 1979. En las dos décadas siguientes se incorporan Argentina, Brasil, Chile, Perú, Colombia, Uruguay, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y República Dominicana. ¿Cuáles podrían ser los beneficios de la segunda vuelta? Las respuestas pueden ser diversas, según los intereses de quienes la juzguen. La visión general enfatiza el interés de fortalecer la legitimidad del sistema presidencialista y que el mandato del presidente goce del respaldo mayoritario que facilite la gobernabilidad. Son muchos los estudios, y los ejemplos, que no validan ni respaldan esta teoría; la contradicen, más bien.

En cuanto a Panamá, resultan preocupantes los perjuicios (los beneficios no los vemos). Como aspecto negativo, el nuevo modelo haría más onerosas las elecciones presidenciales provocando un saldo negativo para las finanzas públicas. No obviamos, además, la posibilidad de que la segunda vuelta responda a fines particulares de las fuerzas políticas, más que al interés general de la sociedad. Se trata, desde esta óptica, de un cambio funcional dentro de la estrategia electoral de uno de los sectores que ejerce el poder, a fin de potenciar el control político a través de una fórmula (integración de alianzas, superada la primera vuelta) con resultado conveniente en lo coyuntural. No es extraño, desde esta óptica, que se hable, ver ministra de Trabajo, miembro del CD [Cambio Democrático], de un 60%, lo que llevaría indudablemente a la segunda ronda (La Prensa, 10/1/2011). Porcentaje exagerado que supera a todos los países donde se practica este modelo.

Las recientes declaraciones de la ex presidenta Moscoso, en el sentido de que los panameñistas ignoran el acuerdo entre Martinelli y Varela (habla de acuerdo entre ellos), y las dudas respecto al triunfo de Varela en las primarias y del cumplimiento –la ex presidenta se hace esta interrogante- de lo acordado por parte del Presidente, dan razonamiento político a lo que pareciera una obra muy bien imaginada para que CD –al ser otro el candidato y no Varela, concurra con un candidato propio para fijar alianza en la segunda vuelta, ahora sin un candidato panameñista de por medio. “Mal le paga el diablo, a quien le sirve”, reza el adagio salvadoreño. Y los adagios, muchas veces, cobran vida.

Es ahí, de repente, donde está el interés porque de que la “segunda vuelta” garantice, per se, legitimidad y gobernabilidad, no lo creemos. Que haga más efectivo el mandato presidencial, tampoco. El ejercicio del poder con tales rasgos no depende, en nada, de las consideraciones con las que se le justifica. Una forma de elección puede ser tan legítima y eficaz en uno u otro modelo de elección. Y puede ser tan nefasta con una o con dos vueltas.

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Este artículo se publicó el 23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¡Teóricos políticos criollos!

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La opinión del Pedagogo,  Escritor, Diplomático…

Paulino Romero C.

Los teóricos políticos criollos (motivados por las encuestas de opinión pública), ya empiezan a vaticinar las posibilidades de uno u otro candidato presidencial para las elecciones de 2014.   Por ello, conviene hacer algunas consideraciones puntuales. La historia de la teoría política es un compendio de libros y autores, de escritos y escritores que han intentado definir el orden político y su estructura peculiar. No obstante el sinnúmero de escritores que han deslizado la pluma por el papel en cada generación, solo algunos pocos son releídos y recordados. Se sostiene que los libros que perduran, sobreviven porque han esbozado principios políticos aplicables a cualquier época.

En cualquier momento de la historia surge una serie de presuntos filósofos convencidos de que pueden percibir la dirección que tienden a tomar los acontecimientos. Basándose en sus facultades de predicción o de presciencia creen hallar, en medio del torbellino del momento, esas tendencias incipientes que modelarán el futuro. Inevitablemente, la mayoría de esos pronósticos resultan errados. La razón es bastante simple: toda sociedad contiene no una sola, sino una enorme multitud de “tendencias” potenciales; y la mayor parte de éstas no alcanza a desarrollarse, porque representa cursos de acontecimientos que tienen sus días contados. Los escritores que se aventuran a predecir casi siempre utilizan pautas incorrectas de evaluación. Es así como la historia de las teorías políticas terminan por ser la crónica de esos pocos escritores que han apostado por casualidad a la parte triunfante.

En consecuencia, una teoría política adquiere títulos de “grandeza” si los acontecimientos confirman sus principales proposiciones. Luego se la incorpora al estante de las obras que se consideran al margen del tiempo y se la evoca en los libros de texto y en las monografías.   El resto de nuestra literatura teórica queda relegado a la trastienda de los archivos, quizás para ser escudriñados allí por celosos estudiantes posgraduados en busca de autores que nadie recuerda.   De aquí surge la sospecha de que es la historia la que encumbra las teorías y que ese encumbramiento tiene poco que ver con su pureza literaria o, inclusive, con su profundidad.

El hecho de que los escritos de Carlos Marx sean famosos en nuestro tiempo, se debe a que China y la Unión Soviética eligieron a este autor como su santo patrono. Marx es recordado porque hay hombres poderosos que lo invocan para justificar sus medidas de gobierno. De haber escogido los políticos de estos sistemas a algún otro escritor, o de haber prescindido de todo escritor, el materialismo dialéctico podría acaso intrigar a los eruditos, pero apenas si interesaría a quienes están fuera de los círculos académicos.

¡Estas observaciones pueden servir de prólogo a cualquiera consideración de los recientes y próximos planteamientos de los teóricos políticos criollos!

¡Feliz Año 2011!

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<>Artículo publicado el  27  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Los reyes de turno…

La opinión de…

Rafael Gerardo Pérez

¡La democracia! motor de la ideología política de las masas de América y el mundo, perfecto sistema montado en un escenario mediático y engañoso, donde las promesas no se cumplen, pero sí se olvidan.    Defendida a capa y espada por unos y pisoteada cruelmente por otros, es el eje de un espectáculo sin sentido del que todos somos espectadores, partícipes y víctimas.

Una mancuerna monárquica que cambia de rey cada cinco años, en donde los aristócratas de turno viven como verdaderos reyes a costilla del pueblo, mientras que los que no están en el trono esperan pacientemente su oportunidad.

La democracia es un tipo de monarquía totalitaria que usa como armas la mediatización social y la sugestión de masas, en un grotesco espectáculo, en donde el país se divide en dos bandos para apoyar y defender a muerte al sucesor al trono que le parezca como –algunos dirían– “menos peor”, el pueblo ahora se transforma en un impávido testigo del absurdo festín de votos, ganadores y perdedores, el cual lleva al trono al nuevo monarca de la nación.

La campaña comienza y cada bando se arma de un arsenal de publicidad engañosa y promesas vacías que desafían el poder de cualquier gobernante, y así empieza la batalla de encuestas y promesas, de sobornos y difamaciones, donde el ganador se decide por el costo de las campañas radiales y televisivas o quien más ídolos populares, cantantes y actores tenga de su lado, o bien el que mejor baile o cante.

Los candidatos a rey o reina intentan, con ahínco, hacer creer a sus futuros súbditos que no son ricos y poderosos, sino todo lo contrario: pobres, sencillos y humildes, hasta el punto en que la ciudadanía lo termina creyendo.

Y cuando esta batalla termina y es elegido el nuevo rey de la república, el bando ganador derrocha todo el dinero que le quedó, después de la costosa campaña, en rimbombantes celebraciones, con la esperanza de que es un nuevo comienzo, que el verdadero cambio ha comenzado, y pronto todo este dinero se les ha de reembolsar con intereses.

Es así como este ciclo se repite cada período electoral, una y otra vez, y aunque el ganador no haya cumplido las expectativas del pueblo en el período pasado, es elegido otra vez ya que los votantes no poseen memoria a largo plazo y no recuerdan más allá, de su actual gobernante y monarca, al que repudian con todas sus fuerzas, pero que para la próxima campaña electoral volverá a ser elegido.

 

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<> Este artículo se publicó el  18  de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Leyendas electorales

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

 

MARIO A. ROGNONI
marognoni@cwpanama.net

 

La elección presidencial de mayo del 2009 dejó en el ambiente varias leyendas electorales que lamentablemente podrían afectar las elecciones futuras.  De todas esas, la más repetida es que el actual presidente ‘compró la Presidencia’. Repitiendo esto con la convicción que muchos le han dado ha creado una especie de noción que para ser presidente del país se requiere de un caudal económico disponible para la campaña, surgiendo igualmente una pléyade de aspirantes que su único mérito es tener mucho dinero disponible para la elección.

En primer lugar, quiero dejar claramente sentado que Ricardo Martinelli no compró la Presidencia, se la ganó con una campaña científicamente elaborada y cuidadosamente desarrollada, donde logra quitarle al propio PRD su base principal en las capas marginadas y usando el propio discurso del PRD de antaño le gana en su terreno.

Cierto que la campaña de Martinelli tuvo un costo elevado y muy superior al que estábamos acostumbrados a ver, pero su uso mediático, su cuidadosa selección de eslóganes y la repetición de elementos que vulneraban la fortaleza PRD lo llevó a una sorprendente victoria sobre los partidos tradicionales.

No importa lo que un candidato se gaste, si su mensaje no le llega al sentimiento del electorado, si su proyecto no es compartido por los electores, botará su dinero como tantos han hecho en el pasado. No es un problema de dinero y finanzas, es un problema de mensaje y credibilidad. De allí que por eso el PRD ahora se debate entre 14 aspirantes a la candidatura presidencial, donde ninguno aun ha producido el discurso que haga click a los miembros del partido, que siguen esperando ese mensaje de triunfo, esperanza y creíble que los lleve a seguirlo.

Luego está la leyenda electoral de la alternabilidad del poder. Muchos tienden a creer que los partidos en gobierno no pueden mantener el poder finalizando su periodo. La historia muestra que desde la invasión al país no se ha dado un triunfo del partido gobernante. Lo cierto es que si analizamos las razones han sido todas por errores y egoísmos de los aliados. A la salida de Endara si el Molirena hubiese ido con los panameñistas, Mireya Moscoso ganaba en el 99, mientras que en el 99 si Pérez Balladares no hubiese intentando su reelección y apoyaba a un sucesor ganaba el PRD. En el propio 2004 si Mireya Moscoso hubiese apoyado a Endara y no ir con otro candidato, Endara los hubiese mantenido en el poder, como también podemos especular que hubiese sido de Balbina sin las peleas con Navarro.

Mi punto es que es posible mantener el poder, con la estrategia adecuada. Por su parte, los opositores tienen que tener claro cuál debe ser su prioridad frente a la opción de una nueva contienda: si se perdió la anterior por la unión de las fuerzas adversas, la prioridad tiene que ser el dividir a esa fuerza, o en su defecto, trabajar para poder derrotarla, aun unida.

Para el PRD la victoria en el 2014 dependerá de varios factores claves. Primero, el candidato, figura que deberá ser capaz de unir a todos los PRD tras él y a la vez la mayor cantidad de independientes posibles. En segundo lugar estará el discurso y mensaje que transmita ese candidato, que debe responder a las necesidades y esperanzas del mayor número de panameños. Finalmente, la suerte. No la buena suerte del candidato o partido, pero la suerte que corra el gobierno frente a macroproyectos y programas que podrían mantenerle el respaldo popular.

Si se inaugura un metro eficiente, si el sistema de metrobús funciona, si hay trabajo y disminuye la delincuencia, el gobierno si mantiene su alianza y siguen el proyecto actual, si disminuye la corrupción, podría hacerse más difícil el camino del triunfo a la oposición.

La ventaja aparente, sin embargo, es que cualquiera puede predecir que ocurrirá todo lo contrario: la corrupción continuará, la delincuencia ídem, la construcción del metro y los pasos elevados solo incomodará al capitalino por años, y los grandes buses no parecen ser los adecuados para nuestras calles. Y, para colmos, las luchas internas en la alianza se acentuarán con el tiempo, al despertar la ambiciones personales de todos sus integrantes.

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<> Este artículo se publicó el 21 de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.