¿Se monitorea la calidad del agua?

La opinión de…

 

Juan de Dios Henríquez

Hace poco, en una publicación de La Prensa, se puso de manifiesto el hallazgo de bacterias coliformes totales y fecales en el agua de comunidades ubicadas en la zona este de la ciudad capital, por eso, muchos preguntamos: ¿qué pasa con nuestra agua, si siempre se decía que era una de las mejores del mundo?, ¿quién es el responsable de que esto suceda? y ¿los controles y monitoreos de la calidad del agua serán los adecuados?

Sabemos que el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) hace monitoreos diarios para garantizar la calidad del agua en los procesos de tratamiento y, sobre todo, en las principales potabilizadoras del país, sin embargo, no perdamos de vista que esta agua tratada debe recorrer redes de tuberías, antes de llegar a nuestro hogar. En estas redes debe ponerse un mayor esfuerzo para garantizar la calidad, sin perder de vista otros factores como la calidad de la fuente de agua, el tipo de tratamiento y la forma en que se realiza el mantenimiento periódico de los sistemas de distribución.

Teniendo en cuenta lo mencionado, hace tres años realizamos un trabajo de investigación (como tesis de maestría), buscando determinar si la cantidad de muestras que debe analizar el Idaan en la red de distribución eran suficientes para garantizar la calidad bacteriológica del agua para consumo humano, según lo que establece el reglamento técnico Copanit–395 del Ministerio de Salud. Nuestra hipótesis, planteada y comprobada, fue la siguiente: “El número de coliformes totales y fecales presentes en las muestras analizadas en una red de abastecimiento de agua potable determina la frecuencia de monitoreo mínima que debe realizarse para garantizar la calidad biológica del agua de consumo humano”.

En otras palabras, si no conocemos la calidad del agua en la red a monitorear, no sabremos cuántas muestras necesitamos analizar y es que, simplemente, el reglamento Copanit–395 establece una tabla de frecuencia de muestreo según la cantidad de habitantes del sistema, sin tomar en cuenta otros factores que afectan la calidad del agua en las redes. Por ejemplo, antes del año 2003, el reglamento técnico para un sistema como el de Panamá Metro, con más de un millón de habitantes, establecía realizar el análisis biológico de 3 mil 600 muestras al año, que deberían ser tomadas y analizadas en las redes del sistema de acueducto. Posteriormente, mediante una modificación al reglamento, la cantidad de muestras disminuyó a mil 430; sin embargo, en nuestro trabajo de investigación se concluyó que 656 muestras son necesarias para garantizar la calidad del agua en Panamá Metro.

Cabe destacar que en este sistema los resultados de los análisis biológicos, generalmente, presentan una conformidad con los valores máximos establecidos en la norma para los parámetros coliformes totales y fecales en la salida de la planta de tratamiento de Chilibre.

En esa misma línea, no podemos perder de vista que el 90% de los sistemas que administra el Idaan son abastecidos por pozos, y la experiencia ha demostrado que en estos sistemas hay mayor riesgo de contaminación, porque sus fuentes no son debidamente protegidas y, en ocasiones, los dosificadores de cloro se descomponen, además, el mantenimiento de las redes es deficiente por la falta de presupuesto en las regiones del interior del país o en las afueras de la capital. Sin embargo, el reglamento vigente establece el análisis de solo 12 muestras al año para estos sistemas que abastecen a menos de mil personas. En nuestro estudio se requiere aumentar la frecuencia de monitoreo a 20 muestras en los dos sistemas pequeños estudiados del interior del país.

Ustedes se preguntarán ¿por qué sucede esto? Y es que seguimos utilizando valores y tablas tomados de otras normas internacionales que corresponden a estudios de agencias internacionales de protección ambiental, de otras épocas y latitudes, aplicables a otros sistemas de abastecimiento de agua. Lógicamente, respetamos dicho trabajo científico, pero no aceptamos que nuestras entidades rectoras opten por establecer normas, valores y estándares que no responden a nuestra realidad, sin analizar si esa frecuencia de monitoreo encarece el costo de esa actividad por parte del prestador del servicio (Idaan) en algunos sistemas y que, posiblemente, en otros sistemas más apartados de la ciudad no se invierta lo suficiente para garantizar la calidad del agua (zona este).

Lo anterior nos indica que aunque el Idaan cumpliera con la frecuencia de muestreo establecida en nuestro reglamento, esto no garantiza que la calidad biológica del agua potable, distribuida por tuberías, esté siendo monitoreada de acuerdo a las condiciones existentes de nuestros sistemas.

Creo que en Panamá somos capaces de hacer estudios científicos similares y de mayor alcance que los que se hacen en otros países, que permitan monitorear, fiscalizar y adecuar las normas a nuestra realidad.

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Este artículo se publicó el 21 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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