Humildad del voluntario social

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La opinión del Educador……

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José Carlos García Fajardo

Son muchas las formas de ejercer la solidaridad si en las personas subyace una actitud de apertura al otro. El voluntariado social es una de esas formas.   Sin embargo, no podemos deslumbrarnos por sus efectos mediáticos.   Los voluntarios tenemos buena prensa, aparecemos en programas de televisión como modelos sociales, abanderamos en buena medida el movimiento solidario.   Es una manera importante de producirse como persona íntegra que ejerce su responsabilidad social.   Pero no nos dejemos seducir por este éxito de imagen.

Como actividad subsidiaria, la eficacia del voluntariado dependerá de su coordinación con trabajadores sociales y profesionales multidisciplinares.

Sería un error lamentable oscurecer la labor solidaria tradicional de los vecinos, familiares o ciudadanos en general que, sin pertenecer a una organización, son movidos por un sentimiento que los conduce a ayudar informal y cordialmente allí donde hay una necesidad y atenúan con su labor muchos problemas sociales.

¡Cuánto más eficaz es el buen vecino de enfrente para una persona mayor sola que un voluntario que debe desplazarse una vez a la semana desde la otra esquina de la ciudad! El voluntariado social ha crecido tanto en las grandes ciudades, porque allí se han deteriorado con mayor intensidad las relaciones sociales. En ambientes rurales es mucho más difícil encontrar personas abandonadas o solas.

Aunque la Ley de Voluntariado deja fuera de su cobertura las acciones de beneficencia individual, no queda por encima de otras formas de ayuda; se trata de una simple distinción jurídica entre actividades complementarias. El voluntariado no sólo complementa las fórmulas profesionales o espontáneas de la solidaridad, sino que además las alienta para que existan redes fuertes de apoyo a los más débiles.

El trabajo del voluntario individual es imprescindible.   La responsabilidad que él ejerza o el bien que haga quedarán sin hacer si no se pone manos a la obra. Pero todo voluntario debe considerarse como parte de una red, porque la solidaridad no puede quedar sujeta a un ser contingente como lo somos cualquier voluntario social que hoy estamos y mañana podemos no estar.

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Publicado el 15 de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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No servirse de las ONG

No servirse de las ONG

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JOSÉ C. GARCÍA F.

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¿Qué sucede si eligen a un parlamentario de cualquier partido político, de derechas o izquierdas, como presidente de una ONG de prestigio? ¿Qué sentido le quedaría a una organización no gubernamental si perdiera esta característica fundamental? Para el gran público, “no gubernamental” es garantía de imparcialidad, de respuesta y propuesta a desigualdades injustas desde el tejido social. Que busca la paz como fruto de la justicia, la igualdad entre los seres humanos sin distinción originaria, sino la que procede de su actuación personal y que en la libertad encuentra la garantía de su eficacia. Ese altruismo y generosidad es lo que atrae a los candidatos al voluntariado y despiertan la admiración, simpatía y ayuda, de personas de toda condición.

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“No gubernamental” no significa que no se pertenezca al gobierno de turno. Tampoco significa que los miembros de las ONG, los voluntarios sociales y quienes trabajan en proyectos de cooperación, no tengan ideas políticas ni opciones religiosas. Son ciudadanos y de los más comprometidos que saben distinguir entre una política u otra, entre una opción o la contraria, guiados por el mejor servicio a la comunidad y a las personas sin tener que pertenecer a ningún grupo político o confesional determinado.

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El voluntariado se caracteriza y distingue de otras formas de altruismo o beneficencia por cinco notas fundamentales: gratuidad, o don de sí mismo sin esperar nada a cambio; continuidad en el servicio asignado; libre elección de la actividad que más le guste; participar en un proyecto dentro de una organización humanitaria seria y responsable y conocimiento y respeto de las personas y sus culturas.

Esto los aleja del asistencialismo, del voluntarismo, del diletantismo y del proselitismo. En cierto sentido, es un peligro que las ONG estén de moda porque son apetecidas por las empresas, por los políticos y por los grupos confesionales, por lo que a ellos les falta: el no esperar nada a cambio.

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Publicado el 8 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.