Humanismo y consumismo

La opinión de……

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Mario Luis Pittí Serrano

Pese a que el humanismo es parte del quehacer filosófico europeo, siglo XVI, vinculado al renacimiento y con fuerte rechazo al teocentrismo medieval, el mismo sirvió para que en el año 1808 se iniciara una teoría de la educación que dio lugar al neologismo Humanismus. En su aspecto central estaba la dignidad humana, los valores, el uso de la razón humana. De este modo el humanismo se convierte en una actitud, un modo de ser y de pensar que ubica al género humano en el centro del universo. Este énfasis o enfoque cae en el antropocentrismo.

En la actualidad, muchas disciplinas en el campo de las ciencias sociales han reinventado, redefinido o bien, reinterpretado la corriente o pensamiento filosófico llamado “ humanismo ” con un sentido nuevo o diferente frente a escenarios o entornos hasta ahora desconocidos, o sea, el humanismo como ideología, doctrina, teoría o principios universales escapa a la filosofía y aborda con fuerza y sentido de pertenencia a otras disciplinas.

Bienvenida la opción si contribuye a reinterpretar los fenómenos sociales, políticos y económicos que vivimos en los tiempos contemporáneos, que algunos llaman postmodernidad.

El término o concepto humanismo, ya no es una parcela de conocimiento o un marco estático con sentido de pertenencia a una determinada disciplina, ahora se extiende hasta cubrir el de humanidad, ya Kant, hace más de doscientos años escribió acerca de la unificación universal del género humano y que la unificación de la humanidad está bien presente en el actual orden del día político.

Las corrientes o doctrinas políticas y sociológicas que planteaban la lucha entre las clases sociales, entre los propietarios y no propietarios, la conciencia de clases, encuentran actualmente las clases sin lucha, la ausencia de conciencia y una extraña mezcla de dueños de los medios de producción. Ha surgido una nueva clase social: la consumidora.

Esta clase social impulsada por la globalización y por las leyes del mercado es cada vez más irracional, superficial y guiada por los signos y símbolos de la sociedad global que opera y funciona a nivel local.  Los valores que imperan están muy lejos de la dignidad de la persona humana.  El consumismo entra en choque directo con el humanismo y se convierte en un poder que podemos denominar: consumocracia.  El poder del consumo como valor supremo, universal y totalitario.

Sin embargo, el consumismo funciona entre y para los seres humanos. En otras palabras, la “sociedad de consumidores” implica un tipo de sociedad que promueve, alienta o refuerza la elección de un estilo y una estrategia de vida consumista, y que desaprueba toda opción cultural alternativa; una sociedad en la cual amoldarse a los preceptos de la cultura del consumo y ceñirse estrictamente a ellos es, a todos los efectos prácticos, la única elección unánimemente aprobada: una opción viable y por lo tanto plausible, y un requisito de pertenencia.

Hay una lucha creciente entre el humanismo y el consumismo, una hipótesis sería: a mayor consumismo menos humanismo.  Otra sería: menor consumismo y mayor humanismo, o bien, consumismo con humanismo, igual da.   Los consumidores están cada día más conscientes de su papel, de lo que ocurre dentro de ellos para consumir, sus motivaciones, impulsos, necesidades creadas o inventadas, los signos y símbolos del estatus social, del sentido de la diferencia con los demás.   Junto a ello, la pérdida de identidad, de valores, costumbres, tradiciones, hábitos: en síntesis una pérdida de la cultura como seres humanos.

El humanismo tiene valores como patrones normativos de conducta, como marcos de referencia para el comportamiento social.   Sin embargo, cuando dichos valores se invierten, se modifican o se alteran ocurre el fenómeno o categoría sociológica conocida como anomia.   El ser humano queda a la deriva y desorientado es presa fácil de la sociedad del consumo. Las incitaciones a gastar, a gozar, a no hacer cálculos   (“Llévelo ahora, pague después”) reemplazaron las incitaciones “puritanas” a ahorrar, a trabajar, a crear el propio patrimonio.

El hábitat natural de los centros comerciales y los mall hace del planeta Tierra el sitio ideal para la extinción del humanismo devorado por el consumismo deshumanizado y deshumanizante.

Es difícil hablar de humanismo y consumismo sin mirar hacia el futuro.  No debemos hacer predicciones, desde la perspectiva de las ciencias sociales, pero ignorarlas o dar la espalda, es ser irresponsable.   Muchos de los problemas que se están manifestando (pobreza, desigualdad, inseguridad, xenofobia, corrupción, falta de libertades) se gestaron en gran medida en el pasado, y su ocurrencia presente puede ser atribuida, en gran parte, a una falta de previsión que tuvo lugar en su momento.

El futuro se construye, no viene dado. En consecuencia, la prospectiva, la anticipación de futuribles, puede ayudar a prevenir consecuencias indeseables y a orientar los procesos de toma de decisiones a través de la detección de tendencias portadoras de futuro.

Me complace escuchar de movimientos o grupos que proponen la tendencia hacia un nuevo humanismo.   Tal vez sea el momento oportuno para que la sociedad panameña, en su conjunto, tome conciencia de que el humanismo ya no es una reacción al teocentrismo medieval ni una visión de antropocentrismo.   El humanismo es una actitud, con sus valores y el respeto a la dignidad humana y debe ganar la batalla entre lo que llamamos civilización y género humano.

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Publicado el 28 de enero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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