La resiliencia latinoamericana

La opinión de…

 

Virgilio Levaggi

Una de las principales noticias del año es la capacidad demostrada por la mayoría de países latinoamericanos para paliar y superar los efectos de la crisis que se inició en Wall Street, en 2008.

Hoy, incluso, se habla de que la segunda década del siglo XXI –o del tercer milenio, si se prefiere– podría ser una década de oportunidades para la patria grande. Una etapa de nuestra historia en la que algunas de nuestras sociedades se insertarán definitivamente en el mundo desarrollado y muchas tendrán la posibilidad de realizar avances significativos en dicha dirección

Estamos ante un ejemplo de resiliencia, es decir de capacidad –individual y colectiva, en este caso– para enfrentar adecuadamente los contratiempos que supuso la expansión de la crisis financiera hacia la economía real y a los hogares de la gente.

La entereza de nuestras sociedades y de sus miembros fue acompañada por prudentes decisiones públicas que están permitiendo que nuestras economías salgan fortalecidas de la experiencia y un horizonte de esperanza aparece ante la patria grande. Opciones oportunas del sector privado han potenciado las políticas públicas sensatas y contribuido, así, a generar sinergias positivas.

Hay una variable que amerita ser profundizada: gracias a que son más las latinoamericanas y los latinoamericanos que trabajan en mejores condiciones, hay una mayor participación en los esfuerzos productivos para superar la crisis y así más protagonistas satisfechos de su propia contribución al progreso común.

El desempleo urbano, al sur del río Grande, ha bajado ya a niveles previos a la crisis.

Entre 2004 y 2008 la región vivió uno de sus mejores quinquenios en muchas décadas. Muestra de ello es que entre 2006 y 2008 pasamos de 126 millones de déficit de empleo formal urbano en Latinoamérica a 106 millones. Es decir, no solo logramos controlar el aumento de dicho déficit sino disminuirlo, gracias –entre otras cosas– a que logramos tasas de crecimiento económico superiores a 5% –como lo sugirió la OIT– que fueron acompañadas por políticas deliberadamente orientadas a la generación de empleo.

En Centroamérica la mejora de la tasa del producto bruto interno es una tarea pendiente; mientras que en Panamá y República Dominicana se esperan este año crecimientos superiores a ese 5% que pueden hacer la diferencia para muchos.

La aceleración del crecimiento parece ser una tarea que reclama una estrategia que trascienda lo nacional para, desde el espacio regional centroamericano, buscar aumentos de productividad y de generación de más y mejores empleos en la formalidad. Economías de escala, integración de cadenas productivas, sinergias en los programas sociales, esfuerzos mancomunados en ciencia y tecnología, así como en educación para el emprendimiento podrían ser parte de la agenda para que los países centroamericanos se inserten más vigorosamente en este tiempo de oportunidades que hemos logrado generar los latinoamericanos.

Si queremos avanzar firmemente hacia el desarrollo hay que perfeccionar el conocimiento de cómo la agenda de trabajo decente que nuestras sociedades fueron asumiendo la década pasada ha contribuido con la resiliencia latinoamericana respecto de la crisis. Ello será útil para buscar cómo aplicar las lecciones aprendidas no solo en el combate contra la pobreza, sino también en aquel otro, no menos importante: contra la desigualdad.

En la tarea propuesta por Mario Vargas Llosa, de que América Latina deje de ser el continente del futuro para serlo del presente, una forma de profundizar la democracia es contribuir con que haya más y mejores puestos de trabajo productivos.

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<> Este artículo se publicó el 24 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Latinoamérica no debe ser el patio trasero de nadie

La opinión de…

Virgilio Levaggi

The Economist plantea que la década que hemos iniciado podría ser aquella en la que América Latina transite firmemente hacia el desarrollo y algunas de sus sociedades se acerquen a él.

Lo obtenido desde 2002 hasta ahora, no obstante la crisis financiera, permite avistar un horizonte alentador. Pero no solo de economía vive el hombre… también de política y desarrollo social.

El progreso común de la Patria Grande solo será posible si se cumplen ciertos requisitos. Hay una agenda de pendientes que debe ser satisfecha si es que se quiere que la segunda década del siglo XXI sea la de América Latina; pero, mejor aún, aquella en la que sus hombres y mujeres, niños y adolescentes, jóvenes y adultos mayores mejoren su calidad de vida.

Si se quiere que América Latina no sea el patio trasero de nadie; entonces, ningún ciudadano latinoamericano puede estar en el patio trasero de su respectivo país. Es decir: no habrá progreso común si es que todos los latinoamericanos no participamos en su construcción y de sus beneficios. Progreso implica inclusión.

Lo mejor de lo conseguido por América Latina hasta ahora se ha logrado en democracia. Elecciones libres y periódicas no son suficientes. Se hace indispensable consolidar democracias que sean auténticas poliarquías donde la agenda del gobierno es puesta por los ciudadanos y en la que los gobernantes deben rendir cuenta, a la luz de ella.

Todos los candidatos, ganadores y perdedores, de las últimas 15 elecciones generales en Latinoamérica prometieron generar empleos. Lo laboral ha estado en el corazón de las promesas electorales, sin embargo, no ha aparecido, salvo pocas excepciones como el caso de Brasil, en el corazón de las políticas públicas de los gobernantes elegidos. En lo que va del año la economía brasileña ha generado casi 2 millones de puestos de trabajo formales, con seguridad social y protección; mientras que economías del mundo desarrollado están llegando a tasas históricas de desempleo. Brasil ya logró la meta de 2015 en términos de reducción de la pobreza que plantean los Objetivos del Milenio. El trabajo parece seguir siendo la mejor política social.

Entre 2002 y 2008, la Patria Grande logró que 60 millones de latinoamericanos dejaran la pobreza y por primera vez en 30 años los índices de desigualdad comenzaron a movilizarse en un sentido positivo.

El trabajo es la actividad por excelencia que consiente la inserción de los individuos en la construcción del progreso común y sanas políticas socio laborales permiten que los trabajadores participen de los beneficios que generan empresas productivas en economías sanas.

Además, el trabajo es un catalizador de políticas económicas y sociales y por ello ideal para unas democracias, como las nuestras, que tienen entre sus pendientes la extensión de la protección social. Más aún la educación para el trabajo productivo, entre nosotros, es una deuda.

Si queremos que nadie se quede en el patio de atrás de nuestras repúblicas es indispensable poner los empleos productivos y el trabajo decente como prioridad en la estrategia para que construyamos, vivamos y nos beneficiemos de la década de América Latina.

Uno de los más serios obstáculos identificados por el informe de The Economist es la economía informal. Promover la inserción en la formalidad de emprendimientos y trabajadores permitirá aumentar la productividad de la economía y también que más compatriotas, al trabajar, tengan acceso a la seguridad social.

La riqueza natural del istmo Centroamérica y de la isla Española facilita la creación, si se avanza en innovación agrícola, de empleos verdes que pueden permitir a sus países avanzar en el progreso sustentable.

El momento exige de gobernantes visionarios y ciudadanías responsables y de alianzas público privadas que permitan que nadie se quede en el patio de atrás del progreso.

<> Este artículo se publicó el 1  de octubre  de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

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Recuperación con empleo

La opinión de…

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Virgilio Levaggi

Viene captando interés la asociación entre el Fondo Monetario Internacional y la Organización Internacional del Trabajo para explorar alternativas que permitan que la recuperación de la crisis económica mundial tenga un alto coeficiente de empleos.

El 13 de setiembre, bajo los auspicios del Primer Ministro de Noruega, se desarrollará la conferencia “Los Desafíos del Crecimiento, el Empleo y la Cohesión Social”. Entre otros llegarán hasta Oslo la Presidenta de Liberia y los jefes de Gobierno de España y Grecia, además de ministros y dirigentes del mundo productivo. Para el primer ministro Stoltenberg dicha conferencia “ofrece un escenario ideal a autoridades ejecutivas y expertos para explorar cómo mejorar la calidad de vida y de empleo de millones de personas que se han visto afectadas por la crisis financiera”. El número actual de desempleados en el mundo es de 210 millones, 34 millones más desde que comenzara la crisis.

El gran riesgo al que se enfrenta una parte importante de la humanidad es que la actual pérdida temporal de puestos de trabajo se convierta en desempleo de largo plazo. Ello no solo afectaría la recuperación económica sino que minaría la cohesión social, con consecuencias lamentables.

La iniciativa del director gerente del FMI, Dominique Straus-Kahn, y del director general de la OIT, Juan Somavia, está a tono con una tendencia que se viene afirmando en la cooperación internacional a favor del desarrollo: una aproximación holística, centrada en la persona humana, que busca la integración de políticas económicas y sociales.

Hay nuevos vientos para enfrentar mejor los desafíos que plantea la globalización y, desde esa perspectiva, el Acuerdo Stand-By entre El Salvador y el FMI de 2010 –para mitigar los efectos de la crisis global– es importante. El mismo busca mantener la confianza de los inversionistas y apoyar los esfuerzos de las autoridades.

El FMI reconoce que éstas buscan acelerar la recuperación económica, reducir la pobreza, preservar la estabilidad financiera y garantizar la sostenibilidad de la deuda y destaca que la prioridad del Gobierno es aumentar el alcance y la eficacia de los programas sociales, entre éstos el de Comunidades Solidarias.   Se calcula que en el período 2010–11 el gobierno dedicará casi el 1% del PBI a la creación de un programa de empleo temporal y el lanzamiento de un programa de inversiones públicas en salud, educación e infraestructura que contribuiría con la generación de puestos de trabajo. Lo laboral, aquí, es central para la recuperación.

Ejemplo de estos nuevos vientos es la “Iniciativa del Piso de Protección Social”, aprobada por la Junta de Jefes Ejecutivos de las Naciones Unidas, orientada a promover –a nivel nacional– estrategias que promuevan el acceso universal a servicios sociales esenciales. 80% de la población mundial no disfruta de un conjunto de garantías sociales que les permita hacer frente a los riesgos de la vida. La protección social contribuye con el crecimiento económico al ayudar al aumento de la productividad laboral y al afirmar la estabilidad social.

Globalmente así como a nivel nacional o local una visión integradora y una gestión integrada resultan esenciales para enfrentar una crisis que comenzó afectando al mundo del dinero y que hoy aflige a mucha gente en todo el mundo.

<>Artículo publicado el 6 de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Poniendo a la infancia primero

La opinión de…

Virgilio Levaggi

En 2006, la Reunión Regional de los Estados Americanos Miembros de la OIT declaró el inicio de una “Década de Promoción del Trabajo Decente”, a partir del Informe sometido por el Director General de la OIT en tal ocasión. Juan Somavia propuso una Agenda Hemisférica con metas muy precisas.

De particular importancia son las metas referidas a eliminar las peores formas de trabajo infantil para 2015 y todo trabajo infantil para 2020.

Los países centroamericanos, Panamá y República Dominicana han asumido dichos objetivos con gran seriedad; y para alcanzarlos han redactado, con una amplia participación pública y privada, hojas de ruta.

En cada país se han analizado las políticas y planes nacionales y su incidencia en la prevención y erradicación del trabajo infantil y sus peores formas.

El proceso de análisis ha sido muy participativo: han tomado parte gobiernos, organizaciones de empleadores, de trabajadores y de la sociedad civil. Las hojas de ruta nacionales detallan los procesos, tiempos y recursos necesarios para la prevención y erradicación del trabajo infantil.

Dichas hojas de ruta han sido validadas de forma tripartita.

Una vez validadas, se avanza en la adopción por parte de los estados de la hoja de ruta subregional para hacer de Centroamérica, Panamá y República Dominicana una zona libre de trabajo infantil, marco estratégico que comprende los esfuerzos nacionales y fortalece su compromiso en el combate sostenido a este flagelo.

En la región hay una conciencia creciente de que el respeto a la dignidad de niñas, niños y adolescentes debe traducirse en su no participación en trabajos que puedan perjudicar su desarrollo educativo, físico y mental. Ello supone acciones concretas en ámbitos como la lucha contra la pobreza, la promoción de la salud, las políticas educativas y de protección de los derechos humanos de los integrantes más jóvenes de las sociedades.

La acción a favor del desarrollo integral de la niñez y adolescencia, mediante el combate al trabajo infantil, debe articularse posteriormente con una política de promoción de trabajo decente para la juventud que contemple la permanencia -lo más posible- de los adolescentes en espacios educativos que les permitan adquirir destrezas y habilidades idóneas que hagan que su ingreso y participación en el mercado laboral (como trabajador dependiente o independiente o como emprendedor) se produzca en las mejores circunstancias posibles.

La promoción del trabajo decente para la juventud supone desterrar la opción por la mano de obra barata, falsa ventaja competitiva, pues las democracias del siglo XXI deben buscar políticas orientadas a la mejor calificación del recurso humano.

Personas adecuadamente formadas hacen la diferencia en la economía del conocimiento, en la cual los países deben insertarse ventajosamente para sacar provecho de la globalización.

El combate al trabajo infantil debe articularse también con políticas promotoras del trabajo decente y empleos productivos para los padres y madres de los niños y niñas más expuestos a trabajar: hijas e hijos de desempleados y subempleados y de hogares pobres.

En estos tiempos de crisis ha aumentado el número de jefes o jefas de hogar con menores posibilidades de estar adecuadamente empleadas y recibir suficientes ingresos para la manutención de sus familias.

Es indispensable canalizar esfuerzos públicos y privados –como lo sugiere el Pacto Mundial por el Empleo- para consolidar un modelo de desarrollo que ponga al centro de las políticas a las personas concretas: los Josés y las Marías que son padres de los Pedros y Martas de estas tierras.

El combate al trabajo infantil y sus peores formas es crucial para la consolidación democrática.

Del éxito en dicha tarea, en los plazos indicados, dependerá el avance de la justicia social y de la libertad en el hemisferio.

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Este artículo se publicó el 7 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Sólo nos va bien en Sudáfrica?

La opinión de….

Virgilio Levaggi

La participación latinoamericana en la Copa Mundial ha sido muy buena. Recientemente, ciudadanos de la patria grande han sido distinguidos durante los premios Oscar y los festivales de cine de Cannes y Berlín. Hay una nueva generación de escritores jóvenes y el mundo baila con nuestra música. ¿Estamos ante un nuevo boom latinoamericano?

En mayo, 51.6% de los entrevistados por Publiscopio expresaron que su situación económica era regular, 13.2% bastante mala y 5.8% muy mala. Entre 2007 y 2009 aumentaron, en la madre patria, en un millón los pobres, y hoy son nueve millones en ese país.

Más allá de las estadísticas, un hombre –español o extranjero– entre 25 y 49 años, con dos o más hijos a su cargo y desempleado, es el perfil de las personas que en España se encuentran en mayor riesgo de exclusión social. El desempleo en España casi triplica la tasa promedio mundial.

En mayo, 11.3% de los norteamericanos pensaba que sus ingresos aumentarían en el siguiente semestre y 16.6% pensaba lo contrario: por primera vez en cuatro décadas eran más los norteamericanos que creían que estarían peor. Ese mes el informe del Departamento de Trabajo sobre nuevos empleos señaló que aún cuando se esperaba que el sector privado generara alrededor de 150 mil, sólo se llegó a 41 mil. El índice Dow Jones cayó.

En España se tardaron ocho años en volver al número de desempleados de larga duración del período anterior a la crisis de los 90. La situación actual es más compleja pues, entre otras razones, los españoles ya no reciben tantas ayudas comunitarias para financiar sus políticas laborales activas.

Dado que en Estados Unidos no se cuenta como desempleadas a las personas que no han estado buscando trabajo el mes anterior, se estima que no se han contabilizado 2.4 millones de personas que abandonaron la fuerza de trabajo o no entraron en ella durante los últimos 28 meses. Ellos deberían agregarse a los 15.3 millones oficialmente desempleados. En junio de 2004 los desempleados de largo tiempo eran 2 millones y el pasado abril llegaron a 6.7 millones.

Mientras que Europa enfrenta su crisis con austeridad y ajustes, en Estados Unidos se mantienen los planes de estímulo, aunque el objetivo es el mismo: crecer para pagar las deudas.

La crisis de 2008 no ha tenido en América Latina un impacto tan dramático como en el norte. La contracción en 2009 fue de 1.7%, envidiado por los países desarrollados. Este año el crecimiento económico de la región podría superar el 4%. Hoy ya se registran los niveles de riqueza de 2007, previos a la crisis. Este año se espera que el desempleo urbano disminuya a 8.2%.

De los 30 millones de brasileños pobres, en 2014 quedarían la mitad. Hace ocho años, en Brasil, 50 millones de sus 190 millones de habitantes eran pobres; 20 millones de ellos se han incorporado a la clase media. En el Perú la pobreza rural ha disminuido de 70% a 60% en tres años, y la pobreza en general, que incluye la urbana, ha disminuido en el mismo lapso en 12.5%.

En la actualidad uno de cada seis europeos tiene dificultades para pagar cada mes las facturas de servicios del hogar y el plan europeo de lucha contra la pobreza busca que 20 millones de europeos abandonen la pobreza en la próxima década.

Algunas cosas hemos venido haciendo bien los latinoamericanos; pero falta para que las buenas políticas se institucionalicen. La lucha contra la desigualdad, a través de más y mejores empleos, debe ser prioritaria para consolidar la gobernabilidad democrática al sur del río Grande.

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Este artículo se publico el 30 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Desafío: crecimiento con trabajo

La opinión de……

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Virgilio Levaggi

La crisis del dinero de 2008 se convirtió –a gran velocidad y en una amplitud geográfica sin precedentes– en la crisis de la gente: por la destrucción de puestos de trabajo y por el desmejoramiento de las condiciones laborales de muchos.

En América Central, Panamá y República Dominicana signos elocuentes de dicha crisis son, en 2009, el aumento de las tasas de desempleo y el mayor número de hombres y mujeres trabajando en la informalidad. Estos últimos no optaron por la violencia, demostrando un espíritu emprendedor y su opción por la laboriosidad.

El 10% de la fuerza laboral norteamericana y casi 19% de la española están desempleados; sin embargo, esos millones de personas no han perdido totalmente sus ingresos pues cuentan con seguros de desempleo. Entre nosotros, quien pierde el trabajo pierde los ingresos.

La recuperación sin empleo, de la que se comienza a hablar, es una ironía para conciudadanos sin trabajo o con empleos precarios. Hoy está claro que la recuperación de las economías sólo puede ser sustentable si genera más y mejores trabajos.

El director general de la OIT viene insistiendo que la energía que han demostrado los gobiernos para salvar el sistema financiero debe ser la misma que anime la promoción de trabajo decente pues éste facilita el progreso de las mayorías, el combate efectivo contra la pobreza y el fortalecimiento de la gobernabilidad democrática.

Enfrentar adecuadamente la crisis de la gente excluye la adopción de políticas recesivas y aquellas orientadas exclusivamente a desregular el mercado de trabajo. Basta revisar el discurso del presidente Obama sobre el estado de la Unión Americana, por ejemplo. El desafío hoy es que los países –a través de políticas públicas y decisiones privadas– privilegien el estímulo a la inversión y a la productividad para que haya crecimiento, y a la generación de empleos para que haya ingresos y así se restablezca el círculo virtuoso de una economía sana.

La libertad sindical, la negociación colectiva, la conciliación, la mediación, el diálogo social y la administración laboral son importantes pues las crisis alimentan las posibilidades de conflictos.

En la respuesta desde el diálogo social, en Centroamérica y República Dominicana hay ejemplos como los resultados de la “Cumbre por la unidad nacional frente a la crisis mundial” alentada por el gobierno del presidente Leonel Fernández; el reciente acuerdo tripartito que fija los incrementos salariales en las zonas francas de Nicaragua, por tres años, y la instalación a fines de enero de una mesa tripartita de diálogo permanente en el municipio de Morales del departamento de Izabal, centro agroexportador guatemalteco.

En estos ejemplos han jugado rol principal los ministerios de Trabajo. Ellos deben ser fortalecidos si se quiere promover crecimiento económico con empleo y que la recuperación beneficie a la gente de a pie.

La comunidad internacional –el G8, el G20 así como del Consejo Económico y Social, que incluye a todos los países del mundo– han apoyado el Pacto Global para el Empleo 1 suscrito por los Estados miembros de la OIT, el pasado junio. Este pacto, que debe adaptarse a cada país, es una herramienta que busca armonizar el respeto a los derechos fundamentales en el trabajo con el estímulo a las empresas y la generación de empleo; así como el avance hacia la protección social universal y el impulso al diálogo social, desde las relaciones de trabajo.

Su objetivo último es la recuperación económica con trabajo decente para todos. La envergadura de la crisis demanda una respuesta integral con políticas macro, meso y microeconómicas así como sociales y laborales que estimulen la inversión, la productividad, el consumo, la competitividad, la formación y capacitación, el crecimiento de las empresas, la igualdad de género, el desarrollo con equidad y la gobernabilidad democrática.

La superación de la crisis en Centroamérica y la República Dominicana, si se quiere que sea un avance respecto de los déficits estructurales que han tenido el crecimiento económico y el desarrollo social en estas tierras, requiere apostar por el diálogo social y el consecuente fortalecimiento de las organizaciones de empleadores y trabajadores. Fortalecimiento de la capacidad técnica para elaborar propuestas y de la capacidad para comprender las posiciones de las otras partes en aras del desarrollo nacional.

En sociedades donde se privilegie el diálogo es importante que los gobiernos estén abiertos a compartir parte de su poder normativo y decisorio con los actores sociales, así como velar para que los resultados del diálogo se traduzcan en políticas concretas que se apliquen. Esta apertura es un paso en el tránsito de la mera liturgia electoral a la poliarquía, que es la democracia en la que la agenda pública es la de la gente y no la de los grupos de interés y en la que las autoridades, de todo nivel, rinden cuentas.

Que la democracia en nuestras tierras se fortalezca supone que se asuma el desafío del crecimiento económico con trabajo decente para todos, como lo plantearon los jefes de estado y de gobierno de las Américas en la Cumbre de Mar del Plata.

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Publicado el 4 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde

Otras lecturas y respuestas a la crisis económica

Otras lecturas y respuestas a la crisis económica


La opinión de…

Virgilio Levaggi

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“La crisis contemporánea comenzó por los activos tóxicos en los mercados financieros desarrollados”.   Esta es una lectura;  pero hay otras.  Para Jean–Paul Fitoussi, la crisis nace de la desigualdad y de la falta de respuesta a lo que se conoce como la cuestión social: trastorno producido por el encuentro del progreso material con el decaimiento o relajación de los principios ético–sociales, trastorno que se caracteriza por un vivo malestar de todas las clases de la sociedad.

La respuesta tradicional para salir de las crisis, el estímulo al consumo, para este economista no es viable porque el problema básico hoy son los ingresos o más bien la falta o insuficiencia de los mismos.

En América Latina, entre 1995 y 2007, no obstante, el gran aumento del Producto Bruto Interno per cápita, el crecimiento salarial fue únicamente 0.3%. Esto quiere decir que los salarios reales se rezagaron respecto del crecimiento de la productividad.  Por ello, los salarios mínimos –en la crisis– retoman un lugar preponderante en la agenda pública y no sólo en la región. El mes pasado el Presidente Obama aumentó el salario mínimo en Estados Unidos. Para él, las personas que trabajan tiempo completo no deben vivir en la pobreza.  Por ello es objetivo de su Gobierno que el salario mínimo en su país llegue a 9.50 dólares la hora, para 2011.

Según Fitoussi, la acelerada integración de los países emergentes en el comercio mundial aumentó la competencia en el plano laboral y ello acrecentó la moderación salarial tanto como la desigualdad en los ingresos: quien recibía poco, recibió menos y quien tenía mucho, recibió más.

Latinoamérica sigue siendo la región más desigual del mundo
; por tanto es más apremiante responder adecuadamente a la crisis, ya que la desigualdad no se resuelve fácilmente ni en poco tiempo. Ella alimenta la frustración popular y esta merma el apoyo a la democracia.

Antes de que explotara la crisis, el endeudamiento privado aumentó mientras que los ingresos, incluso los medios, descendían. Con tasas de interés en bajada, incluso los pobres pidieron préstamos para financiar consumos. Hay, en casi todo el mundo, un problema de ingresos; por ello debajo de la crisis de capitales hemos encontrando la crisis de la gente o a la gente en crisis.

Sociedades individualistas y sin cohesión social han facilitado que se llegue a los niveles de desigualdad contemporáneos. Hoy, entre otras, fallan concurrentemente las instituciones que deben hacer funcionar el vínculo social y la solidaridad (crisis del Estado) tanto como aquellas responsables de la positiva relación entre economía y sociedad (crisis del trabajo).

A nivel nacional, ante tal crisis, parecen necesarios nuevos contratos sociales que refunden la economía sobre el trabajo decente y la inversión productiva antes que sobre la especulación; la política sobre democracias que sirvan a sus ciudadanos antes que sobre populismos o autoritarismos; y la sociedad sobre la inclusión antes que sobre la desigualdad.

Ante tal crisis, la gobernanza mundial parece demandar un New Deal que promueva la justicia social para una globalización equitativa como lo recoge el Pacto Global para el Empleo de la OIT (del pasado junio), acogido (el pasado julio) tanto por los países del G–8 como por los del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas: es decir, por las economías más grandes, las emergentes, las que están en transición y aquellas en desarrollo.

Una lectura de la crisis desde la gente abre un menú de respuestas para la gente que no se agota en las regulaciones financieras. Se trata de respuestas desde el mercado de trabajo y no sólo desde los mercados de capitales, desde la sociopolítica y no sólo desde la economía; pero deben ser respuestas integrales e integradoras para ser eficaces.

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Publicado el 20 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde