Santos inocentes en el trabajo

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

 

 


MODESTO A. TUÑÓN F.

modestun@yahoo.es

La escena EN EL PERIÓDICO no pudo ser más patética en el periódico; un cuerpo de un casi adolescente, tirado en el piso y cubierto por una tela.   El hecho detrás de la imagen narra que un menor que se desempeñaba como asistente del conductor del autobús, tuvo un descuido, durante el recorrido, no pudo asir con firmeza un lugar seguro y resbaló. El vehículo continuó y fue inevitable el resultado, el joven quedó sin vida debajo de la carrocería.

Es paradójico que la única explicación que recibimos quienes conocemos la historia es una abuela que habla de los objetivos que tenía el joven que acaba de morir; de sus sueños inmediatos de comprar sus juguetes y algo para ella.   Además, el conductor del transporte accidentado, que se lamentaba porque le profesaba un cariño al ahora difunto y que era su compañero de trabajo.

Entre los involucrados, asombra que nadie se refiera a la complicidad que cada QUIEN lleva encima ante la muerte de un joven de apenas trece años. Cuando se ha dicho que los menores no deben trabajar, se trata de exponer que ellos no tienen ni la misma consistencia, ni están preparados en la mayoría de los casos para superar una contingencia como, esta en que se vio involucrado el chico. MUY PEGADOS ESTOS DOS CONCEPTOS QUE SUENAN PARECIDOS, AUNQUE NO SIGNIFIQUE LO MISMO.

El trabajo de menores en Panamá, está relacionado LA MAYORIA DE LAS VECES con los niveles de pobreza. A menudo las familias que no cuentan con una solución a sus necesidades, envían a los hijos menores de edad a la calle a ver si consiguen ‘algo’, que les posibilite entradas para satisfacer necesidades de ellos y de sus familias.

Lo negativo, además del hecho en sí, es que no están cerca y no reciben una orientación de sus familiares adultos. Deben estar en la calle y en actividades, expuestos a los peligros ¿lógicos? ¿CUÁLES SON LOS PELIGROS LÓGICOS, NO CREES QUE DEBIERAS AÑADIR ‘LÓGICOS DE ANDAR DESPROTEGIDOS’ O ALGO QUE UBIQUE AL LECTOR EN LO QUE QUIERES DECIR?, sin contar con una vigilancia o la compañía de otras personas que les puedan ilustrar o advertir de los peligros. Peor cuando, como en este caso, estos menores que trabajan, se desempeñan sin recibir protección en las faenas.

El fenómeno socioeconómico del trabajo infantil en Panamá, presenta índices alarmantes, no por las cifras en sí, sino porque hay un desmesurado crecimiento, no obstante que los indicadores económicos se comportan de manera positiva. Esto demuestra que hay componentes de explotación y que las causas están más allá de la bonanza aparente de las estadísticas.

Hay una especie de aceptación colectiva de que los menores se involucren en tareas que normalmente, deben estar en manos de mayores de edad. La incursión de adolescentes, elimina las responsabilidades laborales y de otros compromisos que son de obligatorio cumplimiento en los acuerdos formales de trabajo. Pese a las campañas, no hay una verdadera vocación de acabar con estas prácticas extendidas en todo el país.

Hace unos años ¿intercambié? ¿MANTUVE? un diálogo con un niño indígena que limpiaba zapatos en Changuinola, quien me confesó que no asistía a la escuela, pese a que estaba en edad escolar. Su vida transcurría entre las calles de esa ciudad en búsqueda de CLIENTES PARA quienes quisieran lustrar sus calzados y era solo esa perspectiva que, a sus pocos años de edad, ya marcaba su vida, tal como se dibujaba en la melancolía de su rostro infantil.

Hace unos años se hizo un análisis de la realidad del trabajo infantil en el país y se presentó en los resultados que unos 47 mil jóvenes, en el territorio nacional realizaban actividades de este tipo con diferentes niveles de riesgo. Los últimos estudios actualizan esas cifras y establecen nuevos saldos cercanos a 90 mil, el doble; por lo que el balance demuestra que hemos fracasado en esta lucha.

Ante otros problemas, concebidos como de mayor complejidad en el campo social y económico, el mercado ha permitido que una mayor cantidad de chicos y chicas, salgan a buscar un oficio para tratar de resolver diferentes tipos de necesidades, sobre todo familiares, y se involucran en una relación que les hace obreros, cuando deben dedicar el tiempo por entero a culminar una formación académica.

Quienes miramos la vida con otros ojos que no son los de la fantasía, las travesuras lúdicas y los encantamientos, debemos construir un escenario que posibilite que los niños y los menores en general, puedan dedicar sus capacidades en la formación que requieren para hacerse ciudadanos con posterioridad.

Pero se requiere una formación académica formal y que garantice que la vida en el futuro, pueda ser comprendida, asumida y transformada creativamente por esos chicos que no deben morir hoy aplastados bajo crueles ruedas del destino.

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<> Este artículo se publicó 29  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Trabajo Infantil

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La opinión de la Doctora en Medicina y miembro del Club Rotario…

Marisín Villalaz de Arias 

(marisin@cableonda.net)
No es que quiero ver a todos los niños trabajando y que pierdan la oportunidad de jugar como es propio de la edad; no es saludable hacerlo pero, lamentablemente, existe una gran cantidad de familias que se beneficiarían con alguna entradita extra que traigan esos niños. No considero tampoco que a los niños cuyos padres son limitados de fondos, se los forme como niños ricos que no lo necesitan y que también debieran aprender la importancia del trabajo desde niños. Las madres y padres de limitados recursos generalmente son trabajadores y es negativo que quieran levantar esos hijos en forma equivocada.

El trabajo no le hace daño a nadie; lo aprendí en mi familia y en la escuela donde nos enseñaban su bondad. Si bien es cierto que por trabajar se paga, también es cierto que dignifica hacerlo con cariño y mostrar a la infancia su importancia no daña a nadie. Cuántos multimillonarios actuales empezaron vendiendo periódicos o trabajando de limpiabotas y allí tomaron amor al trabajo. Lo que ha sucedido con ellos es que ese trabajo fue acompañado de una buena Educación que les permitió más tarde surgir. Pero aquí en Panamá queremos ser más realistas que el Rey y evitamos la oportunidad de que los hijos ayuden económicamente a sus padres y, además, con una mala educación que no los prepara siquiera para afrontar sus vidas.

No es trabajar en la infancia lo que daña a nadie, es la pobre educación que reciben acompañando a ese trabajo y la alcahuetería de algunos padres que permiten que sus hijos vivan como lo que no son y ellos se matan trabajando. Pobre concepto que solo daña a los niños que los hace víctimas de la holgazanería para el resto de su vida. Tuve una cuñada que tenía una empleada por día y a veces llevaba a su hija adolescente para que la acompañara y en vez de ayudarla en su trabajo se acostaba en el sofá a descansar. Mi cuñada que fue una mujer trabajadora no soportaba la situación, pero nada podía hacer.

Entonces, no son las leyes sobreprotectoras de los niños para que no trabajen las que los salven más adelante; al contrario, es que tempranamente lo aprendan y se eduquen para luego ser grandes ciudadanos. Hablo del trabajo honesto, parcial, no de esclavitud; me refiero al que los dignificará. La pobreza no afrenta a nadie, a quien Dios se la dio, pues aprovechémosla al máximo. Eduquemos y enseñemos amor al trabajo que a nadie le hace daño.

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<>Artículo publicado el  22  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

¿Por qué los niños siguen trabajando?

La opinión de…

Mayteé Zachrisson

Muchas veces cometemos el error de ser tolerantes ante distintas situaciones; pensamos que si bloqueamos lo que nos incomoda, desaparecerá; que despertaremos y todo estará resuelto. La erradicación del trabajo infantil es uno de esos temas con los que hemos sido tolerantes. El año pasado se dio a conocer que había crecido a 89 mil 767 la cifra de niños y adolescentes, entre los 5 y 17 años, que realizaban algún tipo de trabajo, según datos de la Encuesta de Trabajo Infantil que realizó la Contraloría en 2008.

En su momento se explicó que esta encuesta fue mucho más técnica y abarcó otros tipos de trabajo que no se habían contabilizado en la anterior, realizada en 2000, y que daba a conocer que 47 mil 976 personas menores, en las mismas edades, trabajaban en Panamá y que, por lo tanto, los indicadores iban a ser más precisos; situación completamente lógica y corroborada. Debo ser sincera, tenía la esperanza de que disminuyera. Desde mi perspectiva, muchos actores colaboramos activamente para contribuir a la causa de la erradicación del trabajo infantil, sobre todo en las peores formas, lo que garantizaba más personas combatiendo este flagelo; pero la realidad es que las cifras no mienten y aún falta mucho por hacer.

El trabajo infantil suele definirse como todo trabajo que priva a los menores de su niñez, potencial y dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Algunos confunden este término con las tareas realizadas por los niños al ayudar a sus padres y madres en el hogar, en un negocio familiar o con las tareas que realizan fuera del horario escolar o durante las vacaciones, que en cierta medida son importantes para la formación de los pequeños y que a veces les llamamos “trabajos de ayuda familiar” y que, por lo tanto, no son remunerados.

En nuestro país la edad mínima para admisión al empleo es de 14 años. El Estado ha asumido el compromiso de eliminar las peores formas del trabajo infantil para el año 2015. Es decir, esa obligación es tanto suya como mía, por lo que no podemos ser ajenos a este problema.

Una de las maneras, sino la única segura, es la de lograr disminuir el trabajo infantil a través de la educación. Este flagelo no lo pueden eliminar por sí solos el Gobierno, los organismos internacionales, empresas, sindicatos y organizaciones no gubernamentales; debe ser un compromiso y una responsabilidad compartida de toda la sociedad. En este sentido, incentivar la promoción de trabajo decente para los adultos responsables de los menores de edad que realizan el trabajo que los “grandes”, se debe hacer para garantizar que vayan a la escuela.

La coordinación de esfuerzos, la ejecución de estrategias y acciones en muchas direcciones pueden hacer posible alcanzar este objetivo. Mi recomendación es sencilla: no se quede esperando a que otros resuelvan el problema, comprométase con la causa y ayude a que Panamá alcance la meta de país libre de trabajo infantil. ¡Juntos podemos lograrlo!

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<> Este artículo se publicó el 30  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/zachrisson-maytee/

¿Defensoría del niño?

La opinión de la Periodista…

Betserai Richards 

Un niño de edad escolar, vendiendo productos en las calles, con trapos deteriorados sobre su piel demacrada que refleja su estado de pobreza, es uno de los ejemplos que vemos a diario en nuestro país. De la misma manera, los menores que se ven obligados a “trabajar” en los buses de las diferentes rutas.

Es triste saber que aquellos pequeños estén sometidos (ya sea por presión o consentimiento de sus padres) a esta salvaje actividad. Sabemos que los niños de hoy, mañana serán los ciudadanos de Panamá y aún así permitimos que este abuso infantil se desarrolle de manera fluida.

Hace algunos días abordé un autobús de la ruta Corredor Sur. Ante los ruidos de nuestra urbe, con dificultad se escuchaba un niño gritando el nombre de la ruta del bus al que él pertenecía. Me asombré de ver a este pequeño en una actividad como esta, salvaje y grosera, sometiéndose a insultos de los usuarios que, disgustados por el pésimo servicio, ventilaban sus frustraciones con él.

Mientras que el crecimiento económico nacional va en escalada, la pobreza en nuestra sociedad se torna más palpable. A diario nuestros noticieros lo demuestran. Podría decirse que es reflejo de la injusta distribución de la riqueza y el alto índice de criminalidad juvenil.

En esta etapa es cuando deben dar sus primeros pasos hacia la superación académica. La educación básica supuestamente es gratuita en nuestro país, pero muchos hogares requieren de subsidios (fondo fiduciario educativo, nutrición, transporte, útiles, uniformes etc.).

Para muchos no es secreto que los familiares de estos pequeños ciudadanos son cómplices del trabajo que desempeñan, aprovechándose de su paupérrima condición y que los transeúntes se compadezcan con la compra del producto que tienen a la venta.

Mientras que el gobierno de turno gasta millones de dólares en automóviles lujosos y salarios jugosos, problemáticas como estás siguen vigentes.   Sugerimos la pronta resolución de estas necesidades y contribuir a que estas criaturas puedan disfrutar su niñez.

> Artículo publicado el 8 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Hambre y miseria para más trabajo infantil

La opinión del periodista…

RAÚL EDUARDO CEDEÑO 

Hace poco tuve la oportunidad de apoyar a mi esposa con el sondeo para un trabajo de su universidad sobre el trabajo infantil en Panamá. Resultados que ya esperábamos salieron a flote, pero esta vez ellos nos gaznatearon el rostro: dolor, angustia y hambre permeaban de los jefes de familia entrevistados, no solamente por la angustia económica que están viviendo sus familias, sino por la angustia de tener un hijo menor de edad trabajando en la calle, ausentes de todo plantel educativo y sometidos a la infame enseñanza de otros que de seguro nada bueno les darán.

En materia legal, Panamá tiene asegurada la tutela jurídica de la infancia y poco a poco se está notando que más organizaciones se suman a esta gestión para reducir el trabajo infantil. A pesar de ello, considero que no somos conscientes que el problema de la vida laboral de los menores no requiere solamente ser enfocado bajo los aspectos jurídicos, sino también desde el punto de vista económico familiar, porque es de allí donde brota la necesidad de que esos niños y jóvenes consigan una fuente de ingreso para apoyar económicamente a sus padres en la alimentación diaria, en el pago de la vivienda, la luz, el agua y también los gastos escolares de hermanos menores.

 

Estos serios problemas de la infancia nacen de la precariedad económica que hoy aumenta por el alto costo de la vida, y a ella le debemos poner el mismo o mayor cuidado que a la salud de los menores, su abandono, la delincuencia precoz, la iniquidad social, la desorganización familiar, la educación y la protección moral del menor y el adolescente, entre otros.

Tenemos que fortalecer la consideración pública de que son acreedores los niños y la juventud; formemos una conciencia social profunda y sólida sobre la importancia que ello reviste pero destacando aquellos factores de orden económico, más nunca prestigiemos el indiferentismo frente al sacrificio permanente de una gran masa de niños que constituyen la juventud panameña. ¿Hay que castigar severamente a aquellos padres que malbaratan sus salarios como un zoquete en placeres innecesarios y hasta inmorales? ¡Hagámoslo, y bien duro! Así destruiríamos la inercia que puedan haber ganado los corazones y el sentimiento de los panameños frente al niño desamparado moral y materialmente, despertando a la realidad social que vive nuestra niñez en todo el país.

 

<>  Artículo publicado el 3 de octubre de 2010  en el Diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Poniendo a la infancia primero

La opinión de…

Virgilio Levaggi

En 2006, la Reunión Regional de los Estados Americanos Miembros de la OIT declaró el inicio de una “Década de Promoción del Trabajo Decente”, a partir del Informe sometido por el Director General de la OIT en tal ocasión. Juan Somavia propuso una Agenda Hemisférica con metas muy precisas.

De particular importancia son las metas referidas a eliminar las peores formas de trabajo infantil para 2015 y todo trabajo infantil para 2020.

Los países centroamericanos, Panamá y República Dominicana han asumido dichos objetivos con gran seriedad; y para alcanzarlos han redactado, con una amplia participación pública y privada, hojas de ruta.

En cada país se han analizado las políticas y planes nacionales y su incidencia en la prevención y erradicación del trabajo infantil y sus peores formas.

El proceso de análisis ha sido muy participativo: han tomado parte gobiernos, organizaciones de empleadores, de trabajadores y de la sociedad civil. Las hojas de ruta nacionales detallan los procesos, tiempos y recursos necesarios para la prevención y erradicación del trabajo infantil.

Dichas hojas de ruta han sido validadas de forma tripartita.

Una vez validadas, se avanza en la adopción por parte de los estados de la hoja de ruta subregional para hacer de Centroamérica, Panamá y República Dominicana una zona libre de trabajo infantil, marco estratégico que comprende los esfuerzos nacionales y fortalece su compromiso en el combate sostenido a este flagelo.

En la región hay una conciencia creciente de que el respeto a la dignidad de niñas, niños y adolescentes debe traducirse en su no participación en trabajos que puedan perjudicar su desarrollo educativo, físico y mental. Ello supone acciones concretas en ámbitos como la lucha contra la pobreza, la promoción de la salud, las políticas educativas y de protección de los derechos humanos de los integrantes más jóvenes de las sociedades.

La acción a favor del desarrollo integral de la niñez y adolescencia, mediante el combate al trabajo infantil, debe articularse posteriormente con una política de promoción de trabajo decente para la juventud que contemple la permanencia -lo más posible- de los adolescentes en espacios educativos que les permitan adquirir destrezas y habilidades idóneas que hagan que su ingreso y participación en el mercado laboral (como trabajador dependiente o independiente o como emprendedor) se produzca en las mejores circunstancias posibles.

La promoción del trabajo decente para la juventud supone desterrar la opción por la mano de obra barata, falsa ventaja competitiva, pues las democracias del siglo XXI deben buscar políticas orientadas a la mejor calificación del recurso humano.

Personas adecuadamente formadas hacen la diferencia en la economía del conocimiento, en la cual los países deben insertarse ventajosamente para sacar provecho de la globalización.

El combate al trabajo infantil debe articularse también con políticas promotoras del trabajo decente y empleos productivos para los padres y madres de los niños y niñas más expuestos a trabajar: hijas e hijos de desempleados y subempleados y de hogares pobres.

En estos tiempos de crisis ha aumentado el número de jefes o jefas de hogar con menores posibilidades de estar adecuadamente empleadas y recibir suficientes ingresos para la manutención de sus familias.

Es indispensable canalizar esfuerzos públicos y privados –como lo sugiere el Pacto Mundial por el Empleo- para consolidar un modelo de desarrollo que ponga al centro de las políticas a las personas concretas: los Josés y las Marías que son padres de los Pedros y Martas de estas tierras.

El combate al trabajo infantil y sus peores formas es crucial para la consolidación democrática.

Del éxito en dicha tarea, en los plazos indicados, dependerá el avance de la justicia social y de la libertad en el hemisferio.

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Este artículo se publicó el 7 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿A quién le interesa el trabajo infantil?

La opinión de….

Efraín Hallax 

Muy pocas culturas escaparon de la aterradora práctica de la esclavitud. Los niños utilizados como trabajadores no eran la excepción, sino la regla. La humanidad no se multiplicó solo por mandato divino; lo hizo por razones comerciales.

Con el arribo de la revolución industrial, las reglas contra el trabajo infantil afloraron en la conciencia humana, desarrollándose a partir de entonces un movimiento más noble de nuestra civilización. En el proceso, el niño vio y disfrutó mejores oportunidades. ¡La sociedad se humaniza una pulgada, y nace la sociedad protectora de animales pequeños!

Últimamente tenemos una campaña contra el trabajo infantil en Panamá. ¿Qué buscamos con esas campañas? ¿Realmente atacamos el problema? Los niños trabajando sin ir a la maravillosa escuela… el show del día, el Oscar de las primeras damas, y luego la nada, el vacío.

La fiebre es el trabajo infantil. La enfermedad contagiosa es el exceso de niños inmersos en la pobreza, sin futuro. Nuestras familias están intelectualmente enfermas, y se niegan a tomar las medidas para frenar este cáncer que nos carcome socialmente. La mayoría de los jefes de hogar (la mayoría mujeres) decidió que sus hijos no tendrán educación sexual en las escuelas.

Faltos de neuronas, por no llamarlos ignorantes, prefieren ver a sus hijas embarazadas a los 12 años por falta de educación sexual, en vez de hablarles claro: “Ponte un condón hasta en las orejas, hijo mío”.   “Tómate una pastilla”. “Esto es un óvulo, aquello un espermatozoide…”. Nuestro primer problema es la educación sexual, fuente fundamental del problema social que inspira esta nota. Ella es casi inexistente, y cuando ocurre se inclina a la morbosidad. ¡La cultura de la incultura!

Casa Esperanza, el Hogar Malambo, la Fundación Pro Niños de Darién, Pro niños de Capira, La Chorrera y Chorrillo, etc., serán las únicas instituciones y comunidades que crecerán, aparte de los impuestos el próximo mes.   Sin educación sexual, los niños florecen como el berro en Boquete… silvestre y en cada esquina. Ni el fútbol detiene el sexo en la juventud. Son unos verracos. Son jóvenes y la sexualidad corre por sus venas.

Estrechamente vinculada a la falta de educación sexual está la Iglesia. Ella debería serle más fiel al futuro del niño que a sus dogmas de 2 mil años, donde el condón y las pastillas anticonceptivas son inventos del demonio. En el otro extremo se hallan quienes promulgan que si un hombre y una mujer no han pasado un curso de educación sexual, no tienen trabajo, y amor para crear un bebé, no pueden procrear:  no baby posible, niet, no baby, nine, niente bebushken. No debemos confundir que sexo y niños son dos cosas diferentes; pero sin educación sexual, son muy similares.   Prohibir el sexo no es la solución.

El tercer problema involucra al Estado y a la sociedad no pensante; ambos se hacen los locos (no confundir locura, con partido político alguno) cuando se menciona la educación sexual.   El Ministerio de Salud no puede operar a una mujer para que deje de tener hijos ni tampoco le interesa, aunque esta haya tenido 15 vástagos y su matriz cansada ruegue por ser operada, si no tiene 35 años de edad.   La respuesta es no.

No veo a ninguna asociación de distinguidas damas de aquellas que reparten canastillas en los hospitales, libro y ortiga en mano, enseñándole a la orgullosa homenajeada cómo dejar de traer más niños al mundo… “Sonrían para el periódico, por favor”. Hipocresía, ignorancia, o ambas cosas (confieso que estoy confundido).

La mujer sin educación sexual, pare, y sigue pariendo, mientras que nosotros leemos en los medios que tenemos que detener el trabajo infantil, ¿Cómo se detiene una epidemia?

Reconozco que hay panameños con el deseo de ayudar a estos niños, pero sugiero que dejen a los “esclavos” tranquilos y enfoquen sus esfuerzos en la raíz del problema. Niños quebrándose la espalda, niños pidiendo limosna y mendigando en los semáforos, prostituyéndose, siendo abusados. Déjenlos tranquilos. Total, si a sus padres no les importa, si la Iglesia lo promueve, si los partidos políticos necesitan más clientela, y tú y yo no hacemos nada para educarlos, ¿para qué preocuparnos?  ¡Al trabajo infantil dile sí! y sigamos poblando la Tierra.  ¡Sonrían por favor!

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Este artículo se publico el 26 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.