Santos inocentes en el trabajo

La opinión del Periodista y Docente Universitario….

 

 


MODESTO A. TUÑÓN F.

modestun@yahoo.es

La escena EN EL PERIÓDICO no pudo ser más patética en el periódico; un cuerpo de un casi adolescente, tirado en el piso y cubierto por una tela.   El hecho detrás de la imagen narra que un menor que se desempeñaba como asistente del conductor del autobús, tuvo un descuido, durante el recorrido, no pudo asir con firmeza un lugar seguro y resbaló. El vehículo continuó y fue inevitable el resultado, el joven quedó sin vida debajo de la carrocería.

Es paradójico que la única explicación que recibimos quienes conocemos la historia es una abuela que habla de los objetivos que tenía el joven que acaba de morir; de sus sueños inmediatos de comprar sus juguetes y algo para ella.   Además, el conductor del transporte accidentado, que se lamentaba porque le profesaba un cariño al ahora difunto y que era su compañero de trabajo.

Entre los involucrados, asombra que nadie se refiera a la complicidad que cada QUIEN lleva encima ante la muerte de un joven de apenas trece años. Cuando se ha dicho que los menores no deben trabajar, se trata de exponer que ellos no tienen ni la misma consistencia, ni están preparados en la mayoría de los casos para superar una contingencia como, esta en que se vio involucrado el chico. MUY PEGADOS ESTOS DOS CONCEPTOS QUE SUENAN PARECIDOS, AUNQUE NO SIGNIFIQUE LO MISMO.

El trabajo de menores en Panamá, está relacionado LA MAYORIA DE LAS VECES con los niveles de pobreza. A menudo las familias que no cuentan con una solución a sus necesidades, envían a los hijos menores de edad a la calle a ver si consiguen ‘algo’, que les posibilite entradas para satisfacer necesidades de ellos y de sus familias.

Lo negativo, además del hecho en sí, es que no están cerca y no reciben una orientación de sus familiares adultos. Deben estar en la calle y en actividades, expuestos a los peligros ¿lógicos? ¿CUÁLES SON LOS PELIGROS LÓGICOS, NO CREES QUE DEBIERAS AÑADIR ‘LÓGICOS DE ANDAR DESPROTEGIDOS’ O ALGO QUE UBIQUE AL LECTOR EN LO QUE QUIERES DECIR?, sin contar con una vigilancia o la compañía de otras personas que les puedan ilustrar o advertir de los peligros. Peor cuando, como en este caso, estos menores que trabajan, se desempeñan sin recibir protección en las faenas.

El fenómeno socioeconómico del trabajo infantil en Panamá, presenta índices alarmantes, no por las cifras en sí, sino porque hay un desmesurado crecimiento, no obstante que los indicadores económicos se comportan de manera positiva. Esto demuestra que hay componentes de explotación y que las causas están más allá de la bonanza aparente de las estadísticas.

Hay una especie de aceptación colectiva de que los menores se involucren en tareas que normalmente, deben estar en manos de mayores de edad. La incursión de adolescentes, elimina las responsabilidades laborales y de otros compromisos que son de obligatorio cumplimiento en los acuerdos formales de trabajo. Pese a las campañas, no hay una verdadera vocación de acabar con estas prácticas extendidas en todo el país.

Hace unos años ¿intercambié? ¿MANTUVE? un diálogo con un niño indígena que limpiaba zapatos en Changuinola, quien me confesó que no asistía a la escuela, pese a que estaba en edad escolar. Su vida transcurría entre las calles de esa ciudad en búsqueda de CLIENTES PARA quienes quisieran lustrar sus calzados y era solo esa perspectiva que, a sus pocos años de edad, ya marcaba su vida, tal como se dibujaba en la melancolía de su rostro infantil.

Hace unos años se hizo un análisis de la realidad del trabajo infantil en el país y se presentó en los resultados que unos 47 mil jóvenes, en el territorio nacional realizaban actividades de este tipo con diferentes niveles de riesgo. Los últimos estudios actualizan esas cifras y establecen nuevos saldos cercanos a 90 mil, el doble; por lo que el balance demuestra que hemos fracasado en esta lucha.

Ante otros problemas, concebidos como de mayor complejidad en el campo social y económico, el mercado ha permitido que una mayor cantidad de chicos y chicas, salgan a buscar un oficio para tratar de resolver diferentes tipos de necesidades, sobre todo familiares, y se involucran en una relación que les hace obreros, cuando deben dedicar el tiempo por entero a culminar una formación académica.

Quienes miramos la vida con otros ojos que no son los de la fantasía, las travesuras lúdicas y los encantamientos, debemos construir un escenario que posibilite que los niños y los menores en general, puedan dedicar sus capacidades en la formación que requieren para hacerse ciudadanos con posterioridad.

Pero se requiere una formación académica formal y que garantice que la vida en el futuro, pueda ser comprendida, asumida y transformada creativamente por esos chicos que no deben morir hoy aplastados bajo crueles ruedas del destino.

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<> Este artículo se publicó 29  de diciembre de 2010  en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Trabajo Infantil

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La opinión de la Doctora en Medicina y miembro del Club Rotario…

Marisín Villalaz de Arias 

(marisin@cableonda.net)
No es que quiero ver a todos los niños trabajando y que pierdan la oportunidad de jugar como es propio de la edad; no es saludable hacerlo pero, lamentablemente, existe una gran cantidad de familias que se beneficiarían con alguna entradita extra que traigan esos niños. No considero tampoco que a los niños cuyos padres son limitados de fondos, se los forme como niños ricos que no lo necesitan y que también debieran aprender la importancia del trabajo desde niños. Las madres y padres de limitados recursos generalmente son trabajadores y es negativo que quieran levantar esos hijos en forma equivocada.

El trabajo no le hace daño a nadie; lo aprendí en mi familia y en la escuela donde nos enseñaban su bondad. Si bien es cierto que por trabajar se paga, también es cierto que dignifica hacerlo con cariño y mostrar a la infancia su importancia no daña a nadie. Cuántos multimillonarios actuales empezaron vendiendo periódicos o trabajando de limpiabotas y allí tomaron amor al trabajo. Lo que ha sucedido con ellos es que ese trabajo fue acompañado de una buena Educación que les permitió más tarde surgir. Pero aquí en Panamá queremos ser más realistas que el Rey y evitamos la oportunidad de que los hijos ayuden económicamente a sus padres y, además, con una mala educación que no los prepara siquiera para afrontar sus vidas.

No es trabajar en la infancia lo que daña a nadie, es la pobre educación que reciben acompañando a ese trabajo y la alcahuetería de algunos padres que permiten que sus hijos vivan como lo que no son y ellos se matan trabajando. Pobre concepto que solo daña a los niños que los hace víctimas de la holgazanería para el resto de su vida. Tuve una cuñada que tenía una empleada por día y a veces llevaba a su hija adolescente para que la acompañara y en vez de ayudarla en su trabajo se acostaba en el sofá a descansar. Mi cuñada que fue una mujer trabajadora no soportaba la situación, pero nada podía hacer.

Entonces, no son las leyes sobreprotectoras de los niños para que no trabajen las que los salven más adelante; al contrario, es que tempranamente lo aprendan y se eduquen para luego ser grandes ciudadanos. Hablo del trabajo honesto, parcial, no de esclavitud; me refiero al que los dignificará. La pobreza no afrenta a nadie, a quien Dios se la dio, pues aprovechémosla al máximo. Eduquemos y enseñemos amor al trabajo que a nadie le hace daño.

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<>Artículo publicado el  22  de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que a la autora,  todo el crédito que les corresponde.

¿Por qué los niños siguen trabajando?

La opinión de…

Mayteé Zachrisson

Muchas veces cometemos el error de ser tolerantes ante distintas situaciones; pensamos que si bloqueamos lo que nos incomoda, desaparecerá; que despertaremos y todo estará resuelto. La erradicación del trabajo infantil es uno de esos temas con los que hemos sido tolerantes. El año pasado se dio a conocer que había crecido a 89 mil 767 la cifra de niños y adolescentes, entre los 5 y 17 años, que realizaban algún tipo de trabajo, según datos de la Encuesta de Trabajo Infantil que realizó la Contraloría en 2008.

En su momento se explicó que esta encuesta fue mucho más técnica y abarcó otros tipos de trabajo que no se habían contabilizado en la anterior, realizada en 2000, y que daba a conocer que 47 mil 976 personas menores, en las mismas edades, trabajaban en Panamá y que, por lo tanto, los indicadores iban a ser más precisos; situación completamente lógica y corroborada. Debo ser sincera, tenía la esperanza de que disminuyera. Desde mi perspectiva, muchos actores colaboramos activamente para contribuir a la causa de la erradicación del trabajo infantil, sobre todo en las peores formas, lo que garantizaba más personas combatiendo este flagelo; pero la realidad es que las cifras no mienten y aún falta mucho por hacer.

El trabajo infantil suele definirse como todo trabajo que priva a los menores de su niñez, potencial y dignidad, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Algunos confunden este término con las tareas realizadas por los niños al ayudar a sus padres y madres en el hogar, en un negocio familiar o con las tareas que realizan fuera del horario escolar o durante las vacaciones, que en cierta medida son importantes para la formación de los pequeños y que a veces les llamamos “trabajos de ayuda familiar” y que, por lo tanto, no son remunerados.

En nuestro país la edad mínima para admisión al empleo es de 14 años. El Estado ha asumido el compromiso de eliminar las peores formas del trabajo infantil para el año 2015. Es decir, esa obligación es tanto suya como mía, por lo que no podemos ser ajenos a este problema.

Una de las maneras, sino la única segura, es la de lograr disminuir el trabajo infantil a través de la educación. Este flagelo no lo pueden eliminar por sí solos el Gobierno, los organismos internacionales, empresas, sindicatos y organizaciones no gubernamentales; debe ser un compromiso y una responsabilidad compartida de toda la sociedad. En este sentido, incentivar la promoción de trabajo decente para los adultos responsables de los menores de edad que realizan el trabajo que los “grandes”, se debe hacer para garantizar que vayan a la escuela.

La coordinación de esfuerzos, la ejecución de estrategias y acciones en muchas direcciones pueden hacer posible alcanzar este objetivo. Mi recomendación es sencilla: no se quede esperando a que otros resuelvan el problema, comprométase con la causa y ayude a que Panamá alcance la meta de país libre de trabajo infantil. ¡Juntos podemos lograrlo!

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<> Este artículo se publicó el 30  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/zachrisson-maytee/

¿Defensoría del niño?

La opinión de la Periodista…

Betserai Richards 

Un niño de edad escolar, vendiendo productos en las calles, con trapos deteriorados sobre su piel demacrada que refleja su estado de pobreza, es uno de los ejemplos que vemos a diario en nuestro país. De la misma manera, los menores que se ven obligados a “trabajar” en los buses de las diferentes rutas.

Es triste saber que aquellos pequeños estén sometidos (ya sea por presión o consentimiento de sus padres) a esta salvaje actividad. Sabemos que los niños de hoy, mañana serán los ciudadanos de Panamá y aún así permitimos que este abuso infantil se desarrolle de manera fluida.

Hace algunos días abordé un autobús de la ruta Corredor Sur. Ante los ruidos de nuestra urbe, con dificultad se escuchaba un niño gritando el nombre de la ruta del bus al que él pertenecía. Me asombré de ver a este pequeño en una actividad como esta, salvaje y grosera, sometiéndose a insultos de los usuarios que, disgustados por el pésimo servicio, ventilaban sus frustraciones con él.

Mientras que el crecimiento económico nacional va en escalada, la pobreza en nuestra sociedad se torna más palpable. A diario nuestros noticieros lo demuestran. Podría decirse que es reflejo de la injusta distribución de la riqueza y el alto índice de criminalidad juvenil.

En esta etapa es cuando deben dar sus primeros pasos hacia la superación académica. La educación básica supuestamente es gratuita en nuestro país, pero muchos hogares requieren de subsidios (fondo fiduciario educativo, nutrición, transporte, útiles, uniformes etc.).

Para muchos no es secreto que los familiares de estos pequeños ciudadanos son cómplices del trabajo que desempeñan, aprovechándose de su paupérrima condición y que los transeúntes se compadezcan con la compra del producto que tienen a la venta.

Mientras que el gobierno de turno gasta millones de dólares en automóviles lujosos y salarios jugosos, problemáticas como estás siguen vigentes.   Sugerimos la pronta resolución de estas necesidades y contribuir a que estas criaturas puedan disfrutar su niñez.

> Artículo publicado el 8 de octubre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

Hambre y miseria para más trabajo infantil

La opinión del periodista…

RAÚL EDUARDO CEDEÑO 

Hace poco tuve la oportunidad de apoyar a mi esposa con el sondeo para un trabajo de su universidad sobre el trabajo infantil en Panamá. Resultados que ya esperábamos salieron a flote, pero esta vez ellos nos gaznatearon el rostro: dolor, angustia y hambre permeaban de los jefes de familia entrevistados, no solamente por la angustia económica que están viviendo sus familias, sino por la angustia de tener un hijo menor de edad trabajando en la calle, ausentes de todo plantel educativo y sometidos a la infame enseñanza de otros que de seguro nada bueno les darán.

En materia legal, Panamá tiene asegurada la tutela jurídica de la infancia y poco a poco se está notando que más organizaciones se suman a esta gestión para reducir el trabajo infantil. A pesar de ello, considero que no somos conscientes que el problema de la vida laboral de los menores no requiere solamente ser enfocado bajo los aspectos jurídicos, sino también desde el punto de vista económico familiar, porque es de allí donde brota la necesidad de que esos niños y jóvenes consigan una fuente de ingreso para apoyar económicamente a sus padres en la alimentación diaria, en el pago de la vivienda, la luz, el agua y también los gastos escolares de hermanos menores.

 

Estos serios problemas de la infancia nacen de la precariedad económica que hoy aumenta por el alto costo de la vida, y a ella le debemos poner el mismo o mayor cuidado que a la salud de los menores, su abandono, la delincuencia precoz, la iniquidad social, la desorganización familiar, la educación y la protección moral del menor y el adolescente, entre otros.

Tenemos que fortalecer la consideración pública de que son acreedores los niños y la juventud; formemos una conciencia social profunda y sólida sobre la importancia que ello reviste pero destacando aquellos factores de orden económico, más nunca prestigiemos el indiferentismo frente al sacrificio permanente de una gran masa de niños que constituyen la juventud panameña. ¿Hay que castigar severamente a aquellos padres que malbaratan sus salarios como un zoquete en placeres innecesarios y hasta inmorales? ¡Hagámoslo, y bien duro! Así destruiríamos la inercia que puedan haber ganado los corazones y el sentimiento de los panameños frente al niño desamparado moral y materialmente, despertando a la realidad social que vive nuestra niñez en todo el país.

 

<>  Artículo publicado el 3 de octubre de 2010  en el Diario El Siglo,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Poniendo a la infancia primero

La opinión de…

Virgilio Levaggi

En 2006, la Reunión Regional de los Estados Americanos Miembros de la OIT declaró el inicio de una “Década de Promoción del Trabajo Decente”, a partir del Informe sometido por el Director General de la OIT en tal ocasión. Juan Somavia propuso una Agenda Hemisférica con metas muy precisas.

De particular importancia son las metas referidas a eliminar las peores formas de trabajo infantil para 2015 y todo trabajo infantil para 2020.

Los países centroamericanos, Panamá y República Dominicana han asumido dichos objetivos con gran seriedad; y para alcanzarlos han redactado, con una amplia participación pública y privada, hojas de ruta.

En cada país se han analizado las políticas y planes nacionales y su incidencia en la prevención y erradicación del trabajo infantil y sus peores formas.

El proceso de análisis ha sido muy participativo: han tomado parte gobiernos, organizaciones de empleadores, de trabajadores y de la sociedad civil. Las hojas de ruta nacionales detallan los procesos, tiempos y recursos necesarios para la prevención y erradicación del trabajo infantil.

Dichas hojas de ruta han sido validadas de forma tripartita.

Una vez validadas, se avanza en la adopción por parte de los estados de la hoja de ruta subregional para hacer de Centroamérica, Panamá y República Dominicana una zona libre de trabajo infantil, marco estratégico que comprende los esfuerzos nacionales y fortalece su compromiso en el combate sostenido a este flagelo.

En la región hay una conciencia creciente de que el respeto a la dignidad de niñas, niños y adolescentes debe traducirse en su no participación en trabajos que puedan perjudicar su desarrollo educativo, físico y mental. Ello supone acciones concretas en ámbitos como la lucha contra la pobreza, la promoción de la salud, las políticas educativas y de protección de los derechos humanos de los integrantes más jóvenes de las sociedades.

La acción a favor del desarrollo integral de la niñez y adolescencia, mediante el combate al trabajo infantil, debe articularse posteriormente con una política de promoción de trabajo decente para la juventud que contemple la permanencia -lo más posible- de los adolescentes en espacios educativos que les permitan adquirir destrezas y habilidades idóneas que hagan que su ingreso y participación en el mercado laboral (como trabajador dependiente o independiente o como emprendedor) se produzca en las mejores circunstancias posibles.

La promoción del trabajo decente para la juventud supone desterrar la opción por la mano de obra barata, falsa ventaja competitiva, pues las democracias del siglo XXI deben buscar políticas orientadas a la mejor calificación del recurso humano.

Personas adecuadamente formadas hacen la diferencia en la economía del conocimiento, en la cual los países deben insertarse ventajosamente para sacar provecho de la globalización.

El combate al trabajo infantil debe articularse también con políticas promotoras del trabajo decente y empleos productivos para los padres y madres de los niños y niñas más expuestos a trabajar: hijas e hijos de desempleados y subempleados y de hogares pobres.

En estos tiempos de crisis ha aumentado el número de jefes o jefas de hogar con menores posibilidades de estar adecuadamente empleadas y recibir suficientes ingresos para la manutención de sus familias.

Es indispensable canalizar esfuerzos públicos y privados –como lo sugiere el Pacto Mundial por el Empleo- para consolidar un modelo de desarrollo que ponga al centro de las políticas a las personas concretas: los Josés y las Marías que son padres de los Pedros y Martas de estas tierras.

El combate al trabajo infantil y sus peores formas es crucial para la consolidación democrática.

Del éxito en dicha tarea, en los plazos indicados, dependerá el avance de la justicia social y de la libertad en el hemisferio.

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Este artículo se publicó el 7 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿A quién le interesa el trabajo infantil?

La opinión de….

Efraín Hallax 

Muy pocas culturas escaparon de la aterradora práctica de la esclavitud. Los niños utilizados como trabajadores no eran la excepción, sino la regla. La humanidad no se multiplicó solo por mandato divino; lo hizo por razones comerciales.

Con el arribo de la revolución industrial, las reglas contra el trabajo infantil afloraron en la conciencia humana, desarrollándose a partir de entonces un movimiento más noble de nuestra civilización. En el proceso, el niño vio y disfrutó mejores oportunidades. ¡La sociedad se humaniza una pulgada, y nace la sociedad protectora de animales pequeños!

Últimamente tenemos una campaña contra el trabajo infantil en Panamá. ¿Qué buscamos con esas campañas? ¿Realmente atacamos el problema? Los niños trabajando sin ir a la maravillosa escuela… el show del día, el Oscar de las primeras damas, y luego la nada, el vacío.

La fiebre es el trabajo infantil. La enfermedad contagiosa es el exceso de niños inmersos en la pobreza, sin futuro. Nuestras familias están intelectualmente enfermas, y se niegan a tomar las medidas para frenar este cáncer que nos carcome socialmente. La mayoría de los jefes de hogar (la mayoría mujeres) decidió que sus hijos no tendrán educación sexual en las escuelas.

Faltos de neuronas, por no llamarlos ignorantes, prefieren ver a sus hijas embarazadas a los 12 años por falta de educación sexual, en vez de hablarles claro: “Ponte un condón hasta en las orejas, hijo mío”.   “Tómate una pastilla”. “Esto es un óvulo, aquello un espermatozoide…”. Nuestro primer problema es la educación sexual, fuente fundamental del problema social que inspira esta nota. Ella es casi inexistente, y cuando ocurre se inclina a la morbosidad. ¡La cultura de la incultura!

Casa Esperanza, el Hogar Malambo, la Fundación Pro Niños de Darién, Pro niños de Capira, La Chorrera y Chorrillo, etc., serán las únicas instituciones y comunidades que crecerán, aparte de los impuestos el próximo mes.   Sin educación sexual, los niños florecen como el berro en Boquete… silvestre y en cada esquina. Ni el fútbol detiene el sexo en la juventud. Son unos verracos. Son jóvenes y la sexualidad corre por sus venas.

Estrechamente vinculada a la falta de educación sexual está la Iglesia. Ella debería serle más fiel al futuro del niño que a sus dogmas de 2 mil años, donde el condón y las pastillas anticonceptivas son inventos del demonio. En el otro extremo se hallan quienes promulgan que si un hombre y una mujer no han pasado un curso de educación sexual, no tienen trabajo, y amor para crear un bebé, no pueden procrear:  no baby posible, niet, no baby, nine, niente bebushken. No debemos confundir que sexo y niños son dos cosas diferentes; pero sin educación sexual, son muy similares.   Prohibir el sexo no es la solución.

El tercer problema involucra al Estado y a la sociedad no pensante; ambos se hacen los locos (no confundir locura, con partido político alguno) cuando se menciona la educación sexual.   El Ministerio de Salud no puede operar a una mujer para que deje de tener hijos ni tampoco le interesa, aunque esta haya tenido 15 vástagos y su matriz cansada ruegue por ser operada, si no tiene 35 años de edad.   La respuesta es no.

No veo a ninguna asociación de distinguidas damas de aquellas que reparten canastillas en los hospitales, libro y ortiga en mano, enseñándole a la orgullosa homenajeada cómo dejar de traer más niños al mundo… “Sonrían para el periódico, por favor”. Hipocresía, ignorancia, o ambas cosas (confieso que estoy confundido).

La mujer sin educación sexual, pare, y sigue pariendo, mientras que nosotros leemos en los medios que tenemos que detener el trabajo infantil, ¿Cómo se detiene una epidemia?

Reconozco que hay panameños con el deseo de ayudar a estos niños, pero sugiero que dejen a los “esclavos” tranquilos y enfoquen sus esfuerzos en la raíz del problema. Niños quebrándose la espalda, niños pidiendo limosna y mendigando en los semáforos, prostituyéndose, siendo abusados. Déjenlos tranquilos. Total, si a sus padres no les importa, si la Iglesia lo promueve, si los partidos políticos necesitan más clientela, y tú y yo no hacemos nada para educarlos, ¿para qué preocuparnos?  ¡Al trabajo infantil dile sí! y sigamos poblando la Tierra.  ¡Sonrían por favor!

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Este artículo se publico el 26 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Un gol contra el trabajo infantil

La opinión de…

MARINA PÉREZ DE CÁRDENAS

Muchas situaciones en nuestras vidas nos recordarán un gran partido de fútbol, en el que los jugadores tienen que luchar en equipo para llevarse la victoria; no siempre es fácil, hay que esforzarse mucho, jugar limpio y no permitir que se cometan errores en el campo de juego.

Este 12 de junio se celebra el Día Mundial contra el Trabajo Infantil... imagínate cuáles son los equipos que se enfrentan día a día para luchar contra esta triste realidad: el equipo que trabaja contra el Trabajo Infantil y demuestra su compromiso luchando por el acceso a la educación y mejores condiciones para el desarrollo de los niños, niñas y adolescentes; y su adversario, el equipo de los que ignoran y hacen caso omiso a este flagelo. ¿A cuál de estos apoyarías?

Es importante que sepas que los deportes no están exentos del trabajo infantil, porque, según informes de la Marcha Global, se ha detectado la explotación laboral de niñas y niños en la producción de balones de fútbol en India, Pakistán y China, siendo que algunas cifras se refieren hasta un millón de niños bajo estas condiciones. Cada año, India produce más de un millón de pelotas de fútbol hechas a mano, para empresas multinacionales, en su mayoría para la exportación a los países del mundo más poderosos.

Estos niños reciben unos seis centavos de dólar por un balón, que luego es vendido a 20 dólares aproximadamente. Los grandes del fútbol ganan millones y millones de dólares por partido, lo que me hace preguntarme si Messi y sus amigos sabrán lo que tienen entre sus manos…

¿Qué nos dice esto? Que las reglas del juego las dicta la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por Panamá, la cual establece claramente la obligación del Estado de garantizar ‘el derecho del niño de estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social’, estas reglas no se están cumpliendo realmente. Es decir, el juego no está siendo limpio.

Vivimos un momento en nuestra sociedad donde nos debemos preguntar si es necesario un time out o tiempo fuera, que nos sirva para hacer un análisis de la situación. Y es que los niños tienen derecho a ser niños, porque pierden todo al perder su niñez. Pierden su derecho a recibir una educación, y las estadísticas revelan el hecho aterrador que un niño que no va a la escuela tiene ocho veces más probabilidades de delinquir que uno que sí va. De igual forma, pierden la oportunidad de desarrollarse y salir del círculo de pobreza en el que viven, toda vez que un niño que deja de asistir a la escuela dos años, recibirá 20% menos en su remuneración toda su vida laboral. Pierden su derecho a jugar, y el niño que no juega, no sabe trabajar en equipo.

El abuso sistemático de derechos humanos a niños, niñas y adolescentes trasciende barreras de lugar, tiempo y espacio. De acuerdo a cifras de la OIT, existen aproximadamente 215 millones de niños en el mundo que se encuentran en situación de trabajo infantil. De estos, 115 millones, se encuentran bajo las peores formas de trabajo infantil. En Panamá contamos con la alarmante cifra de casi noventa mil niños en estas condiciones, de acuerdo a cifras oficiales de la Contraloría General de la República de 2008, los cuales realizan diversas actividades como buhonería, mendicidad, construcción, agricultura, pesca, y explotación sexual comercial.

De acuerdo a los Objetivos del Milenio, tenemos un plazo hasta el año 2015 para la eliminación de las peores formas de trabajo infantil, y hasta el año 2020 para su erradicación. Para lograr esta meta, todos los niveles de la sociedad deben involucrarse y es responsabilidad de todos y todas su eliminación.

¿Qué puedes hacer tú al respecto? ¡Anota un gol contra el Trabajo Infantil y haz que el mejor equipo gane!

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Artículo publicado el 12 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que a al autora, todo el crédito que les corresponde.

Curados de espantos

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador…..

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Raúl Leis R.

Es un reto a la conciencia que 90 mil niños y niñas trabajen en las calles y en los campos en un país con tres y medio millones de habitantes, y en donde se proclama a diestra y siniestra la aspiración de entrar al primer mundo.   Lo peor es que la situación está invisibilizada para muchos que no la perciben como problema, e incluso hasta la justifican, sin caer en cuenta que la existencia del trabajo infantil es al mismo tiempo consecuencia y causas de muchos y graves problemas sociales.

Como bien lo señala un estudio de la OIT, la inserción temprana al trabajo de niños, niñas y adolescentes encuestados, guarda estrecha relación con el contexto -económico, familiar, social, legal, cultural, y político- en el que se desarrollan, y que conforme a cómo operan y se interrelacionan, les limita o no crecer en el marco de sus derechos.

Como parte de las respuestas a estos grandes retos y por invitación del IPEL (Instituto Panameño de Estudios Laborales), escribí una obra teatral alusiva al tema con el título Curados de Espantos y que se estrena hoy a las ocho de la noche, montado por el Teatro de los Trabajadores en el Auditorium Ascanio Arosemena de la ACP.

Con el IPEL tengo una larga relación desde hace muchos años pues han hecho una gran labor educativa y cultural con los y las trabajadores. Ellos – por ejemplo editaron y reeditaron luego, mi libro Voces de Lucha, con testimonios históricos del quehacer sindical, y que incluye la obra teatral Primero de Mayo, además que les he colaborado en cursos, concursos, investigaciones

El argumento de la obra es la siguiente: Un grupo de 3 jóvenes emprendedores tiene la idea de hacer un negocio en base a elaborar una guía de espantos o fantasmas de Panamá, como se ha hecho en otras ciudades. Recorren diversos lugares buscando su objetivo, sin percibir la presencia real del trabajo infantil el cual no ven ni perciben. Los tres amigos quieren visibilizar lo que es invisible o inexistente (los espantos) pero invisibilizan lo existente (trabajo infantil). La idea es que el público no solo los descubra sino que se comprometa, y por ello la obra finalmente propicia el debate informado a través de un teatro foro.

La idea es que el público en las diversas presentaciones -que se realizarán por todo el territorio del país- luego de ver el montaje fueran sensibilizados con el problema del trabajo infantil en Panamá, y con una clara disposición a ser parte activa en la transformación del problema en solución.

No olvidemos que la niñez goza de los mismos derechos humanos que todas las demás personas. Asimismo, al no tener los conocimientos, la experiencia o el desarrollo físico de los adultos ni el poder de defender sus propios intereses en un mundo de adultos, los niños y niñas también tienen derechos específicos a ser protegidos en razón de su edad.

El principio de la abolición efectiva del trabajo infantil implica garantizar que cada niña y cada niño tienen la oportunidad de desarrollar plenamente su potencial físico y mental. Apunta a eliminar todo trabajo que ponga en peligro la educación y el desarrollo de los niños, como las llamadas “ peores formas de trabajo infantil”, absolutamente inaceptables y cuya abolición requiere una acción urgente e inmediata, afirma la OIT.

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Este artículo se publicó el  12  de mayo de 2010 en el diario  El Panamá América a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los invisibles

La opinión del Sociólogo, Escritor y Educador….

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Raúl Leis R.

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Los invisibles

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“De los seis a los diez años trabajé para una gran finca.  Me levantaba a las cuatro de la mañana, cuidaba de las vacas, las alimentaba y las llevaba hasta el corral, buscaba leña en el monte y no paraba en todo el día.   Por eso no pude ir mucho a la escuela.   A los 11 años nos fuimos a la ciudad, mi hermana de 12 años trabajaba de sirvienta, yo cuidaba autos, en mi primer día otro pelao dijo que yo estaba sacándole su puesto y me tiró un vidrio, que me rompió la frente. Por momentos me sentía maltratado y rechazado” (Testimonio de Ángel).

Muchas personas los han invisibilizados, pues para ellos no se trata de un problema serio o simplemente no está en las páginas amarillas, no existe. El hecho que muchos niños y niñas se partan el alma como vendedores callejeros informales en esquinas o avenidas, hagan servicio doméstico, pidan limosnas, limpien zapatos, pepenen basura, recojan café, corten cañas, limpien potreros, pesquen o buceen en mares y ríos, es tratado con ambigüedad por muchos adultos que por una parte perciben el trabajo como positivo, pues los forma y educa como aprendizaje para el futuro, sin caer en cuenta que las prácticas cónsonas con la edad como es la educación, el juego y la recreación son las que fortalecen las capacidades cognitivas y emocionales de los niños y niñas.   Otros adultos incluso desvían la esencia del problema culpabilizando solo a las propias víctimas o sus familias.

Cuando se trata de niñez envuelta en actividades como tráfico de drogas o el comercio sexual definitivamente llama más la atención, pero muchas veces los adultos indolentes los separan de las formas más “normales” de explotación, sin percibir la intima relación que existe entre todas estas formas de trabajo infantil.

El Convenio 138 de la OIT, define bien el trabajo infantil, como toda actividad económica en cualquier forma de condición laboral (asalariado, independiente, familiar no remunerado, y otras) realizada por niños o niñas, es decir personas menores de 14 años de edad, que les impide desarrollarse dignamente; restringe su participación y derecho a la educación; y causa perjuicios en su salud, su condición física, mental, moral y espiritual

El trabajo infantil es una forma de explotación ilícita, que no está aislada de nuestra realidad. El caldo de cultivo es la pobreza y exclusión rural, indígena y urbana que azota al país, a miles de familias y comunidades pobres, en el marco de ser unos de los países con mayor desigualdad en el continente. A esto se suma la debilidad de las políticas públicas para prevenir el problema. Entre ellas las limitadas posibilidades de acceso a una educación pública de calidad, pues la educación sería una parte importante de la solución.   Cuenta también en el problemas el desconocimiento de las propias familias de los riesgos y peligros a que es expuesta la niñez que realiza estas actividades, así como el enfoque equivocado del problema y la revictimización aplicados por algunos medios de comunicación.

Solo a través de una propuesta de desarrollo nacional equitativa e incluyente, dotada de políticas públicas efectivas y participativas, de cambios fundamentales en la educación nacional, de la creación y aplicación a fondo de leyes justas sobre el tema, y de una opinión pública abierta y sensible al tema, podremos superarlo.

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Publicado el 23 de septiembre de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Trabajo infantil

Trabajo infantil

La opinión del abogado y comentarista…

Guillermo Márquez B.

Impresiona advertir que se hable y escriba con tanta frecuencia sobre la necesidad de combatir el trabajo infantil. Estimamos que antes de legislar protegiendo a los infantes, debió explicársele a la población, a fin de que padres y madres de familia lo entendieran bien, qué es la infancia. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española la define como la edad del niño desde que nace hasta los siete años. A más de ello, es aconsejable ir sobre la materia con pies de plomo para considerar situaciones excepcionales de trabajo de un infante y evitar que se continúe considerando como tal a quien ya dejó de serlo.

Siempre hemos estimado que el trabajo en muchísimos casos es una manifestación espontánea en el ser humano, desde la más tierna edad. El niño que ve a su padre clavando, desea tomar también el martillo y clavar, y así ocurre en multitud de casos.

Estamos de acuerdo con que se combata el trabajo que demande de un infante esfuerzos impropios para su edad. Para muchos de ellos trabajar en labores sencillas que no produzcan agotamiento, es muy entretenido y placentero, sobre todo si de ello derivan fruto.   Además, los padres de familia que saben que un pequeño hijo suyo está rindiendo labores sencillas en determinado lugar, se sentirán satisfechos y en sosiego, de los cuales no disfrutarían si el vástago anduviera de su cuenta por las calles y a saber en qué clase de compañía.

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Publicado el 27 de agosto de 2009 en el diario El Panamá America Digital,  a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

A propósito del maltrato infantil

A propósito del maltrato infantil

Gurziz Singh Gill D. – Abogado

El vídeo que evidencia el maltrato de un niño del sector de Tocumen, que la pasada semana divulgaron los medios de comunicación social, sacudió las fibras más íntimas del alma de los panameños. El clamor popular fue unánime al condenar tan infame acto, lo que nos indica que se ha creado una reacción social contra este tipo de abuso, o en el mejor de los casos, se hizo conciencia de la necesidad de lograr una efectiva protección integral de los niños, niñas y/o adolescentes que a diario se ven expuestos a situaciones que vulneran sus derechos más elementales.

Sin embargo, trasluce que los panameños manejamos una doble concepción moral. Por una parte, nos parece inmoral y criminal observar a un adulto arrojar al suelo a un niño indefenso, hecho que actualmente se tipifica como delito en los artículos 199 y 200 del Código Penal; más por el otro, no nos causa ningún conflicto observar a diario niños, niñas y/o adolescentes en los semáforos, vendiendo pequeños artículos, expuestos a los peligros de la calle. Lo paradójico es que estos mismos artículos, incluyen como una forma de maltrato a niños, niñas y adolescentes, el emplearlos o permitir que se les emplee en trabajo prohibido o que ponga en peligro su vida o salud.

La Convención sobre los Derechos del Niño ratificada por la República de Panamá mediante Ley 15 de 16 de noviembre de 1990, que de acuerdo a jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia es parte del “Bloque de la Constitucionalidad”, expresa en su artículo 32 que los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social.

Así, nuestra legislación cuenta con el Convenio sobre la Prohibición de las Peores Formas de Trabajo Infantil y la Acción Inmediata para su Eliminación, ratificado mediante Ley 18 de 15 de junio de 2000 y el Decreto Ejecutivo No. 19 de 12 de junio de 2006, que aprueba la lista de trabajo infantil peligroso, en el marco de las peores formas de trabajo infantil, en el cual se señala como peligroso el trabajo en la calle y en las vías públicas.

Ahora que la sociedad ha tomado conciencia de la vulnerabilidad en que se encuentra nuestra niñez y adolescencia, nos corresponde asumir el compromiso de colaborar con las autoridades respectivas para erradicar su trabajo en las peligrosas calles de nuestras ciudades, ya que estos graves hechos afectan el desarrollo pisco-social de los panameños y panameñas del nuevo milenio.

De lo contrario, asumiremos la actitud del avestruz, de esconder la cabeza bajo tierra para no ver el problema que se nos viene encima.

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Publicado el 1 de agosto de 2009 en el diario El Panamá América, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el credito que les corresponde.