No es posible minar el derecho a la salud

No es posible minar el derecho a la salud

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Lita Arias
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El director de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), Javier Arias, dijo en La Prensa que el futuro de Petaquilla Gold debe decidirse en un tipo de plebiscito, como si el derecho a la salud fuera revocable.

El director Arias alude a que Panamá no tiene un modelo de desarrollo a seguir.

Sin embargo, antes de debatir modelos y sus implicaciones ambientalistas rige la sobrevivencia. Un modelo de desarrollo con consecuencias de muerte no desarrolla.

Ingenuamente, el director de Anam cree poder apoyarse en modelos, a sabiendas de que no gozamos de la civilidad para coquetearle al peligro. Recuerde, director, las trágicas muertes del bus sin puerta trasera y la dantesca farmacia del Seguro Social.

Si no practicamos las mínimas medidas de conservación por la vida en elementales modelos de transporte, sanidad ni seguridad pública, ¿por qué va Petaquilla Gold, que desde su nacimiento incumple sus compromisos, a ocuparse de la delicada y costosa tarea de manejar estos mortales tóxicos?

Nada en su comportamiento a la fecha indica respeto a la autoridad. ¿Cuál va a ser entonces el motivo que los obligue a ir contra la naturaleza de su modelo de desarrollo para invertir en la frágil seguridad de su actividad industrial, industria que la Unesco califica de mayor contaminante del planeta?

Es sencillo, cualquiera actividad que suponga aniquilar su suelo, tendría obligatoriamente que estar vetada, especialmente en Panamá, con solo 75,990 Km2. de territorio.

El mundo moderno está consciente de lo que ha perdido. Países con “pobreza” industrial como el nuestro son ahora vistos por los ricos como la esperanza de oxígeno y alimento. Pero Panamá está buscando salirse de esta codiciada lista.

Poner a competir al ecoturismo con la minería es tan ridículo como alarma evidente de lo poco que la dirección de Anam entiende su tarea. Ser ambientalista no es una moda, es una acción de sobrevivencia y responsabilidad. Quien todavía no acepta la relación directa de la salud del planeta (la casa de todos) y las prácticas depredadoras de la humanidad está ciego y sordo a lo que sucede a su alrededor.

Es responsabilidad del Gobierno saber lo que es saludable para todos. El plebiscito del Canal daba opción de modernizarse. Un plebiscito para minar es ofrecer la opción de actuar contra la salud colectiva.

La amenaza de Petaquilla Gold no discrimina, cuelga sobre todos nosotros, ricos, pobres, gobierno, oposición.

Los riesgos de entrar en contagio con desperdicios tóxicos se mantendrán vigentes décadas después que los responsables se hayan ido. La sedimentación de tóxicos es centenaria, puede diluirse y llegar a los hogares por el agua y alimentos sin ser detectada. Las consecuencias son irreversibles.

La mora legal y económica de Petaquilla Gold es tan amoral como los otros casos de corrupción, que gracias a unos primeros gestos de enmienda han producido atención positiva para el joven gobierno.

Votamos por un cambio de contenido; esto requiere que el liderazgo se eleve por encima de la mediocridad, ejemplarizando la virtud del bien de todo para todos. El Gobierno sabe, solo falta que haga.

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Publicado el 3 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que le corresponde.

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