Mi bandera no es mi bandera

La opinión de…

David Beraha C.

 

Recientemente remodelé mi casa y al terminar decidí hacer algo que siempre quise, poner un asta y que mi bandera fuese acariciada por la suave brisa que acaricia nuestro istmo. Por tal motivo empecé a investigar cuál era el procedimiento de acuerdo a nuestras leyes y vaya la sorpresa que me llevé.

Lo primero que se me ocurrió fue llamar a la Presidencia de la República, pregunté por el departamento de relaciones públicas en donde me manifestaron que no tenían idea de la legislación actual y me recomendaban llamar a la Gobernación.

Al llamar a la Gobernación solicité por el departamento legal en donde me atendió muy amablemente una funcionaria, lastimosamente no tenía la información a mano y se comprometió a indagar para poder darme una respuesta satisfactoria, debido a que la ley que tiene que ver con los símbolos patrios tiene más de 50 años y no quería darme una respuesta equivocada.

Seguí indagando, llamé a la Asamblea Nacional e igual pregunté por el departamento legal, el funcionario en turno me manifestó que esa información no se daba telefónicamente, el procedimiento a seguir era hacerlo por escrito y luego ellos me responderían al cabo de unos días (increíble). Finalmente llamé al Ministerio de Gobierno y Justicia, en el departamento legal me atendió un funcionario que al fin tenía la respuesta correcta.

Su respuesta de acuerdo a la ley vigente es la siguiente: ningún ciudadano podrá hacer despliegue de su bandera, ello solo se permitirá en el mes de la patria (noviembre) y únicamente las instituciones públicas podrían hacerlo durante todo el año. Le manifesté que me parecía absurdo, que yo me sentía muy orgulloso de mi bandera, que diariamente la izaría a las 6:00 a.m. y la bajaría a las 6:00 p.m., igual me dijo que era ilegal.

Para mi sorpresa, a la mañana siguiente recibí una llamada de la Presidencia en donde la joven me preguntó si yo era el señor de la bandera (en ese momento me sonó jocoso) yo le respondí que sí, ella -con voz de inquietud- deseaba saber cómo me había ido en mi tarea y le contesté que fue toda una odisea, que lastimosamente parece que los únicos patriotas están en las instituciones públicas. Ella rió y me dijo que me comunicaría con el departamento de protocolo, que allí seguro habría una respuesta definitiva.

El señor que me atendió, definitivamente, era una lumbrera en la materia; me confirmó la mala noticia de que mi bandera no es mi bandera. No se imaginan cómo me sentí al saber que no podré izar mi insignia patria en mi hogar; que solamente en el mes de noviembre somos patriotas y mezclamos nuestros símbolos patrios con parrandas, licor y la falta de cultura.

Les manifiesté que izaré mi bandera con orgullo para que los rayos de sol se posen sobre ella y para que baile al son de los vientos que la acarician desde los cuatro puntos cardinales.

A las autoridades les digo que desconozco las sanciones correspondientes por izar mi bandera durante todo el año, pero las enfrentaré hasta las últimas consecuencias, y a los ciudadanos les digo que la patria no son los hombres que habitan en un pedacito de tierra, sino cómo la queremos, respetamos y valoramos.

La bandera de un país nos identifica como ciudadanos en cualquier parte del mundo; las instituciones públicas están identificadas por sus logos pero al tener la bandera a un lado demuestran nuestra soberanía, como se dejó mostrar en la gesta del 9 de enero en lo que era la Zona del Canal. Opino que la ley vigente sobre los símbolos patrios debería ser revisada y actualizada. He tenido la oportunidad de viajar a diversos países por asuntos de trabajo o vacaciones y he observado cómo enarbolan sus banderas en cualquier punto de su territorio, con orgullo y felicidad.

No pretendo, como hacen en Estados Unidos, maltratar mi bandera (quemar, pisotear, etc.) pero sí sentirme en la libertad de verla a diario en la entrada de mi hogar, con sus dos bellas estrellas y sus colores brillantes, en un país donde la democracia nazca del corazón y no de la boca hacia afuera, como en muchas ocasiones dicen nuestros políticos corruptos ser los más patriotas.

Celebremos el mes de la patria durante todo el año, con orgullo, respeto, honor, lealtad y sobre todo con amor por nuestro pequeño país que es grande de corazón.

¡Qué viva Panamá!

 

*

<> Este artículo se publicó el 3  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Anuncios