Panamá no surgió por combustión expontánea

Bitácora del Ex- Presidente del 27 de enero de 2011.

La opinión del Abogado, Empresario,  Docente Universitario y Ex Director de la Policía Nacional…

Ebrahim Asvat

 

Y esto que hoy llamamos Panamá y que nos enorgullecemos por ser lo que es, no surgió por combustión espontánea.  En ella contribuyeron miles y miles de panameños a través de los años.

A diferente niveles han contribuido al bienestar común, llevando escolaridad,  salud,  caminos,  puentes,  sanidad,  empresas, agua, electrificación.

Todos estos esfuerzos con la finalidad de darle una forma a una región selvática.   Cada gran obra de bienestar general producto de la mentes de panameños que pensaron en el cómo, para luego,  ver el cuanto.

Cómo llevarle salud a todos los panameños.   Cómo integrar a todas las comunidades en un sistema de carreteras.   Cómo proveer a todos los panameños de agua potable.

Nuestros antepasados no vieron el problema del analfabetismo para decir:  “no perdamos el tiempo y el dinero en gente que no sabe leer y escribir”.    Tampoco en cuanto a la salud escatimaron esfuerzo por la distancia o la dificultad en llegar a los poblados.  Nadie dijo:  “Para allá no vamos porque está muy lejos y eso es perder dinero y tiempo.

Por  que será que hoy nuestra clase dirigente no puede pensar en cómo evitar que  nuestros adolescentes caigan en las manos de la delincuencia  y sobre esa interrogante crear programas y planes que lo eviten.

Porque cuando hablamos de la delincuencia juvenil lo primero que pensamos es en penas,   cárcel,   tratamiento como adultos,  severidad y muerte.

Frente a tantos tugurios y barrios marginales por qué será que nuestra clase dirigente no puede pensar en cómo garantizarle a  cada panameño la posibilidad de tener una casa digna.

Nuestros antepasados diseñaron las políticas publicas y pensaron en todos los panameños sin distingos.  Prepararon a los técnicos y profesionales para llevarlos a cabo.  Cuando hubo necesidad de contratar extranjeros lo hicieron.

Hoy, no hay políticas públicas sino reparto dinerario y sectorización.    Nos ofrecen Torres Financieras,  Ciudad Gubernamental,  Centro de Convenciones y  rellenos de mar para lujosos edificios, túneles y Metro en medio de escasez de agua potable, basura por doquier, tugurios rodeados de hermosos apartamentos,  desplome de las alcantarillas y la más amplia dispersión poblacional para una ciudad de millón y medio de habitantes.

Ya no hay tiempo para pensar,  menos para soñar en un Panamá de todos y para todos.

Debo creer que nuestros  líderes de antaño llevaban a Panamá en la sangre.  Los líderes de hoy llevan a Panamá en el bolsillo junto a la billetera.

Andamos por el camino equivocado y si no despertamos terminaremos en el precipicio.

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Artículo publicado el 26 de enero de 2010   alas 21:45  en su muro en Facebook  por el autor  a quien damos todo el crédito que le corresponde.

 

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El 9 de enero y la nacionalidad panameña

 

La opinión de…

Jorge Chang-Villarreal

Han transcurrido ya 47 años de aquel amargo día en el que jóvenes panameños del Instituto Nacional elevaron esa voz de protesta en contra de la ocupación militar en la Zona del Canal, la denominada quinta frontera, que por muchos años estuvo allí como indicativo de que nuestro país no era soberano; que existían dos jurisdicciones distintas.

Ya para el año de 1958 se comenzaron a realizar algunos movimientos y es así que se inicia la operación soberanía, con la que estudiantes de la Universidad de Panamá colocan banderas en el territorio de la antigua Zona del Canal. Para el 30 de diciembre de 1963, el gobernador Robert Fleming anunció que la bandera panameña sería izada junto con la estadounidense en ciertos sitios de la ex Zona del Canal, a partir del 1 de enero de 1964, sin embargo, la decisión fue ignorada.

Los estudiantes de la Escuela Superior de Balboa izaron la bandera de Estados Unidos frente al plantel, sin acompañarla con la bandera panameña, lo que motivó que un grupo de estudiantes del Instituto Nacional (entre 150 y 200) llevara la bandera nacional con la intención de izarla en el colegio de Balboa, pero solo lograron pasar seis de ellos, quienes al llegar al colegio se vieron asediados por una multitud que no los dejó izar la bandera y, en el forcejeo, rompieron nuestro emblema nacional, hecho que causó indignación entre toda la población, que se tiró a las calles en protesta por lo sucedido. Esto dio por resultado 21 mártires y más de 500 heridos.

Los mártires del 9 de enero son verdaderos héroes de la nacionalidad panameña, pero algo debe estar pasando en nuestra sociedad; cada día son más los panameños que olvidan el significado de la fecha, lo toman como un día libre o de paseo. ¿Será que nuestra juventud no siente el orgullo de ser panameño? Es un deber patriótico que el 9 de enero no pase inadvertido. Esto no solo sucede el Día de los Mártires, igual pasa en las fiestas patrias, porque los jóvenes no saben por qué desfilan; no saben el significado de los colores de la bandera, cuándo nos independizamos de España o cuándo nos separamos de Colombia.

La situación se complica más cuando vemos las recientes declaraciones de nuestro cónsul en Miami, quien desconoce por completo no solo los datos del Canal, sino de la historia panameña; también, cuando se imprimen alrededor de 60 mil pasaportes con un mazo en vez de una pica y con el sol naciente, cuando en el escudo verdadero el sol se oculta, debido a que toda la conspiración de la separación de Colombia ocurre de noche.

Definitivamente, debemos tratar de rescatar la nacionalidad panameña. Es un deber de todos entender que el amor a la patria es un amor incondicional, que debemos respetar nuestros símbolos patrios por ser la fiel muestra de nuestra identidad nacional.

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Este artículo se publicó el 10  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El 9 de enero de 1964

La opinión de…

 

Rimsky Sucre Benjamín

El cerro Ancón albergó el aparato operativo y administrativo francés y norteamericano del Canal de Panamá desde finales del Siglo XIX hasta finales del siglo pasado (XX).   El período norteamericano se inicia con un tratado firmado a espaldas de negociadores nacionales que, prontamente, fue calificado como ignominioso por las generaciones de panameños que sufrimos el injusto trato y protestamos, principalmente, su cláusula de perpetuidad.

Fue y sigue siendo “nuestro amado cerro Ancón” la inspiración, el símbolo y bandera de protestas y luchas generacionales en defensa de los derechos soberanos de Panamá, reclamaciones incesantes de nuestros mejores ciudadanos de todos los ámbitos sociales y regiones del país, desde que se tuvo conocimiento del contenido y alcance del Tratado Hay–Bunau Varilla de 1903.

Era yo estudiante graduando del VI–B del Instituto Nacional de Panamá, cuando luego del recreo de ese mediodía solicitamos permiso al profesor Roberto McNally, consejero del salón, para ir de aula en aula a manifestar nuestro deseo de izar esa tarde la bandera nacional de nuestro colegio, en la escuela secundaria de Balboa, situada en las cercanías del cerro Ancón, en respuesta a los recientes hechos de irrespeto por parte de los llamados “zonians” (que no se consideraban norteamericanos ni panameños, y luchaban muy unidos para perpetuar sus grandes privilegios en ambas naciones).

La solicitud original consistió en que los alumnos de mayor índice académico requiriesen al rector, profesor Dídimo Ríos, dicha bandera, considerada histórica por el plantel. Al unísono los salones se movilizaron, logrando esa misión; mientras otros improvisamos carteles y afiches con los pocos materiales que aparecieron en el aula de Artes Industriales y otras (papel manila, cartones, tempera, tiza y algunos restos de pintura).

En poco más de una hora partió el compacto, ordenado y cívico grupo de estudiantes, principalmente de los sextos, quintos y menores grados del segundo ciclo institutor, con consignas y letreros que se centraron en que “Panamá es soberana en la Zona del Canal”, sorprendiendo a la gendarmería y a los servicios de inteligencia del gobierno canalero (un gobierno extranjero dentro de nuestro territorio) y a todas las dirigencias de política estudiantil y oficial del país.

Conocido ya es el civismo y respeto demostrado por este grupo, que guardó silencio absoluto en el recorrido por el hospital Gorgas y cantó el himno nacional en la residencia del gobernador zoneíta, hoy residencia del administrador panameño del Canal;   en contraste con la desesperación y falta de coordinación de la policía militar zoneíta, del gobernador,   del director del Balboa High School College y los vejámenes a que fueron sometidos los seis estudiantes que, inicialmente, permitieron ellos –con la promesa de custodia y protección– cruzar al asta de la bandera de esa escuela.   Fueron traicionados por los agentes de seguridad norteamericanos, quienes no solo participaron en la golpiza y negaron la izada de nuestro pabellón, sino que también, cobardemente, lo rasgaron.

Los jóvenes estudiantes norteños fueron arengados por sus padres a lanzar todo tipo de improperios y agresiones físicas a nuestra escasa comitiva, para impedir que se cantasen las estrofas del himno nacional.    Sin embargo, lograron con los brazos erguidos cantar, impidiendo que nuestra bandera, con el escudo bordado en su centro, tocase el suelo.

El regreso al otro lado de la cerca limítrofe fue tumultuoso. El primer disparo hecho con arma corta y por un civil en las cercanías del actual gimnasio de Ancón, no causó daño aparente.   La noticia se esparció por la ciudad a medida que algunos deteníamos el tráfico en la Avenida de Los Mártires (hasta aquel día: Avenida 4 de Julio), y otros, de regreso al interior del alma máter, notificaban al rector, profesores y administrativos, a dirigentes estudiantiles de otros colegios, a la Universidad de Panamá y a los medios de comunicación.

Los hechos se precipitaron con lamentables pérdidas humanas y logrando la unidad nacional más monolítica de nuestra historia. Una lucha digna y magistral en el terreno internacional, que logró la condena universal de la política estadounidense, provocada –en última instancia– por la arrogancia de una generación de norteamericanos y sus descendientes que, como corolario, irrespetaron los acuerdos de la época sobre la izada de la bandera panameña en ese soberano territorio, pretendiendo perpetuar sus privilegios “sociales… y comunales…” en la Zona del Canal de Panamá.

No pretendemos, los de la generación de 1964, desconocer las luchas previas que nos inspiraron, ni las posteriores, con las que también hemos alcanzado el reintegro territorial y la casi plena soberanía; me es imposible revivir el llanto… Estamos convencidos de que la gesta del 9 de enero de 1964 convenció, finalmente, al Gobierno norteamericano de que las causas del conflicto permanente con Panamá debían y tenían que ser resueltas en forma definitiva y pacífica, quedando esto patente con las negociaciones fallidas en el período del presidente Marcos A. Robles, para el apodado “Tratado Tres en Uno”, y las del largo recorrido del Tratado Torrijos Carter.

Amado cerro Ancón, de Amelia Denis de Icaza, de Demetrio Korsi, del Nido de Águilas “Altivo a las faldas del cerro Ancón”, del negro Agustín Rodríguez, de Edwin y Dimas Castro, tuyo y mío, has sido y serás agua y sabia pura, memoria, historia, imponente y maravilloso monumento, mástil, bandera, reserva natural, pulmón de la ciudad y ensoñación. Sí, ensoñación, como versa la declaración de amor de mi padre a Eloísa, en la última página de su libro de dedicatorias… y que luego nos trajo a este mundo.

El 9 de enero, te rendimos pleitesía, sin rencores, sin resabios, con el testimonio dado de una vida constructiva, basada en ideales. Hacemos votos por tu conservación en beneficio de la historia, de tu fauna, flora y biodiversidad; por tus servicios ambientales a la ciudad, al país y al mundo, por tu belleza imponente.

Subamos juntos esa primera recuperada trocha. Toquemos el chorrito, maravillémonos con tus paisajes, su rica vida y olor a tierra mojada; con tus cuentos. Hablemos libres junto a Amelia, cantemos bajo nuestro imponente pabellón nacional y hagamos bueno el pensamiento de Omar, quien dijo: “pónganlo allí (el mástil), adonde no hay yerbita, para no dañar nada”.

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Este artículo se publicó el 8  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La Gesta de Enero y la dignidad de la Patria

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La opinión de…

Dorindo Jayan Cortez 

jayan2258@gmail.com

9 de enero de 1964. Como en ninguna otra fecha de nuestra historia, se expresa el sentimiento por la patria, la panameñidad convertida en orgullo, la rebeldía justificada del ser nacional, como en aquella donde los estudiantes defendieron, con sangre y conciencia, el derecho de la tricolor de ondear, con el empuje de las suaves brisas del Cerro Ancón, en el territorio ocupado.

Las protestas de enero no eran ajenas al patriotismo impregnado en los corazones juveniles de la patria.   Se había construido en la conciencia estudiantil el firme reclamo de “un solo territorio, una sola bandera”. Treinta y cinco años después de aquella gesta, que fue gloriosa aunque también de luto, se cumple el sueño: rescatamos la Zona del Canal y la presencia USA llegó a su fin. Como reconoce William Jorden, Embajador del Gobierno de Lyndon Johnson (1963-1969), en su obra La Odisea de Panamá, “nadie pensó en Panamá en 1964 que el izar la bandera de su país frente a una escuela secundaria un grupo de irreflexivos estudiantes estadounidense, pondría ser el principio del fin de la forma de vida que tanto ellos como sus padres tanto ansiaban preservar.”

La lucha nacionalista tenía un camino recorrido (1947, 1958-1959). Cuando el Gobernador Robert Fleming, anuncia oficialmente, en diciembre de 1963, que las banderas de Panamá y de Estados Unidos ondearían junta en diecisiete lugares de la Zona del Canal, y que la bandera estadounidense no lo haría en otros sitios: escuelas y tribunales, estaba, con esta medida, aceptándose el reclamo enérgico de muchas generaciones cuyo fervor soberano y disposición de lucha hacia insostenible la negación zoneítas de que se izara la enseña patria como correspondía.

Un hecho debe reconocerse, que no es ajeno a los incidentes. El tipo de dominio colonial, ultrajante y apropiador, establecido por el poder estadounidense, desde inicios de la ocupación, generó en los norteamericanos residentes en la Zona, un sentimiento de pertenencia, de apoderamiento de la “Canal Zone”.   Ello explica la actitud, justificable para algunos, de los estudiantes de la Escuela de Balboa y Coco Solo, en Colón, de izar la bandera –la de ellos, que era la de Estados Unidos, en sus respectivas escuelas donde, por acuerdo, no debía hacerse. Surge, así, la reacción consecuente –contestataria, de los institutores –y otros que se unen, que, bandera en mano, deciden que en el asta donde los estudiantes zoneítas izaban la “rayada extranjera”, tenía, también y, principalmente, que izarse la tricolor panameña. Ese asta debe eternizarse como patrimonio nacional, símbolo de la juventud rebelde y patriótica.

La conducta patriótica y soñadora de nuestra juventud recibe, como repuesta, el ataque agresivo, inmisericorde, de los militares USA, repitiéndose, como en otros tiempos, el ultraje y la cobardía de la superioridad castrense acantonada en nuestro propio territorio. Las consecuencias son conocidas. La sangre derramada escribe una de las páginas dolorosa de la patria. Y aunque los agresores trataron de tergiversar los hechos, lo cierto es que la gesta era, más bien, una bella -aunque triste- expresión en defensa de la nacionalidad. El recorrido por las calles, el sonido de las consignas, las piedras lanzadas, los heridos, los caídos, sus aspiraciones y sueños hoy logrados; en todo esto está el emblema de una gesta heroica que jamás hay que olvidar.

 

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<>Artículo publicado el 9  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

¿Desmemoriada la Historia?

La opinión del Estudiante de Derecho…


Ariel Banqué Estrada

Dicen que “un pueblo sin memoria está condenado a vivir su pasado”, lo que es razonable. Pues el desconocimiento y la falta de análisis de nuestros anales puede incidir en que como país cometamos las mismas equivocaciones que de una u otra manera nos han ocasionado desavenencias vividas en otrora; sin embargo, me toca reconocer que es prohibido impidirle a alguien olvidar lo que razonablemente no conoce. Esto lo sostengo al percibir el desentendimiento del cual somos parte muchos ciudadanos a 47 años de ocurrida la gesta del 9 de enero del ’64 donde decenas de personas, entre estudiantes y ciudadanos istmeños, fueron abatidos a muerte por la policía zoneíta cuando intentaron hacer respetar el acuerdo que un año antes firmaran los presidentes Roberto Chiari y John F. Kennedy, sobre permitir que el pabellón panameño ondeara con donaire y gentileza al lado de la enseña de EE.UU.

 

Y es que todos no hemos perdido de la memoria los relatos de nuestra historia, sino que el descuido de unos cuantos, al no transmitirnos los hechos, da como resultado la apatía de nuestra gente al no dar el crédito necesario a esta heroicidad y, a la vez, nos hace cómplices e incapaces de ser voceros vehementes de nuestras próximas generaciones y darle a conocer proezas que como ésta son parte de la crónica de nuestra Nación.

 

Agradable sería, que con nacionalismo celebráramos las hazañas de panameños que dieron su vida por la completa libertad de nuestra República, como en otras latitudes crean conmoción las vidas de Eva Perón, José Martí, Miguel Hidalgo y Simón Bolívar para los argentinos, cubanos, mexicanos y venezolanos respectivamente.

Queda como reflexión, que el patriotismo o valor que podamos tener y cultivar en los demás se va inferir del conocimiento que ostentemos de las cosas y que el sentimiento y repudio hacia los actos de los norteamericanos es resultado de la instrucción que poseamos de los hechos o circunstancias que perciban nuestras mentes para alcanzar la civilidad y contribuir personalmente al progreso y bienestar común de nuestra sociedad, tratando siempre de ser patriotas a pesar del sin fin de problemas que se aspiran en esta bella tierra: Panamá….

 

<>Reproducción de nota publicada en nuestro muro en Facebook, el  09 de enero de 2011 a las 23:10 por el autor.  Este artículo tambien fue publicado el 12 de enero de 2010 en el diario El Panamá América, a quien damos todo el crédito que le corresponde.

Therapeia del 9 de enero de 2011

La opinión de la estudiante…

SHARON TORRIJOS
sts2309@gmail.com

Hace casi medio siglo, 47 años para ser exactos, estudiantes de la prestigiosa secundaria Instituto Nacional,  entraron a Balboa en la zona canalera, izaron la bandera y cantaron el himno nacional de Panamá para expresar su deseo de soberanía total para el Istmo. ¿Fue o no fue la mejor forma de hacerlo? Eso no es lo más importante, sino que el orgullo que llenó el pecho de ellos fue tan grande como los hechos que se desarrollaron después.

‘Uno de los primeros indicios de que la infancia ha quedado atrás es cuando la injusticia y la corrupción nos golpean en la cara y ya no están mamá y papá para protegernos’, Rebelde Way, serie juvenil Argentina.

Ellos eran jóvenes, de mi edad más o menos (18 años) y yo me pregunto, ¿sería yo capaz de hacer algo así? Recordando la historia y los tantos movimientos juveniles que cambiaron el destino de la humanidad, uno se pregunta cómo es posible que el mundo está como está –con una juventud que está demasiado consumida en el vicio y el ocio-. A pesar de eso, me enorgullece saber que todavía hay jóvenes que seguimos encabezando movimientos relevantes para el bienestar global. Que crean en lo que John F. Kennedy dijo una vez: ‘no preguntes por lo que tu país puede hacer por ti, sino por lo que tú puedes hacer por tu país. […]’

‘En este mundo de blogueros de sofá que ha creado una generación de críticos y no de líderes, estoy haciendo algo, aquí mismo, ahora mismo, por la ciudad, por mi país”, Smallville, serie Estadounidense.

Tengamos la edad que tengamos, todos tenemos en nosotros la capacidad de actuar como nuestra moral nos dicta. Rebelarse ante a aquello que nuestras células gritan como infamia y honrar lo que se nos ha enseñado a amar tal como la familia y el hogar –la patria, la comunidad, etc.- no es más que una muestra de que somos seres de valor.

Hoy, 9 de Enero, recuerdo vagamente aquel poema que estudie en 2do año, ‘Que se vayan del Canal’ se llamaba, de Carlos Francisco Changmarín. Un hombre que con pluma furiosa y un patriotismo desangrándose escribió 10 versos que quedarían grabados como parte de la historia de aquellos valiosos estudiantes que hicieron lo que sintieron que debían hacer por su hogar.

‘La guardia en alto: ¡adelante! ¡tantos muertos, no lo olvides! que si en fracción te divides, te fusilará el ‘gigante’. Que toda la Patria cante la jornada magistral de la lucha desigual de aquella noche de enero y que grite el pueblo entero ¡QUE SE VAYAN DEL CANAL!’

 

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<> Artículo publicado el 9  de enero de 2011  en el diario  El Siglo, a quienes damos,   lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Se busca: autoestima panameña

La opinión de…

Ana Mireya Díaz

Hemos dicho adiós una vez más a noviembre, “el mes lleno de días libres”, como muchos le llaman. Se pasó tan rápido la celebración del cumpleaños número 107 de Panamá y muchos ni siquiera lo saben y otros que lo saben,  pues la verdad es que es a pocos a quienes les importa.

¿Por qué sucede esto? La verdad es que ese amor por la patria y esa pasión por hacer de Panamá algo mejor cada día, se han perdido. Además de que las últimas experiencias políticas solo han servido para decepcionar una y otra vez al pueblo, durante el desarrollo de las últimas generaciones citadinas, la globalización nos ha traído tantas ideologías y mercados extranjeros que han ido arrasando con el proceso de desarrollo de nuestra identidad propia.

Por esta falta de autoestima de patria, ya no creemos en que un Panamá mejor sea posible y nos hemos vuelto ciegos, sordos y mudos por elección. La desesperanza y desconfianza en el sistema han reemplazado a la motivación por conformidad y a la activación por comodidad.

Tal vez no se nos ha enseñado lo suficiente a los jóvenes acerca del fervor por la patria, pero creo que la historia habla por sí sola.

Panamá ha sido un país bendecido desde sus inicios; nuestra privilegiada posición geográfica fue gran protagonista para lograr nuestra independencia y lo ha sido para alcanzar el desarrollo económico que actualmente tenemos y eso es de enorgullecerse, pero Panamá es muchísimo más que un Canal.

Panamá es el movimiento civil que se rebelaba en contra de la dictadura,   Panamá es la saloma de los campesinos que se escucha en el interior de la República, Panamá es la lucha de losmártires del 9 de enero por la soberanía.

Panamá es la belleza de todo el territorio de la República: desde las islas de Bocas del Toro, hasta las montañas en Boquete, desde la zona colonial de Natá de los Caballeros, hasta las playas de San Blas.

No por nada Panamá es un paraíso turístico y hogar para miles de extranjeros. No debemos ridiculizar lo nuestro, debemos resaltarlo con orgullo y trabajar cada día comprometidos con mejorarlo. Ese es el amor por la patria.

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<> Este artículo se publicó el 6 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.