Jugar con la cadena, nunca con el mono

La opinión del Analista Político….

RAMIRO VÁSQUEZ CHAMBONNET

La presente confrontación entre panameños dista mucho de haberse resuelto.  Los errores de ambas partes, pendientes de un serio y responsable balance, no abonan al proyecto común de empujar la nación por las vías del progreso y la consolidación de su democracia participativa. La demostración de los hechos nos indica que las cúpulas y élites dirigentes de todos los sectores siguen sin comprender la frágil gobernabilidad que atraviesa nuestro país y en consecuencia carecen de la responsabilidad necesaria para medir los límites de sus acciones.

El levantamiento del pueblo indígena de Bocas del Toro, independientemente de la coyuntura que lo movilizó y las fuerzas que irresponsablemente lo empujaran, lleva el peso de todas las injusticias y atropellos a los cuales han sido sometidos. Las múltiples concesiones hidroeléctricas, la expulsión de sus tierras ancestrales en manos de voraces latifundistas, las amenazas de convertir sus territorios en mortales trampas de muerte con una política de minería que no les retribuye ningún provecho, son algunas de las situaciones que se han acumulado en el tiempo.

La globalización y la economía de mercado también juegan su papel. El abundante turismo ha conllevado a la proliferación de plantaciones de marihuana para alimentar la creciente demanda extranjera.  La política ha pervertido a parte de su población.   Las ONG’S lejos de ayudar empeoran las cosas, cuando ven a esas poblaciones como algo antropológico de museo viviente y se oponen al progreso y desarrollo con equidad. Pese a eso muchos de sus líderes son hombres y mujeres cultas y estudiadas. Vinculadas internacionalmente a todos los movimientos de protección a la población indoamericana, organismos de los cuales se informan y se orientan.

Ellos sienten que su pequeño patrimonio está siendo desmembrado, saqueado, despojados de sus últimos espacios de libertad. En esa región, solo atendida con políticas benéficas y paternalistas de los gobierno de turno, existían y existen las condiciones para que se reproduzcan esos levantamientos masivos de la población.

Ese estallido indigenista tiene dos causas: Por un lado un mal manejo de los responsables de Gobierno en la atención a la divulgación, discusión y clarificación de las reformas laborales hacia la burocracia sindical y hacia las masas de trabajadores. En algunos de esos funcionarios, prevaleció la soberbia, la prepotencia, los prejuicios, la ingenuidad y los malos cálculos sobre la acumulación que subyace en lo más profundo de ese pueblo. Pueblo que en su mayoría votó por una esperanza de cambio.

Pero por otro lado, con igual grado de responsabilidad se encuentra la burocracia sindical, sus corrientes ideológicas y dirigentes de la oposición. Se olvidaron todos de una vieja experiencia: Que las masas son por naturaleza radicales. Ningún bando puede jugar al vivo con esa condición del pueblo en la calle. Ahora todos quieren negociar y nadie sabe qué pasó y nadie es responsable, salvo el gobierno que inventó esa Ley. Todo un chiste de mal gusto.

Una burocracia sindical y economicista que siente en peligro su espacio vital de vida. Una dirección radical que expresa su profunda ignorancia de cómo hacer política y desarrollar su acumulación. Que ni siquiera entiende la realidad de los límites del liderazgo de izquierda en Latinoamérica. Una parte de la oposición que lo único que le interesa es demostrar que el proyecto Martinelli es un fracaso y que ellos son la alternativa obligada en las elecciones de 2014, a sabiendas de que es muy poco lo que pueden hacer de forma diferente, salvo esbozar una mejor demagogia.

Ninguna de esas tres fuerzas, que caminan cada una por su lado y con sus propios egoísmos, ha entendido responsablemente la situación del país y el escenario regional más los intereses de uso mundial de las grandes potencias sobre nuestra posición geográfica.

¡Sigan queriendo jugar con el mono y no con su cadena!

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Este artículo fue publicado el  13 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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A un año de gobierno

La opinión del Analista Político….

RAMIRO VÁSQUEZ CH

Ha transcurrido un año de gestión del Gobierno del presidente Martinelli. Semanas atrás di mi opinión. Ahora cabe reflexionar sobre el comportamiento de la sociedad y de sus organizaciones políticas. Más allá del discurso inflamatorio de la oposición, que compromete las decisiones de los futuros dirigentes que encabezarán la contienda electoral del 2014, vale la pena insistir sobre cosas que trascienden los intereses mediáticos de los políticos.

He leído y estudiado el Plan Estratégico de Desarrollo del actual Gobierno. Documento que ha tenido una pobre divulgación y del que nadie se ha ocupado en revisar, aunque sea para tener una idea de sus intenciones o para refutar y contraproponer responsablemente su propuesta.

El día de este primer año se consumió entre excusas y acusaciones. Ni una sola palabra sobre patria o sobre pueblo, sobre cómo avanzar en los temas comunes, temas de salud, trabajo, educación y seguridad.   Eso es muy grave y muy peligroso, porque significa que la confrontación de ahora, que será igual durante los próximos cuatro años, es simplemente por el control de los resortes y privilegios del poder.

Todos saben que el modelo político actual colapsó. Que se requiere de un esfuerzo único de toda la sociedad para abordar esa realidad y asumir responsablemente un cambio, cuyos costos no estén empañados por las lágrimas y la sangre de nuestro pueblo. Pero pareciera que a esos ‘todos’ no les interesa en lo más mínimo ese riesgo y ese costo.

Volviendo al Plan estratégico. Reconozco que ningún Gobierno de los últimos veinte años había podido presentar un documento de esa magnitud y elaboración. En su introducción se señala que ‘el mismo conjuga las metas consensuadas en el marco del Diálogo para la Concertación Nacional con sus propios compromisos electorales’.  La logística, el turismo, la agricultura y los servicios financieros fueron identificados como los motores del crecimiento en los que el Gobierno debe concentrar la intención inicial.   Allí se presenta el compromiso —en detalle— de una inversión para los próximos años que supera los diez mil millones.   Un total de 135 páginas que van identificando las áreas de inversión y los proyectos comprometidos.

Hasta ahí todo bien. El tema es cuando nos adentramos al factor humano, que desde los niveles de mando y de la burocracia gubernamental debe aplicar tan ambicioso plan estratégico de Gobierno.

Cuando desde la sociedad y desde la clase política, unos defienden su individualismo social y otros su oportunismo político, para que todo fracase y para hacer posible su retoma ‘democrática’ del poder.

Cuando los funcionarios públicos se debaten en una furiosa lucha intestina entre los sobrevivientes de la vieja burocracia y la nueva, que aún no sabe hacer las cosas correctamente.

Cuando las familias que han tomado sus cuotas de poder como verdaderas parcelas de caza, al margen de los partidos de donde provienen, aplican una despiadada operación de tierra arrasada sin medir las consecuencias que tiene esa conducta en la vida de toda la nación.

Cuando un año después de iniciado el Gobierno los mandos medios de esa alianza continúan promoviendo la división y la lucha intestina entre los bandos políticos de la Alianza por el Cambio. El ambicioso Plan Estratégico de Gobierno va camino al colapso.

De buenas intenciones no se construye ni un castillo de arena. A un año de la gestión del Gobierno del presidente Martinelli, deben producirse serios correctivos y establecer un verdadero manual de cumplimiento que mida la presencia de un funcionario de mando en base a sus resultados y a su rendimiento.

Un año supera con creces la curva de aprendizaje. Sería una falta imperdonable que un plan de esa magnitud sucumba por la miseria, el individualismo y el egoísmo de quienes tienen en sus manos los instrumentos de ejecución de la estrategia de desarrollo.

No solo se afecta la gestión de Gobierno, también se dañan las esperanzas de un pueblo… y una nación en desesperanza es el inicio del caos y la anarquía.

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Este artículo fue publicado el  6 de julio de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que al autor o autora, todo el crédito que les corresponde.

La temeridad de las ONG

La opinión del analista político…

RAMIRO VÁSQUEZ CH.

E l ciclo y rol de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en Panamá, ha entrado en una nueva encrucijada.   Cada gobierno, en los últimos veinte años, ha tratado de crearles una mesa de expresión, para que puedan compartir sus puntos de vista sobre diversos temas de interés general. G  esto solidario que surge más por las presiones internacionales que por los efectos que esos diálogos puedan generar en el ánimo de los gobernantes.

Desde la década de los 60, la ONU comenzó a promover este tipo de organizaciones, con el fin de crear un espacio de participación, de la llamada sociedad civil, en sus Asambleas Generales y estimularlas sobre todo en aquellas regiones con un gran retraso social y derechos humanos. Fueron consideradas desde su inicio como ‘Entidades de carácter privado con diferentes fines y objetivos humanitarios y sociales definidos por sus integrantes independientemente de los gobiernos y de los organismos internacionales’. Durante la ‘guerra fría’ fueron utilizadas indistintamente como caminos de penetración en la confrontación territorial que se daba. Pero a partir de este siglo, las funciones de las ONG han ido tomando un nivel de mayor participación en la toma de decisiones a nivel mundial sobre el criterio de que ‘las relaciones internacionales ya no están dominadas por los Estados como actores únicos’ (Kofi Annan).

Pero las ONG también debieron pasar por un período de control en el manejo de sus fuentes financieras. Sus estatutos de protección legal en los países las hicieron vulnerables al crimen organizado y las nuevas modalidades del blanqueo de capitales. Panamá incorporó legislaciones para aumentar las exigencias en la rendición de cuentas e incluso la obligatoriedad de publicar sus donantes, que solo a nivel internacional representan ingresos anuales por más de 30 millones de dólares.

En Panamá, el auge sin precedente de este tipo de organismos, sin propósitos reales, generalmente constituidas por uno o dos profesionistas, para ser usadas en temas muy puntuales, llevó al presidente Balladares, con facultad a la Ley que le obliga a fiscalizar sus funcionamientos, anular cerca de 400 autorizaciones a fundaciones y ONG.   Aunque esa mala práctica aún se mantiene, ha bajado su intensidad y por el contrario han surgido y se han consolidado otras organizaciones dedicadas sobre todo al campo de la salud y el medio ambiente, que han ganado la confianza de la comunidad internacional.

Pero su ingreso en la modalidad de representantes de las ‘organizaciones de la sociedad civil’ me parece que es un poco temerario, al extremo que raya en la irresponsabilidad.   Reconozco que hay figuras nobles y mejor intencionadas en el campo ambiental y de los Derechos Sociales, que hacen su mejor desempeño por defender temas del interés general de los panameños.

Pero, por favor, no caigan en el juego de esa ‘representación’.

Primero: porque es un título que le han adscrito las grandes potencias en su modelo de desarrollo y democracia y no la sociedad que dicen representar.

Segundo: porque su fuerza radica exclusivamente en el nivel de nexos que tengan con esos organismos internacionales, para que sirvan de puente de presión a los gobiernos locales.

Tercero: porque están obligados a buscar adopción en uno de los grandes medios para poder tener un escenario de presión.

Cuarto: porque lamentablemente son grupos muy débiles, que generan más desconfianza que solidaridad, además no tienen una política única sobre los problemas y temas que dicen defender. Son excluyentes y sectarios a rabiar.

Quinto: Algunos de estos organismos no superan una ligera investigación sobre el uso de sus donaciones, que se entiende deben ir dirigidos a los propósitos establecidos y no a los gastos administrativos y a los Overheads.

Las ONG de Panamá deben pasar a una reingeniería integral, si desean ganarse el título de representantes de la sociedad civil.

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Artículo publicado el 15 de junio de 2010  en el  Diario La Estrella de Panamá , a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que

La consulta popular y los partidos

La opinión del Analista Político…..

RAMIRO VÁSQUEZ CH.

La presentación del proyecto sobre consultas populares ha recibido la atención de los grandes medios, más por las declaraciones de sus diputados que por el contenido del mismo. Esa reacción de los representantes de los partidos, de oposición y Gobierno, tienen orígenes e intereses diferentes coincidiendo, eso sí, en el llamado de atención que dicha consulta no puede servir para realizar cambios constitucionales ni para saltar sobre el papel del Órgano Legislativo en materia de aprobación de las leyes.

Sin embargo, no he escuchado por parte de los diputados ninguna valoración positiva a tal iniciativa, lo cual indica que sus temores van más allá de su interés porque el Parlamento dé su aval a tales consultas, tal y como ocurre en la mayoría de los países que aplican esa modalidad de participación ciudadana.

Este tipo de iniciativas, normales en la mayoría de los países, ha sido poco empleada en Panamá, con lo cual crea lógicas reservas que luego son usadas para proteger otros intereses. De lo que se trata es de que la Presidencia de la República, apoyada en la soberanía popular reconocida en la Constitución, convoque a consultas periódicas a la ciudadanía cuando crea que la decisión próxima a tomar es de trascendencia nacional y de vital importancia para el rumbo de la nación.

Son formas muy antiguas de participación política —de democracia directa— en que el pueblo delibera como cuerpo electoral y como cuerpo legislativo. Allí saltó la liebre. Unos diputados declararon que en ese proyecto de Ley ‘estaba en juego la democracia’. Otros más pragmáticos, declararon que se querían saltar al Órgano Legislativo en temas de reformas constitucionales.

Los diputados y, muchas veces sus partidos, han asumido un tema de representación casi monopólico sobre sus electores. ‘La representación surge del hecho de que representar alude a algo que está a la vez presente y ausente. Al delegar la representación se deshace —al electorado— de la capacidad de participar’, Jean-Francois Prud’homme.

En Panamá se ha venido produciendo un tema de legitimidad en la toma de decisiones públicas. Esa monopolización por parte del Legislativo y sus partidos, no resisten una confrontación con la realidad. Ese tipo de reacciones demuestran la propia debilidad de su legitimidad ante la sociedad. Lejos de rechazar el proyecto, bien pueden corregirlo y agregarle en dónde y cómo creen que deben participar en esa iniciativa de participación ciudadana. Eso sí es democracia participativa y directa, la de permitirle a la sociedad manifestarse en los procesos legislativos. La de sensibilizar a los diputados frente a la opinión de la sociedad. La de disminuir las desviaciones de ese organismo cuando deben manejarse con los intereses de sus partidos y no de su electorado que los votó.

Los diputados no deben ver la participación directa del pueblo en temas que le atañen con egoísmo, sino como una iniciativa que complementa los procesos que ya existen en materia legislativa.

Pero en definitiva y como diría el historiador Diógenes de la Rosa: ‘La Asamblea es la cuota de poder que el Estado le ofrece a las capas medias’. Espero que no se reduzca a eso los prejuicios de los diputados frente a una iniciativa que amplia la participación ciudadana, fortalece la gestión democrática y facilita la solución de muchos problemas atrapados por los intereses políticos y el infinito costo presupuestario del voto legislativo.

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Este artículo se publicó el 1° de junio de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los embrollos de la política

La opinión de…..

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

La gran marcha por la Paz y la Seguridad demostró ser una buena iniciativa a la que se acogieron con un entusiasmo poco usual los grandes medios de información.

Aunque no contó con una gran participación de la ciudadanía, sí tuvo una gran representatividad, sobre todo de los gremios empresariales, las Iglesias, ONG′S, y personalidades del mundo político militante.

Un buen comienzo para involucrar a la sociedad en la lucha común contra el delito. El Gobierno que, no ha demostrado ser lento, asumió las reclamaciones de los voceros de la movilización y se comprometió a pasarlas por el Órgano Legislativo.

La mayor parte de los medios que cubrieron el evento, en medio de una pertinaz lluvia, contabilizan la movilización en un poco más de cinco mil personas, la mayoría jóvenes con suéteres blancos, aunque un diario local habla de “ una manifestación sin precedentes en los últimos años ”. Aún así, el pliego presentado por las organizaciones que convocaron a través de la Gran Alianza Nacional por la Seguridad Ciudadana, recoge, desde el punto de vista de la represión al delito, las aspiraciones más sentidas por todos los panameños.

Ojalá la iniciativa del domingo camine de la mano con la organización y participación de toda la sociedad, asumiendo ella una cuota de responsabilidad en el proceso de ejecución de estas estrategias, no solo como fiscalizadora del cumplimiento de esos compromisos, sino como una instancia que comparte, como actora que es, todo este proceso de lucha.

El manejo de esta iniciativa trae un aire de esperanzas luego que el país se ha visto inmerso en una serie de acontecimientos de muy compleja y difícil explicación.

En menos de un mes hemos escuchado declaraciones de cuatro altos funcionarios estadounidenses que mantuvieron conversaciones con figuras dirigentes del Gobierno. A saber, John Maisto, Frank Mora de la Defensa, Arturo Valenzuela del Departamento de Estado y de la propia embajadora Bárbara Stephenson, que se retira del país un año antes de cumplir su período. Lo que se ha conocido públicamente es que se conversó sobre temas de Democracia, de Justicia y de lucha en contra del crimen organizado.

Esto ha dado pie a mil y una elucubraciones en las que todavía nadie se ha puesto de acuerdo a la hora de calificar. Coincidencialmente, en un recién inaugurado periódico de Internet y aprovechando los eventos de la toma de posesión de la nueva presidente de Costa Rica, se publicó una extensa denuncia que compromete la gestión del Gobierno panameño, involucrándolo en delitos vinculados al Crimen Organizado.

Ese material—denuncia, al cual se le sucedieron otros cuatro, fue rápidamente difundido y reproducido por todos los medios, alimentados por la cultura panameña hacia el rumor y por las organizaciones que adversa la administración Martinelli. Material este que solo puede ser alimentado por organismos judiciales o por aparatos de inteligencia.

Mis años vividos en la política, la cual atiendo como un arte y una ciencia, me indican que todas las cosas tienen una razón de ser y que el origen de un hecho generalmente está vinculado a otros no necesariamente recientes. Si queremos llegar a una conclusión más allá de la percepción, estamos obligados a estudiar, analizar, investigar y comprobar cada uno de esos elementos para ir más allá de una tertulia de café, propia de parroquianos sin compromisos con la sociedad y el país.

Eso marca la diferencia entre el oportunismo político y la responsabilidad que —asume— conlleva la militancia moral por construir una nación con democracia participativa, justicia social y respeto a su identidad nacional.

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Este artículo se publicó el 25   de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Violencia: Un estilo de vida

La opinión de…..

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RAMIRO VÁSQUEZ CH.

El asesinato de Javier Justiniani, por tratarse de una figura pública, ha revelado con gran dramatismo algo que ocurre a diario en los barrios populares.   La fuerza de la violencia social ha llegado para no irse nunca jamás.  Sus orígenes han sido ampliamente expuestos por el mundo académico y por las autoridades a las que les corresponde dar una explicación ciudadana.

Muy pocos sin embargo osan profundizar en sus orígenes. La sociedad ha modificado toda su cultura histórica construida a través de un entramado sicológico y de tradiciones.  La economía abierta de mercado y la globalización se hicieron acompañar de una ideología que las grandes publicitarias se encargaron de posesionar en el pensamiento y los sentimientos de todos los panameños y sobre todo de sus juventudes. El consumismo se convirtió en la referencia moral.

Hoy día somos un cuerpo social lleno de demandas por el respeto a sus derechos individuales, pero sin el menor sentido de responsabilidad frente a sus deberes colectivos. Hemos convertido las insatisfacciones —el deseo personal de tener más a cualquier precio y a la mayor brevedad— en la razón de ser de toda nuestra conducta, sueños y aspiraciones.

El sentido del Estado paternal y protector, aquel que, a través del voto cada cinco años, tú delegas todas las responsabilidades y el cual haces garante de cualquiera de tus demandas y que le exiges la solución de todos los males, ya no existe. Lo mató la incapacidad de la clase política y el agotamiento de su modelo.

No existe forma humana que nos saque de este caos y de esta ola de violencia sin que se modifique la actitud de la sociedad y de quienes dicen —cada cinco años— representarla.   Es mentira que ningún Gobierno puede abordar este tema en solitario, si no es a través de una convocatoria a toda la población y un compromiso de doble vía que supere esa práctica de que “ lo que no me afecta no es mi problema ”.

Sepan queridos compatriotas, que hoy podrá ser un problema enquistado en los recovecos de los barrios populares, allí en donde todavía cuesta sangre poner la paila,  pero que es una conducta que se irá extendiendo hacia toda la sociedad más pronto que temprano.

Ya no podemos decir que vamos a erradicar este mal social. A lo sumo podemos aventurarnos a lograr un compromiso para disminuirlo, pero para ello tendremos que hacer grandes esfuerzos, profundos sacrificios y respetar la voluntad política para concretarlos, aunque para ello tengamos que afectar a algunos para salvar a los más.

El Gobierno del presidente Martinelli debe asumir ese compromiso, ordenar las fuerzas, respetar los mandos, no escatimar esfuerzos y recursos y, sobre todo, liquidar esa pose represiva que cada día entusiasma más a los uniformados y a una oficialidad de espadas vírgenes, cuyo resultado es el incremento de la violencia.

Esa impotencia de los servicios de seguridad pública puede crear prácticas que, lejos de resolver el problema, terminen por atentar con los fundamentos de una democracia todavía frágil y naciente.

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Este artículo se publicó el 5 de mayo de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

A un año de Gobierno

La opinión de…..

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RAMIRO VASQUEZ CH.

Dentro de algunos días se cumple el primer aniversario de las elecciones que dieron por resultado la victoria sin precedentes de la coalición de fuerzas que enfrentó la propuesta reeleccionista del PRD. Muy poco se ha hablado de ese momento y lo dicho ya ha quedado en el olvido cuando las fuerzas derrotadas se han negado rotundamente a realizar un balance que pudiera haber esclarecido —en parte— los grandes interrogantes surgidos de una campaña llena de nuevos escenarios, técnicas y modalidades del quehacer político panameño.

Este primer aniversario electoral ha comenzado a develar la verdadera capacidad operacional y ejecutiva del nuevo Gobierno. La curva de su aprendizaje quedó atrás y ahora lo que cuenta es el enfoque y análisis sobre las tendencias y probable evolución de los acontecimientos frente a una sociedad con una alta carga de insatisfacciones.

Como siempre ha ocurrido, una parte importante de su programa electoral de Gobierno se uso más con el ánimo de ganar el control emocional de la población y guiarla hacia la toma de decisiones al momento de emitir su voto.   Que lo prometido se pueda cumplir —por encima de las buenas intenciones del discurso— dependerá de la capacidad ejecutoria y la eficiencia administrativa del equipo.

El discurso electoral estuvo definido por los grandes problemas de carácter estructural que afectan a toda la sociedad. Temas como Seguridad, Educación, Transporte, Justicia y Trabajo, fueron el centro de las promesas y son en la actualidad la base de los sentimientos, de las expectativas y de las esperas de los panameños. No son problemas nuevos y en algunos casos su solución requiere de decisiones radicales y profundas.

Tampoco son problemas que se puedan resolver en solitario. Necesitan del concurso de todos los afectados, es decir, de toda la nación.

El hecho de que la población haya aceptado ese discurso electoral —mostrado en la victoria de las fuerzas encabezadas por el presidente Martinelli— no significa que apruebe con el mismo entusiasmo las medidas que tome el Ejecutivo para abordar los problemas nacionales.

Hasta ahora pareciera existir cierto grado de improvisación, de desconocimiento y de inseguridad lo cual da pie a que diversos sectores de la sociedad muestren su oposición.

Pareciera un problema de métodos, generalmente fáciles de corregir, si existe un espíritu de rectificaciones. Y un año de gobierno es suficiente tiempo para saber en donde están las dificultades y los errores. Pero también hay un problema de concepción que pudiera estar negando el discurso electoral; el discurso de las promesas y de los compromisos.

Aunque el mando en el Ejecutivo esté muy bien definido alrededor del Presidente, su Gobierno de alianzas no lleva el mismo ritmo ni piensa igual.   Una fuerte carga de oportunismo político —propio del clientelismo electoral— está afectando la ejecución del quinquenio.

La “vieja” burocracia, poseedora del conocimiento y la información, ha sido duramente golpeada y maltratada, cuando no, expulsada de sus oficinas. Su respuesta ante la oleada de imberbes seguidores que han colmado sus espacios, es el silencio.

En esas condiciones no existe Gobierno alguno que pueda ejecutar con eficiencia su programa electoral.

Eso salta a la vista. Muchas buenas ideas que no se concretan, que se quedan en los grandes titulares de los medios de información, para luego caer en un inexplicable silencio. Una pobre, cuando no mediocre, ejecución del presupuesto. Una lucha intestina en el aparato Administrativo que pierde su tiempo en recriminaciones. Una tendencia a repetir esa cultura quinquenal de entrar pobres y salir ricos o más ricos.

En fin, un primer año, que requiere de renovados compromisos y de una visión de Estado con capacidad para sumar a todas las fuerzas sociales que reclaman solución a sus más vitales problemas.


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Este artículo se publicó el 27 de abril de 2010 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.