La educación de antes

La educación de antes

La opinión de….

María Luisa de Aramburu

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Una escuela es mucho más que una infraestructura, es la combinación de muchos factores que deben interactuar en armonía. El sistema educativo público panameño tuvo sus épocas de gloria, sin embargo, con el afán de educar a más gente se abarcó demasiado y se apretó poco, mejor dicho se “relajó mucho” en todo el término de la palabra; se relajaron los sistemas de fiscalización de las aulas y maestros, de selección de personal idóneo, de horas de estudio, de cuidar lo que me dan, de apreciar lo que no pago, de respeto mutuo etc., etc.

El año pasado me tocó visitar un colegio público con el fin de instalar allí un Centro para Adolescentes “Amaneceres”.  Se nos entregó un salón, tipo depósito, lleno de sillas y mesas rotas (no las podían botar ya que al final del año les harían inventario).  Con la ayuda de la Fundación Alumnos apoyando Alumnos y un grupo de adolescentes de Estados Unidos que había venido a Panamá a hacer un trabajo social, como requisito para su colegio, en tres días y bajo las miradas incrédulas del director y los maestros, estos jóvenes tomaron las sillas y las mesas rotas y –con tan solo un martillo, clavos y pintura– repararon lo que parecía inservible. Arreglaron, también, el jardín muerto que rodeaba una cancha de basketball, la que también embellecieron. No costó prácticamente nada y se hizo mucho.

Aprendí con esta experiencia que es posible y necesario involucrar a todos los factores, llámese maestros, estudiantes universitarios, padres de familia, alumnos, fundaciones, empresa privada, jubilados, vecinos y así lograremos mejorar el sistema educativo.

El programa de Amaneceres nunca se pudo llevar a cabo en este colegio y no sabemos qué pasó con aquel salón, pero sí estamos seguros de que es necesario e inminente volver a los tiempos en los que el colegio era nuestro segundo hogar y donde los maestros eran nuestros segundos padres.

Yo recuerdo que hasta a mi colegio privado, donde tuve la suerte de estudiar, iban periódicamente funcionarios del Ministerio de Educación a evaluar a los profesores y el currículo.

Como parte de nuestro servicio social, impartíamos clases de religión en las escuelas públicas; era muy divertido, nosotros aprendíamos que los pobres también tienen dignidad, derecho a una educación de calidad y de ser mejores personas, a la vez que compartíamos con ellos nuestros conocimientos.

Nosotros en la Fundación Amaneceres, tenemos el sueño de que todos los colegios tengan programas en las tardes, después de las clases, para que nuestros niños y adolescentes puedan hacer sus tareas supervisados, llevar a cabo actividades extracurriculares tales como teatro, música, pintura y deportes que los alejen del ocio, la soledad, la delincuencia, el juega vivo y en general de los malos caminos, para que vuelvan a prevalecer los valores y que sus sueños se puedan hacer realidad.

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Publicado el 25 de agosto de 2009 en el diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde

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