Recuerdos de Cerro Punta

La opinión de…..

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Augusto Arosemena P.

A inicios de la década de 1940, fui a Cerro Punta a levantar los planos de la tierra que Louis Martinz le compraría al Gobierno Nacional (mediante titulación).   Pasamos la noche en Bambito, en una de las cabañas de Kurt, las cuales constituyeron por mucho tiempo un lugar turístico.

Iniciamos el viaje a caballo, pasando por un camino que orillaba un acantilado rocoso (cerro La Pelota), cruzamos el río Chiriquí Viejo cuatro veces –no había puentes–; comenzamos a ascender por un estrecho sendero hasta que llegamos a un altiplano, allí nos detuvimos y el guía nos dijo: “Este es Cerro Punta”, aquí se quedan ustedes. Me empiné sobre el caballo y miré alrededor pero todo lo que veía eran altas y espesas montañas; a un costado del camino divisamos una casa y allá nos dirigimos; allí nos esperaba Antonio Fistonich, quien vivía con su esposa y dos pequeñas hijas y nos alojó en el ático de su casa.

Al día siguiente, en compañía de los cadeneros y una cuadrilla de macheteros partí a hacer la mensura; fueron muchos días de trabajo, más de una semana, pero al fin terminé y volví a David. Confeccioné los planos y se los entregué a Martinz.

Pasado algún tiempo supe que el Gobierno, en asocio con Martinz, había iniciado la construcción de la carretera Bambito–Cerro Punta, para lo cual Martinz había facilitado parte del equipo pesado (tractores, motoniveladores y traíllas) y también una buena suma de dinero.

Fui por segunda vez a hacerle otro trabajo a Martinz, pero esta vez noté un panorama totalmente distinto, nos alojamos en una casa de huéspedes, muy confortable y cómoda y además, se habían construido otras casas, entre éstas la residencia de Louis y otras para empleados. También se construyeron algunas calles de penetración y frente donde estábamos veíamos un potrero donde pastaba un pequeño hato de ganado pardo suizo, importado de Europa.

La tercera visita la hice como turista, llegué al lugar en carro. Ya estaba contraída la carretera con sus respectivos puentes; al llegar me dio la impresión de estar en otro país, hacía mucho frío y todo estaba cubierto de neblina, se había formado una población con calles y muchas casas que eran ocupadas en su mayoría por agricultores europeos, estaba operando una lechería moderna y se estableció un haras de caballos de carrera.

Lo que más me llamó la atención fue el verdor de los campos agrícolas en los cuales había tractores trabajando y muchos cultivos. Hoy este lugar se ha constituido en un potencial de la agricultura en nuestro país, donde se produce la mayor cantidad de papas, cebollas, legumbres, hortalizas, flores y hasta algunas frutas foráneas.

Hoy, cuando observo todo el desarrollo que se ha generado en este pujante corregimiento del distrito de Bugaba, recordé aquel día en que me empiné sobre el caballo y solo alcancé a ver montañas muy altas y que ahora se ha transformado totalmente gracias a los recursos y férrea voluntad de un hombre que se llamó Louis Martinz.

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Publicado el 27 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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