El 3 de noviembre de 1903… una conjunción de factores

La opinión del educador…

Ricardo Cochran Martínez

El historiador español Josep Fontana afirma que la historia es la “memoria pública” de una sociedad; repasemos nuestra memoria. Obviamente, mucho se ha hablado en torno a las causas y consecuencias de aquel 3 de noviembre y se ha insistido, por una parte, en que fue una escandalosa intervención estadounidense y, por otra, que fue un golpe financiero el que creó la nación panameña, esta es la tesis de la “leyenda negra”.

La perplejidad de algunos compatriotas estriba en el hecho de que en la separación, Estados Unidos (EU) jugó un rol, y se les olvida considerar el zeigest, el espíritu de la época. Para entonces, EU había estado a un tris de ir a la guerra contra los británicos, por una disputa de límites con Alaska, y por su intervención en Venezuela, pues los ingleses querían tomarse el río Orinoco.

En Europa, Alemania era la potencia ascendente; tenía, desde 1900, una flota y colonias, tanto en África como en Asia. Hay que recordar que ya EU y Alemania había chocado en Hawái y otras islas del Pacífico sur que eran estratégicas para tener bases de aprovisionamiento.

En el Oriente, Japón era la potencia indiscutible, con colonias y protectorados de los que obtenía petróleo y otros recursos.

Todas las potencias de la época sabían que para ganar un imperio debían hacer caso a lo que el almirante estadounidense Alfred Mahan planteó en su obra La Influencia del poder naval en la historia, “sin fuerza naval no puedes ganar una batalla”.

La guerra hispano-estadounidense, de 1899, reveló que una flota en el Atlántico no podía estar en el Pacífico con rapidez, tenía que dirigirse hacia Sudáfrica o hasta el estrecho de Magallanes. Los gringos no olvidarían esta lección.

Cuando los franceses intentaron construir el canal, lo hicieron bajo una idea comercial, estrictamente; una vieja añoranza que se remontaba al año 1456, cuando, al caer Constantinopla, los otomanos dominaron por siglos todo el Mediterráneo oriental. Al lograr el Canal de Suez, el dominio europeo sobre el mare nostrum se hizo real.

Pero con el Canal de Panamá, no fue así, de ahí que el financiamiento estuvo en manos de particulares y del pueblo francés.

En agosto de 1903, Colombia se dio el lujo, la exquisitez, de rechazar el tratado Herrán-Hay. Fue su último error, porque la misma Colombia introdujo a los estadounidenses a nuestra política como socio en 1856. Entonces, ni los patriotas istmeños ni Colombia pudieron ver el giro de la rueda del destino que se abalanzaba, por la batalla por las rutas de dominio estratégico entre las potencias del nuevo siglo; y en esa conjunción de factores: imperialismo, revolución industrial y tecnología, preámbulo a la gran guerra de 1914. Se presentó la opción de construir la herramienta artificial estratégica más innovadora de la historia humana.

Ni los griegos ni los persas ni los romanos ni España e Inglaterra, en la era moderna, ni Francia en la era contemporánea habían logrado de forma contundente el dominio de una “ruta artificial”, capaz de colocar una flota y una armada en cualquier punto de la tierra a través de un canal. No fue ninguna estampillita, no fue ninguna creación de Wall Street, como se menciona, y tampoco fue traición de los istmeños, que no tenían nada con qué intimidar a Colombia. Fue la necesidad estratégica de una potencia militar económica emergente en el siglo XX y XXI, la que operó en nuestra historia y en la historia mundial.

El Canal de Panamá transformó la hegemonía estadounidense en el planeta. Sin este, Estados Unidos no sería la potencia militar que hoy día es.

No se le debe olvidar a ningún panameño que el Canal “no” es tan solo un negocio ni fue creado para un “bazar persa”. El Canal es y será, ad eternum, la herramienta geoestratégica más formidable de toda la historia humana. Si no lo creen revisen el tratado de neutralidad, el que nos coloca “bajo el paraguas del Pentágono”, no de Wall Street.

De ahí que naciera nuestro 3 de noviembre de 1903. Ese día, los intereses mundiales apuntaban hacia esta patria, tendida sobre un istmo; y eso sí, para nosotros los hijos de esta tierra, afortunados como el Benjamín de América Latina, fue un día grandioso… ¡alcanzamos por fin la victoria! y entramos en el concierto de las repúblicas del mundo, bajo el nombre de Panamá.

¡Gloria a nuestra nación!

 

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Este artículo se publicó el 3 de noviembre de 2016  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Yo estoy aquí hoy como un panameño agradecido

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La opinión del Jurista…..
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ALBERTO S. BARROW N.

Panamá es impensable sin la existencia de la ruta interoceánica.

Desde el primer colonialismo hasta hoy, el territorio fue estratégico por ser la cintura terrestre más angosta de América.

Más de cinco siglos han marcado el destino del istmo, como paso y ruta entre los mares.

En las alturas de las montañas del Darién panameño se divisó el Mar del Sur y se cambio el tamaño del mundo. Y se supo que eran mares separados y la ruta exigía abrir un estrecho, un camino para unirlos.

Unir las aguas en Panamá es un hecho único en la historia humana. Todo lo que somos tiene que ver con esta particular circunstancia, es parte de la genética conque fuimos formados.

Los panameños debemos adquirir plena conciencia de este hecho singular de haber construido nuestra nación bajo ese determinismo geográfico.

Y el paso entre los mares implica movilidad de gente de todas partes del planeta. Y la gente se junta, tiene hijos y se mezcla. Esos que pasaron y se quedaron son los padres de nuestros abuelos porque ha pasado más de un siglo de esta historia de unir los océanos

Por tanto, el ser panameño está inyectado de la sangre plural.
Una nación que es encuentro complejo de muchas naciones que por aquí pasaron. Migraciones que dejaron aquí su semilla y son parte indisoluble de la nación pluricultural y multiétnica.

La idea de hacer el Canal y abrir la zanja canalera es la geografía activa en nuestro suelo y que influyó en la forma particular de ser nación de los panameños.

Por todo ello, nosotros somos los habitantes identificados con una “panameñeidad”, pero repito, hecha de la diversidad y la pluralidad.

Vivimos aquí en el delgado istmo, somos multicolores, blancos, negros, chocolates, zambos, mulatos, cuarterones, y esto ocurrió en este istmo donde está enclavado el Canal de Panamá. Como injustos amos y esclavos, como colonizadores españoles primero y gringos después, y fuimos colonizados directos, físicamente segregados con todo lo injusto y deformante que esto implica. Es un caso histórico único en América Latina.

Me refiero a todo esto, para poder expresar que nada comenzó ahora, comenzó hace quinientos años y eso se debe respetar. La historia se tiene que respetar.

La epopeya, la odisea de abrir la tierra y conectar las aguas, es obra de los hombres y fue una empresa de fabulosas magnitudes, que debemos valorar en todas sus dimensiones y entender en sus contradicciones también. Por eso vinieron del Caribe y otras naciones a trabajar en este foso infernal al construirse el Canal.

El Canal que costó demasiadas vidas; costo miles en los derrumbes, por causa de la fiebre amarilla y la malaria, en la primera excavación. Después fue la discriminación, mártires y sangre a lo largo de un siglo XX, el territorio partido en dos, violentada la soberanía. Un país dentro de otro.

Un siglo de luchas populares por reivindicar esa zona excluyente. Las negociaciones en su etapa final que lideró Torrijos e interpretó el sentimiento de todos los panameños por su bandera y su tierra.

Se logró y ya no está en manos extranjeras sino que es nuestro. El peligro está en que no podemos “cambiar amo blanco extranjero por amos de igual mentalidad colonial”. “Amo blanco por amo chocolate”, es decir una burla de la historia. Cambiar “los rubios del Norte por los de acá”.

Repito: En la zanja está el sudor y el sacrificio de los trabajadores que lo hicieron y allí murieron. En los cementerios están esos héroes que hicieron una obra monumental. A todos ellos hay que rendirle honor y agradecer su ofrenda por la patria.

En estas aguas que están aquí está escrita esta historia con sangre indeleble.

La ampliación en el siglo XXI es una obra necesaria, ser competitivos y evitar que la ruina de la ruta arruine a Panamá.

Pero debe quedar claro que, por esa historia y esa formación particular de la nación y el alto costo que ha pagado Panamá y su gente, el Canal es de todos, a todos nos pertenece, de todos deben ser los beneficios que se deriven de las ganancias por su uso comercial, marítimo y de comunicación.

Hay por años acuñada la frase “Pro Mundi Beneficio”. El “Pro Beneficio para todo Panamá” es ahora el tema y el asunto que se debe concretar. Y todos significa “todos” los panameños no unos cuantos.

Yo estoy aquí como un panameño agradecido por todos los que hicieron posible hacer el Canal y también porque el pueblo de Panamá tomó la decisión histórica de ampliarlo. Autoexcluirse de algo que a todos nos pertenece no es una posición correcta y nada construye en la conciencia nacional. He venido a honrar a mis compatriotas y con humildad agradecerles que exista una luz hacia el futuro de un Panamá justo y próspero. Esa prosperidad no caerá del cielo, tenemos que luchar para que eso sea así.

Yo vengo a este acto histórico con mi orgullo de panameño a reiterar que si bien el Canal es para el tránsito pacífico de las naves del mundo, ahora con mayor vigor y capacidad tecnológica y dimensiones lo tiene que ser para los casi cuatro millones de panameños logremos el desarrollo con equidad.

Esto es, vencer la pobreza y la falta de oportunidades; incluir a todos, no tener prácticas discriminatorias contra ningún grupo humano, es educación, salud, infraestructuras nacionales, inversiones públicas, para todos.

Es un deber del Estado hacerlo sin regatear nada a ningún panameño.

Los beneficios del Canal no deben ser para otro fin que el bienestar directo de toda los habitantes. Hay que romper aún cercas mentales, hay aún el riesgo vivo de que se reedite una forma colonial en lo que es el neocolonialismo. Esa sangre derramada no fue para burlarse de una historia muy profunda y ejemplar.

Nadie puede abrogarse el derecho de decidir por sí solo el destino de los beneficios que ese Canal genera y generará.

Todos debemos ser parte de las decisiones porque es propiedad de todos y es herencia para nuestros hijos.

Yo creo que en nombre de todos esos años de dolor, colonia, lutos y tristezas, debemos construir una sociedad alegre, justa y compartida.

Es un día histórico, porque si lo administramos con juicio y con responsabilidad, cumplirá este Canal la función de ser el motor de desarrollo de Panamá.

Si hay un lema nacional ese tiene que ser: el Canal es de todos y para beneficio de todos.

*En las riberas del Canal de Panamá, domingo 26 de junio de 2016.

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La Junta Revolucionaria en la gesta separatista- Primera parte

– La opinión del Docente Universitario, Político y Ex Vice presidente de la República…

– Dr. Ricardo Arias Calderón – –

 Panamá al independizarse de España y adherirse, ‘espontáneamente y según el voto general de los pueblos de su comprensión’   a la Gran Colombia bolivariana de manera similar a la manera como se integraron Venezuela y Ecuador a la Gran Colombia,  lo hicieron con el ánimo soberano de compartir de igual a igual los destinos nacionales, no con un ánimo de subordinarse a un poder central y desaparecer su identidad como pueblo.

Los diversos movimientos, -diecisiete en total- separatistas que se dieron a lo largo del siglo XIX tales como el de 1840 a 1841, la llamada por Goytía ‘primera república’, de Panamá, bajo la presidencia del General Tomás Herrera y la experiencia del régimen federal de 1855 á 1885, fueron todos, indicios de que Panamá a través de su vínculo con Colombia había llegado a constituir un sujeto colectivo.

Quienes argumentan que los panameños sólo buscábamos la autonomía y no la independencia, incluso hasta en 1903, desconocen la clara progresión de los espíritus sobre el tema a lo largo del siglo XIX y el impacto que tuvo la negativa del Senado de Colombia al rechazar el Tratado Herrán-Hay el 22 de enero de 1903 en virtud del cual los EE.UU. pensaban construir el Canal en Panamá por concesión de Colombia.

El peligro de separación definitiva de Panamá de Colombia fue advertido por diversos representantes panameños en el Senado, incluso por Don José Domingo de Obaldía Gallegos último gobernador nombrado en el Istmo.

En la tarea de transformar el departamento en república, los conservadores que habían triunfado en la ciudad de Panamá en la Guerra de los Mil Días, aunque habían perdido en el interior, tomaron la iniciativa y asumieron la jefatura en la Junta Revolucionaria. Don José Agustín Arango ocupó la presidencia de dicha Junta y también la presidencia de Junta Provisional de Gobierno y hubiera podido ocupar la primera presidencia constitucional tal como le propuso el Dr. Manuel Amador Guerrero.

 Los miembros de la Junta Provisional de Gobierno convocados por Arango, eran ocho, cinco conservadores incluyéndole a él, Nicanor Arturo de Obarrio, Manuel Amador Guerrero, Tomás Arias, Nicanor Arturo De Obarrio y Manuel Espinosa Batista; y tres liberales, Ricardo Arias Ferraud, Federico Boyd y Carlos Constantino Arosemena.

Tan pronto se formalizó la declaración de independencia en la sesión del Consejo Municipal del 4 de noviembre de 1903,   se hizo imprescindible establecer un gobierno que se llamó la ‘Junta Provisional de Gobierno’.    Estuvo presidida por Don José Agustín Arango, con Tomás Arias Ávila y Federico Boyd como miembros del triunvirato, los dos primeros conservadores y el tercero liberal.   Se le ofreció el puesto que ocupó Tomás Arias a su hermano de padre Ricardo Arias Feraud, pero esté argumentó que Tomás tenía más experiencia gubernamental que él en un momento en que se necesitaba grandemente para iniciar el gobierno panameño.

Cuando Boyd viajó a Washington con Amador para tratar de supervisar la negociación de Bunau-Varilla sobre el Canal, fue sustituido durante su ausencia por Manuel Espinosa Batista, miembro suplente de la Junta Provisional de Gobierno, quien también era conservador.

El Gabinete de la Junta se dividido por partes iguales, entre conservadores y liberales. Por parte de los conservadores, fueron nombrados Manuel E. Amador, como Secretario de Hacienda,  Nicolás Victoria Jaén como Secretario de Instrucción Pública, pero al excusarse fue nombrado otro conservador, el Dr. Julio J. Fábrega y el General Nicanor A. De Obarrio como Secretario de Guerra y de Marina.

Por partes de los liberales fueron nombrados Eusebio A. Morales como Secretario de Gobierno, Francisco Vicente de la Espriella como Secretario de Relaciones Exteriores y Carlos A. Mendoza como Secretario de Justicia.

No cabe la menor duda que hubo resistencias y rechazos a la independencia por partes de personalidades, familias y pequeños grupos por diversas razones, incluso por una intensa adhesión afectiva de algunos a Colombia y a lo que ella representaba.

En el desarrollo de su leyenda negra, Olmedo Beluche considera la unanimidad con respecto al 3 de noviembre como mito o falsedad argentando que: ‘no todos los panameños anhelaban la separación’  y destacó el hecho de que Victoriano Lorenzo ‘ante el pelotón de fusilamiento rogó por la unidad de todos los colombianos’  .

Oscar Terán en su libro contra la independencia señala que ‘la mitad de las provincias no se habían pronunciado al 6 de noviembre’ y atribuye a la represión que ‘no haya habido mayores expresiones de rechazo a la independencia’.

 Sin duda, el caso más notorio de rechazo fue el de Belisario Porras principal líder de los liberales en Panamá, quien había sido jefe político y militar de los liberales durante el primer año de la Guerra de los Mil Días y desde entonces vivía en Centroamérica. Por su rechazo la Corte Suprema de Justicia en 1905 le quitó la nacionalidad, de acuerdo con la Constitución Título III, Artículo 7, numeral 3°, la última parte.   Pero la recobró según la rehabilitación por la Asamblea Nacional prevista como posibilidad por el mismo Articulo 7.

En el orden administrativo la preocupación primordial de la Junta Provisional de Gobierno fue financiera y a propósito de la misma, deja saber que la Junta ‘ha dado instrucciones a la Legación de la República de Panamá en los EE.UU. para tratar de darle forma distinta de la pactada al pago de la suma de 10 millones de dólares por los EE.UU a Panamá.

La Junta le indicó a la legación que este Gobierno Republicano preferiría reducir a 2 millones lo que le sería entregado a corto plazo, y que el resto, en principio pagadero a la fecha de la ratificación del Tratado, que fuera invertido en una renta perpetua sobre el tesoro federal de los EE.UU.   Ello la Junta lo justificaba por un sentido de equidad con las futuras generaciones, argumento que anticipa sorprendentemente algunos de las razones conservacionistas que se utilizan hoy en día y, además, por el peligro de ‘despilfarros inevitables’, cuando ‘un capital enorme’ se introduce en un país como el nuestro.

Hago notar que esta actitud de la Junta Provisional de Gobierno no se compagina fácilmente con la acusación de que varios miembros del grupo de próceres se beneficiaron personalmente de los fondos que se utilizaron para la independencia.

En el mismo orden financiero, la Junta destaca su esfuerzo por establecer restricciones en el uso de los fondos a los que ha tenido o tendrá acceso

 Cabe recordar que la Convención Constituyente autorizó el otorgamiento de 24 becas a estudiantes de escasos recursos para que pudieran continuar sus estudios, incluso a los más altos niveles, en el exterior y luego tendrían el compromiso de servir al Estado panameño por un período de 3 años, tema que se abordará posteriormente con más detalle.

Al mismo tiempo que la Junta Provisional de Gobierno realizaba su labor, la constituyente elaboraba la Constitución de 1904.

La Convención fue presidida por Pablo Arosemena, insigne liberal con muy amplia experiencia política y burocrática en el gobierno colombiano.

Los 32 miembros de la misma se distribuyeron por partes iguales entre los dos partidos, el liberal y el conservador.

El más erudito constitucionalista actual, Jorge Fábrega Ponce, considera esta Constitución como demasiado individualista, y sin duda, tiene razón.

Pero hay que recordar que el individualismo era característica en esa época tanto de liberales como de conservadores. La ventaja de enfatizar los derechos individuales de las personas, es que cuando en nuestra historia posterior se ha querido establecer regímenes que reducían o negaban estos derechos, como por ejemplo, los regímenes de las constituciones de 1941 y 1972, han terminado por fracasar entre otras razones por su desconocimiento de cuanto los panameños han valorado y valoran sus libertades individuales, lo cual se debe en parte a la Constitución de 1904.

Es un hecho sin embargo, que esta Constitución no contenía un reconocimiento de derechos sociales, sino que bajo el ‘Titulo II, Nacionalidad y Extranjería’ que distingue entre los diversos derechos individuales.

Otro aspecto interesante de dicha Constitución es la manera como organiza el Órgano Ejecutivo. Para comprender algunos de los detalles de esta organización hay que tener en mente la cronología del establecimiento y funcionamiento de las instituciones al comienzo de la República.

ariyan@hotmail.com

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<> Este artículo se publicó el 7 de noviembre de 2011  en el diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/arias-calderon-ricardo/

Mi Panamá de ayer ( No. 2)

La opinión del Abogado y comentarista…

Guillermo Márquez Briceño 

Nuestra primera casa de estudios fue creada en 1935 por el doctor Harmodio Arias Madrid, entonces Presidente de la República y por recomendación de don Octavio Méndez Pereira quien fue su primer rector.
En consecuencia, en el país no se podía antes hacer estudios universitarios y había que lograrlo en el extranjero. Varios de nuestros profesionales estudiaron entonces en diversos países latinoamericanos, y entre ellos, Chile.   Sus padres les enviaban mensualmente treinta dólares para su manutención con lo cual podían vivir sin estrecheces.

 

A Panamá llegaban libros impresos allá en forma de revista por Editorial Ercilla, y se vendían a quince centavos el ejemplar. Hoy ellos no se pueden adquirir aquí a menos de quince o veinte balboas.

 

A principio de la década de los años treinta un magistrado de la Corte Suprema de Justicia ganaba B/. 500.00 mensuales. Hoy ganan eso 20 veces.    En tan sólo un mes reciben lo que entonces les pagaban en un año más cuatro mil adicionales. A base de aquellos sueldos los actuales no podrían vivir adecuadamente y sería harto difícil hallar, por no decir imposible, abogado alguno que aceptara el cargo.

Tales son los rigores que el tiempo nos impone con su implacable avance.

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Mi Panamá de ayer

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La opinión del Abogado y Comentarista…

Guillermo Márquez B. 

Gracias le doy a Dios por haberme permitido nacer en el casco viejo de la ciudad en una época como la de entonces.   Muchas familias dejaban sus zaguanes abiertos en horas de la noche sin temor ni peligro.   En el mercado, una libra de camarones costaba quince centavos.   En cualquier almacén de hindú se podía comprar un pijama de seda con el bordado de un dragón en el bolsillo por un balboa.   Ser millonario en aquellos días era escaso.

Había pobreza pero no miseria. Nunca supe de niño alguno que muriera de hambre. Los pordioseros escaseaban.

En nuestro interior en los años veinte se podía adquirir una gallina con sesenta centavos. Las camisas Arrow en los años treinta eran entonces un lujo. Costaban dos balboas y cuando encarecieron, B/. 2.25.

El transporte en un tranvía, que los eran muy confortables, costaba cinco centavos. Un paseo desde la terminal frente al Palacio de Gobierno hasta las Sabanas costaba, ida y vuelta, diez centavos y duraba una hora exactamente.

Fue muy usado por parejas de novios, y, esclavo de sus rieles, los padres de las niñas no tenían por qué temer un desvío hacia parajes lejanos, oscuros y solitarios.

Posteriormente en los años treinta, donde está actualmente el Hotel Continental, había una colina cubierta de hierba. Se vendía allí el terreno a diez centavos el metro cuadrado y permanecía sin comprador.

En 1929 estuve en un verano en el Valle de Antón que tenía casi todo un solo propietario y vendía terrenos a centavo el metro cuadrado.

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<>Artículo publicado el 30  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Réquiem para los “Diablos Rojos”

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La opinión del Periodista…

FEDERICO JOSE GUILLERMO TEJADA
fjosetejada@hotmail.com
La historia del problema del transporte en Panamá es rica en hechos, por las diversas medidas tomadas para lograr que el país cuente con un sistema moderno y eficiente que permita a los panameños transportarse en forma rápida y con seguridad a sus sitios de trabajo y retornar a sus hogares, sin trauma ni estrés.

Fue durante el gobierno del Dr. Arnulfo Arias Madrid en 1940, cuando el Partido Revolucionario Institucional del Dr. Arias se apropió del sistema de tranvía que prestaba servicio en la capital desde principios del siglo XX.   Al eliminarlo se instauró el sistema de rutas de autobuses dando las concesiones a empresarios privados.

El gobierno del General Torrijos, en 1968, paso a darle otro matiz al asunto al apropiarse de las concesiones y dárselas a los propios conductores, instaurando un sistema que en principio contó con la presencia de buses modernos, amparados bajo la denominación de CUTSA.

Más tarde y tomando como argumento la necesidad de que los trabajadores del volante y sus familias tuvieran un recurso con que poder solventar su subsistencia, las concesiones les fueron entregadas a los sindicalizados, importando buses de segunda.

Esta idea que en principio pareció buena, tuvo serias consecuencias después ya que el sistema se desvirtuó convirtiéndose en una especie de “mafia” adueñándose de las rutas, y en donde un sector, amparándose en su influencia en los sindicatos de autobuses, lograron obtener no uno sino muchos buses, acabando con la idea original del General Torrijos.

Ni el propio General pudo con ellos, legándonos un problema que sería apropiadamente calificado por la inteligencia de este pueblo como los “diablos rojos”.    Así, hicieron y deshicieron a su antojo todo lo posible para hacerle honor a este calificativo popular, las calles de las barriadas fueron convertidas en talleres y en estacionamientos por doquier.

Las vías se tiñeron de sangre al no respetar ni las aceras ni las paradas para pasarse a otro bus.   Las escenas de atropello, accidentes, vejámenes, groserías a niños, ancianos, mujeres, adultos por parte de sus testaferros, es la orden del día.

En su transitar hacia su retiro definitivo están haciendo todo tipo de desenfreno, como el elevar el costo del pasaje contraviniendo disposiciones acordadas con ellos en un principio.

Sin embargo como todo tiene su final, hoy nos encontramos ante otro ensayo, que en principio vuelve las concesiones a la empresa privada y que será como el réquiem para un servicio que nos mantuvo en vilo por más de 40 años y que nadie parece dispuesto a defender.

Le corresponde a esta nueva gestión en el transporte, dar lo que tanto panameños a pie ansiamos, un servicio de primer orden y hasta el momento, el gobierno del Presidente Martinelli parece encaminarse hacia ese norte.   A la par de contemplar el mejoramiento de la red vial.

Aún el cordón umbilical de este nuevo servicio no ha sido cortado y las expectativas son muy halagüeñas.   Muchos preferimos pagar un poco más siempre y cuando el servicio que brinden sea de calidad y eficiencia.

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<>Artículo publicado el  29  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Absolutismo y Autoritarismo en Panamá

La opinión del Director Ejecutivo de Fundación Instituto Panameño de Estudios Cívicos, Ingeniero….

Guillermo Antonio Ruiz

¿Ha escuchado hablar de autoritarismo sobre el actual Gobierno? ¿Es algo nuevo? Veremos que en nuestra historia la búsqueda del poder absoluto por nuestros gobernantes es más regla que excepción.

Desde el 28 de noviembre de 1821, el país conoce su primer gobernante de facto en el General Tomás Herrera, quien gobernó el llamado Estado Libre del Istmo entre 1840 y 1841. Demetrio H. Brid fue gobernante por 2 días del Estado de facto mientras se creaban las instituciones y se conformaba la Junta Provisional de Gobierno entre el 3 y 4 de noviembre de 1903.

Aunque nuestro país hereda el sistema bipartidista colombiano conformado por conservadores y liberales, los primeros ostentan el poder por los primeros 10 años mientras que hasta principios de los años 30 lo hacen los Liberales.

En el camino, el Presidente Ciro Luis Urriola promulgó el 20 de junio de 1918 el decreto 18 que suspendía indefinidamente las futuras elecciones.

El 3 de enero de 1931 un grupo de jóvenes denominados Acción Comunal se toma el cuartel de la Policía Nacional y la Presidencia, derrocando el gobierno de Florencio Harmodio Arosemena.

A partir de ahí el liberalismo comienza un pronunciado declive dentro de un escenario político confuso hasta la aparición del militarismo liderado por el Coronel José Antonio Remón.

Al lograr la Presidencia, Remón promulga el 6 de febrero de 1953 la Ley 6, la cual en su artículo 21 establece la legalidad de un partido político solo si había obtenido el 20% de los votos de la elección anterior.

Esto provoca el suicidio político de los partidos que lo apoyaron y su recomposición en la Coalición Patriótica Nacional, segundo partido nacido desde el poder hasta entonces, solo después del Partido Nacional Revolucionario, hoy Partido Panameñista.

De ahí solo quedaba en el escenario el Partido Liberal reunificado y la Coalición.

Luego de recobrar el poder, los liberales permiten el reingreso a la escena política de los Panameñistas lo cual, sumado al desgaste provocado por la corrupción generalizada y el desgobierno existente, termina en la ruptura del orden constitucional por parte del Mayor Boris Martínez y el Teniente Coronel Omar Torrijos.

Antes del restablecimiento de la democracia en 1990, pocos presidentes habían iniciado y culminado su período presidencial de forma completa: Belisario Porras las 3 veces (el renunció en una de ellas para postularse nuevamente), Rodolfo Chiari, Harmodio Arias, Ernesto de la Guardia, Roberto F. Chiari y Marcos Robles, (a este último se le separó brevemente del poder).

Vivimos el mejor momento del país no solo en materia económica, también en la estabilidad política. Cuidémoslo bien como sociedad para que en el futuro cercano podamos probar que logramos consolidar realmente nuestra democracia.

 

<>Artículo publicado el  20  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.