Visión empresarial del desarrollo económico de Panamá

La opinión de…

 

Rubilú Rodríguez

Este artículo contiene información sobre la perspectiva del sector empresarial de Panamá en cuanto a los avances de la competitividad en el país y de sus tareas pendientes.

El mismo se basa esencialmente en las presentaciones de Antonio Fletcher, presidente del Consejo Nacional de la Empresa Privada (Conep), y de Domingo Barrios, presidente de la empresa encuestadora The Marketing Group. Las mismas se formularon en el marco del Quinto Foro Nacional para la Competitividad, organizado por el Centro Nacional de Competitividad el pasado mes de octubre.

Como punto principal, el Conep ratificó su compromiso en la consolidación de la competitividad de Panamá, participando en la elaboración de las necesarias propuestas y planes. Destacó que los avances registrados en los diversos foros nacionales para la competitividad y la creación de un consenso basado en el diálogo son el resultado de poder haber identificado los obstáculos que han limitado la competitividad.

Agregó que entre los cambios y metas pendientes están el de mejorar la competitividad de los centros logísticos y el centro bancario, así como aumentar las exportaciones y modernizar la administración pública.

Este enfoque responde a un modelo multisectorial que permite una cohesión entre las estrategias y las acciones, y facilita el seguimiento de las correspondientes metas (por ejemplo que las exportaciones de bienes lleguen a superar el 10% del PIB).

El enfoque facilita la rendición de cuentas bajo un modelo de gestión por resultados, que fortalece el consenso, la asociatividad y el encadenamiento, minimizando la improvisación y facilitando políticas de Estado mediante la identificación de objetivos específicos y medibles.

The Marketing Group, por su parte, presentó el resultado de un estudio elaborado entre agosto y septiembre 2010, que mide la percepción de 200 empresarios locales y establece indicadores para medir el nivel de competitividad del país.

De acuerdo con el estudio, la competitividad en Panamá mejoró respecto a 2009, como resultado de la instrumentación de programas que mejoraron la exportación de bienes, el mercado laboral y financiero, la innovación tecnológica y modernización de las empresas. Sin embargo, aún sobresale negativamente la baja competitividad de sectores como el de salud y educación, así como el desafío relativo al funcionamiento del Estado y las debilidades de la infraestructura pública.

En efecto, la educación y la salud son identificadas como obstáculos a la competitividad, por la baja calidad de la atención médica y los deficientes niveles de conocimiento de los estudiantes lo cual les dificulta a estos pasar al nivel universitario, u optar por un empleo.

En materia de infraestructura pública, el transporte urbano figura como uno de los grandes desafíos, mientras que se percibe que la tecnología e innovación registraron una mejoría sostenida.

En cuanto a las exportaciones, persisten debilidades como los altos costos de transporte de los bienes y de las transacciones bancarias ligadas al comercio exterior. En cuanto al mercado laboral, este se considera un obstáculo por el alto costo de la mano de obra.

Una percepción positiva entre los encuestados es que las empresas buscan modernizarse, principalmente mediante la búsqueda de socios estratégicos y de la inversión en tecnología de la información.

En materia de gestión ambiental, priva una percepción positiva de que las empresas locales cumplen con las normas ambientales. Sin embargo, los entrevistados consideraron que algunas exigencias de estas normas representan una barrera para la exportación.

La competitividad del país ha mejorado sustancialmente, sin embargo, es necesario mejorar más considerando que el país se enfrenta a un mundo crecientemente globalizado, en el que resulta primordial mejorar la calidad educativa, flexibilizar el mercado laboral y mejorar la capacidad exportadora, entre otros.

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Este artículo se publicó el 4  de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Producción más limpia

La opinión de…

 

Rubilú Rodríguez

Generalmente se presume que no existe relación entre medio ambiente y competitividad. Contrario a ese razonamiento, la protección del medio ambiente no solo causa impactos favorables sobre los recursos naturales, sino que puede generar ganancias a las empresas y avances en la competitividad de las mismas.

La producción más limpia (P+L) constituye una estrategia preventiva que se aplica para el mejoramiento del desempeño ambiental y se enfoca en generar productos y servicios amigables al medio ambiente, promoviendo el consumo sostenible de los recursos.

Según Michael Porter, profesor de negocios de Harvard, “las regulaciones gubernamentales estrictas pueden fomentar ventajas competitivas mediante la estimulación y mejoramiento de la demanda local. Los estándares estrictos orientados al rendimiento, la seguridad del producto y el impacto ambiental, obligan a las empresas a mejorar la calidad, a mantenerse a la vanguardia de la tecnología y a ofrecer características que satisfagan las demandas sociales”.

El hecho es que el modelo tradicional de desarrollo económico desestimó la importancia y valor del medio ambiente, lo cual condujo a que se consideraran los activos naturales como recursos sin valor. La consecuencia ha sido la sobreexplotación y degradación lo cual conlleva costos sociales a corto y largo plazo.

La contaminación implica que los precios de los recursos naturales no reflejan los costos de oportunidad de los mismos, lo que significa que no reflejan la escasez relativa de estos lo que a su vez conlleva la inexistencia de incentivos adecuados para la gestión, uso racional y conservación de los activos ambientales.

La producción más limpia por su parte está asociada al crecimiento, pero está enfocada en el crecimiento sostenible. Las acciones que se enfoquen en reducir el consumo de materias primas y reducir la generación de residuos aumenta la productividad y traen ventajas financieras a la empresas que lo practican. Por ejemplo, la producción más limpia genera beneficios como reducir el costo debido a un mejor uso de las materias primas, y genera ahorros en inversión asociados al tratamiento y/o disposición final de desechos. Todo esto por supuesto se traduce en mayores utilidades para la firma.

A nivel operacional mejora las condiciones de seguridad y salud ocupacional, y las relaciones con la comunidad y la autoridad. A nivel comercial refuerza la imagen corporativa y facilita el acceso a nuevos mercados.

En Panamá la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam) ha realizado ocho versiones del Premio Nacional de Producción más Limpia, en las cuales se ha galardonado a diversas empresas nacionales. El Premio a la Producción más Limpia constituye un reconocimiento a aquellas empresas que han demostrado voluntariamente una gestión de procesos limpios.

A pesar de la labor que se ha venido realizando, todavía queda mucho por hacer. Algunas de las políticas e instrumentos sugeridos incluyen hacer uso de indicadores de sostenibilidad ambiental y desarrollo sostenible como instrumentos de monitoreo del impacto de las políticas públicas.

Igualmente se requiere fortalecer el sistema de planificación y gestión ambiental y las instancias de participación de la sociedad civil, así como el manejo de estrategias de comunicación e información para promover la educación y la transformación de la cultura ambiental.

Finalmente, resulta imperativo fomentar el desarrollo de negocios ecológicos y forestales que logren el doble propósito de proteger el medio ambiente y de contribuir a la economía, tales como la reforestación con maderas comerciables y el establecimiento de los sistemas cíclicos de mantenimiento. Al final, lo crucial consiste en contar con instrumentos de políticas públicas y acciones administrativas ágiles para contribuir con la productividad y el desarrollo sostenible a la vez. Ejecutar políticas que reconcilien el crecimiento con el medio ambiente, incentivando la competitividad como una fórmula ganar-ganar. Solo así se logrará el binomio perfecto de desarrollo económico y desarrollo humano.

<> Artículo publicado el 14  de octubre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,    lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.

Ventaja comparativa y ventaja competitiva, ¿es lo mismo?

La opinión de…..

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Rubilú Rodríguez

En temas relativos a la globalización y la economía, resulta común que se empleen los términos ventaja comparativa y ventaja competitiva como sinónimos que en realidad no lo son.

La diferencia no debe ser tomada de forma trivial. Michael Porter, precursor de la teoría de la ventaja competitiva en 1990, aseguraba que la distinción constituye la diferencia entre una exitosa política de generación de riqueza, o la causa de postración económica de muchos países.

Veamos los orígenes de cada término y su evolución. El concepto ventaja comparativa fue antecedido por el de ventaja absoluta planteado en 1776 por Adam Smith, el padre de la economía. Según él, si un país era más eficiente produciendo un bien A y otro un bien B, cada uno debería especializarse en aquel donde tenía mayor ventaja, y luego deberían intercambiar esos productos para elevar el bienestar de ambas naciones. Zapatero a sus zapatos, como suele decirse.

Pero, ¿qué ocurría si un país producía ambos bienes (A y B) con mayor eficiencia? En 1817 David Ricardo aborda este aparente dilema afirmando que, aún así, esta nación debe enfocarse en aquel bien que produce con mayor eficiencia.

Por ejemplo, asumamos que Estados Unidos tiene ventaja sobre otro país en la producción de té y trigo, pero en términos relativos, es aún mejor en la producción de trigo. Por ello, debe especializarse en este bien, y el otro país en la producción del té. Visto así, Estados Unidos tendría una ventaja comparativa en la producción de trigo, y el otro país ventaja comparativa en la producción de té.

Hasta allí todo claro, pero ¿qué vinculación tiene esto con la tesis de la ventaja competitiva? El hecho es que la ventaja comparativa dependía casi esencialmente de la llamada dotación de factores que incluye la disponibilidad de mano de obra barata y recursos naturales por ejemplo. Dicho de otro modo, los países se especializan en exportar sólo bienes y servicios que utilizan de manera intensiva, recursos que están en relativa abundancia en la localidad donde se da la producción.

Sin embargo, según Porter, la mano de obra barata, por ejemplo, constituye un elemento ubicuo, es decir está presente en muchos contextos, y por ende no necesariamente conforma en sí una ventaja competitiva.

Por lo tanto, el hecho de que las ventajas comparativas se enfocan en la disponibilidad de recursos puede conducir a la peligrosa trampa de que países en desarrollo se concentren sólo en producir bienes que requieren abundancia de recursos naturales o de mano de obra barata.

En consecuencia, lo fundamental para que un país y sus empresas aumenten de manera continua su riqueza radica en su capacidad de generar y aplicar la tecnología, de innovar, de aumentar la productividad y competitividad. La productividad incrementa la cantidad de bienes y servicios, eleva los salarios y mejora las condiciones de vida, pero esto a su vez exige un ambiente de negocios que se forja mediante adecuadas políticas y leyes que generan condiciones para que se consolide esa ventaja competitiva.

Esto explicaría por qué un país como Suiza, por ejemplo, que no produce ni un grano de cacao, se convirtió en el exportador por excelencia del mejor chocolate del mundo, o por qué Holanda, a pesar de su escasez de tierra, se convirtió en uno de los mayores exportadores de flores. Lo fundamental fue la habilidad de esos países en crear u optar por condiciones y políticas públicas para que sus empresas compitieran y superaran de manera sostenida a sus rivales comerciales.

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Este artículo se publicó el 18 de mayo de 2010 en el diario La Prensa, La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Competitividad del sector financiero

La opinión de…..

Rubilú Rodriguez

El origen del centro bancario internacional de Panamá (CBI) se remonta a 1970 cuando se reformula la Ley Bancaria y se crea la Comisión Bancaria Nacional.  Desde aquel momento, Panamá se convierte en uno de los pioneros de la región fomentando el desarrollo de un centro bancario basado en operaciones locales y off-shore.

Esta conexión del CBI con el sistema internacional generó, además de una envidiable estabilidad macroeconómica, un libre flujo de capitales bancarios que incrementó el atractivo del país.   Por ejemplo, en 1969 operaban en Panamá 23 bancos con B/.854 millones de activos; para 1982 operaban 122 con B/.49 mil millones de activos, y 62 de licencia general.

Con el tiempo el CBI ha venido conformando un conglomerado que integra, además de los propios bancos locales e internacionales, una bolsa de valores, casas de corretaje, aseguradoras, empresas de contabilidad publica y clasificadoras de riesgo, amén de los organismos reguladores como la Superintendencia de Bancos, la de Seguros y la Comisión Nacional de Valores. Como es sabido, el conglomerado financiero ha basado su éxito en la competitividad, pero como todo cluster, éste requiere un continuo mejoramiento y especialización.

En tal sentido, el Foro Económico Mundial (WEF en inglés) elabora periódicamente un informe que evalúa la competitividad financiera de 55 países.   El informe, publicado en octubre de 2009, colocó a Panamá en la posición 29 (adelantando tres peldaños con respecto al año anterior),   pero le confiere el primer puesto en el ranking de América Latina.

Los países más desarrollados se mantienen encabezando el ranking, aunque este año han disminuido su liderazgo. Tal es el caso de Estados Unidos, que el año pasado ocupaba la posición número uno y pasó al tercero, siendo superado por el Reino Unido y Australia.  En Latinoamérica, luego de Panamá se encuentra Chile que retrocedió una posición, luego Brasil y Perú que avanzaron 6 y 4 posiciones respectivamente, y México que se mantuvo igual.

El desempeño de Panamá en factores políticos e institucionales fue favorable, la liberalización del sector financiero, la estabilidad del sistema bancario y el bajo costo para iniciar un negocio destacan entre los aspectos con mejor desempeño.

En la categoría de intermediación, Panamá sobresale en los índices de tamaño y eficiencia de servicios financieros y bancarios, y desarrollo del mercado de bonos.  Sin embargo, en actividad bursátil y mercado de seguros mostró menos avances.

Igualmente, en cuanto a contratación de capital humano, y manejo de la deuda pública, presentó grandes desventajas debido a la rigidez del mercado laboral y el alto porcentaje de endeudamiento.

En relación con accesibilidad financiera comercial, Panamá alcanzó la tercera posición siendo superado por Hong Kong y Singapur, mientras que en acceso financiero individual y de pequeñas empresas logró la posición 17, y el primer lugar en Latinoamérica.

Evidentemente en Panamá existen facilidades para el acceso a los mercados financieros, y el nivel de riesgo que enfrentan los bancos es bajo, considerando que la mayoría de los préstamos se beneficia del sistema de descuento directo.  Panamá ocupa por ello el primer lugar mundial en el índice de obtención de crédito.

Hace poco la firma KPMG elaboró una evaluación de la competitividad del CBI, entre cuyas conclusiones destacan la necesidad de reforzar su posicionamiento en el mercado latinoamericano, incentivar el desarrollo de un mercado secundario de valores y captar más bancos internacionales y latinoamericanos de renombre.

Solo habría que agregar a esta agenda la necesidad de que el actual gobierno preserve el equilibrio macro fiscal en materia de deuda pública y déficit. Son estas las políticas que le seguirán dando al CBI el liderazgo que ocupa hace años a nivel regional y mundial.

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Publicado  el   23  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La competitividad y los conglomerados

La opinión de…..

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RUBILÚ RODRIGUEZ

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La competitividad y los conglomerados

¿Qué hace que empresas de un país puedan competir ventajosamente con las de otros y les permita agregar valor mediante un continuo mejoramiento de la calidad y el precio de sus productos?

Este artículo resume los aspectos fundamentales del denominado modelo de los conglomerados, el cual se fundamenta, según Michael Porter, en la existencia de cuatro factores que condicionan esta habilidad o ventaja competitiva.

Mencionemos en primer lugar la dotación de factores, lo cual incluye “factores básicos” que son aquellos que no son controlados directamente por los humanos, y comprende aspectos como clima, recursos naturales, demografía y ubicación geográfica.

Por otro lado, se identifican los “factores adquiridos” o avanzados que son creados e incluyen entre otros, tecnología, educación, capacidad gerencial, así como infraestructura física y tecnológica.

Panamá por ejemplo, goza de una privilegiada posición ubicada en el centro de importantes arterias marítimas y posee una envidiable estrechez que facilita el comercio entre dos mares.

Pero estas condiciones por sí solas no habrían bastado para desarrollar nuestro potencial. Y es así como a través de una cultura empresarial y la construcción de un Canal, y otras estructuras, el país ha ido consolidando su potencial como punto de tránsito internacional.

“La demanda” constituye otro factor. Así tenemos que el nivel de sofisticación o exigencia de un mercado puede inducir a que ciertas industrias produzcan bienes y servicios muy especializados. Por ejemplo, Suecia, Noruega y Finlandia son naciones ubicadas en el extremo nórdico de Europa y tienen en común una población relativamente dispersa geográficamente y un intenso frío que persiste todo el año.

Visto así, la tradicional telefonía por cable resultaba costosa y complicada peroparadójicamente, sus poblaciones requerían un sistema para comunicarse y solicitar asistencia de emergencia.

Estos elementos explican el surgimiento de una de las más conocidas marcas de celulares llamada Nokia –que debe su nombre precisamente a una ciudad ubicada en Finlandia.

La telefonía celular emerge como una solución local que luego tendrá una aplicación mundial. Dicho de otra forma, las características de ciertos mercados y de sus consumidores incentivan a las empresas locales a innovar y lograr altos estándares de calidad.

Otro de los factores sería la “estructura empresarial y la rivalidad”. Este elemento está vinculado con el nivel de competencia que prevalece entre las empresas que operan en un mercado. Si las firmas funcionan en un entorno poco competitivo, bajo prácticas monopólicas u oligopólicas, difícilmente lograrán alcanzar los niveles que reclaman los mercados globales.

Un símil sería un boxeador que aspira ser campeón mundial lo cual le exigirá practicar con rivales que lo presionen y lograr estándares que lo hagan apto para la arena internacional. Difícilmente esto ocurre si sus entrenamientos se limitan a competir con boxeadores de poco talento.

El último factor es el vinculado con los “sectores afines y de apoyo”. El hecho surge cuando las empresas que operan dentro de una región, que están involucradas en negocios o sectores afines, pueden generar economías de escala (ahorros) compartiendo gastos e intercambiando los beneficios de la innovación.

Otra ventaja o aspecto es que esa proximidad física les permite integrar procesos planificando las diversas etapas de producción, lo cual es vital sobre todo para aquellas organizaciones cuya actividad depende de otros proveedores que operan dentro del cluster. Es decir, funcionando bajo un esquema de conglomerado, las empresas alcanzan niveles de excelencia y eficiencia que no podrían de manera individual.

Uno ejemplo de esto son las compañías que operan en el Silicon Valley de California, donde a partir de la década de 1990 se vinieron instalando empresas avanzadas de innovación tecnológica e informática que hoy funcionan mancomunadamente.

Sin embargo, resulta obvio que el mayor valor agregado del enfoque debe llevarnos no solo al análisis de estos factores, sino de las decisiones y políticas que requiere adoptar una sociedad para que se den estas condiciones. ¿Cuáles son las estrategias que debemos “adquirir” que en efecto nos pueden llevar a esos niveles de excelencia? Allí radica la ciencia del problema.

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Publicado el 16 de noviembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.