No lo podemos permitir

La opinión de…

Carlos David Abadía Abad

Hace unos días leí la entrevista que le hicieron a uno de los pandilleros más conocidos en Brasil, en la que él expresaba, entre otras cosas, lo siguiente: “yo no tengo miedo de morir, quienes tienen miedo son ustedes” y al preguntarle qué opinaba del esfuerzo que el gobierno estaba realizando en las favelas, respondió: “ya es muy tarde, debían haberse preocupados hace muchos años, ya nosotros somos los que dominamos estas, y tenemos mucho dinero”.

Analicemos estas dos respuestas. ¿Por qué no tienen miedo de morir? Simple, porque no tienen nada que perder, viven en la extrema pobreza, con pocas oportunidades de estudios y en hogares desintegrados, sin la mínima orientación. Es el entorno que conocen. Y esto es lo que tenemos en Curundú, en El Chorrillo, San Joaquín, Cerro Cocobolo y otros barrios de nuestro Panamá.

Sobre la segunda respuesta, creo que aún estamos a tiempo, pero que todos estemos claros, esto no es un problema de gobierno, esto es una responsabilidad de todos; esta situación no se resuelve solo con más policías y matando pandilleros. Es un fenómeno complejo y se tiene que enfrentar en varios campos a la vez. Ningún gobierno por sí solo lo puede afrontar; además es la sociedad es la que sufre las consecuencias, lo cual obliga a su participación en la solución.

Decía el narcotraficante Pablo Escobar: “mover drogas es una profesión muy atractiva para los jóvenes pobres, sin educación y sin oportunidades”. Esta frase nos señala claramente que el enemigo no es el pandillero sino el hambre, la baja o ausencia de autoestima, y la ignorancia.

Entre 2005 y 2009, 52 mil jóvenes dejaron sus estudios. Actualmente tenemos 126 mil personas, entre 15 y 29 años, que no estudian ni trabajan, aquí está el caldo de cultivo para nuevos pandilleros, si solo el 20% de esos 126 mil jóvenes tomaran el camino del pandillerismo se quintuplicaría el fenómeno en Panamá.

Un grupo de señoras de la organización denominada “Amigas de la Paz”, después de visitar Curundú y ver la realidad en que se vive allí, seleccionó a un grupo de niños para llevarlo al cine.    Cuando iban en el bus por la cinta costera, una de las señoras pidió a los niños que nunca había visto el mar que levantaran las manos.   Para su sorpresa, todos los niños levantaron la mano.   Estos niños, viviendo a menos de seis y siete cuadras del mar, nunca lo han visto, porque dentro de su barrio no pueden ir de una calle a otra, porque los pandilleros marcan sus territorios y llegar sin su consentimiento es causa de muerte. Están presos en su propio barrio.

La Fundación Jesús Luz de Oportunidades, a la cual pertenezco desde hace dos años por invitación del amigo Riqui Tribaldos, trabaja en varias vías a la vez. Iniciamos interviniendo pandillas con resultados muy satisfactorios, pero insuficientes. Hemos retirado de las pandillas a 16 jefes, a quienes financiamos para que, en los barrios en donde actuaron, retiren a otros pandilleros. Pero es insuficiente. Si analizamos las cifras antes mencionadas, y no hacemos algo para ayudarlos, todos esos jóvenes en pobreza, sin estudios ni oportunidades, se sumaran a ese mundo; por tal razón estamos abriendo 10 comedores para atender entre 50 y 70 niños, a quienes también los apoyamos en sus estudios, deportes y orientación.

Son cerca de 250 pandillas y 4 mil pandilleros, cifras que aún se pueden revertir, pero necesitamos que todos nos involucremos. Sigamos el ejemplo del gobierno municipal de Medellín, que en ocho años dejó de ser una de las 10 ciudades más peligrosas del mundo, y es hoy una de las más seguras.   Depende de nosotros que nuestra ciudad sea más segura. O nos involucramos en búsqueda de la solución, o nos encarcelamos en nuestras casas y nos lamentamos de las desgracias que nos puede suceder a nosotros, a nuestros amigos o parientes. Pablo Escobar ya nos señaló dónde está el problema, somos tontos sí mantenemos nuestra indiferencia, cuando los perjudicados seremos nosotros mismos.

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<> Este artículo se publicó el 15  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Mas del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/abadia-abad-carlos-d/

Una promesa que no debe cumplirse

La opinión de…

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Carlos David Abadía Abad

Un dicho en nuestro país dice “lo prometido es deuda”, y es así, pero existen promesas hechas con muy buenas intenciones, pero después de un análisis profundo son inviables.   El señor presidente Ricardo Martinelli hace unos meses realizó una promesa a los jubilados, de un aumento de B/50.00 en las pensiones de vejez y estoy seguro de que en su afán de ayudar a este sector planteó esta posibilidad.

El presidente Martinelli siendo, según los politólogos, un hombre de derecha, ha actuado en este primer año como un hombre de pensamiento socialista.

El plan de 100 a los 70, mantener la red de oportunidades de la anterior administración, la entrega de libros y mochila a los estudiantes, la beca universal que se iniciará y así una serie de medidas, sociales, que nunca se pensó que un ciudadano de “derecha” y menos un empresario del nivel que es el Presidente, plantearía.

Sucede que las cuantías de las pensiones que una persona debe recibir es el resultado de estudios actuariales, que están basados en una serie de parámetros tales como, la densidad de cuotas que se deben aportar, la edad mínima de pensionarse, el porcentaje del salario que se debe aportar, la expectativa de vida entre otros.   Cuando se piensa aumentar la pensión, se tiene que revisar los parámetros anteriores, de lo contrario, se provocará un déficit, que en pocos años, lleva a la institución a tener que aumentar dichos parámetros, de lo contrario quiebra el sistema de pensiones.

Por esa razón le solicito al señor presidente revaluar esta promesa, que indudablemente es justa, pero que pone en peligro a la Caja del Seguro Social.

En nuestra historia reciente, en 1983 se nos devolvió la segunda partida del 13 mes, que financiaba las pensiones de vejez adelantadas, estas se quedaron sin financiamiento, y según los economistas significó un déficit de más de 2 mil millones de balboas, que llevó al presidente Endara a eliminar dichas pensiones y hacer ajuste de edad para pensionarse y que en 2006, hubo que aumentar la cuota y su densidad.   Lo que me extraña es el silencio de los gremios empresariales, de trabajadores y profesionales, por esta posible medida, con el conocimiento que de darse, en un espacio menor a 10 años, se tendrá que aumentar la edad, las cuotas y la densidad de aportes para poder corregir el déficit que se dará.

Es muy cómodo callar, dejar que el presidente se equivoque por buena fe e intención, y después salir a protestar cuando se tengan que tomar las llamadas “medidas impopulares”.

Actúen ahora con patriotismo y responsabilidad ciudadana. Al señor Eladio lo felicito por sus luchas constantes a favor de los jubilados, pero esta solicitud va en contra de toda la institución y en particular a los hijos y nietos de los actuales jubilados, ya que serán ellos que tendrán que sufrir las reformas que se “tendrán que hacer”.

Le solicito que se siente por un lado, con los directivos de la Caja, para buscar una serie de medidas, para que se disminuya o desaparezca el gasto de bolsillo para medicamentos de los jubilados, y otras medidas para que tengan una mejor atención; y con el presidente Martinelli y su equipo para que la canasta básica sea más económica, y esto significará un ahorro hasta mayor que el aumento solicitado. De lo contrario, señor Fernández, perjudicará la institución que usted tanto defiende.

Termino con la siguiente aclaración, sobre el poder adquisitivo que pierde las pensiones, debido a la inflación, lo ideal fuese que hubiesen ajustes, pero esto solo se podrá hacer si los aportes y otras medidas de capitalización se hicieran cuando estamos en nuestra vida productiva, lo que significaría un mayor aporte, esos ajustes tienen un costo, y se tienen que pagar, de lo contrario se afectaría el sistema de pensiones.

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Este artículo se publicó el 8 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Responsabilidad con la democracia

La opinión de…

Carlos David Abadía Abad

Estamos en el quinto gobierno post militar, el cuarto elegido en democracia, y se percibe que la actual administración desea realizar una serie de obras necesarias como el Metro, la construcción de pasos elevados y la extensión de los corredores, mejorar el transporte público de la capital, ampliar las carreteras en otras provincias, reestructurar la educación, las finanzas públicas y hacer más eficiente la gestión gubernamental, entre otros cambios que los panameños apoyamos.

Pero un gobierno también tiene una responsabilidad con la democracia. En el caso nuestro, esa responsabilidad es aún mayor tras los 21 años de dictadura que pasamos, recientemente, y para fortalecer nuestros escasos 20 años de vida democrática.

Nuestra democracia es frágil, no solo por el corto tiempo que tiene, sino porque la mitad de este tiempo gobernó el partido de la dictadura, que en dos periodos mantuvo políticas y acciones que debilitaron los sistemas democráticos; los dos gobiernos anti dictadura no hicieron lo necesario para eliminar esos vicios. Si bien el presidente Endara respetó la separación de poderes, como ninguno lo ha hecho, se quedó corto en otras cosas, la principal, que no eliminó la Constitución.

Muchos de los que votamos por el presidente Ricardo Martinelli lo hicimos para que su gobierno fortaleciera nuestro sistema democrático, que va más allá de celebrar elecciones honestas y transparentes. Martinelli representaba una fuerza política distinta a las que habían gobernado durante estos últimos 20 años y esto le daba una condición muy especial de independencia política; no necesitaba caer en los vicios de los gobernantes anteriores, y el hecho de que no era un político tradicional junto a su preparación empresarial se percibían como una combinación equilibrada y un punto de ventaja sobre los otros mandatarios.

El gobierno ha cometido algunos errores que ponen en peligro nuestro sistema democrático. Su comunicación ha sido ineficaz, a pesar de mantener una campaña mediática intensa y costosa, pero equivocada. No ha querido escuchar a los otros sectores que juegan un papel importante en la vida del país como la sociedad civil, los ambientalistas y los gremios serios. Por no escuchar y querer descalificar a los grupos mencionados, planteó una ley que incluía la reforma de varias leyes, en vez de proponer las reformas en cada uno de sus ámbitos, bien explicadas a la sociedad, con ello se hubiese evitado todo lo sucedido.

Con todo lo acontecido la democracia ha perdido. Los grupos de la izquierda antidemocrática (vean que la calificó puntualmente, ya que la izquierda democrática, como en Chile o Brasil, aquí no existe) son los que han sacado más ventaja, aprovechando no las virtudes sino los errores de comunicación y actuación del gobierno.

El gobierno inicia su segundo año y tiene tiempo suficiente para recuperarse, eso sí, tiene que hacer sus ajustes inmediatamente. Hagan una parada técnica, evalúen qué hicieron mal este primer año para no repetirlo; qué no hicieron, qué debían haber hecho, qué hicieron bien, qué podía hacer mejor. Si este ejercicio lo hacen de manera honesta y sincera, tengan por seguro que su mala imagen se revertirá inmediatamente.

Su responsabilidad con la democracia es lo más importante que tienen ustedes, más que todas las obras que concluyan, porque poco servirán si perdemos las libertades que rescatamos al desplazar el sistema dictatorial que tuvimos.

Y, por favor, no cometan el error de pensar que las crisis que viven otros países de nuestra América Latina no sucederán aquí, craso error cometerían; solo vean cómo se confundió a los trabajadores de Bocas del Toro, exacerbando los ánimos, esto nos indica claramente los niveles de organización de los grupos que solo esperan el momento en que el gobierno se equivoque para actuar.

Señor Presidente, haga los cambios que sean necesarios para corregir las irregularidades que han encontrado; esos cambios serán más profundos si escucha a todos los que quieren a este país, que son la mayoría. A los grupos que tienen sus agendas políticas todos los conocemos, no les dé campo fértil para que crezcan en sus aspiraciones.

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Este artículo se publicó el 27 de julio de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

‘No fue rebeldía, fue independencia de criterio’

La opinión de….

Carlos David Abadía Abad

La expresión del rector de la Universidad de Panamá, Gustavo García de Paredes, sobre el voto del estudiante universitario en el referéndum realizado la semana pasada, no fue la más feliz ni la más apropiada.

Fue una expresión despectiva e irrespetuosa. Denota su poco respeto del derecho a disentir de quienes son los verdaderos conocedores de la realidad de su centro de estudio, quienes lo viven diariamente. Saben cuáles son las grandes debilidades de la Universidad y tienen claro el tejemaneje que se mueve en ese mundo. El voto del estudiante universitario fue el voto más objetivo, realista y sincero, porque su único interés es recibir una enseñanza de primer nivel y que se les brinde todas las herramientas modernas para poder captar los conocimientos en sus respectivas carreras.

El voto de los profesores y funcionarios, y sus intereses son muy distantes; son intereses particulares y no necesariamente los que necesita la Universidad de Panamá.

Tengo entendido que ahora le toca a la Asamblea Nacional aprobar o no que la reelección universitaria sea eterna. Los diputados y el Ejecutivo deben tomar muy en serio la expresión mayoritaria de los estudiantes en contra de esa reelección. Ellos, con su voto negativo, mandaron un mensaje muy claro: que la casa de Méndez Pereira no anda bien y esto no es un secreto.

Solo veamos la clasificación que tiene nuestra Universidad en comparación con otras de Centroamérica; y si la evaluáramos con las universidades de Latinoamérica, ni se diga.

Por otra parte, vemos a los estudiantes “profesionales”, quienes se pasan lustros malgastando los recursos del Estado, sin que ninguna autoridad haga nada; ni se diga de los encapuchados que destruyen la propiedad privada y nada pasa.

Estos hechos no solo desacreditan a esta casa de estudios, sino que mandan un mensaje equivocado a los ciudadanos y desmotivan a los buenos estudiantes –aquellos llamados rebeldes, despectivamente–, que son la mayoría, porque la imagen de su alma máter está deteriorada y esto les impide expresar el orgullo que deberían mostrar por ella.

Si el Ejecutivo y el Legislativo son coherentes con su discurso sobre el tema de la educación, no deben aprobar esta reelección. Es el momento de tomar el toro por los cuernos y hacer las modificaciones estructurales que necesita nuestra primera casa de estudio superiores. Eliminar la politización en la que está sumergida y que, incluso, supera los niveles que la población señala en otros estamentos públicos.

Llegó el momento de poner orden, de ser lo suficientemente exigentes con la aplicación de los exámenes de admisión; de establecer una regla que impida que los estudiantes permanezcan estudiando una carrera más allá del tiempo establecido (solo debe permitirse dos años adicionales); y en caso de que los estudiantes opten por otra carrera, se les debe aplicar un nuevo examen de admisión.

Hay que eliminar a esos estudiantes “profesionales” que politizan y denigran la Universidad, y que malversan el dinero público con la anuencia irresponsable de las autoridades y los profesores. Es el momento de analizar por qué la Universidad de Panamá tiene un bajo porcentaje de estudiantes graduados.

Señores diputados y señora ministra de Educación, Lucy Molinar, los estudiantes le han mandado un mensaje alto y claro, no lo desperdicien; además de que sería una contradicción, perderían una oportunidad de oro y se seguiría hundiendo a la Universidad y a la educación.

La opinión de los “rebeldes” fue objetiva, responsable y real, lo que demostró que tenemos una materia prima que lo único que desea es que se les brinde una enseñanza de calidad.

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Este artículo se publico el 16 de junio de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Noriega nunca pidió perdón

La opinión de…..

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Carlos David Abadía Abad

Desde que Noriega fue enviado a Francia, he escuchado a muchas personas expresar o pedir piedad para el dictador. Unos dicen que él ya pagó su pena, otros que deben dejar que goce a sus nietos en sus últimos años o que le pueden dar casa por cárcel, porque ya sufrió mucho.

Primero que todo, y como dice mi amiga Betty Brannan, él le pagó a la justicia norteamericana, no a la panameña. Aquí fue condenado y debe pagar con cárcel por los delitos cometidos, que no fueron ni pocos ni leves.

A todos los que se apiadan de Noriega y piden que lo dejen disfrutar a sus nietos, les pregunto: ¿Qué piensan de los hijos de Hugo Spadafora? Ellos crecieron sin su padre y –además del trauma que esto les habrá provocado– hoy sus hijos nunca recibirán un mimo de su abuelo, que fue decapitado. O qué piensan de los hijos de los 10 militares ejecutados, quienes crecieron sin sus padres. Ellos les contarán a sus hijos que sus abuelos fueron vilmente asesinados por un hombre que se creyó dueño de un país. Y qué decir de las “desapariciones” de Héctor Gallego y Heliodoro Portugal, aunque en esa época Omar Torrijos era el jefe y, por lo tanto, el principal responsable de esa crueldad. Torrijos al igual que Noriega no permitía que se disintiese, porque se creyó el amo de esta patria.

Pero veamos otros delitos cometidos por Noriega, quien humilló a Panamá; él permitió que los grandes narcotraficantes se pasearan por esta tierra, con pasaportes panameños, y le brindaba todas las facilidades para transportar su droga y lavar su dinero mal habido.

Aquel mismo hombre que amenazó a todo un pueblo, con la frase “plata para los amigos, palo para los indecisos y plomo para el enemigo” (el enemigo era todo un pueblo de panameños vida mía), fue quien cerró los medios de comunicación, llevando a los periodistas a situaciones muy difíciles; fue él quien ordenó que nos atacaran en la Iglesia del Carmen y en el parque de Santa Ana; fue quien ordenó la quema de La Mansión Danté y el edificio de El Machetazo; quien destruyó KW Continente; quien mandó al exilio a muchos panameños porque no pensaban como él.

Y lo peor de todo lo que hizo este irresponsable fue retar a la mayor potencia del mundo, apostando a que un organismo de esa Nación (a quien él le hacía trabajos) lo apoyaría de por vida. Así nos llevó a la mayor humillación que hemos sufrido como país, una invasión que provocó decenas de muertos; todo por la ambición de Noriega, por el deseo de mantener el poder, pero no por el bien de la patria, sino de sus negocios y de los negocios de los narcotraficantes.

Manuel A. Noriega tiene que cumplir su condena en una cárcel de Panamá, y en la misma cárcel en la que están los demás maleantes. Él no fue ni presidente ni jefe de gobierno; él se robó el poder que años antes Omar Torrijos había hurtado.

Cuando Noriega pida perdón público por sus delitos, cuando nos diga dónde están los cuerpos del padre Gallego y Portugal, y la cabeza de Spadafora, cuando nos informe cómo construyó la fortuna que amasó y quiénes fueron sus principales colaboradores, y cuando demuestre una verdadero arrepentimiento, solo entonces se podría disminuir su condena, pero no eliminarla.

A cada una de las personas que hoy quieren que todo se olvide, las invito a que piensen en las familias afectadas como si fueran las suyas; piensen en el daño que hizo a la imagen del país y en todas las secuelas que los panameños hemos sufrido y pagado.

No se puede perdonar al que no se arrepiente. Muchos de ese grupo cercano a Noriega han expresado que no tienen nada de que arrepentirse, ¡que descarados son!

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Este artículo se publicó el 21   de mayo de 2010 en el diario  La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El funcionamiento de la CSS

La opinión de…..

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Carlos David Abadía Abad

La Caja de Seguro Social (CSS) es la institución más grande e importante que tenemos los panameños, pero a la vez poco se sabe de su funcionamiento, y debido a este desconocimiento se vierten una serie de opiniones que confunden aún más a los derechohabientes o se hacen propuestas que afectarían, de manera importante, su patrimonio. Por esta razón, paso a explicar cómo funciona nuestra institución de seguridad social.

Realmente podríamos decir que existen cuatro cajas, ya que cada programa o riesgo tiene su financiamiento definido y sus responsabilidades. Riesgo de administración, riesgo de enfermedad y maternidad, riesgo de invalidez, vejez y muerte, y riesgos profesionales, son las cuatro principales responsabilidades de la CSS.

El riesgo de administración tiene la responsabilidad administrativa de la institución. Cubre todos los gastos, desde el sueldo del director general hasta el papel que se confeccionan los cheques de los jubilados.

Su financiamiento se da por medio del aporte del Estado, equivalente al 0.8% de los sueldos y bases de cotizaciones de los asegurados obligatorios, voluntarios, y de lo pagado a jubilados del Estado, sobre los cuales la CSS recibe cuotas, parte del impuesto selectivo al consumo de bebidas gaseosas, alcohólicas y cigarrillos y otros ingresos.

Es la parte solidaria del gobierno central con el Seguro Social. En otros países, de la cuota para pensiones se retira un porcentaje para la administración, esto es un gran avance solidario y se tiene desde 1941 cuando se creó la CSS.

El riesgo de enfermedad y maternidad es el responsable de los servicios de salud para todos los derechohabientes de la CSS. Esto incluye el personal de salud, las medicinas e insumos, en fin, todos los gastos del sector salud de la Caja. Este es el único riesgo al que los beneficiarios tienen derecho y no guarda ninguna relación con el riesgo de las pensiones.

Sus principales ingresos lo proporciona el 8% de la cuota patronal y el 0.5% de la cuota del trabajador (que financia las prestaciones económicas de dicho programa, tales como las licencias por gravidez y las incapacidades por enfermedad común). También, el 6.75% de la cuota de los pensionados; el 10% de los ingresos netos de las concesiones que el Estado otorgue en materia de fibra óptica; los dividendos que sus reservas produzcan; el aporte de 25 millones del Estado, y un aporte transitorio del empleador que este año es de 0.25%.

El riesgo de invalidez, vejez y muerte es el que tiene la responsabilidad financiera para cubrir cualquiera de estas tres eventualidades. Los costos son exclusivamente los que genera el riesgo. La cobertura es para todos los asegurados que permanecen en el sistema de beneficio definido y la porción similar al sector del sistema mixto.

Su financiamiento principalmente viene de la cuota obrero patronal, que actualmente es de 11%, el próximo año será de 12.5% y a partir del año 2013 será de 13.5%.

Los ingresos de los rendimientos de las reservas representan uno de los puntos más importantes para el sostenimiento financiero de este riesgo.

El ingreso proveniente del Fideicomiso que establece el Estado a favor de la CSS, como aporte a la sostenibilidad financiera y actuarial del régimen de invalidez, vejez y muerte, actualmente es de 100 millones al año. A partir del año 2013 y hasta el año 2060 será de 140 millones de balboas.

El Estado entrega un subsidio anual, equivalente a 20 millones de dólares, para compensar las fluctuaciones o posible disminución de la tasa de interés de las inversiones que mantenga la CSS en bonos, pagarés u otros valores similares emitidos por el Estado.

El programa de riesgos profesionales fue creado en 1970. Es el riesgo que se responsabiliza de los accidentes de trabajo y las enfermedades profesionales. Con financiamiento y contabilidad propios.

Su recursos y financiamiento se obtienen de las primas que deben pagar exclusivamente los patronos, de acuerdo con la tarifa que la Caja establezca al efecto, según el riesgo inherente a la actividad de la empresa.

Como ven, cada programa tiene su área de responsabilidad y su fuente de financiamiento, son completamente independientes uno del otro.

Entre los otros puntos que son importantes entender está que las reservas de la CSS deben aplicarse en inversiones seguras, pero que le rindan un interés de por lo menos 6% o más. Tener esos fondos en una caja fuerte o en plazos fijos los descapitaliza y pone en riesgo las futuras pensiones.

El otro punto es el monto de las pensiones de vejez, mejor conocidas como jubilaciones. La pensión de cada uno de nosotros no es más que el resultado de nuestros ahorros solidarios para ese programa, durante nuestra vida laboral. No se pueden aumentar las pensiones sin poner en riesgo las futuras pensiones o se tendría que aumentar la cuota obrero patronal, aumentar la edad de pensionarse o exigir más tiempo de cotización o disminuir los beneficios actuales, para poder garantizar las futuras pensiones.

Comprendo que muchas pensiones son bajas, pero la Caja, responsablemente, no puede aumentarlas, ya que pondría en peligro las jubilaciones de nuestros hijos.

Por último, la pensión mínima es subsidiada por todos nosotros, ya que en muchos de los casos el cotizante no llega a tener esa cantidad y se le otorga como una solidaridad con él.

Espero haber dejado claro que cada riesgo de la Caja es independiente y que no podemos hacer exigencias que, al final, ponen en peligro la institución que todos decimos defender.

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Este artículo se publicó el  12  de mayo de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

La ‘ley zanahoria’ y la inseguridad

La opinión de…..

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Carlos David Abadía Abad

La posible presentación de la llamada “ley zanahoria”, que regula el horario de cierre de bares y discotecas, ha desatado una polémica entre diferente sectores de la ciudadanía. Cada uno tiene razón desde su punto de vista e interés particular, pero realmente no veo que dicha ley vaya a disminuir de forma significativa la inseguridad que vivimos, tampoco tiene un valor importante como complemento de otras medidas para reducir dicha situación que a todos nos preocupa.

Creo que su posible efecto es otro. Me explico. Las principales causas del pandillerismo, que es donde se genera toda esta violencia y que ocupa el 50% de las noticias televisivas, se debe a cuatro motivos: pobreza, desintegración de la familia, falta de oportunidades y el ambiente físico y social donde residen los delincuentes y que realmente afecta su autoestima. A esto hay que agregarle el ingrediente del narcotráfico.

Siendo Panamá un país de tránsito de drogas de Sur América hacia Estados Unidos, un porcentaje de estas se queda en nuestro país, lo que es un anzuelo ideal para un sector de la población que busca resolver los problemas que sufren. No es secreto para nadie que los millones de balboas que genera ese cáncer son una tentación por los motivos antes mencionados.

La “ley zanahoria”, primero, no resuelve ninguna de las causas estructurales y podría dar la sensación de que con su aplicación se corregirá este mal, desviando la atención de la implementación de otras medidas que sí se deben ejecutar.

El cierre de todos los lugares de diversión a las 3:00 a.m., los jueves viernes y sábado, no resuelve el consumo de bebidas, ni disminuirá los accidentes de tránsito, muy por el contrario, podría aumentarlos cuando todos los conductores salgan a esa hora. ¡Provocará un caos! La mayoría de estas personas se irían para sus casas a seguir la fiesta y el desorden sería mayor en los barrios. Además, el trabajo de los policías se concentraría en vigilar a los “borrachos”. Ya el ministro Mulino expresó que esa no debe ser su función principal, con lo cual estoy de acuerdo, pero con la estrategia de cierre así pasará.

Recomiendo a los funcionarios del sistema de inteligencia y seguridad que investiguen cuáles son los bares y discotecas en donde se venden drogas y que apliquen la ley sin contemplación. Las drogas no la venden necesariamente después de las 3:00 a.m., sino a todas horas. Estoy seguro que en los lugares donde ocurre este delito, desde tempranas horas de la noche se mercadea con las drogas. Como bien dijo la ministra Lucy Molinar, lo que haces a las 3:00 a.m., lo haces a las 8:00 p.m., 10:00 p.m. o a la medianoche.

Deben ser más estrictos en la aplicación de los operativos del “guarómetro”. Vi un reportaje de televisión y leí en los periódicos que hay lugares que han adoptado esta práctica de manera masiva. En el reportaje mostraron que en la ciudad de Tokio las multas y/o condenas por conducir un vehículo bajo los efectos del alcohol son tan altas que los ciudadanos que beben prefieren tomar un taxi antes que conducir en ese estado.   En la ciudad de Santa Fe, Argentina, el municipio y los bares llegaron a un acuerdo y se ofrece transporte gratuito a los clientes. Estas son las medidas que debemos adaptar en nuestro país, para no perjudicar a nadie, a la vez que generamos conductas de responsabilidad para no conducir ebrio y no tapamos la luz solar con la mano.

Sobre la seguridad, que es lo que nos preocupa, primero que todo hay que construir una política nacional con participación de la sociedad civil, que ya ha mostrado interés en colaborar.   Creo que la creación del ministerio de seguridad es un paso positivo, igual que el proyecto de Curundú, porque este cambia el entorno de vida de ese sector, aunque no se le ha explicado bien a la ciudadanía el beneficio que traerá.

Entiendo la desesperación que tiene el presidente Martinelli, el ministro Mulino y el resto de los funcionarios del Gobierno por la inseguridad nacional, pero esto no se resolverá de manera rápida. Tampoco debemos plantear ideas al aire, sin saber o tener certeza del impacto real que podrían tener. Debemos sentarnos a armar una política de Estado, que traiga esperanza y confianza a la ciudadanía, que mande un mensaje claro a los maleantes, así el país sería bien visto internacionalmente.

Para terminar, quiero mandar un mensaje a las dos grandes cadenas de televisión, porque veo que cada una ha elaborado una estrategia para el mismo fin: ¡Únanse! Este tema no es para competir en raitings o tener mejores clientes, este es un tema en el que todos los panameños debemos aportar nuestras ideas, tiempo y dinero, para vivir en el Panamá que todos nos merecemos.

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Este artículo se publicó el  28  de abril de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.