Cambios que no llegan

La opinión de…

EUCLIDES  M.  CORRO  R.
emacor@cwpanama.net

Con la designación del nuevo director de la Caja de Seguro Social, Guillermo Sáez Llorens, hace un año aproximadamente, muchos confiaron en su experiencia y, aunque no es médico, se pensó que el cambio sería favorable para los asegurados.   En la práctica el asunto ha sido lento, más allá de lo que se esperaba, y lógicamente hay desaliento entre los derecho—habientes.

En muchos aspectos lo que hoy se nos brinda dista mucho de lo que hace poco más de treinta años teníamos como beneficios de ser cotizantes de la primera entidad social de nuestro país, a pesar de que hoy día se aporta una cuota obrero patronal mucho más alta.

Para los que desconocen de qué les estoy hablando y para aquellos que ya lo han olvidado, el cuadro básico de medicamentos era quizás cinco veces lo de hoy y probablemente me estoy quedando corto.

Además, estaban las farmacias subrogadas. ¿Qué era esto?, para que se sorprenda, cuando un medicamento incluido en ese cuadro básico era recetado y no había, se le daba una orden de compra al asegurado para que fuera a algunas de las farmacias del país incluidas en el sistema, para que se lo entregaran.

¿Increíble? Pues, así funcionaba la CSS. Por otra parte, no había que esperar mucho para que un especialista nos atendiera.   Claro, hoy la población es mayor y los costos operacionales igualmente han aumentado. En esa misma línea de realidades, los médicos no formaban parte de organizaciones que parecieran estar más dispuestas a pelear por otros asuntos que por elevar la calidad de atención a los asegurados.

No lo digo como critica, sino como una realidad. Hoy hay muchos problemas tanto en la atención ambulatoria como en la privada. Es tal la situación, que ha sido necesario contratar médicos especialistas en el exterior, porque los que hay en Panamá o no quieren ir al interior del país, o simplemente tienen compromisos de trabajos en las clínicas privadas.

Quiero referirme a otros problemas menores, pero que sumados convierten en una verdadera tortura tener que recibir atención por parte del sistema de la Caja de Seguro Social.   Por ejemplo, conocí hace un par de días la situación de una señora de casi 70 años, muy humilde, residente en El Chorrillo, con una pensión realmente exigua, que fue a una cita con una especialista y esta le entregó una receta de un medicamento que no está en el Cuadro Básico y que en las farmacias cuesta cuatro balboas cada pastilla.

No hace mucho una persona muy apreciada falleció en las instalaciones del SS, y la familia aún está petrificada por la forma en que tuvo que pasar sus últimos días la dama en referencia.   Cito parte de una nota que me escribió su esposo, aún aturdido por la pena de perder a su compañera por más de 40 años.

Me dice: ‘Para quienes hemos vivido el calvario de tener un paciente en el Hospital Metropolitano, esto no es nada nuevo. Hemos visto de entre el baúl de las maldades, cómo las enfermeras y auxiliares se peleaban los esparadrapos por citar una nimiedad.   No hay jeringuillas, los ‘pampers’ están cuando hay y cuando eso ocurre, es dramático ver la pelea por los mismos entre los pacientes.

Los pacientes los recluyen en observación privados de la visita de familiares, mientras esperan camas. Allí son dejados casi a la intemperie y muchas veces sin atención médica por días, especialmente los fines de semana.   A los internistas hay que rastrearlos en las noches, porque se pierden sin rumbo fijo.

A estas bondades y más, súmele la indiferencia de las ahora licenciadas en enfermería y la grosera atención e indolencia de un sinnúmero de auxiliares.   Si su familiar cae en muchas de las salas de este hospital, comience a rezar para que salga vivo’.

Por tanto, lamento como el que más, que todas estas situaciones se sigan dando y observar que a la vista, por lo menos en la percepción de los panameños, con la nueva designación en la Dirección General, poco o muy poco se ha observado para encaminar a esta entidad en la dirección correcta .

 

Este artículo se publicó el  12  de febrero   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.
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Eladio, usted ya cansa

La opinión de…

Xavier Sáez-Llorens
xsaezll@cwpanama.net

Había decidido no tocar este tema para evitar que mi posición se interpretara sesgada por la presencia de mi hermano en la dirección de la Caja de Seguro Social (CSS).   Me harté. Billy siempre ha mantenido un lenguaje técnico, alejado de verborrea política.   Eso, a mi juicio, le otorga credibilidad. De forma responsable, él ha expresado que la institución no está en capacidad de asumir el aumento a jubilados, a menos que el Estado se encargue del monto adicional. Pocas veces se ha visto a un director intentar que esta entidad se aparte de su sempiterna condición como botín económico y político del gobierno de turno.

Este puesto es solo por cinco años y después le quedarán varias décadas como simple ciudadano. Cuesta mucho forjar una imagen de independencia y honestidad para arriesgarse a perderla en poco tiempo. Conociéndolo, preferiría renunciar a dejar que su nombre se manche por parapetarse a intereses sectarios, de cualquier procedencia. Mi padre estaría orgulloso de su integridad y firmeza.

La CSS pertenece a todos los que cotizamos. Si pensamos en términos empresariales, los mayores accionistas serían los que más aportan. No obstante, la seguridad social fue ideada para ser solidaria y beneficiar a la mayor parte de la población, independientemente del estatus socioeconómico. De hecho, mucha gente pudiente ejerce el altruismo ya que cotiza bastante y no aprovecha sus recursos.

La medicina es cada vez más cara debido al surgimiento de sofisticadas tecnologías y terapias. Por tanto, para cumplir con el loable propósito humanista, se deben hacer ajustes periódicos en tiempo y cantidad de cuotas. En España, por ejemplo, hubo un acuerdo reciente entre gobierno y sindicatos (allá no son “frena-lo-todo”) para extender la edad de jubilación a 67 años, tanto para hombres como mujeres. Es evidente que, sin austeridad y eficiencia financiera, esta organización sin fines de lucro estaría destinada a colapsar.

Los ciudadanos tenemos derechos pero también deberes. Para prosperar como nación, la responsabilidad debe ser compartida. El Estado tiene la obligación de ofrecer condiciones básicas de salud a todos sus habitantes pero cada individuo debe colaborar con su propio bienestar. No es solo esperar “lo que puede hacer el Estado por uno sino lo que puede hacer uno por Panamá”.

Hay jubilados que poseen una enorme cantidad de beneficiarios entre sus filas. Debemos ser responsables por el número de hijos que elegimos tener. Idealmente, el individuo debe pensar en su futuro y ahorrar lo que pueda para gozar de una fuente complementaria de divisas para enfrentar su época senil. Hay varias cooperativas que ofertan paquetes de jubilación a precios bajos. Si los salarios son reducidos, habrá que esforzarse para educarse de noche y propiciarse posibilidades de mejor empleo. Por último, si el dinero es exiguo, toca sacrificarse y evitar los vicios (alcohol, cigarrillo, juegos de azar) que consumen lo poco que queda.

Hagamos cálculos. Un trabajador con sueldo de $300 aporta $25 mensuales (8% patrono, 0.5% individuo) para cobertura de enfermedad y maternidad.   En un año, la cuota es de $300. Una tomografía, una cesárea, tres días de hospitalización en sala o un cateterismo cardiaco, le cuesta a la CSS más que eso. Este cotizante tiene inscritos gratuitamente a varios beneficiarios. Como comparación, una póliza privada vale más de $200 al mes, aumenta por cada familiar incluido y requiere pagar deducibles por hospitalización o copagos por obtener medicamentos. El jubilado paga un 6.5% para tener derecho a atención médica pero a mayor edad los gastos sanitarios suben considerablemente.

La cotización al programa de IVM corresponde al 12.5% (4% patrono, 8.5% individuo) mensual. Con el salario mencionado, el aporte acumulado rondaría unos $15,000 en 30 años de servicio laboral activo. Esta cifra es mucho menor en el trabajador con retiro anticipado. La pensión de vejez sería aproximadamente $185 por mes. Si esta persona vive 20 años después de su jubilación, la CSS le otorgaría unos $45,000, es decir $30,000 por encima de su contribución. Por tanto, sin adecuados subsidios estatales ni hábiles administradores, esta institución estaría condenada a desaparecer en el futuro.

Es cierto que hubo promesa presidencial y que todos deseamos una pensión más digna para nuestros ancianos. Eso no justifica, sin embargo, trancar calles recurrentemente, obstaculizar el paso a hospitales, vociferar derechos sin mencionar deberes y salir diariamente en los medios arremetiendo contra una institución que lo ha mantenido por tanto tiempo. Usted ya cansa, don Eladio. Y no solo a mí.

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Este artículo se publicó el 6 de febrero  de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Asuntos de la CSS

La opinión del Economista y Docente….


ANTOLINO  HERRERA  CASTILLO
antolinoh@hotmail.com

Como hemos dicho en otros momentos, la Caja de Seguro Social es una institución que atiende a multitudes y es sufragada por la cuota patronal, (11.5%) y del trabajador asegurado, (8.0%). De modo que su autonomía financiera está dada principalmente por estas dos vertientes de dinero; se incluye (a lo interno de la institución) desde funcionarios de diversos cargos y jerarquía hasta el director general.    Los que van ahí a administrar, deben saber que administran un recurso económico que no es propio, sino del común de todos los panameños.

Por la complejidad de los servicios que presta y la gran cantidad de personas que se atienden, generalmente se ha participado de caos, mala atención o servicio en la Caja y sus filiales.   Esta aseveración la podríamos trasladar igualmente a otras instituciones del país, como la Contraloría General de la República.   Mas no sucede así.   Aquí generalmente se sabe dónde está un documento y el estatus del mismo; porque ensayan un sistema que permite rastrear cada documento, como si tuviera un dispositivo electrónico, que es improbable que pueda eludir a un buscador.

Seríamos felices si los problemas y asuntos de la Caja fueran solo de ubicación de documentos. A estas alturas todavía me pregunto por qué en primera instancia le rechazan, casi con virulencia, el Presupuesto de la Institución (en la Comisión de Presupuesto de la Asamblea) al Director General de la Caja.

Luego conversan, y finalmente frente a las cámaras de la TV, el propio representante de la misma declara que no hay ningún problema, y que todo está subsanado. La versión que transcurre en los medios es que estos señores legisladores negocian cargos para sus fanáticos (gente que no piensa) y por alusión a nuestra lengua; gente que corre ciegamente tras una cosa. Esta práctica es ya de vieja data. El resultado es el siguiente:

1. Se abulta la planilla institucional, poniendo en peligro las proyecciones y seguridad financiera de la empresa.

2. Causa escozor y roncha entre los que ya trabajan allí, pues ven llegar a individuos (incluso mejor pagados) con ínfulas de poder criollo, emanadas de alguien que generalmente no sabe nada de administración, ni mucho menos le importa.

3. Esto causa un tremendo daño a la institución, puesto que los que así entran, no saben nada de la Misión ni de la Visión de la Institución; no tienen generalmente una vocación para trabajar en un lugar como este. Entran sin ningún tipo de perfil profesional, etc. ¿Dónde está la Dirección o Departamento de Recursos Humanos en estos casos?

4. Si tan solo existiera un salón de por lo menos tres sillas, para enseñarles, indicarles o instruir al personal sobre las razones por las cuales va a trabajar ahí, y lo que se espera de ellos, y no tan solo la paga quincenal.

5. Me atrevo a decir sin equivocarme, que solo necesitas a tres buenos analistas o contadores de presupuesto con un superior jerárquico de verdad y no de mentirita para limpiar toda la estructura de cargos y sueldos y a lo mejor alcanza, para el clamor de los jubilados y sobra para otras cosas, como la construcción de otros colegios que han pasado a mejor vida, canchas para los niños en los barrios, etc., etc.

Como así están las cosas, los Eladio se repetirán en la historia de la Caja, porque la protesta constante es, hay para unos y para otros no. Pero para qué les aumentan a los viejitos, si de inmediato aparecen como fieras las financieras y otro tipo de bancos, a fin de lograr retornos del capital confiable y seguro. Mientras tanto, otros países como Costa Rica, parten por delante (hace 4-5 años) con el programa: Educación Financiera para la Vida, inculcado al personal docente y a los estudiantes, sobre el uso del dinero; la actitud frente a una necesidad de crédito, la necesidad de elaborar un presupuesto doméstico entre otras cosas. En la administración pública un versado dijo: ‘Aquí la soga no revienta por lo más delgado, sino por lo más grueso’.

¡Hay que curarse en salud! Si no le agradó el artículo hay derecho a reclamo, y si le gustó, está entre los que piensan como yo; harto de tanto entuerto, funcionarios farsantes y engañosos, el juega vivo y la corrupción, que cuando no se ve es que se acomoda para irrumpir con mayor fuerza. ¡Que Dios les bendiga!

 

 

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<> Este artículo se publicó el 10 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

Volando con turbulencias

La opinión del Ingeniero y Analista Político….

MARIO  ROGNONI
marognoni@cwpanama.net

El inicio del 2011 se ha presentado con una serie de problemas que confronta el gobierno del presidente Ricardo Martinelli. Después de una larga luna de miel con su pueblo, factores fuera de su control sumado a imprudencias e incapacidades de algunos de sus colaboradores, han dado con el final de los tiempos de paños y manteles. Después de haber sido electo con mas del 60% de los votos y encontrando unas finanzas solidas en el estado, poco mas de dieciocho meses han pasado y el país es otro.

La Caja de Seguro Social enfrenta una posible crisis y trata de evitar hacerle frente a un aumento a los jubilados, aumento prometido en campaña pero que ahora el ejecutivo solo puede aportar el 60% del mismo mientras los directivos del Seguro aseguran que ellos no pueden hacerse cargo del resto. La Alcaldía del distrito capital ha sido castrada y se le quito la recolección de la basura, ahora en manos del ejecutivo a través de una nueva entidad donde los electores no entienden por que si se les dio fondos a la autoridad nueva pero el gobierno no pagaba su deuda a la antigua DIMAUD, limitando su posibilidad de actuar.

El presidente habla de su alianza y compromiso con los panameñistas pero 7 diputados de su partido proponen la reelección inmediata alertando a sus aliados a la posible traición en el 2014 y sembrando las primeras semillas de conflicto con los panameñistas. Mientras tanto, le renuncian el embajador en USA, su secretario de prensa y el Zar anticorrupción mientras se traslada al antiguo director de la ANAM.   Ninguna de las renuncias es explicada y todas caen en el mundo de la especulación generando múltiples rumores. Mientras tanto, el Ministerio Público busca reorganizarse bajo la figura de Ayu Prado tras el fracaso de Giuseppe Bonissi.

Los problemas del gobierno y su manejo pudieran pasarle por encima a los electores, pero lamentablemente las condiciones y calidad de vida en el último mes empeoraron al máximo, la crisis del IDAAN dejo sin agua a la capital y pocas esperanzas de resolverse a corto plazo, la violencia se apoderó del país iniciando el año con el primer fin de semana 5 asesinatos y otras dos muertes violentas, el costo de vida se disparó por el aumento del combustible, el Metrobus no llenó las aspiraciones del panameño que rechaza el cambio para ir de pie por más dinero sólo porque el bus tiene aire acondicionado.

A los problemas que empiezan a deteriorar la proyección del gobierno se suma una Asamblea Legislativa que como medida frente a los problemas nacionales solo se le ocurre proponer una ley para arrestar de 2 a 4 años a quien insulte a un funcionario electo.   No citan al pleno ni al director del IDAAN, ni al jefe de la policía, ni al Ministro encargado del costo de la gasolina, simplemente arremeten contra los que denuncien el descontento y critiquen a los gobernantes. La turbulencia actual sigue bajo el peligro de nuevas revelaciones de los Wikileaks, ahora llamados por los panameños desde Rickyleaks hasta locoleaks en su humor.

El gobierno parece encantado, como si lo hubiesen hipnotizado y no parece estar en sintonía con el pueblo y sus necesidades e inquietudes. Con insistir que vamos bien, creen que vamos bien. Mientras tanto la deuda externa sigue subiendo, las compras directas ahora incluyen hasta la portabilidad numérica, un contrato de decenas de millones de dólares que fueron incapaces de adjudicar en dos licitaciones. Mientras el pueblo exige agua, seguridad, mejor transporte, baja en el costo de vida, el gobierno sigue empeñando en macro proyectos desde la compra por más de un billón de dólares de dos corredores que con el tiempo de hecho serán nuestros, la construcción de una torre financiera, constantes viajes al exterior e innumerables compras directas.   Mostrando el gobierno de cuerpo entero, el cónsul del país en Miami hace el ridículo y deja en ridículo a todos los panameños, para solo ser amonestado por tener el cabello largo.

Panamá es un país noble, resiste los peores gobiernos, la economía sigue creciendo y el pueblo se resigna a sus gobernantes. Quizás algún día logremos los panameños entender que hay que pensar antes de votar, elijamos entonces los que deben estar en la Asamblea, los que deben ser nuestros alcaldes y nuestro presidente, para poder superar nuestra mediocridad, empañado el esfuerzo de hecho por los deseos de enriquecimiento de los que llegan al poder.

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<> Este artículo se publicó el 11 de enero de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que al  autor,  todo el crédito que les corresponde.

56 años después ( 2)

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La opinión del Abogado y Comentarista..

Guillermo Márquez Briceño 

La negativa del Presidente Guizado de recomendar a la Caja de Seguro Social el préstamo de cuatro millones de dólares solicitado por la gente de la camaronera sin que se constituyera una garantía fue un recio golpe para gente muy poderosa económica y políticamente.

Había que eliminar el estorbo.   Se cometió entonces otro nuevo crimen:  El de imputarle a un inocente José Ramón Guizado, a sabiendas, la autoría intelectual del asesinato del General José Antonio Remón Cantera. Y se le fabricó un expediente para llamarlo a juicio y hasta cometiéndose un error judicial:   El supuesto autor intelectual sería juzgado antes que los presuntos autores materiales del crimen, entre los cuales hubo 7 personas.

En virtud de que se trataba de juzgar a un ciudadano con la jerarquía de Presidente de la República, éste debía ser juzgado en el seno de la Asamblea Nacional según precepto constitucional.

Los familiares del ingeniero Guizado, con su anuencia contrataron para su defensa los servicios del doctor Felipe Juan Escobar, quien curiosamente había sido mi profesor de criminología cuando yo estudiaba derecho, y a mí como vocero.

En una audiencia preliminar en la cual se le formulaban los cargos se le concedió la palabra a la acusación y terminada ella nos la fue negada tanto al doctor Escobar como a mí.

Fue entonces cuando el ingeniero Guizado, airadamente, lleno de indignación y en recio tono proclamó su inocencia y dijo: – ¡Esta es la infamia más grande del mundo, carajo!

El vigor, el tono y la vehemencia con que dijo esa frase, al más incrédulo tuvo que haberlo dejado convencido de su inocencia.

Continuará el próximo domingo

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<>Artículo publicado el 9  de enero de 2011   en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Carta a los jubilados

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La opinión del Ingeniero,  Financista, contribuyente y usuario del programa de salud. …

Julio Marquínez M. 

Estimados señores jubilados:

En respuesta a su estatus de “pie de guerra”, los jóvenes del país queremos someter a su consideración los siguientes puntos.

Las cuotas que nosotros los contribuyentes actuales aportamos a las inversiones de la CSS deben alcanzar para tres programas: (1) atender a la madres en el programa de maternidad, (2) atender nuestra salud y la de nuestros dependientes y, sobre todo (3) invertir en instrumentos financieros rentables para que podamos recibir una jubilación justa en el futuro.

Recibir cada año un mayor ingreso, que nos permita mayores aportes y mejores jubilaciones cuando seamos los “Viejitos”, depende del esfuerzo que cada uno ponga en su trabajo, a las ganas de aprender habilidades nuevas para poder cambiar hacia responsabilidades más serias y mejor remuneradas.

No es justo para nosotros que la CSS deje de utilizar parte de nuestros recursos de inversión a largo plazo para pagar incrementos a quienes reciben una jubilación pequeña hoy día; ese dinero es para nuestro futuro, no para el presente.

Tampoco podemos dejar que el Gobierno utilice nuestros impuestos para hacerlo, menos después de que los subsidios nos cuestan más de US$800 millones anuales; esto representa más que el déficit fiscal y más que el aumento anual de la deuda pública. Nuestros impuestos deben cubrir inversiones para el futuro de nuestros hijos y nietos.

La CSS tiene más gastos de los que puede mantener en el tiempo. Para que la CSS pueda aumentar las jubilaciones actuales sin afectar la sostenibilidad de sus otros programas se debe aumentar las cuotas de los afiliados, reducir los gastos administrativos y cambiar las directrices de inversiones financieras; esto requiere reformar el reglamento de la caja. Sigue sin ser justo que los afiliados actuales tengamos que mantener con nuestro aporte una jubilación mayor hoy para quienes no lograron superarse profesionalmente y tener mejores salarios en el pasado.

Ahora somos todos en el planeta víctimas de las crisis financieras internacionales y el impacto de las mismas en el costo de la vida. Los jóvenes podemos adaptarnos a los cambios de la economía internacional y lo cierto es que los ustedes ya no tienen esa oportunidad.

Ustedes nuestros “Viejitos” podrían utilizar la energía y el entusiasmo que tienen para organizarse como una cooperativa. Esta puede utilizar parte de sus jubilaciones actuales para inversiones financieras, como préstamos de corto y mediano plazo para los jubilados que lo requieran. Así transfieren fondos de los que más reciben hacia quienes tienen las jubilaciones más bajas y, además, evitan depender de las financieras que cada día se aprovechan más de sus necesidades, cobrando intereses exageradamente altos.

 

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<>Artículo publicado el 11  de enero de 2011    en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

El barco de la CSS está por zozobrar

La opinión de…

Alfredo Arias

La Caja de Seguro Social, obra cumbre del doctor Arnulfo Arias Madrid, está en serios peligros, debido a un desgreño administrativo generacional, la falta de visión y planificación por parte de las autoridades rectoras y por la falta de una política adecuada para llevar el barco hacia un puerto seguro a través de tormentas y vendavales.

El Seguro Social se ha convertido en un padre muy generoso, magnánimo, que quiere proteger a todos los hijos, ya sean cotizantes o no, perdiendo de vista que el cuero no da para tantas correas. Al tratar de proteger a todos los miembros de una familia, brindándoles una serie de beneficios, cubiertos bajo el paraguas de un solo cotizante, se le olvidó que el envejecimiento de la fuerza laboral y la contratación excesiva de trabajadores acarrea consecuencias graves y funestas a la administración; pero esto no es de ahora.

Los fondos destinados a cubrir las necesidades del programa de Invalidez, Vejez y Muerte, cada vez se achican produciendo un déficit: las proyecciones actuariales han fallado. Si no se toman medidas drásticas a futuro, pudiera haber un total colapso del sistema de salud. La culpa no es solo de las autoridades administrativas, sino también del gobierno central.

La edad media de jubilación tiene que ser aumentada; los países del primer mundo ya lo están haciendo, y la política paternalista a los extremos, como ocurre aquí, es cosa del pasado.

En Panamá existen ya movimientos contra las reformas laborales y modificación a las pensiones. El problema es de todos los panameños, y no de un solo grupo, hay que darse cuenta de que el mundo en que vivimos no es estático, y que está sometida en un continuo cambio debido a condiciones mundiales que afectan la economía, las políticas internas de los gobiernos, y las condiciones sociales. Para que se cumplan las ambiciones de una mejor calidad de vida, nosotros también debemos cambiar nuestras actitudes. La lucha de don Eladio y jubilados con pensiones miserables es también parte del problema que debe analizarse.

Hay que reconocer que la estrategia diseñada años atrás fracasó, y que el estado de bienestar social corre riesgos de insostenibilidad. Recuerdo haber leído en la prensa francesa que el mayor éxito en la política del bienestar social, se refleja en el incremento de la esperanza de vida, y añado yo, pero con dignidad.

Para que un sistema público de pensiones funcione tiene que existir solidaridad; pero si hay oposición a que se acepten las reformas que tengan que hacerse para mantener el sistema trabajando, y si estas fuerzas logran imponerse, entonces el escenario se verá lleno de implicaciones económicas, sociales y políticas.

Todos los gobiernos de turno tienen temor a poner la casa en orden, y con el tiempo vendrá el turno de un gobierno que no se si denominarlo con agallas o de corte dictatorial que inexorablemente tendrá que enfrentar positivamente las tareas pendientes. Gobernantes, patronos y obreros, es hora de reflexionar.

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Este artículo se publicó el 2 de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.