Red vial y planeamiento urbano

La opinión de la Economista y Docente  Universitaria…

LIZABETA  S.  DE  RODRÍGUEZ
diostesalvepanama@yahoo.com

El sostenido crecimiento de la economía trajo consigo un aumento en la demanda de servicios públicos, tal es el caso del transporte y la red vial. Esta situación puede observarse con claridad en la urbe metropolitana. A medida que se expande la ciudad, producto del surgimiento de nuevas barriadas y centros comerciales, se ve incrementado el volumen de transporte público y con ello la necesidad de nuevas vías y el ensanchamiento de las existentes.

Estadísticas revelan que en el país existe un parque vehicular estimado en 650,000 vehículos, de los cuales un alto porcentaje se concentra en la ciudad capital y áreas periféricas, lo que sumado a un sistema vial obsoleto, que no cuenta con la capacidad requerida para absorber el volumen actual de automóviles dificulta la circulación, causando congestionamientos que evidencian las deficiencias del sistema. Si al escenario planteado le sumamos 40,000 automóviles, que se venden, aproximadamente por año, no cabe duda que se debe actuar con rapidez, en materia de planeamiento urbano, primordialmente en lo que a obras de red vial, transporte público y tránsito se refiere.

En este orden de acontecimientos el Gobierno informó, a través de los medios periodísticos, que a partir del 14 de febrero la vía Justo Arosemena, sería cerrada a la altura de la Policlínica Pediátrica, para dar inicio a la construcción del Metro. Nuevo sistema de transporte, que conjuntamente con el Metrobús (ya en funcionamiento), espera dar solución a la demanda de un mejor servicio de transporte público a la comunidad.

También, se dio a conocer que la Autoridad de Tránsito y Transporte Terrestre (ATTT) apoyará el reordenamiento vial previsto para facilitar los trabajos a efectuar.

Esperemos que el reordenamiento anunciado cumpla el cometido esperado, eliminar complicaciones para el adecuado desarrollo de los trabajos previstos y evitar congestionamientos en sitios neurálgicos.

Otro aspecto importante a considerar es que para inicios de marzo, se estarán celebrando los carnavales, movilizando a miles de panameños hacia el interior del país. Fenómeno que, a pesar de contar todos los años con operativos implementados por la ATTT, dejan una secuela de accidentes, con heridos y algunas veces con saldos de víctimas fatales, por diversos motivos, entre ellos el exceso de velocidad y el consumo de alcohol. Esta realidad no es nueva, lastimosamente la circulación vehicular es el área donde se hace visible con más frecuencia la actitud agresiva o desenfrenada de muchos ciudadanos.

Un alto porcentaje de conductores hace caso omiso a las señalizaciones y reglamentaciones de tránsito, pone en riesgo la vida de pasajeros, peatones y la propia, al no conducir con sensatez y prevención.

Es apremiante crear conciencia sobre la cortesía en el manejo y transformar la actitud de conductores, transeúntes, autoridades de tránsito y comunidad, mediante la ejecución de programas de educación vial que contribuyan a edificar una cultura de respeto a las leyes, normas y reglamentos para prevenir e impedir accidentes.

 

Este artículo se publicó el 16 de febrero  de 2011   en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora,  todo el crédito que les corresponde.

Cinta Costera, el “play pen” del clientelismo político

La opinión del Abogado…

Alberto E. Fadul N.

JessicaTasónOrtega – jessica.tason@epasa.com
PA-DIGITAL  -“A pesar de que solo faltan 28 días para que arranquen los Carnavales, aún no se ha definido la ruta en la capital.   Sin embargo, el administrador de la Autoridad de Turismo de Panamá, Salomón Shamah, mostró su inclinación por la Cinta Costera”. 

Era de esperar que el bello espacio verde que surge en el sector de la cinta costera fuese respetado y que, con el pasar de los años, este fuese una fuente de oxigenación para la ciudad; sin embargo, ese destino se ve en peligro, anualmente, por un Alcalde descuidado e irresponsable, que cuenta con una mina de oro para la celebración, prolongada, del nacimiento del niño Jesús en el área de la cinta; dejando, al concluir el evento, las áreas verdes con parches de verdor desaparecido, tierra trastocada y plantas destruidas.    Sus promesas de corregir los daños quedan en el vacío ya que, simplemente no cumple con sus obligaciones alcaldicias de manera apropiada.

¿Será que el irrespeto al uso del dinero de quienes pagamos los impuestos es una de sus especiales características? No es posible que un evento como el señalado requiera de contrataciones directas todos los años. ¿Qué hay de tras de éstas? Y que, anualmente, se tenga que resembrar hierba, plantas, arbolitos, palmitas, etc. es totalmente absurdo e irresponsable.   El evento navideño se puede llevar a cabo en el parque Urraca pero no, el narcisismo del individuo es intolerante.

Otro ejemplo: el Alcalde no es persona de trabajo en equipo. Los pretendidos impuestos municipales sin consulta al ministerio respectivo y al sector privado, es una muestra clara de su exuberante desconocimiento del concepto de autonomía. El ego de este personaje es, por decir lo menos, voluminoso.

A diario, la cinta costera y sus instalaciones son disfrutadas por jóvenes y adultos de todos los grupos sociales de manera tranquila, con seguridad y sin causar daños.   Converse con su asesor, el joven diputado panameñista a quien considero muy capacitado.

En cuanto al señor Salomón Shamah, favor reconsiderar sus inclinaciones de generar un huracán de gente borracha, sin el más mínimo recato en el irrespeto a la propiedad privada, estatal y mucho menos a todas las personas registradas en los hospitales del sector, que son bastante. El destrozo de las áreas verdes será implacable, su reposición costosa al igual que los costos derivados de robo de luminarias, cables, etc.

Existen tantas razones para no utilizar la cinta costera en eventos de la naturaleza expuesta, que es difícil entender las inclinaciones del Alcalde y de su persona, en cuanto a utilizaciones de las que no derivan más beneficios que costos e intranquilidad social.

<>Artículo publicado el  6 de febrero  de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Capacidad y responsabilidad de imponer

La opinión del Abogado, Político independiente…


Juan Manuel Castulovich

En el año 1215, los nobles ingleses impusieron al rey Juan Plantagenet, “Juan sin Tierra”, hermano y sucesor de Ricardo “Corazón de León”,  la que, desde entonces, se conoce como “la Carta Magna”, que limitó el poder del monarca para imponer tributos a sus súbditos, de manera inconsulta. No se desconoció el poder “del soberano” a decretar impuestos; pero, a partir de allí, dejó de ser ilimitado. 

Los gobiernos en los estados modernos tienen la potestad de imponer tributos: impuestos, tasas y otras exacciones a los gobernados;   pero ese poder debe ser ejercido dentro de los límites constitucionales y legales y, sobre todo, con responsabilidad.

En la Constitución de 1904, el Artículo 131 disponía lo siguiente: “Corresponde a los Consejos Municipales ordenar, por medio de acuerdos propios o de reglamentos dictados por Juntas o Comisiones técnicas, lo conveniente para la administración del Distrito; votar las contribuciones y gastos locales con las limitaciones que establezca el sistema tributario nacional; y ejercer las demás funciones que las leyes les señalen.”

En la Constitución de 1941, el Artículo 186 decía: “El presidente de la República podrá suspender todo acuerdo municipal o acto del Concejo que sea violatorio de la Constitución, de la Ley, de los decretos del Poder Ejecutivo, o de las ordenanzas provinciales. Los gobernadores de Provincia y cualquier ciudadano podrán pedir la nulidad de tales acuerdos”.

La intención de esas normas era evitar que los municipios pudieran “desbocarse” y trastocar el “sistema tributario nacional”, creando a su antojo y capricho tributos excesivos. Pero esa limitación, desapareció en la Constitución de 1946, por virtud del Artículo 202, de siguiente tenor:   “Los acuerdos, resoluciones y demás actos del Consejo Municipal, de las comisiones o de los Alcaldes, cuando éstos sean elegidos por el voto popular, sólo podrán ser suspendidos o anulados por tribunales competentes.”

La Constitución vigente (artículos 232 y siguientes) reforzó la autonomía municipal y eliminó la posibilidad de que sus acuerdos puedan ser “vetados” o anulados por una instancia superior, distinta de la judicial.   Por ello, la reciente decisión del alcalde Vallarino y el Consejo Municipal de aumentar, desmedidamente y sin ninguna adecuación al “sistema tributario nacional”, plantea un conflicto constitucional y legal difícil de superar,  aunque no insalvable.

Los tributos se justifican para asegurar fuentes de financiamiento de la Administración Pública, tanto nacional como municipal, y de los servicios que están supuestas a prestar a la comunidad.

El Municipio de Panamá, por ser capital de la República y sede del gobierno nacional y, además, centro principal de las actividades económicas, es distinto al resto de los otros distritos y, por consiguiente, sus rectores deben, con buen sentido, coordinar, previamente, sus iniciativas tributarias con las autoridades nacionales, especialmente cuando, como en el caso del distrito capital, los principales servicios públicos son prestados o son responsabilidad de las autoridades centrales, como ocurre con la seguridad, la salud, al agua y el alcantarillado, la educación, la vivienda, la construcción y reparación de calles, el transporte público y la regulación del tránsito vehicular. Y si a eso se agrega que la recolección de la basura ya no es competencia del municipio, cabría preguntar:   ¿en qué se fundamenta un municipio de tan limitadas competencias para lanzarse a una desenfrenada e irresponsable, por inconsulta, carrera de aumentos impositivos?

Desde que a “Juan sin Tierra” se le cortó la facultad de “imponer tributos”, la sensatez y la prudencia han sido criterios rectores de las políticas impositivas y quienes todavía conservan la facultad de decretarlos nunca deben olvidarlos. De lo contrario, se exponen, como en el caso presente, al repudio de la comunidad y, de paso, justifican que sea necesario volver a implantar medidas como las previstas en las constituciones de 1904 y 1941.

<>Artículo publicado el  25  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Vía Argentina: ¿desafueros o complicidad?

La opinión del Abogado, Político independiente…

Juan Manuel Castulovich 

El sector del Cangrejo, del corregimiento de Bella Vista, originalmente creado como destino residencial, ha venido transformándose y hoy, en su principal arteria, la Vía Argentina, se han establecido y funcionan numerosos restaurantes, pequeñas cafeterías y sitios de diversión, que han superado ampliamente a los negocios tradicionalmente existentes en el sector, como las farmacias, lavanderías y minimercados.

A nadie debe sorprender esa transformación del sector que ahora es mixto: residencial y comercial, y tampoco el notable incremento en la cantidad de vehículos que por allí circulan y que han convertido varias de sus intersecciones, y principalmente la que se forma con la calle Arturo Motta (la que pasa al lado del monumento conocido como “la cabeza de Einstein”, en una de las más congestionadas de la ciudad, donde la desorbitada confluencia de vehículos era causa de frecuentes accidentes, tranques y del ruido ensordecedor de las bocinas.

En las postrimerías del gobierno anterior, las autoridades del tránsito decidieron instalar “semáforos inteligentes” en varias de las intersecciones de la Vía Argentina y pintaron con profusión líneas para el cruce de peatones que, supuestamente, mejorarían la situación; pero el remedio ha sido peor que la enfermedad.   Cuando las luces cambian de color, las intersecciones siempre están bloqueadas y comienzan a sonar las bocinas.    De lo que hablo están al tanto y lo sufren los miles de conductores que por allí transitan. Y también quienes vivimos en las proximidades.

Como es frecuente, en la semana siguiente a la instalación de los semáforos y al pintarrajeado de las calles, llegamos a contar hasta a 6 o 7 agentes de la ATTT que dirigían y regañaban a los conductores que bloqueaban las intersecciones; pero más nunca se les ha vuelto a ver.    Resultado: el caos y el ruido han aumentado, de manera exponencial. Solucionarlo sería sencillo: colocar agentes que sancionen a los conductores que bloquean las intersecciones; pero eso, según parece, demanda más células grises que las que poseen los dirigentes del tránsito. Y, al problema agravado de la circulación en la Vía Argentina, ahora se han sumado los abusos de los dueños de negocios que han secuestrado las aceras, para convertirlas en estacionamientos privados, a ciencia y paciencia de las autoridades.

Pero más grave son las prácticas de algunos comercios, especialmente los de venta de licores, que han convertido las terrazas de sus negocios y las aceras contiguas en ruidosas “cantinas callejeras” hasta prolongadas horas de la madrugada, para el desasosiego y la tortura de sus vecinos.

 

Y todavía más grave es que todas las noches, un grupo de descerebrados se dediquen a recorrer la Vía Argentina en motocicletas con ensordecedoras troneras y a correr automóviles “ajustados para hacer ruido” y que, recientemente, nos hayamos desayunado con la noticia de que en las proximidades de colegios se pretenden establecer salas de “chinguia” y hasta un “hotel de ocasión”.

En resumen, la Vía Argentina y sus alrededores son un caos progresivo y prueba fehaciente de abusos, pero, sobre todo, de la indolencia y la incompetencia de las autoridades nacionales: ATTT, ministerios de Salud y Educación y Policía; municipales: Alcaldía, Corregidor y Representante de Corregimiento, que nada hacen para detenerlo.

 

La solución corresponde, primero, a las autoridades que, con su indolencia e incompetencia son cómplices por omisión; pero también es responsabilidad de quienes habitamos en el área, que debemos denunciar y combatir los abusos de quienes, motivados por el afán de lucro, consideran que “todo vale”. Que en el sector aumenten las actividades comerciales nada tiene de pecaminoso; pero hora es ya de que se reglamenten y controlen, para la convivencia pacífica de todos.

<>Artículo publicado el  18  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La realidad de los impuestos

La opinión de…

 

Fernando Arango Morrice

Si una lección nos dejaron 2008 y 2009 es que nunca antes el mundo había experimentado tan de cerca la interdependencia de la globalización, en la que todos sufrimos las consecuencias de las acciones de otros. Esto mismo aplica a la economía nacional, en la que todos somos actores, Gobierno central, gobiernos locales, empresarios, trabajadores y consumidores; en el momento en que uno de estos actores cree una distorsión en la hoja de ruta plasmada para el desarrollo económico todos sufriremos las acciones de ese único jugador. De ahí la premisa número uno de la importancia de consultar y tratar de consensuar lo más posible en beneficio de todos por igual.

Cuando el Municipio de Panamá decidió de manera unilateral, arbitraria e inconsulta aprobar este cambio radical a los impuestos municipales, ciertamente no tomó en cuenta el impacto que esto tendría en los diferentes actores de la economía nacional, ni siquiera pareciera haber considerado el peso que su distrito tiene sobre las demás comunas del país.

Lo invito, estimado lector, a que hagamos este ejercicio y sea usted quien saque las conclusiones de si esto solo impactará a las empresas grandes. Dentro de las empresas que aportan al erario municipal, podemos mencionar una distribuidora grande que está sufriendo un aumento de 1,150%, si estas empresas tienen un aumento de tal magnitud en sus costos, lo más probable es que lo apliquen a sus productos para recuperar, aunque no descarten para palear semejante alza, ya sea mudar su empresa a otro municipio y/o hasta considerar reducción de personal.

Pero planteemos el escenario de que el distribuidor le aplique esto a los productos que hace llegar a los mini súper y supermercados, a los cuales los impuestos municipales les están incrementando en promedio 400% y 2,504%, respectivamente. Nuevamente, el mini súper y supermercado, que ya pagó el producto con aumento, tendrá que recuperar el aumento de sus costos, tanto la aplicada al producto por el distribuidor como el alza del impuesto municipal a su actividad económica, es decir, el producto llegará al consumidor final, tanto grande como pequeño, con doble alza de precio.

Por otra parte, analicemos el impacto en el Gobierno central. Panamá ha atraído inversiones con base en una política económica de reducción en materia impositiva y logramos sobrevivir la crisis económica internacional en números positivos; obtuvimos las calificaciones de grado de inversión y a diario llegan cientos de inversionistas a Panamá buscando establecer sus negocios y aportar puestos de trabajo, de acuerdo con las reglas de juego vigente. Nuevamente, observamos cómo este acuerdo municipal rompe con la política económica del Estado, que nos ha logrado tantos beneficios para el desarrollo de nuestro país no sólo por el flujo de capitales, sino por la creación de puestos de trabajo, entre otras cosas.

Así, pues, querido lector, como observa, estos impuestos municipales tendrán un efecto cascada en diferentes aspectos de la vida nacional. Entonces, pregúntese usted si realmente esto afectará solo a las grandes empresas.

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Este artículo se publicó el 30  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Es esta ciudad un destino deseado?

La opinión de…

 

Leandro Ferreira Béliz

En los últimos años mucho se ha hablado de la buena ubicación que tiene la ciudad de Panamá en el denominado ranking de destinos turísticos que manejan algunas revistas internacionales especializadas en el tema. Tan bien ha calado esa noticia, que muchos, en estado casi eufórico, han llegado a pronosticar un inminente ingreso de nuestro país al conglomerado de naciones que integran el Primer Mundo.

A simple vista, pareciera que este entusiasmo contagioso tiene sólidas bases, porque resulta evidente que en algunos sectores el progreso no se ha hecho esperar.   Entre estos, está el de la construcción, que con sus majestuosos proyectos urbanísticos que incluyen modernas torres de apartamentos, hoteles de ensueño, espectaculares centros comerciales y residencias lujosas, no dejan de impresionar a locales y foráneos, aunque se hayan construido, en muchos casos, con total menosprecio de las más elementales normas de protección al entorno, y con una infraestructura de servicios públicos deficiente.

Pese a esa buena impresión que causa la transformación urbana, a algunos de los que vivimos aquí nos sorprende que a la ciudad internacionalmente se le reconozca como una urbe que reúne todos los requisitos para ofrecer gran confort, cuando evidentemente nuestra calidad de vida ha venido desmejorando, como si se tratara de un objeto en caída libre. Para muestra, sobran los botones.

Las dificultades para el desplazamiento vehicular cada vez son más. Los tranques han pasado de ser fastidiosos y de horas pico, a tortuosos y permanentes. Con el colapso reciente de las carreteras de acceso al Puente Centenario, el asunto se complicó.   Para colmo, nuestras calles y avenidas no están siendo vigiladas debidamente por policías y agentes de tránsito, cuya escasez es notoria y generadora de caos.

La basura abunda y su recolección hasta ahora no satisface los requerimientos mínimos. Esto como herencia del que alguna vez bailó por un sueño y hoy nos ha sumergido en una especie de pesadilla de la que queremos despertar a corto plazo.

Y encima, “tras que el ojo llora, le echamos sal”, el agua potable, otrora motivo de orgullo y etiqueta de presentación del país, ahora es escasa, turbia y no apta para el consumo humano. Esta crisis es inaceptable en un país donde abunda el recurso, tanto así, que tenemos un canal interoceánico donde cada barco que lo atraviesa ocasiona el gasto de 50 millones de galones de agua.

Ni hablar de la delincuencia que no cede y que mantiene los índices respectivos muy elevados, considerando el número de habitantes. Todo este panorama me hace dudar de las famosas clasificaciones de las “ciudades maravillosas”. Como dicen por allí, ¿será que en otros lados la cosa está peor?, y que en tierra de ciegos el tuerto es rey, y la ciudad de Panamá es la hermosa tuerta.

No quiero pensar que el marketing de los que promocionan el país en el exterior ha sido tan efectivo y engañoso, que le han metido un golazo a los expertos en destinos turísticos y residenciales. Pero, independientemente de las dudas en torno a las calificaciones otorgadas a nuestra querida capital, lo importante es lograr que se adopten medidas inmediatas para detener la caída en picada de nuestro estándar de vida.

Estas medidas deben contemplar, entre otras cosas, la construcción de calles, viaductos y similares; la adopción de normas que regulen la construcción de edificios; programas de educación ciudadana para la conservación del ornato; vigilancia permanente de nuestra red vial para no dejarla en manos de los conductores, muchos de ellos verdaderos delincuentes del volante; y la inversión en la rehabilitación y mejoramiento de potabilizadoras y acueductos para garantizar el suministro de agua a toda la población.

En conclusión, debemos ganarnos la alta calificación que se nos ha concedido, para entonces ostentar merecidamente el distintivo de ciudad ejemplar.

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Este artículo se publicó el 20  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Los illuminati

La opinión de…

 

Xavier Sáez-Llorens

xsaezll@cwpanama.net

No hablaré de religión, pueden seguir leyendo sin temor. Lo que está sucediendo por estos lares me trajo a la mente la obra de Dan Brown, Ángeles y Demonios. El autor describe los intentos de una legendaria sociedad secreta para destruir al Vaticano. Las pistas que encuentra Langdon, el experto en descifrar símbolos antiguos, lo conducen a inspeccionar los llamados Altares de la Ciencia.     Cada altar se refería a los clásicos cuatro elementos vitales (tierra, aire, agua y fuego) que forman parte primordial de la existencia de todos los seres vivos, incluyendo a la irracional especie humana.   Los cardenales más influyentes de la época habían sido asesinados utilizando un método vinculado al elemento en cuestión. Curiosamente, las mismas técnicas están siendo utilizadas para destruir a Panamá.    Los jefes de las instituciones Anam, Alcaldía, Idaan y policía son nuestros Illuminati.

La Tierra está sufriendo los estragos de empresarios avariciosos y políticos inconscientes. Los negociados de madera, piedra y arena han acabado con gran parte de bosques y playas. La caótica proliferación de torres de concreto ha mermado la apreciación de paisajes urbanos, aniquilado áreas verdes, asfixiado el entorno de parques, diezmado espacios para caminar o estacionar, estancado drenajes pluviales y embotellado la ciudad en un laberinto inmobiliario. Cada vez hay menos manglares al sur de la metrópoli, se rellenan terrenos pantanosos y se fabrican islas artificiales para albergar a ricos o famosos.   La explotación minera indiscriminada, riqueza para unos y miseria para muchos, agrede la estabilidad ecológica del país. La Tierra tiende a cobrarse lo que le quitemos.   Las generaciones venideras pagarán caro las codicias de hoy.

El aire está más contaminado.   Humo de fábricas y emisiones tóxicas de una creciente maraña de vehículos que circulan por calles y avenidas trancadas recurrentemente. La basura, además de representar una amenaza microbiana a la salud ciudadana, emite una multiplicidad de gases irritantes que incrementan episodios de asma y otras afecciones respiratorias. La incapacidad de la comuna capitalina ya rebasó los límites de la imbecilidad.   Tenía razón Einstein. La estupidez es infinita, mucho más que el vasto universo.

Como respuesta, aparece una nueva autoridad de aseo. Me preocupa que haya sido incorporada como dependencia del Minsa, un ministerio que tiene tantas funciones que por mucho abarcar quedará sin apretar en nada. Para rematar, el panameño promedio tiene nula conciencia sobre su peligrosa práctica de tirar desperdicios en suelos, alcantarillas y riachuelos a su alrededor.

El agua, antes motivo de orgullo nacional, sucumbe a la torpeza y voracidad de los partidos en el poder.   La sempiterna intromisión política en las instituciones públicas tiene siempre efectos adversos a mediano o largo plazo. ¿Cuándo llegará el día en que los méritos técnicos sean los que determinen la designación de directores?    El problema actual del agua traduce la crónica de una escasez anunciada. Había informes científicos, elaborados hace más de 20 años, que alertaban sobre la crisis del lago Alajuela. Hace medio siglo, el 80% de la cuenca canalera estaba cubierta por bosques y ahora solo un 20%.

La deforestación, la invasión humana de hábitats silvestres y la improvisada construcción de caminos han facilitado los deslaves provocados por las lluvias y propiciado mayor sedimentación de los lechos lagunares.    Si, a todo esto, agregamos la falta de mantenimiento de estructuras y la nula previsión ante potenciales desastres, los malos presagios tienden a cumplirse. La ausencia de dosificadores es un simple ejemplo de ineptitud administrativa.

El fuego se usa para diezmar a la población carcelaria. Lo que acaba de acontecer con reclusos adolescentes, la mayoría pagando condenas menores, es realmente inverosímil. Por más delincuentes que hayan sido los jóvenes afectados, empero, verlos quemándose y no actuar para ayudarlos es típico de siniestros individuos de la peor bajeza moral. Lo inaudito fue visualizar a dos policías mofándose de la incineración en tiempo real, uno gritando “muéranse” y el otro riéndose con sarcasmo. El calificativo de cuadrúpedos sería un insulto a cualquier vertebrado. En el reino animal, se mata por supervivencia, no para disfrutar la agonía del otro. A estos agentes les debe caer el máximo de pena jurídica. No hacerlo sería evidencia palpable de la complicidad de unas autoridades que irrespetan derechos humanos básicos.

Ando crispado por lo que veo en Panamá.   En Escandinavia, los responsables renuncian por dignidad.   En China, los pasan por la guillotina. Aquí, los perdonan y condecoran.   El pasado nos encadena y el presente nos tortura.   Que mala pinta nos depara el futuro. Hay quienes creen, todavía, que estamos cerca del primer mundo.  No me jodan.

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Este artículo se publicó el 23  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.