Panamá: gobernabilidad y gerencia política

Panamá: gobernabilidad y gerencia política


La opinión del profesor y consultor internacional

FRANCISCO NIETO G.

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Hace más de nueve años, dos instituciones por demás exitosas: La Corporación Andina de Fomento (CAF) y la Escuela de Gerencia Política de la Universidad de George Washington, decidieron unir estratégicamente esfuerzos para producir un curso, que luego de haberse realizado varias veces en distintos países del Continente, se ha convertido en el referente para América Latina.

Se trata del Programa de Gobernabilidad y Gerencia Política , que en su novena versión, será por primera vez dictado en Panamá a partir del próximo mes de septiembre, gracias a un acuerdo suscrito con el Centro de Políticas Públicas y Transparencia de la Universidad de Panamá.

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El Programa responde directamente a los requerimientos cada vez más exigentes que implica gobernar en estos tiempos modernos, de revolución tecnológica e increíbles avances científicos, donde se han roto todos los paradigmas tradicionales y se está constantemente acechado por la profundas crisis financieras globales, que obligan constantemente a quienes ejercen las funciones públicas a innovar, inventar y reinventarse, articular y renovarse, tratando de identificar grandes oportunidades, donde otros ven debilidades, con la finalidad de poder cumplir con la promesa de cambio que todos los ciudadanos les exigen.

El real reto entonces está en concretar el cambio para mejorar, manteniendo la estabilidad, sin sobresaltos, o sea preservando la gobernabilidad democrática.

Para lograr este cometido y concretar el cambio verdadero, quienes proponen, adoptan e implementan los proyectos y decisiones públicas, deben tomar en cuenta equilibradamente lo social, lo político y lo técnico, teniendo siempre presente lo económico, que son los componentes curriculares del curso del que hablamos.

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En efecto, el Programa de Gobernabilidad y Gerencia Política es un curso integral de seis meses de duración, que se dictará los fines de semana, tanto en la Ciudad de Panamá como en diferentes centros regionales de la Universidad de Panamá, cuyo contenido curricular se divide en tres módulos: Gerencia política, social y técnica e incluye 17 materias entre las que destacan el curso central de Gobernabilidad y Gerencia Política, que será dictado por el Director general del Proyecto, Planificación estratégica y decisiones bajo presión, Comunicación desde el gobierno, Eficiencia comunicacional y liderazgo para la transformación, Marketing Político, Resolución de conflictos y generación de consensos, Movilización de bases y participación, Juego de roles, entre otras.

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Al finalizar el curso sus participantes: tendrán una visión integral y actualizada de los procesos de desarrollo. Contarán con utensilios cognitivos que les permitirán comprender mejor la gestión pública y actuar con eficiencia, eficacia y transparencia, y sobre todo tendrán la posibilidad de utilizar indicadores confiables, para medir los impactos sociales y con ellos incorporar criterios de viabilidad política, al proponer soluciones técnicas o la implementación de Políticas Públicas.

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La CAF, que financia el proyecto y beca casi en su totalidad a los participantes, es una de las Instituciones Financieras multilaterales más relevan tes, de la que Panamá es miembro desde 2008. Se dedica a apoyar el desarrollo sostenible de los países miembros, la integración regional y atiende al sector público y privado. Por su parte la Universidad de George Washington, tiene su sede en la capital norteamericana y la Escuela de Gerencia Política es la primera de su tipo que se fundó en EUA, entre sus docentes hay muchos asesores de la campaña presidencial del presidente Barack Obama.

El Centro de Políticas Públicas y Transparencia de la Universidad de Panamá es de reciente creación, y tiene como objetivo ofrecer soluciones y propuestas a los grandes problemas del país, con este curso cumple con creces su misión.

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El curso está abierto a funcionarios públicos y a todos aquellos agentes de cambio que quieren un mejor futuro para Panamá. Para información adicional sobre el curso los teléfonos del Centro de Políticas Públicas de Panamá son: 523-6514/15; y el correo electrónico: upccpyt@gmail.com.
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Publicado el 17 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Descentralización en Panamá

Descentralización en Panamá
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FRANCISCO NIETO GUERRERO

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La descentralización por sí misma no es buena o mala ni es un proceso cuyos resultados son instantáneos o irreversibles, que se decreta hoy y mañana todo cambia. Se trata de algo mucho más sofisticado que en el mejor de los casos puede conducir a un cambio fundamental, muy positivo, de la cultura política del país o, en el otro extremo, se puede tratar de “cambiar todo para que todo quede igual”, como sucede con cierta frecuencia en América Latina.

Panamá, con la aprobación de la Ley 37 del 29 de junio pasado, “Que descentraliza la Administración Pública”, recién inicia ese largo camino.

Depende de los panameños convertirlo en una experiencia prometedora hacia un futuro mejor compartido o un nuevo ejercicio sin consecuencias.
Yo me inclino por la primera opción, tomando en cuenta el apoyo mayoritario que recibió el Cambio en las pasadas elecciones y la visión futurista de sus líderes políticos.

En cuanto a la Descentralización, ciertamente lo más visible es la transferencia de competencias (programas, proyectos, prestación de servicios o políticas públicas) y sus correspondientes recursos para ejecutarlas, desde el nivel central de gobierno, a los gobiernos locales, en este caso municipios.

Pero detrás de esa operación instrumental, que en realidad es la punta del Iceberg, se esconde algo absolutamente trascendental que implica el traslado de la capacidad de decisión de unos pocos a muchos: Se trata realmente de democratizar la democracia acercando la toma de decisiones públicas al ciudadano, lo que significa participación, paradigma fundamental para aportarle calidad a la democracia.

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Desafortunadamente, en esa enorme virtud radica la inmensidad del reto descentralizador, plagado de inconvenientes. Uno de ellos, que por cierto produce mayor resistencia en su contra, es lo poco que realmente es conocida la descentralización por la opinión pública e incluso por la opinión publicada.

No podía ser de otra manera, porque en el fondo se trata de un significativo proceso de formación: de ciudadanos, de funcionarios públicos, de líderes políticos, de activista sociales, que a medida que avanza el proceso de descentralización verán sus tradicionales roles de intermediación pública profundamente modificados. Unos, los ciudadanos y activistas, serán llamados a tener más presencia en las decisiones públicas, en detrimento de los funcionarios públicos y el liderazgo político.

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Coordinar las acciones en varios niveles de gobierno, tanto horizontales como verticales, es otro de los desafíos de la descentralización, porque no se trata, como algunos aducen, de que cada uno actúe a su libre albedrío, sino en absoluta sincronización y consonancia con un proyecto de país, con una planificación territorial integral y con un gran sentido de responsabilidad. Desde esa perspectiva también es un proceso colectivo de maduración política implícito en todo proyecto de formación.

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Para que toda esta propuesta sea válida, se requiere que la implementación de la descentralización se concrete con la mayor eficiencia del gasto público y menores niveles de corrupción, lo cual solo se logra apelando a las innumerables y efectivas herramientas de gerencia política y la utilización intensiva de medios digitales, porque al final del día de lo que se trata es de hacer aprovechar a Panamá y a los panameños de esa enorme revolución tecnológica que ha cambiado la forma de gobernar y hacer política.

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Publicado el 7 de agosto de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

Aspectos positivos de la crisis hondureña

Aspectos positivos de la crisis hondureña

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FRANCISCO NIETO GUERRERO – Profesor y Consultor Internacional

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En medio de todo lo negativo de lo sucedido en Tegucigalpa, hay aspectos positivos que están aflorando. A esos me referiré a continuación.

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Contra todo pronóstico, la crisis hondureña llega a su tercera semana, a pesar del inusitado y masivo apoyo de la Comunidad Internacional al depuesto presidente Manuel Zelaya. Este solo hecho marca un hito. Pero, quizás, lo más resaltante es que este inesperado paréntesis está llevando a ver más allá de los paradigmas tradicionales y con sorpresa descubrir elementos que pudieran hacer avanzar por mejores caminos la democracia en América Latina.

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La situación es muy fluida en Honduras y quién sabe cuál sea para el momento en que se publique este artículo. Pero tres cosas son ciertas: Si regresa Zelaya al poder encontrará una situación harto complicada, que le costará controlar. Al presidente en funciones Roberto Micheletti se le está complicando cada vez más la situación. Y, en fin, los que recogerán los vidrios rotos de todos estos errores son los hondureños. Ojalá la sensatez se imponga.

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Parto de un axioma: En Honduras hubo un golpe, que tiene como carta de presentación un presidente en pijama desterrado.

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Esta imagen que inicialmente alimentó la bizantina discusión sobre si hubo o no golpe, ha venido quedando en un segundo plano, cobrando relevancia el desapego de los actores políticos hondureños a las reglas de juego democráticas, característica que no es exclusiva de ese país, sino moneda corriente de varios gobiernos del Continente. Al relacionarlo con el “masivo apoyo” internacional al depuesto Zelaya, fue evidente que los gobiernos más activos y radicales eran aquellos con serias falencias de sus estados de derecho.

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La democracia que defienden unos, no es la misma que defienden los otros gobiernos: quedó nuevamente probado. Sin embargo, lo destacable radica en que la crisis en Honduras mostró que esa diferencia atenta no solo contra la democracia, sino, además, contra la paz, estabilidad y seguridad hemisférica, lo que llevó a otra constatación que ya comienza a ser lugar común: que la Carta Democrática Interamericana cayó en obsolescencia, porque solo mira la democracia desde la limitada perspectiva del Poder Ejecutivo, dejando de lado los otros poderes del Estado y evidentemente a los ciudadanos, de allí su fracaso presente y futuro, de no reformarse.

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No menos importante consecuencia positiva de la actual crisis hondureña es que en la actualidad varios gobiernos de la Región finalmente han levantado su voz fuerte y contundente para afirmar que la democracia es mucho más que las elecciones: Son líderes que arbitren sus diferencias apelando a las herramientas que les ofrecen sus instituciones formales, respecto al Estado de Derecho, donde los poderes limiten el poder. En fin, donde todos los ciudadanos tengan iguales oportunidad de participar.

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Evidentemente que todavía queda un largo camino por delante con enormes escollos y en el medio el manipulado principio de la no intervención.

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Pero, no me cabe duda de que lo sucedido en Honduras le pudiera dar una nueva dimensión al tema de la gobernabilidad democrática en América Latina y si se sabe aprovechar, y eso espero, pudiera ser la oportunidad para comenzar a desterrar peligrosos atajos y prácticas que están socavando los cimientos de la convivencia pacífica de los pueblos de América.

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Publicado en 20 de julio de 2009 en el diario La Estrella de Panamá, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.