Radiografía de Panamá 2010

La opinión de…..

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Ramfis Tuñón

Alguna vez Luis Buñuel dijo que no todos los ricos, por ser ricos, son malos; ni todos los pobres, por ser pobres, son buenos. Con tal punto de partida, Chance (Panamá 2010) reseña con humor negro la enorme distancia que separa a la clase adinerada residente en este país y los miles de empleados, nacionales e inmigrantes, que viven al margen del “progreso” que todos los días reseña la prensa local y mundial.

Paquita (bien Aída Morales) y Toña (una muy natural Rosa Lorenzo) inician un viaje sin retorno con un “¡Dame lo mío!” a lo panameño, que toma por sorpresa a los González-Dubois, desde su mundo de aire acondicionado y Miami como idealidad. Lo agridulce del pregón de la canción de Lord Panamá es traducido al universo cinematográfico por Papús Von Saeger y su director Abner Benaim.

La violencia, tema preocupante en Panamá actualmente, se trata en esta comedia con la ligereza necesaria, y se recurre a lo extremo solo para destruir diversos símbolos clásicos de la mejor ostentación. Chance advierte, con claridad, que la violencia es hija de la injusticia, y precisamente de la falta de “chance” para la realización de los derechos humanos y sociales mínimos de amplios sectores de la población. No se podía ilustrar mejor: un candidato a diputado que le niega míseras quincenas a las empleadas domésticas, en dos circunstancias de vida, Panamá y Colombia, asolados por las consecuencias de la pobreza.

Si bien los diálogos y la dualidad Paquita-Gloria generan los mejores momentos de reflexión, el personaje interpretado por Francisco Gattorno -a un nivel más sutil- logra burlarse acertadamente de la política criolla, el mundo de las telenovelas, de él mismo y hasta de esa ética superficial del “hombre exitoso” que vende la literatura del statu quo.

Tuve ciertas duda sobre la repentina transformación de “Paquita la sumisa” a “Paquita la demoledora”; la desesperación y la adrenalina a las que está sometida justifican sus acciones erráticas; aun así, esto no demerita el conjunto y, por el contrario, afirma la sensación de caos y absurdo que debe tener una situación de tal “calibre”.

¿Qué Chance tiene la técnica y la estética de Hollywood? Para mí, salvo leves errores que vienen al caso en asistencia de dirección, el filme logra sacar adelante su propia manera de narrar las cosas y hacerlas sentir.

Tal vez por eso el público panameño prefirió la incertidumbre que le planteó una película con el nombre Chance, a una con el nombre Avatar y viene llenando las salas para imaginarse Panamá desde los escenarios planteados por Chance. Sobre todo, Chance es una agridulce radiografía de la sociedad panameña. Una autocrítica irónica y cruel que debe verse como lo que es: nuestro espejo.

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Publicado  el   24  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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