Enseñanza gratuita en la red

La opinión de…

Carlos A. Alvarado 

Accesible a todos con sólo pulsar un botón, existe en internet una escuela virtual gratuita: la Khan Academy (www.khanacademy.org), concebida con la misión de proveer una educación de primer nivel a cualquiera en cualquier parte del mundo. Con una biblioteca de más de mil 600 videos, con duración de entre 5 y 15 minutos cada uno, que crece constantemente, es considerado como el sitio docente más visitado de la red. Se ha convertido en poco tiempo, y por derecho propio, en un aula de clases gratuita abierta al mundo entero.

Esta escuela tan particular tiene un único maestro:  Sal Khan. De 33 años de edad, Khan tiene una maestría en administración de negocios (MBA) de Harvard con tres posgrados. Este ex gerente de fondos de cobertura, sentado en su casa de Silicon Valley sólo necesitó de su ingenio, una computadora y un tablero electrónico para producir lo que algunos han calificado como un terremoto educativo.   La idea que se originó cuando Khan tuvo que explicarle a un sobrino cómo convertir kilogramos en gramos.

Con extraordinaria capacidad didáctica, los videos parten desde lo más básico de las matemáticas y llevan al estudiante a un paseo que avanza de forma sencilla y progresiva por aritmética, preálgebra, álgebra, geometría, trigonometría, precálculo y cálculo, avanzando luego a materias algo más complejas como álgebra lineal y ecuaciones diferenciales, para finalizar en aplicaciones de las matemáticas en cursos tales como estadísticas, física, química, biología, banca y economía.

El modelo concebido por Khan permite al alumno estudiar a su propio paso y, por tanto, evita la frustración del estudiante reduciendo a prácticamente cero la posibilidad de que este caiga en el manido “yo no entiendo las matemáticas”. Una frustración que si no se resuelve puede arrastrarlo hasta el extremo de abandonar los estudios.

Resulta evidente que cualquier estudiante que necesite matemáticas para el colegio o la universidad haría bien en visitar el sitio de la Academia. Igualmente, los profesores podrían aprovechar esta herramienta para afianzar lo enseñado. La mayoría de los videos están explicados en un inglés simple y accesible.   Sin embargo, ya hay muchos en español, cuya cantidad crece gracias a la contribución de profesores que se han entusiasmado con la idea. En todo caso, el inglés no debería considerarse un obstáculo sino más bien una ventaja adicional.   Permite al estudiante afianzar su conocimiento de un idioma que es crítico para su propia formación.

La Academia no es la única iniciativa de este tipo en la red. Sin embargo, lo simple de su presentación y el proceso que sigue han sido determinantes para revolucionar la educación en muchas partes del mundo donde están llevando, gratuitamente, el colegio y la universidad a humildes aulas de comunidades alejadas y de muy bajos recursos.

Para Panamá parece ser el complemento ideal para potenciar al máximo la iniciativa del gobierno de proveer de computadoras a los estudiantes e instalar wi-fi abierto y gratuito en todo el territorio nacional. Porque el objetivo es privilegiar la obtención de egresados bien formados. Entre otras cosas, egresados que por su dominio de las matemáticas estén en capacidad de optar por carreras de ciencia y tecnología, fundamentales para cualquier país que aspira a alcanzar pleno desarrollo.   Es el camino que han optado países líderes de la región como Chile y Brasil. La Khan Academy es un recurso disponible que podría ayudarnos a unirnos a ellos en ese andar.

<> Este artículo se publicó el 25  de septiembre de 2010 en el diario La Prensa, a quienes damos,   lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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¿Sobrevivirá el Canal los próximos 10 años?

La opinión del Ingeniero Naval  Jubilado del Canal de Panamá……

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CARLOS A. ALVARADO

Los versos del tango Volver, de Alfredo le Pera, evocan una nostalgia que asombra al mostrar con gran sutileza la velocidad con que ocurren los hechos y la facilidad con que la sociedad llega al olvido.   El tango —que hizo famosa esa frase siempre presente de veinte años no son nada— me lleva a preguntarme con preocupación cómo será el Canal de Panamá cuando cumpla 20 años bajo administración panameña.

La experiencia de los primeros 10 años ha sido sumamente positiva. ¿Serán igual los próximos diez? Los diarios comentan que por requerimientos de la Ley, el presente administrador, Ing. Alberto Alemán Zubieta, no podrá ser reelegido.   Anuncian también la necesidad de nombrar cuatro nuevos miembros de la Junta Directiva, en reemplazo de aquellos a quienes se les ha cumplido su término.   Las decisiones que deberá tomar el Órgano Ejecutivo, en representación del pueblo panameño, son críticas.   Pueden dar un mayor impulso a una organización por demás exitosa, o simplemente frenarla para ponerla al servicio de intereses que nada tienen que ver con los nacionales.

Los escándalos hechos públicos recientemente son ejemplo de cuánto daño puede hacérsele al país con decisiones que, arropadas con un manto de legalidad y anunciadas como beneficiosas, esconden propósitos aviesos y mezquinos.

Los escándalos que se ventilan actualmente son simple muestra de ello y, por tanto, fuente legítima de preocupación. A medida que conocemos los detalles de cómo se tramó toda esta trampa, no puede evitarse tender un manto de sospecha sobre cualquier accionar del gobierno que no sea totalmente transparente.

Es evidente que 2010 representa un momento crítico para el Canal y la forma como éste encarará el futuro.   Con un accionar vigoroso, la presente administración del Canal ha sabido posicionarlo en el mundo globalizado de hoy. Con gran habilidad supo detectar dónde estaban las oportunidades y los desafíos, y avanzó hacia ellos a toda máquina para aprovecharlos. Supo crear dentro de la organización una forma de gestión con valores panameños, para panameños.

Afortunadamente para todos, los logros conseguidos no se transformaron en una actitud de complacencia.  La fuerza impulsora de estos logros se mantiene intacta.  El dilema que enfrentamos ahora está en cómo lograr que todos esos valores sean transferidos a quienes asuman el desafío de, no solo continuarlos, sino también darles mayor impulso. También de encontrar nuevas oportunidades para mejorar la gestión, que seguro son muchas.

Quienes conocen las intimidades del negocio marítimo saben que es un mundo complejo, donde aún los más grandes, si se equivocan, desaparecen.

El Canal es una actividad —un negocio— al servicio del comercio mundial, que avanza hacia una nueva etapa de su vida. La expansión fue un paso fundamental y necesario.   Sin embargo, su conclusión no garantiza que “ todos ” los barcos y “ todas ” las cargas van a optar por esta ruta.   Eso solo ocurrirá si la gestión es impecable y, como ocurre actualmente, la organización se identifica totalmente con las necesidades del cliente y las resuelve.

Esto nos lleva a la gran incógnita que se plantea hoy. Nadie puede ignorar cuán exitoso ha sido el administrador que toca reemplazar. Reconocido internacionalmente por su liderazgo y clara visión de sus responsabilidades para con el país y la comunidad marítima internacional, quien quiera que lo reemplace tendrá que llenar esas mismas cualidades y aún superarlas. Idealmente, debería ser un profundo conocedor del negocio marítimo y del impacto que el Canal tiene a lo interno en el país, y a lo externo en el comercio mundial.

El mundo ha sufrido una gran transformación, convirtiéndose en un lugar interdependiente y complejo. La expansión actualmente en progreso se completará coincidiendo con un mundo aún en crisis y, quizás y con fortuna, en lento proceso de recuperación.

El Canal deberá entrar en ese mundo en circunstancias totalmente diferentes a las actuales. ¿Será capaz el nuevo administrador de llevar esta nave por esas aguas tormentosas?  Es una pregunta que quien tenga la grave responsabilidad de la selección deberá hacerse una y mil veces. Y estar totalmente seguro de su respuesta. Un análisis cabal es prerrequisito para un proceso sólido e inteligente de toma de decisiones. El aporte que hace el Canal al desarrollo del país está en juego.

Igual debe ocurrir con la selección de los miembros de la Junta Directiva. ¡Los mejores, solo los mejores, deben considerarse! De otra forma, corremos el grave riesgo de volver, en algunos años, al triste espectáculo que vive el Panamá de hoy. Porque unos pocos pusieron por delante intereses personales y ansias desmedidas de riqueza, el país ha perdido tres lustros y mucho dinero desviado para beneficio de unos pocos. Cuando debió entrar con todas sus fuerzas a un proceso de recuperación que superara la tragedia de veinte años de dictadura, unos cuantos decidieron disfrazarse de servidores públicos para continuar la nefasta fiesta.

La decisión a tomar pondrá a prueba al presente gobierno. Desafortunadamente sus últimas decisiones son fuente de preocupación. El tinte autoritario y actitud de “ aquí el que manda soy yo ”, lo muestra casi de espaldas a los intereses del país. ¿Hay necesidad de someter al país a esa clase de dudas? Una decisión equivocada pondrá en riesgo el bien más preciado que la nación posee.

Mientras el país se carcome ante la duda, la comunidad internacional observa con atención, pues ella también será beneficiada o perjudicada, según la decisión que se tome.

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Publicado el 4 de febrero de 2010 en el Diario La Estrella de Panamá, a quienes damos, lo mismo que al  autor, todo el crédito que les corresponde.

¿Todavía quedan jueces?

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La opinion de….

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Carlos A. Alvarado

Cuentan que el rey de Prusia, Federico II, molesto porque un molino afeaba el paisaje de su palacio, hizo varios intentos de comprarlo para luego demolerlo.  El molinero declinó todas las ofertas, incluyendo una hecha personalmente por el mismísimo rey.   Este, encolerizado, le advirtió que si no aceptaba lo ofrecido perdería todo, pues libraría un decreto para expropiar el molino sin compensación alguna. Poco después de esta amenaza, el molinero se presentó en el palacio y pidió ver a su majestad.

El rey lo recibió complacido asumiendo que aceptaría la oferta que consideraba generosa. Para su sorpresa, el campesino, en silencio, le entregó a Federico II una orden judicial que prohibía a la Corona expropiar y demoler el molino contra la voluntad de su propietario.   Mientras todos temblaban imaginando la furia que se desataría contra el terco campesino y el temerario magistrado, el rey finalizó la lectura levantó la mirada y exclamó: “Me alegra comprobar que todavía hay jueces en Berlín”,   satisfecho por el funcionamiento institucional de su reino.

Esta historia proviene de un artículo titulado “Todavía quedan jueces”, firmado por Fabián Rodríguez Simón, publicado recientemente en el diario La Nación de Buenos Aires.   En mi opinión, el formidable mensaje de la historia se hace relevante en Panamá a la luz del proceso que adelanta el Ministerio Público contra ex funcionarios sospechosos de hechos de corrupción, lavado de dinero y enriquecimiento ilícito que ofenden a todo el país y han llevado al ciudadano a un total hartazgo por los constantes abusos de funcionarios que no sólo cometen ilegalidades sino que regresan a la actividad privada haciendo arrogante ostentación de una riqueza evidentemente mal habida.

Una minuciosa investigación del diario La Prensa ha revelado los entretelones de una trama urdida para mantener el mismo nivel de impunidad que otros han logrado disfrutar en el pasado. Afortunadamente, gracias al trabajo minucioso y valiente del periodismo investigativo mencionado, la trama ha sido expuesta al escrutinio de todos. Con esta investigación, La Prensa refuerza un prestigio bien ganado a través de muchos años de práctica de un periodismo independiente que refleja y enaltece los valores de quienes la fundaron.   Lo que hoy se hace público sorprende a una sociedad que queda perpleja ante la magnitud de los hechos y los nombres de los personajes involucrado en los aparentes ilícitos.

El hartazgo del ciudadano ha hecho resonancia en el presidente Martinelli y este lo demuestra expresando que se siente profundamente frustrado y burlado. Ha salido en respaldo de la Procuradora y el fiscal Ayú Prado, expresándoles en el marco de la inauguración de la segunda legislativa el respaldo contundente del Órgano Ejecutivo.   Al decirles que simplemente “cumplan con su deber” y que “sólo se deben a la justicia y al pueblo panameño”, no deberían tener dudas de que el tiempo de las presiones que llevaron a enterrar muchos escándalos está llegando a su fin.

A lo que realmente aspira el panameño común es que la justicia, con la ley en la mano y sin medias tintas, resuelva esta historia como corresponde. Simplemente que, juzgando con objetividad e independencia, no se sume a fallos vergonzosos emitidos por sectores del Órgano Judicial que, de espalda al país, supieron ponerse dócilmente al servicio de los poderosos.   La realidad actual indica que la opinión pública se ha transformado ya en un tribunal más elevado que el de los jueces y no está dispuesta a tolerar la impunidad.

Con el escenario montado y a la vista de todos, esta podría ser la oportunidad para recuperar lo perdido en la vorágine de impunidad vivida durante los últimos años. También, para comprobar qué papel están dispuestos a desempeñar los actores de este drama en el esfuerzo de adecentar un Órgano Judicial, aparentemente viciado por la facilidad conque algunos de sus miembros supieron doblegarse ante la presión de intereses muy particulares y apetencias económicas personales que nada tienen que ver con el interés de la Nación.

Al final veremos si podremos afirmar que, al igual que en el Berlín del rey Federico II, en el Panamá de hoy todavía quedan jueces.   Sería penoso si, expectantes como estamos en un desenlace que reivindique la credibilidad de nuestros hombres públicos, recibamos más de lo mismo.

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Publicado  el   6   de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.