Rumores de una torre financiera

La opinión de…

Iván Carlucci Sucre

Lo que era un rumor, posiblemente será una realidad. El Gobierno ha decidido construir la torre financiera en el terreno que ocupaba la embajada americana en la Avenida Balboa, para que albergue instituciones gubernamentales y oficinas privadas.

Después de analizar esta iniciativa surgen mis primeras inquietudes: ¿Cómo se realizará el proceso de venta a los particulares? ¿Por licitación o por subasta? ¿Existirá puja y repuja? ¿A qué precio se venderá el metro cuadrado? ¿Será un lease a 99 años como fue el caso del inquilino anterior?

Desde el punto de vista inmobiliario este plan podría terminar siendo una combinación tóxica y peligrosa.

“Un arquitecto que diseña para ganarse un premio y un promotor sin experiencia”; se comenta que el diseño preliminar que fue pagado por el Estado panameño a un costo de B/.300,000.00 y que por casualidad se parece mucho al de la torre Agbar en Barcelona será el punto de referencia para la contratación de los planos y diseños que costarán B/.8 millones o más.

La construcción de la torre según datos publicados costará B/.250 millones. Considero que el costo será muy superior porque existe una gran diferencia entre los promotores privados y los desarrollos estatales. Los promotores privados trabajan con dineros propios y con presupuestos revisados y ajustados y el Estado desarrolla sus obras con presupuestos o costos aproximados y con el dinero de todos.

Lo que sí me pareció una utopía o una cartita al niño Dios es que alguien piense que estará lista en el año 2013. Ahora bien, ¿es realmente necesario para los panameños que el Estado compita por las alturas con las grandes capitales latinoamericanas? Copio textualmente lo publicado por La Prensa, el 7 de agosto de 2010: “El ministro de Economía y Finanzas, Alberto Vallarino, ha manifestado que la torre será el edificio más grande de Latinoamérica; albergará varios ministerios y otras oficinas públicas, además de entidades privadas”.

Preguntas de examen: ¿Solucionará la construcción de la torre financiera la burocracia gubernamental? ¿Brindará una mejor calidad de vida a los panameños? ¿Disminuirá la mendicidad infantil o solucionará algunos de los grandes problemas sociales que a diario saltan a la vista en cada esquina y que nos afectan a todos? Desde mi humilde perspectiva, no.

En una ciudad llena de concreto, como la nuestra, lo más sensato sería conservar este edificio que ha sido testigo de nuestra historia para el desarrollo de actividades culturales o artísticas y utilizar los millones que se pretenden invertir para la construcción de la nueva ciudad gubernamental y acabar así de una vez por todas con el negociado de los alquileres estatales que nos cuestan a todos millones de balboas. Difícilmente esta humilde opinión será tomada en cuenta, ojalá que esta torre financiera no se convierta en un moderno monumento napoleónico al ego.

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Este artículo se publicó el 16 de agosto de 2010  en el diario La Prensa,  a quienes damos, lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.
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