Cosas veredes …

La opinión de…

Lilibeth Bayard de Langoni

He leído con asombro e indignación las noticias que alegan que los más altos jerarcas de nuestro gobierno, haciendo uso de la representación panameña que sus cargos les confieren, expresaron serias dudas sobre el avance de la ampliación canalera y cuestionaron el proceso de licitación para la construcción del tercer juego de esclusas que adelanta la Autoridad del Canal de Panamá (La Prensa, 19 de diciembre de 2010, Panorama, “Cables divulgados por Wikileaks”).

Se me estaba acabando la capacidad de asombro, ya que han sido muchos los desatinos que han vertido las lenguas de quienes nos gobiernan. No obstante, nunca esperé que pudieran atentar contra el Canal de Panamá, no solamente porque es una empresa gubernamental que está consistentemente probándole a nuestros conciudadanos y al mundo entero que los panameños somos capaces de manejar nuestro principal recurso de manera proba, rentable y eficiente, sino también porque nuestros actuales gobernantes han tenido suficiente tiempo de experiencia al timón del Estado, como para haber aprendido a ser prudentes y a hablar con propiedad del país y de sus instituciones.

Parece que las “meteduras de pata” de los más de 500 días de Gobierno no les han servido de escarmiento. Parece también, que toda la información que ha fluido en medios locales e internacionales tampoco ha ayudado la labor de aprendizaje. ¡Qué pena!

¿Cómo pretenden nuestros gobernantes impulsar las inversiones extranjeras en Panamá haciendo declaraciones temerarias sobre la construcción del tercer juego de esclusas, catalogado por la revista especializada Business News Americas en el primer lugar de su lista de los 10 principales proyectos de infraestructura para la década de 2007 a 2017 en Latinoamérica? ¿Para qué invierte el Gobierno en una campaña mediática, si lo que dicen el Presidente y el Vicepresidente tiene mayor alcance internacional, su divulgación es gratuita y enloda la mejor obra de construcción del mundo (premio Samoter 2008) y, sin duda, la mayor que impulsa el Estado?

¿Cómo ayuda a los panameños que nuestro más alto jerarca exprese dudas sobre una licitación internacional que atrajo a más de 30 compañías procedentes de 13 naciones del mundo? ¿De qué ha servido a la Autoridad del Canal del Panamá (ACP) haber dedicado tiempo, dinero y esfuerzo en la publicación de más de 14 informes trimestrales de avances, si nuestros gobernantes no se dignan instruirse para proveer información veraz y confiable con la autoridad técnica y moral que la dignidad de sus puestos exige?

Diría mi madre que no hay peor harina que la del propio costal; pero este paradigma lo tenemos que derribar por nuestro propio bien.

Gracias a Dios y a una gestión que los propios panameños optamos por blindar de toda injerencia externa político–partidista, mediante la aprobación de la Ley Orgánica de la Autoridad del Canal de Panamá, también conocida como Ley 19 de 1997, los panameños podemos gloriarnos de tener una empresa que, en medio de un mundo convulsionado por escándalos de corrupción y prácticas de negocios éticamente cuestionables, supo diseñar el proceso de contratación para el proyecto de ampliación de forma de garantizar a la comunidad internacional una selección justa, imparcial y transparente, apegada a los requisitos establecidos en los pliegos de cargos y de acuerdo a los reglamentos y estándares de la ACP.

No en balde expertos internacionales han publicado que la ACP elevó la vara con la cual se evaluarán las licitaciones internacionales y, hoy, prestigiosos programas universitarios de contrataciones públicas utilizan como modelo de estudio el proceso diseñado por la ACP como mejores prácticas.

“Prudencia y juicio antes de abrir la jeta”, diría mi tía Chencha.

El mayor logro de la ACP ha sido llevar adelante un nuevo modelo de administración pública; un modelo que toma en consideración el bienestar de la organización y la Nación, sin banderías políticas ni reverencias al mandatario de turno. Un modelo de gestión que es transparente, promueve la excelencia y la equidad, y que puede y debe ser emulado por todas las organizaciones del Estado panameño.

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<> Este artículo se publicó el 23 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
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