Diablos y congos rescatan el folclore

La opinión de la folclorista…..

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Ileana Harper

En la segunda mitad de enero de cada año se inicia la temporada congo en las poblaciones de la Costa Abajo y la Costa Arriba de Colón. Cada palenque o sociedad congo es integrada por una reina, un rey y sus súbditos, rememorando las vivencias de sus ancestros transmitidas como una herencia tradicional vigente de generación en generación.

La remembranza revive con cantos y danzas los sufrimientos a que fueron expuestos sus antepasados, traídos de África como esclavos a tierras americanas. La temporada culmina el Miércoles de Ceniza con un ritual denominado “el bautizo de los diablos” en el que los participantes se quitan las máscaras y se entregan a Dios.

Recientemente se realizó en Portobelo una nueva versión del encuentro denominado Festival de Diablos y Congos, para proyectar como en una pasarela el juego congo, dar a conocer y exaltar sus tradiciones y volver a lucir sus vestuarios. Este festival reúne grupos de baile congo que despliegan sus cantos y danzas.

La imagen del diablo congo representa en estas tradiciones lo mismo que en la religión católica. Pero más allá del simbolismo del mal también evoca al amo que los azotó, los esclavizó, los castigó y los sometió a servidumbre a lo largo de siglos.

Durante este encuentro los vestuarios y máscaras son una verdadera muestra del ingenio, creatividad y talento de los artesanos. Los diablos danzantes, a pesar de su complejo vestuario lleno de ornamentos y grandes y pesadas máscaras, logran demostrar una destreza que provoca la admiración y el reconocimiento del público espectador.

El Festival de Diablos y Congos de Portobelo rebosa también de una exquisita gastronomía, típica de la región, la venta y exposición de artesanías, la música y los cantos que narran una historia, respaldada con danzas que fomentan la exaltación de un patrimonio cultural intangible.

En ese contexto, debería prohijarse un anteproyecto legislativo para que la Asamblea Nacional de Diputados promulgue una ley que declare al Festival de Diablos y Congos de Portobelo como una Fiesta Folclórica Nacional. Eso le daría igualdad de condiciones, entre otros, con el Festival del Manito, en Ocú; el Festival de la Pollera, en Las Tablas; el Festival del Torito Guapo, en Antón y el Festival Nacional de la Mejorana, en Guararé.

Es urgente que el gobierno continúe desarrollando políticas culturales que contribuyan al fortalecimiento de la identidad nacional y la conservación de valiosas tradiciones. Si hasta ahora el Festival de Diablos y Congos de Portobelo, con limitados recursos económicos y sin intervención del gobierno, ha ido creciendo y ganando prestigio nacional e internacional, ¿cuánto más podría hacerse con el respaldo de las autoridades nacionales que custodian la cultura, la educación y el turismo. Porque al final de cuentas la de diablos y congos es una tradición distinta, que al igual que otras herencias culturales, ha contribuido a definir lo que es la esencia de la panameñidad.

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Este artículo  fue publicado el 20 de marzo de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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