Medidas cautelares o penas anticipadas

La opinión del Abogado…

Luis Carlos Cabezas

“Muéstrame tu código de procedimiento penal y te diré qué tan democrático es tu país”… “El proceso penal es el sismógrafo de la Constitución”… “Existen normas garantistas, pero prácticas operativas antigarantistas”… Estas son solo algunas de las frases que escuchamos en conferencias o leemos en libros de autores de la talla de Enrique Bacigalupo y Luigi Ferrajoli, que tratan sobre temas vinculados al ejercicio del derecho a sancionar por parte del Estado, cuando existe una supuesta violación a la ley penal. Este tipo de aseveraciones dan cuenta de esa clara tensión que existe entre las libertades ciudadanas, conocidas como garantías fundamentales, y los intereses en la persecución criminal.

En un sistema penal mixto, como el que tiene Panamá, la etapa de investigación es desarrollada por un fiscal que no tiene realmente mayores controles, convirtiéndolo en “juez y parte”, ya que es este fiscal quien ordena recibirle declaración a quienes considera vinculados a un delito, luego ordena medidas cautelares personales e, incluso, a pesar de tener interés en el ejercicio de la acción penal por ser la parte acusadora, le corresponde resolver solicitudes de cambio de esas medidas que han sido impuestas previamente por su propio despacho.

De forma natural, a los seres humanos se nos hace complicado modificar una decisión tomada o cambiar de opinión, así se nos presenten escenarios probatorios distintos o se acredite que la decisión tomada es jurídicamente incorrecta, pues para muchos esto se convierte, equivocadamente, en una cuestión de honor, de imagen y de una mal entendida credibilidad. Obviamente, esta situación se agrava si hay un interés adicional de persecución criminal.

La aplicación de medidas cautelares como casa por cárcel o cualquier otra que limite la libertad ambulatoria, fundamentadas de forma exclusiva en la posible existencia de un delito y la probable vinculación del individuo a éste, sin que exista peligro de fuga, de pérdida de evidencias o de la comisión de otros delitos, no es más que la imposición de una pena anticipada, sin derecho a ser oído en juicio público.

Este uso inadecuado de medidas cautelares, cuando se han aplicado en base a abusos o apreciaciones del fiscal, sin existir aún un hecho plenamente evidenciable, hace que las mismas sean desproporcionadas e injustas, ya que violan la presunción de inocencia y el derecho al debido proceso que son reconocidos por la Carta Magna.

Esto quiere decir que una persona que está cumpliendo con una medida cautelar severa, como detención preventiva en cualquiera de los centros penitenciarios, o algún tipo de arresto de cualquier índole, como casa por cárcel, está realmente cumpliendo una condena que no ha sido siquiera impuesta por un tribunal y que, incluso, luego de finalizar el proceso judicial, el imputado podría ser absuelto de toda responsabilidad. Entonces, ¿quién le devuelve el tiempo perdido, la salud física y mental, el derecho al trabajo y proporcionar sustento familiar, y todos aquellos derechos que fueron violentados todo el tiempo que estuvo privado de su libertad?

En Panamá, aproximadamente el 70% de las personas privadas de libertad no están condenadas, sino que están sujetas a una detención preventiva y, en múltiples ocasiones, como no han sido llevadas a juicio, no han visto siquiera una vez al juez que decidirá su causa.

Si la finalidad de las medidas cautelares personales es garantizar la presencia de la persona en juicio y no condenarla anticipadamente, ¿por qué en la práctica suele aplicarse como primera medida la detención preventiva, sin tomar en cuenta la pena establecida para el delito?

Si la ley exige que para determinar qué medida cautelar se le va a aplicar a un imputado en un proceso, se necesita tomar en cuenta el tipo de delito que presuntamente ha cometido y la condena a la que podría ser sometido de encontrarse culpable, ¿por qué en la práctica se aplican medidas cautelares que no están regidas bajo estos criterios y que, generalmente, son más severas de lo establecido? O peor aún, ¿por qué existen casos en que la ley establece que no corresponde la aplicación de ninguna medida cautelar, pero se ordena una detención preventiva sin justificación, más que la actitud antojadiza de un funcionario con atribuciones al parecer ilimitadas.

Al final todo parece indicar que en Panamá las normas garantistas son las menos, y que cada vez ceden más espacio y terreno a las prácticas anti garantistas, y que el vocablo “medida cautelar” la mayor parte de las veces se convierte injustamente en una “pena anticipada”.

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<> Este artículo se publicó el 7 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
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Pseudotorrijistas debilitan el PRD (I)

La opinión del Abogado…. .

LUIS CARLOS CABEZAS MORENO

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Pseudotorrijistas debilitan el PRD (I)

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La entrega sistemática, programática y gradual de quienes se autodenominaban la alternativa popular (Guaycucho NIR, luego PRT, algunos sectores del FER-29); la claudicación de unos y el anquilosamiento de otros dentro de sectores del Partido del Pueblo; la división “ingenua” del sindicalismo panameño, misma que “nunca” ha logrado agruparse en un “sindicato único y revolucionario”, añoranza abortada de Suntracs, Frenadeso y otros; el oportunismo dentro de corrientes de diversa índole en el PRD (empresarios y la tendencia), conducta esta confesa postinvasión, incluso por los adláteres del denominado “proceso revolucionario” (con mayores virtudes que deficiencias), sumadas a la poca atención por parte de quienes se autodenominaron los herederos de Torrijos (sus compañeros de armas, su partido) hacia esa creciente clase empresarial con visión de país, llegaron a ser factores que la clase política panameña en su conjunto acumuló, hasta lograr que la población en general dejará de creer en los políticos, como una vez sí lo logró Torrijos.

¿Y cuál fue el error mayor?: no generar un análisis serio, mesurado, cercano a la mayor objetividad de los errores y desaciertos. No, al contrario, teníamos que vanagloriarnos de ese pasado, que solo los líderes construyen, para que luego sus oportunistas seguidores destruyan.

EL PRD no solo abandonó en diez años la consulta interna, sino que, ya antes, las ansias de figuración de una gran parte de su componente directivo de primera línea nos llevó al error de confundir la implementación (que nos es lo mismo que orientación) de los “ programas de gobierno ” con la dirección del país y la dirección del partido. Pero lo que siguió fue peor.   En la gestión de Pérez Balladares la dirección del partido se llegó a convertir en la dirección del país y nos bandeamos con una organización que en el día era gobierno y que fuera de horas laborables era dirección partidista.   En otras palabras, duplicamos el desgaste, no supimos delegar la responsabilidad de preparar y entregar el liderazgo del partido a esos valiosos “ nuevos ” cuadros.

La debacle :  Al llegar los denominados ” martinistas ” cambiaron los frentes de masas por los “ teams ”, como si la política fuera un deporte, y así se inició el desastre. Martín Torrijos ganó las elecciones, pero triunfo él, no se sintió que ganó el PRD. Su estilo con los “ teams “, los amigos del mandatario, el partido en tercer plano, comenzó a brindar la tónica de lo que se esperaba.

Nuevamente se cometió el error de la anterior gestión PRD, pero esta vez fue devastador.    La consigna electoral a lo interno se tradujo en “ cero consulta ” con las bases del PRD,  “ cero acceso “ a lo que oliera a Pérez Balladares,  “ cero espacio “ a quienes no fuesen “ yes man ” del “ team ” y “ el jefe “.   Así se manejaron las cosas y se volvió al método Noriega de utilizar la letra “ P ”, dependiendo de si era para los amigos, aliados, adversarios o enemigos.  Lamentable que en un gobierno del hijo de Omar se abandonara el PRD hasta la fatalidad.

Y de la última campaña ni hablar: Una candidata presidencial (y casi todos los demás candidatos) abandonada a su suerte. (Ojalá se atreva a aceptarlo).   Con un equipo al que poco le importaba el momento político. Sus intereses, sus negocios, incluyendo los que se podían lograr a última hora, pareciesen haber sido más importantes. A cuántos de ellos no vimos con esas actitudes.   ¿Y qué no decir de aquellos otrora “ históricos dirigentes ”, que despotricaban contra Martín Torrijos y a los cuales la chequera presidencial, cuales pancistas descarados, no solo silenció, sino que de las acusaciones de “ muchachito delincuente, con ansias de rabiblanco ”, los llevó a presentarlo como el único salvador de los ideales de Omar?

Ojalá que con la apertura de la escuela del “ maestro ” Colamarco se acuerden de que, antes de dictarnos clases de torrijismo, primero deben concientizarse de que el torrijismo no es ideología, sino una práctica diaria, llevada de la mano de la consulta permanente, en donde no tienen cabida las coimas, la corrupción y, como el propio Omar decía, la lambonería. (Continuará).

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Publicado el 17 de septiembre de 2009 en el diario La Estrella de Panamá; a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.