Los deberes del paciente

La opinión del Médico….

Julio Toro Lozano

Quien goza de derechos es porque tiene deberes y los pacientes no escapan de esta regla. El cumplimiento de estos deberes es necesario a fin de lograr el objetivo deseado de la relación médico-paciente, recobrar la salud del enfermo.

En la práctica diaria, con mucha frecuencia se observa que el paciente oculta información al médico, que no acude a los compromisos programados, que no sigue las indicaciones recomendadas o, simplemente, que actúe de forma indolente en lo que a su tratamiento se refiere.

Para el médico argentino Jorge Arturo Florentino los pacientes tienen el deber de informar lo solicitado durante las visitas al equipo de salud, sus antecedentes personales incluyendo hábitos tóxicos o costumbres de riesgo y antecedentes familiares. El omitir algún dato pudiese llevar al surgimiento de situaciones peligrosas para él. Tiene el deber de colaborar con su médico y personal de salud que lo apoyan en su tratamiento, así como respetar y cumplir las indicaciones médicas.

El paciente puede negarse a recibir la asistencia recomendada, abandonar al profesional sin justa causa, en cualquier momento, a no cumplir con el tratamiento prescripto; para esto, debe dejar una constancia por escrito de lo que planea, pero debe saber que cualquiera de esas acciones, libera de toda responsabilidad al médico de la evolución de su cuadro. Además, el paciente debe cuidar las instalaciones, colaborar con el cumplimiento de las normas y tratar con respeto al personal que labora en la institución de salud. Se ha señalado que solo el 17% de los pacientes cumplen, al pie de la letra, las indicaciones recomendadas.

El paciente puede negarse a recibir asistencia, en este punto hay que tomar en consideración el estado de conciencia o no, de alienación mental, presencia de lesiones graves por causas de accidentes, o en las tentativas de suicidios o de delitos; sin embargo, esta situación siempre conlleva un componente ético y legal que provoca un debate permanente.

En el cumplimiento de las indicaciones, el paciente debe comunicar de manera veraz y oportuna, los inconvenientes o impedimentos que hubiesen surgido en la observancia de las mismas. El paciente tiene el deber de solicitar información sobre las normas de funcionamiento de la institución y los canales de comunicación (quejas, sugerencias, reclamaciones y preguntas). En la medicina privada es un deber del paciente el cancelar los honorarios profesionales por los servicios recibidos.

Los deberes y obligaciones de los pacientes no son difundidos con el mismo impacto que se divulgan las obligaciones de los médicos; sin embargo, hay que hacer énfasis en que los pacientes son parte importantísima, artífices de su propia curación y siempre que el médico detecte inconvenientes en esta relación se recomienda que deje constancia en el expediente de la situación ocurrida.

La divulgación de los derechos y deberes, tanto de paciente como de profesionales de la salud, busca ayudarnos a mejorar la relación médico paciente, relación en la que cada vez más aumenta el componente legal.

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Publicado el 2 de marzo de 2010  en el Diario La Prensa, a quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

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Los derechos del paciente

La opinión del Médico…..

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Julio Toro Lozano

La relación médico-paciente ha cambiado. La existencia de los derechos del paciente permite que esta relación, que fue de autoritarismo y paternalismo, ahora sea de colaboración y de adherencia a las recomendaciones de su tratamiento. Los tiempos modernos permiten que el paciente se encuentre más informado sobre sus derechos, y sobre las diferentes opciones de tratamientos, a través de una segunda opinión, por la internet o por promociones de medicamentos dirigidas directamente a los potenciales consumidores, o sea, a los pacientes.

Pueden considerarse como principios básicos de los derechos de los pacientes, el derecho a su intimidad, a la información, que incluye el acceso a su historia clínica y a recibir una explicación comprensible sobre el tratamiento, a decidir libremente y que se respete su autonomía y voluntad, de tal forma que sean ellos los rectores de las actividades relacionadas a su tratamiento y potencial curación.

Los pacientes tienen derecho a conocer toda la información disponible sobre cualquier actuación en el ámbito de su salud, salvo alguna restricción específica; también tienen el derecho a no querer ser informados. Como regla general esta información se brinda verbalmente y el hecho se deja registrado en el expediente clínico del paciente; la información será verdadera, comprensible y adecuada al paciente a fin de ayudarlo a tomar su decisión.

Todos tenemos el derecho de que se respete el carácter confidencial de los datos referentes a nuestra salud y nadie puede tener acceso a esos datos sin previa autorización de las autoridades legales correspondientes. Aquí se combina la orientación permanente que deben recibir tanto los trabajadores de la salud en lo que respecta al manejo de los datos de los pacientes, como la información que reciban los pacientes sobre la razón de la obtención, registro y archivo de sus datos.

El paciente tiene derecho a tener acceso a su expediente clínico, documento en el que se registra su respectiva situación y evolución clínica, y que busca asegurar una adecuada asistencia. En Panamá hay leyes que aseguran este derecho.

El paciente tiene derecho a recibir una explicación comprensible de su tratamiento, que le permita entender y estar claro de los propósitos del mismo; luego de este proceso, él está en condiciones de brindar su consentimiento informado, que puede expresar verbalmente, lo que quedará registrado en el expediente. En el caso de tratarse de un consentimiento escrito, el mismo debe estar redactado en un lenguaje claro y comprensible. El paciente tiene derecho a no querer ser informado, y también a retirar, por escrito, el consentimiento previamente otorgado.

Finalmente, el paciente tiene derecho a que se respete su voluntad, máxime si la misma la expresa a través de un documento escrito en el que se dejan instrucciones en caso de que, por las circunstancias, pudiese llegar a no ser capaz de expresar personalmente sus deseos; siempre y cuando no se violente el ordenamiento jurídico existente.

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Artículo publicado el 11 de febrero de 2010 en el Diario La Prensa, a quien damos, al igual que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Externalización e investigación

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La opinión del Doctor en Medicina…

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Julio Toro Lozano

El tema de la posible externalización de algunos servicios que brinda la Caja de Seguro Social (CSS), ha suscitado una vez más la discusión en torno a la posible privatización. La oportunidad es buena para debatir sobre conceptos de privatización, externalización u otros.

Dado que la privatización es un tema tabú, más que hablar de sexo, muerte o sida, la mayoría no hemos tenido la oportunidad de escuchar debates, de conocer las razones de por qué sí y por qué no, de sus riesgos y beneficios a corto, mediano y largo plazo.  El tema simplemente levanta pasiones y es tan prohibido, que al político que se le ocurra discutir el tema se suicida en sus aspiraciones. Para el usuario, los problemas deben resolverse inmediatamente; en la visión del administrador, las soluciones tienen que darse a corto, mediano, largo y larguísimo plazo, ya que simplemente tiene que garantizar la existencia de la institución y de sus recursos.

Pero externalización, no es privatizar; por pura definición es subcontratar. En este caso vale la pena las preguntas ¿por qué subcontratar en la empresa privada, en la clínica privada, servicios que la CSS brinda? ¿Será que es porque no se tiene la capacidad de brindarlos o porque la demanda supera la oferta o porque la mora es tan grande que sería imposible llevarla a cifras aceptables con los recursos de la institución, en un tiempo razonable? Estas, quizás, podrían ser algunas de las respuestas posibles.

Para atender al cuestionamiento y lograr las contestaciones, a mediano y largo plazo, urge la creación de una actividad de investigación permanente, que abarque los aspectos biomédicos, de atención primaria, de farmacoeconomía, epidemiológicos, entre otros. Esta actividad orientaría las acciones de la institución, la asignación de recursos, la reformulación de horarios de trabajo, las actividades de docencia e información para con los empleados y los usuarios, con el propósito de brindar el servicio, atender las necesidades de la población que acude a buscar asistencia médica.

Mientras no conozcamos el costo que representa para la institución una enfermedad, cualquiera; las poblaciones de pacientes de las diferentes enfermedades y su distribución geográfica, y mientras más demoremos en establecer acciones preventivas sólidas y bien planeadas, mayor será el costo económico a pagar, conviviendo siempre con el temor de que las medidas heroicas a tomar pasen a ser la norma, no la excepción y que al final del camino las instituciones de salud colapsen por falta de todo, incluyendo de recursos y presupuesto.

De no existir una investigación que responda a las necesidades de la CSS, de no aplicarse las guías y normas de atención, de no existir una acción de prevención de enfermedades, podrán utilizarse todos los recursos posibles, pero la situación solo empeorará. Si se quiere mejorar la docencia, hay que invertir en investigación; sin embargo, si lo que se quiere es mejorar la atención, entonces hay que invertir en investigación.

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Publicado  el   16  de  enero  de 2010  en   el  Diario  La  Prensa, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El valor de la Prevención de las enfermedades

La opinión del Médico….

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Julio Toro Lozano

El pasado 27 de diciembre del 2009, El Panamá América publicó una noticia con un error estadístico en su encabezado, al señalar que “cerca del 70% de la población del país padecía de diabetes e hipertensión”, o sea, más de dos millones de panameños padecemos de ambas enfermedades.  Es posible que lo que se quisiese señalar es que 4 de cada 10 pacientes diabéticos y 3 de cada 10 pacientes con hipertensión arterial, evolucionan hacia la insuficiencia renal, con necesidad de tratamientos de diálisis.

El tema se presta para varias consideraciones; la primera, ambas enfermedades impactan más que el VIH/Sida, o lo(s) diferente(s) tipo(s) de influenza, y son las enfermedades más importantes en la población adulta, causantes de muchísimas complicaciones, infartos tanto del cerebro, como del corazón; daño renal que lleva a la necesidad de tratamiento a base de diálisis; amputaciones, en el caso de la diabetes; daños visuales, neurológicos, digestivos y muchas más.

La segunda consideración es que existen varias tipos de prevenciones, la primaria que se aplica en personas sanas y se realiza con la educación que recibimos, el tipo de alimentación, la vivienda, el consumo de agua potable, los esquemas de vacunación, además de revisiones médicas que en términos generales pueden realizarse entre uno a cinco años de intervalo, dependiendo de la enfermedad que queremos prevenir.

En el individuo sano no es necesario realizar revisiones médicas ni de laboratorio, cada tres o cuatro meses. La prevención secundaria se da en el individuo que presenta una enfermedad como la diabetes, o la hipertensión arterial y el objetivo es evitar que surjan nuevas complicaciones.

La prevención terciaria se da en los enfermos que ya desarrollaron una complicación y deseamos impedir que sumen otra, como es el caso del paciente hipertenso o diabético, en hemodiálisis, al cual queremos evitar el surgimiento de infecciones, especialmente en los sitios donde se realiza la conexión entre el paciente y la máquina de diálisis; o en el paciente con infarto cerebral, en el cual se desea evitar el surgimiento de úlceras en la piel.

Ningún tratamiento es barato, pero la prevención primaria, o sea evitar que el sujeto sano se enferme es la actividad de mejor costo beneficio, de salud pública, en lo social y en lo laboral, por lo que representa la acción principal y de mayor impacto.  Para su aplicación se necesita la convergencia de muchos factores, familia, vivienda, trabajo, educación, acceso a servicios de vacunación, etc.

De no aplicarse programas permanentes de prevención primaria es posible que en un futuro no lejano el porcentaje de panameños hipertensos y diabéticos llegue a ser el enunciado en el encabezado de la noticia en cuestión.

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Publicado el 11 de enero de 2010 en el Diario El Panamá América, a quienes damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Con las vacunas no se juega

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La opinión de…

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Julio Toro Lozano

Hace un par de semanas, en un programa radial matutino comunicaron que en Canadá se habían reportado “alergias mortales”, como efecto secundario a un tipo de vacuna contra el virus A (H1N1). Inmediatamente, los periodistas insinuaron una superioridad del Sistema de Salud de Panamá sobre el de Canadá y, por último, abordaron equivocadamente el tema de los medicamentos genéricos.

Durante el programa, una autoridad del Ministerio de Salud participó vía telefónica, y si bien es cierto que señaló que en Panamá no se utilizaría la vacuna causa del problema, no afirmó ni negó la existencia del evento adverso mortal en cuestión.

Me comuniqué con uno de los periodistas del programa en cuestión y al señalarle lo que a mi parecer habían sido tres errores seguidos, me manifestó, respecto a las alergias mortales provocadas por las vacunas, que esa información la había recibido a través de su blackberry. Al día siguiente, La Prensa publicaba lo ocurrido en Canadá, en donde fueron detectadas unas alergias, por lo que fue retirado únicamente el lote involucrado en estos casos; no había ninguna fatalidad y no se había suspendido el programa de vacunación.

En medicina, básicamente, existen tres tipos de tratamiento: el paliativo, el curativo y el preventivo. Las vacunas pertenecen al último esquema, el preventivo, el cual en general presenta un mejor perfil de efectividad, de seguridad, de beneficios e independientemente de su costo es el más barato.

Desde que fue descubierta la primera vacuna en 1796, por Edward Jenner, han surgido un sinnúmero de vacunas las cuales gozan del prestigio de haber contribuido a la erradicación de enfermedades como la viruela, o que tengan apariciones muy raras como polio, sarampión, paperas, varicela-zoster, entre otras.

Los esquemas de vacunación no sólo actúan en la prevención del contagio con una enfermedad, muchas de ellas logran atenuar el impacto del padecimiento, minimizando los estragos que pudiese ocasionar el agente invasor.

Hablar mal, desprestigiar injustificadamente un tratamiento con un potencial beneficio a la humanidad significa crear pánico y simplemente, quitarle la oportunidad al ser humano de favorecerse de las bondades que el nuevo tratamiento hubiese podido brindarle.

Por otro lado, la vigilancia que debe establecerse alrededor de todo producto orientado a ser utilizado en el combate a enfermedades en seres humanos, fármacos o vacunas, reposa en los métodos y procedimientos utilizados por las empresas que lo descubren y fabrican, en la investigación y vigilancia emprendida por las autoridades de salud, y en la participación de la comunidad reportando voluntariamente, cualquier evento que considerasen adversos, serios o no serios.

A diferencia de los países en desarrollo, donde la participación de la comunidad tiene un peso específico en ese control de calidad, en los países subdesarrollados, como Panamá, no existe la cultura de informar espontáneamente los efectos colaterales, serios o no serios, que puedan surgir luego de la administración o consumo de un tratamiento.

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Publicado el  16 de diciembre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien  damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.