¡No le pidan milagros!

La trayectoria de Julio lo avala para un proceso serio, de 4 años y no para dos torneos.   La opinión del Periodista…

JUAN CARLOS MAS 

Confieso que soy un profundo admirador de Julio César Dely Valdés, pero no desde que se cansó de hacer goles por el mundo en su larga y exitosa carrera que inició en Panamá, agudizó en Argentina, explotó en Uruguay y luego exportó a Europa, convirtiendo goles en Italia, Francia y España.
Supe que Julio César triunfaría y me convertí en uno de sus seguidores desde 1985, cuando con 18 años participó en un juego de exhibición en el Estadio Revolución (así se llamaba en ese entonces) y el gran atractivo entre equipos con ‘estrellas del patio’ era el dos veces mundialista y goleador chileno Carlos Caszely, quien gozaba sus últimos días de fama. Ese día el ‘Panagol’ jugó uno de sus mejores partidos, hizo un golazo y lo eclipsó. Esa noche, a mis entonces 19 años de edad y uno ejerciendo como periodista deportivo, conocí personalmente a Julio y lo comencé a tratar, situación que ha perdurado a lo largo de los 25 años que han transcurrido desde entonces.
No puedo presumir de ‘ser’ su amigo, pero cada vez que el destino nos cruzó en el camino (futbolista vs. periodista) hemos sido afectuosos, respetuosos y disfrutamos de grandes y amenas pláticas, al igual que con su hermano gemelo Jorge Luis Dely Valdés, por quien profeso la misma admiración.
Dicho esto a modo de preámbulo, me siento con autoridad para hablar de Julio, y realmente estoy incómodo por la forma como se manejó su llegada a la Selección Nacional, más allá de la fastuosa presentación que hizo la Fepafut, como queriendo enmendar errores recientes de forma y de fondo en este tema. Me molestó el ‘manoseo’ previo con la danza de nombres al que permanentemente se lo enfrentó (Alfio Basile, Bora Milutinovic, ‘Cheché’ Hernández, Sven Goran Ericksson y Luis Fernando Suárez), el método como se lo escogió (casi por insistencia de la prensa, cuando todos coincidíamos que Julio era el técnico ideal) y el plazo otorgado; es decir, hasta finalizar la Copa de Oro.
La trayectoria de Julio lo avala para un proceso serio, de 4 años y no para dos torneos inmediatos, sujeto a resultados y sin tiempo para una preparación adecuada para una selección que aspira a ganar los dos torneos. La Fepafut debe tomar conciencia de que a figuras como los hermanos Dely Valdés no se les puede utilizar como fichas descartables, convocándoles para amistosos y desechándolos luego, ante supuestos ‘megaproyectos’ de técnicos extranjeros, esto dicho con el mayor de los respetos y sin tener ningún tinte xenofóbico en esta opinión.
Deben darle la continuidad que el ciclo amerita y todo el apoyo logístico que requieran, como partidos amistosos, facilidades para convocar a jugadores del exterior, canchas para entrenar y todo lo que una selección que aspira a ser de primer nivel pueda necesitar. Pero sobre todo, este cuerpo técnico de lujo va a necesitar apoyo en los pocos meses que restan para prepararse y jugar un torneo tan importante como la Copa Centroamericana, que se disputa en Panamá y que precisamente los ahora ‘pupilos’ de Julio Dely aspiran a revalidar el título de campeones que hoy dignamente presumen. Ojalá bajo su dirección se pueda revalidar el título Centroamericano y más aún disputándose en Panamá, pero si el destino y/o los caprichos del fútbol no lo permiten, la responsabilidad no debe ser exclusivamente suya.
<> Artículo publicado el 28 de septiembre de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos,  lo mismo que al autor,   todo el crédito que les corresponde.
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