Una generación de cambio

La opinión de….

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Alicia Peschiera Clark

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Una generación de cambio

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Bastó una generación para que Irlanda se convirtiera en una nación próspera y emprendedora, un referente de éxito y de que el cambio es posible cuando el esfuerzo es compartido, las directrices están trazadas, son comprendidas y el proyecto se adopta como único y común por toda la población. Transformar un país pobre en una nación próspera no es fácil.   Se requiere de conciencia, unión y compromiso del Gobierno, empresarios, instituciones, gremios, comunidades y, no menos importante, del individuo.

El resultado de Irlanda es producto de una ardua labor y constante lucha. Eso sí, con un fin claro y compartido:   Hacer del país uno de “primer mundo”, un referente mundial y obtener la ansiada prosperidad.   Esto se logró adoptando principios éticos y frenando el éxodo del talento irlandés, mediante una fuerte inversión en educación, permitiendo que los niños y jóvenes estudiaran cerca de casa y formaran parte del motor de cambio en sus comunidades.   De igual manera, los mejores profesionales nacionales permanecieron en el país, generando una capacidad instalada de personal capacitado y apto para el desarrollo de diversas labores.   El mayor activo, su gente, estaba, ahora sí, preparado y listo para quedarse.

El Estado irlandés se dedicó a crear empleos a través de la adopción de diversas políticas, impulsando el crecimiento económico, contribuyendo a la economía y elevando el nivel de vida.   Se trabajó para estabilizar el balance del presupuesto público, promover impuestos adecuados y la apertura de su economía en el mercado mundial, así como en la creación de un centro financiero de talla mundial en Dublín.   Estas y otras acciones, abrieron los ojos de inversionistas a nivel global.

Los irlandeses entendieron la necesidad del cambio y se plegaron al mismo, compartiendo un sólo objetivo y apoyando al gobierno en esa meta. Los nuevos gobiernos siguieron la ruta trazada, sin importar la orientación política. Más aún, se trabajó y garantizó la gobernabilidad del país independientemente de quién gobernara.   Por si esto fuera poco, se instauró una idea que permanece inmersa hoy en la cultura del país, que sus ciudadanos son ágiles, creativos y positivos, características que las empresas buscan y esperan de los profesionales irlandeses.

Los mercados son dinámicos y si queremos crecer debemos reinventarnos y acoplarnos a dichos cambios, tal como lo sigue haciendo Irlanda. La confianza, pilar de cualquier política de cambio, es parte fundamental en el enfoque de Irlanda al futuro, y la apuesta por su país continúa siendo compartida y primordial para todos los connacionales irlandeses.

¿Podemos nosotros hacer lo mismo aquí?   Las condiciones iniciales para que Panamá pueda llegar a ser un país de primer mundo están dadas, pero esto no se logrará sin sacrificios, unión, afán por mejorar y la determinación inquebrantable para hacerlo.   Llevar a Panamá al primer mundo depende de nosotros, y los logros de haberlo hecho serán nuestra recompensa y el mayor legado para generaciones futuras.

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Publicado el 22 de octubre de 2009 en el diario LA PRENSA, a  quien damos, lo mismo que al autor, todo el crédito que le corresponde.

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