Una fórmula sencilla

La opinión de la Comunidadora Social

Berna Calvit
bdcalvit@cwpanama.net

Las malas experiencias dejan secuelas.   Todavía, después de muchos años, siento escalofríos al recordar, ante mí, el vacío que dejó un ascensor que por daños en el mecanismo estaba un piso más abajo. Salvada del descalabro por pura suerte, o por el llamado “sexto sentido”, nunca más he dejado de asegurarme de que la caja transportadora está en su lugar.

Otra vez contamos con agua potable, pero ahora sufro de lo que llamo “Síndrome de la falta de agua”. Y no me refiero solamente al agua bebestible, sino al agua que sale con solo abrir la pluma; cada vez que saco agua de la jarra en el refrigerador corro a llenarla; a cada rato abro las llaves del agua para asegurarme de que no se ha ido (expresión poco exacta porque no se fue a ninguna parte sino que la potabilizadora no la mandó); no bien termino de usar un vaso, plato u olla, ya estoy lavándolos, no vaya a ser que los trastos se queden amontonados y sucios; el baño diario es una carrera contra el tiempo, un corre corre para no quedar enjabonada.

Aún tengo botellas, botellitas y botellones llenos de agua por un “por si acaso”.    Con los gastos extra que me ocasionó esta situación, hubiera podido pagar alguna de las inevitables cuentas mensuales.   A ver si la falta del “vital líquido” nos enseñó a apreciarlo, y los trastornos que causa su carencia.

Nada garantiza que no volveremos a pasar por el mismo vía crucis resultante por falta de previsión, malos cálculos o ineptitud; o por “actos de Dios”, injustamente culpado por los torrenciales aguaceros que no causarían tanto daño si no fuera por la voracidad humana.   El paraguas de árboles y arbustos que la sabia madre natura proveyó para proteger los suelos es arrancado para construir barriadas “encementadas” que no dejan tierra para absorber las aguas; para potreros, o para la abusiva tala de árboles, todo sin mitigación de daños.   El fantasma de la sequía en los grifos no se alejará hasta que el Idaan remedie todas sus fallas y san Isidro Labrador (el que quita el agua y pone el sol) se apiade de nosotros, y no se vaya a los extremos.

Como si fuera poco, el país es hervidero de problemas, desasosiegos y disconformidades múltiples. A medida que se conocen más detalles sobre los trágicos sucesos en el Centro de Cumplimiento de Menores, aumenta el repudio no solo contra los policías, los custodios y las autoridades a cargo del centro, sino contra la actitud de altos funcionarios, especialmente el jefe de la Policía, Gustavo Pérez, y el ministro de Justicia, Mulino (a veces me hace recordar a Hulk).

La presentación tardía y nada satisfactoria del presidente Martinelli, sobre la tragedia, agregó sal a la herida; su expresión facial, de contrariedad, no transmitió el dolor que expresó en palabras; parecía que lo tenían frente a un paredón de fusilamiento (al que nadie va por voluntad propia).   A quien sea que le recomendó hacerla, y le dio el visto bueno a la grabación, le puede decir don Ricardo: “Con amigos así, no necesito enemigos”.

Y defraudó que no mencionara, ni de pasadita, la malvada Ley 74 de 2010 que envalentona a los malos policías que, protegidos por la ley se libran del castigo que merecen.   El personaje de la exitosa serie de televisión Dexter es un policía psicópata que determina por su cuenta, y bajo “principios éticos”, quién debe morir; pese a sus asesinatos y desprecio por los recursos de la ley, la serie lo presenta como ángel vengador, “justiciero” que mata a los malos.    La malignidad de esta serie consiste en mostrar a Dexter como héroe porque asesina delincuentes. Y más perverso aún que logre que muchos lo perciban como tal.

A los gobernantes les irrita que se les critique o denuncie; la libertad de expresión y de comunicación les resulta amenazante. Mediante el hostigamiento y, a veces, poco sutiles presiones, buscan “meterle los pelos para adentro” a los que no son parte del coro de elogios.   Craso error.   La represión es como un bumerán, algo que no entiende la ministra Alma Cortés, más que ministra, “cantalante” del partido Cambio Democrático. La señora considera que han sido “tolerantes”, y que hay quienes “se arrogan el derecho de hablar en nombre de la verdad”.

¿Sobre cuál verdad quiere opiniones?   ¿Sobre la suya?    ¿Quiere que no se hable del alarmante aumento de la criminalidad; de dudosas concesiones sin licitación; despilfarros; abusos policiales; del absurdo gasto en publicidad estatal; de los genuflexos diputados, etc.?

Enderezar entuertos, o al menos intentarlos, disminuiría tanta crítica negativa. Así de sencilla es la fórmula.

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Este artículo se publicó el 31  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

La fiesta de Fernandito

La opinión de…

Berna Calvit

bdcalvit@cwpanama.net

Era inevitable que en las actuales circunstancias recordara el merengue La lluvia, que canta el dominicano Fernandito Villalona; el pegajoso coro de la canción, “La lluvia no daña mi fiesta/ la lluvia no daña mi vacilón” le viene como anillo al dedo al presidente Martinelli. ¡Para su comparsa “Los locos somos más”! Anda de tan buen ánimo el Presidente, que partió de viaje ¡otro más!, cuando tomar agua, bañarse, y hacer “la mayor y la menor” ya se había convertido en complicación mayúscula en toda la ciudad.

Los entendidos en asuntos del clima y el manejo de aguas, habían advertido sobre las posibles consecuencias por fallas en la construcción de la potabilizadora de Chilibre y deficiencias en todo el sistema. Una enojada y abusada madre naturaleza se encargó de ponerlas al descubierto.

Las autoridades, más interesadas en cerrar pactos políticos, y en jugosos e innecesarios megaproyectos, que en atender lo primordial, no prestaron la debida atención. Y llegó el caos. Mirando la desesperación y la rebatiña por el agua que se repartía en diversos puntos me parecía estar viendo escenas del sufrido Haití. ¡En Panamá, el del crecimiento económico del que tanto alardeamos!

La politiquería, sin embargo, no estaba viviendo en seco, sino con mojaditos brindis por el deseado final de un alocado y servil proyecto para castigar con prisión las ofensas al Presidente y a funcionarios de elección popular.

La presión de las organizaciones, de particulares e, incluso, de astutos políticos oficialistas, impidió que prosperara; estos últimos, entre ellos el Presidente, se dieron cuenta de las consecuencias nacionales e internacionales de semejante desafuero. Igual suerte corrió la “chellada” (mi sinónimo para chabacanería) de los diputados Sergio Gálvez (Chello) y Vidal García, encargados de “tantear el terreno” de la reelección inmediata; otra vez tronaron las protestas y, especialmente fuertes, las de los varelistas, mireyistas y de “arnulfistas de verdad”, en riesgo de quedar “con los crespos hechos”, aplastados por el devorador Cambio Democrático, que más que partido político parece un dispensador de prebendas.

¿Creyeron las organizaciones de la sociedad civil que el Ejecutivo iba a considerar sus recomendaciones para nombrar el nuevo procurador general de la Nación?   ¿Olvidan cómo Moncada y Almengor se convirtieron en magistrados de la Corte Suprema de Justicia? ¿Creen que cumplirá la promesa a la Comisión de Estado por la Justicia, hecha antes de convertirse en presidente, de tomarlos en cuenta para nombrar a los magistrados del Tribunal Constitucional contemplado en las reformas constitucionales que promueve el Gobierno?   “El Estado soy yo”, dijo el rey Luis XIV. ¡Quiero mi Torre Tusa y mis corredores, más importantes que el agua!, dice el otro.

Se comentó que el discurso del Presidente en la inauguración del nuevo período del Legislativo parecía referirse a otro país, no a nuestro Panamá, tragada por la basura para felicidad de ratas grandes y gordas como conejos de granja; donde no se sabe cómo andan los gastos ni los negocios estatales, porque el 40% de los ministerios e instituciones no pasan la información al nodo de transparencia de la Defensoría del Pueblo, como es su deber; donde los tentáculos del narcotráfico asoman por todas partes; donde, al cambiar de ropaje, de FIS a PAN engavetaron los negociados en el FIS.

A propósito del FIS, recientemente se le negó al ex legislador Francisco Ameglio un incidente de controversia en el caso que se le sigue por un supuesto peculado; le iría mejor si hiciera como el alcalde de San Miguelito, Héctor Carrasquilla, que envuelto en un abultadísimo caso de supuesto peculado, brincó del PRD a Cambio Democrático y el caso… ¿Qué caso?

Todo palidece ante la infamia de los sucesos en el Centro de Cumplimiento de Tocumen, eufemismo rimbombante para un sitio infernal; la saña, el sadismo, la indiferencia de algunos policías, y la incompetencia y la burocracia del sistema convirtieron en pira la celda en la que la vida de varios jóvenes detenidos no valía nada.

¿No es censurable la destemplada reacción del ministro de Justicia, Mulino, ante estos hechos? ¿Defenderá a “su gente” el director de la policía, Gustavo Pérez, como defendió a los que asesinaron a los jóvenes pescadores de Boca La Caja? ¿Le importa al Gobierno el informe que rindió la comisión que constató la brutalidad policiaca en Changuinola? León Felipe, poeta español, dijo en su poema “Sé todos los cuentos”:

“Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan sólo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos,

que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,

que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,

que los huesos del hombre los entierran con cuentos,

y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo no sé muchas cosas, es verdad,

pero me han dormido con todos los cuentos…

y sé todos los cuentos”.

Yo también.

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Este artículo se publicó el 17  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.

Ni con pata de conejo

La opinión de la Comunicadora Social…

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Sería gran satisfacción empezar 2011 con los mismos sentimientos que sentía en mis años escolares al abrir un cuaderno nuevo. Recuerdo aquellos cuadernos, forrados con el papel más bonito que encontraba; las etiquetas blancas con borde de color, azul para el de español, verde para geografía, amarillo para aritmética; en las que escribía con orgullo mi nombre y el nombre de mi escuela.

Con mucho cuidado pasaba las páginas en blanco; eran una tentación para escribir palabras bonitas con mi mejor letra; procuraba que no se ajaran, que nada las manchara; que no tuviera necesidad de borrar, intento fallido muchas veces a pesar de mi esmero; los rastros del borrador y las tachaduras quedaban para afear aquella blancura separada por los renglones que disciplinaban mi escritura.

Eran los años en que no imaginaba que algún día podría escribir en una pantalla en la que podría corregir errores sin dejar rastros, maravilla de la tecnología. Para esperar la llegada del nuevo año cierro mi cuaderno de 2010, ya no de niña de escuela, sino de ciudadana de Panamá y del mundo. Y con pesar lo cierro sucio, feo, ajado, con la horrible escritura y las manchas dejadas por los que fomentan las guerras, la pobreza, el narcotráfico, la corrupción, la ignorancia; lacras que los benefician para seguir enriqueciéndose; para ejercer mayor poder. Mas no todo está perdido. Hay en mi cuaderno páginas que alborozan mi corazón; que registran los esfuerzos de los que no permiten que se apague en mí la flama de la fe en el humano, en mis hermanos universales.

Hemos sufrido, y sufrimos, los abusos que nos infligen poderes económicos y políticos foráneos. Y los que nos infligen nuestros propios compatriotas, más dolorosos por esa razón. Los acontecimientos recientes confirmaron la sospechada trama de corrupción dentro del Poder Judicial.   Nuestro país está sumido en incontables hechos de vicios y abusos del poder; la impunidad despojada de su ropa interior, muestra sus llagas, algunas tan viejas que las miramos con indiferencia, tal vez como mecanismo de defensa para continuar sobreviviendo en el viciado aire que se respira en los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Desgraciadamente, también los ciudadanos de a pie contribuimos con nuestra cuota de complicidad. Mientras sigamos siendo un pueblo tan ganoso de celebrar fiestas; de tener más días libres; de trabajar menos; y de no tomar conciencia de nuestros derechos y deberes, continuaremos siendo víctimas de los que se aprovechan de nuestras flaquezas. Y nos seguirán dando “pan y circo” mientras vorazmente se reparten los bienes de la Nación como negocios privados y nos atolondran con absurdas y costosas campañas publicitarias gubernamentales más propias de tiempos electoreros.

Termina el año 2010, año de desasosiego, de decisiones impensadas, impulsivas; de incertidumbres y malestares; algunas de consecuencias graves y desestabilizadoras. Las autoridades muestran desprecio por las opiniones y los aportes de ciudadanos y grupos interesados en contribuir a la mejor marcha de los asuntos nacionales. La reputación del Gobierno está severamente golpeada y el cuaderno nacional para 2011 empieza arrastrando las manchas de 2010. La economía crece a la par que nuestra reputación decrece.

El desenlace en la Procuraduría General de la Nación, a la que llegó un procurador que entró por la puerta trasera, de la mano del Ejecutivo, era de esperarse. La Wiki-hemorragia mundial desveló la degradante solicitud de nuestro gobierno, de solicitar ayuda a un país extranjero para espiar a nacionales panameños con propósitos bajunos. ¿Qué autoridad moral tenían las autoridades para sancionar a la ex procuradora general, Ana Matilde Gómez, por intervenir el teléfono de la víctima de un funcionario corrupto? Aunque duela y ofenda enterarnos de la oprobiosa solicitud al Gobierno norteamericano, ha servido para “calar” hasta dónde es capaz de llegar la malsana ambición de poder.

Qué más quisiera yo que abrir el cuaderno de 2011 con la misma ilusión con que abría mis cuadernos escolares nuevos. No podré hacerlo, pero sí puedo prometer, amable lector, que mientras siga en este espacio escribiré, como hasta ahora, con criterio independiente, sin enconos personales, ni intereses mezquinos. Porque sé que “las cosas no caen del cielo”, y que no hay talismán, ni sahumerio, ni pata de conejo, ni conjuro que valga para concedernos un buen 2011 por el simple hecho de desearlo, metamos el hombro para impedir que nos hundan del todo en el oscuro agujero de la desesperanza. Estiremos los brazos y abramos las manos con la ilusión de alcanzar, con nuestro esfuerzo, la luz que alumbre mejores días para todos.

<> Este artículo se publicó el 3  de enero de 2011   en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Suenen las trompetas

La opinión de…

 

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Las fiestas de fin de año llegan ensombrecidas por la pérdida de vidas y bienes causados por la inclemencia de lluvias sin precedentes e inundaciones devastadoras. Los que no sufrieron los rigores extremos de la naturaleza, y porque las cosas son como son, festejarán Navidad como siempre, con juguetes para los niños, con el Santa Claus que otra vez opaca la celebración del nacimiento del Niño Jesús; habrá regalos y fuegos artificiales y música; y en las mesas, jamón, tamales, ron ponche.   Así será porque es propio de la naturaleza humana, aun en medio de las penas, procurarse alegrías, y compartirlas; y es comprensible, especialmente si se tiene la satisfacción de haber aliviado con algún gesto solidario a las víctimas de una naturaleza que se cobra el maltrato que recibe.

La llegada de un nuevo año es propicia para revisar logros y fracasos. Es grato repasar lo que resultó bien; y a los fallos, no pasarles el borrador de la memoria debería servir, no para la amargura, sino para enmendarlos o evitar repetirlos.

Este año ni deseos tengo de tararear el alegre Burrito Sabanero; la ciudad, cada vez más enloquecida, es irritante hija descarriada del orden y la limpieza. Casi todas las noticias me espelucan. Al 11/12/2010 el gobierno había hecho compras directas por casi $500 millones.

¿Habrán aprovechado para llegar a los $600 millones en medio de tanta fiesta y tanto jolgorio mientras nos distraen con la reelección; con los muñecos de Bosco Vallarino; con el presidente Martinelli, como un Santa Claus, donando aturdidamente dinero del erario a la Teletón? Me pregunto: ¿Qué habré hecho para merecer el castigo de ver y oír a un locuaz y desfachatado diputado calentar las orejas del presidente Martinelli con lo de reelegirse; o será que no es así el asunto, sino más bien que le pusieron de tarea agitar las aguas de la reelección inmediata? ¿Hasta cuándo el diputado Tito Afudólares nos va a atormentar con su máscara de inocencia en el caso Cemis? ¿Se hará realidad la “Monstruotusa” en la Avenida Balboa, que en tenaces pesadillas nocturnas imagino persiguiéndome y aplastándome; y las que me causa el almibarado ministro Ferrufino, que corre tras de mí para entregarme un cheque del programa Cien para los Setenta, mientras grito, desesperada, “¡No, no se me acerque, no los necesito, estoy pensionada!”?

Obstinada, me digo a mí misma: “Lo que viene no puede ser peor;   “no hay mal que dure cinco años ni cuerpo que lo resista”. Sería fácil decir, como muchos panameños apáticos, indiferentes, “todo está igual, no está peor; siempre ha sido así; lo que diga o haga no va a cambiar nada”.   No. Rehúso aceptar, resignada, las malas acciones de los que ven el poder como un botín; los costosos desvaríos de planes faraónicos que anteponen a las necesidades reales e inmediatas.   El Presidente prometió que todo cambiaría para mejor. Pero los hechos indican que de la silla presidencial fluyen ondas, influjos, o maleficios que vuelve ciegos, sordos y tercos a los que se acercan a ella.

Es larga la lista de lo que no ha cambiado, y de lo que ha empeorado. Para muchos la popular sopa de carne con ñame, otoe, zapallo y yuca, es lujo, comida dominguera o especial para cuando hay invitados; las compras y obras sin licitación son escandalosas y los argumentos para justificarlas no convencen; las presiones y amenazas contra periodistas han sobrepasado las fronteras nacionales; la Contraloría es morisqueta al servicio de los caprichos del gobierno; las ciudades son basurero y la capital, Panamá, el trono de los desperdicios; crecemos alocadamente, sin orden ni concierto, arruinando nuestra riqueza natural; los diputados siguen haciendo de las suyas, y a disposición del Ejecutivo. La economía de Panamá, dijo recientemente el economista Rubén Lachman, “crece en áreas muy particulares que no se están vinculando a otra áreas”, lo que para mí significa que riqueza mal repartida sigue siendo pobreza; razón para que 2010 también haya sido un año de “mucho para pocos” y “poco para muchos”.

Pese a todo, renuevo mi fe en más y mejores ciudadanos; en los que participan, opinan y actúan para tratar de que los gobernantes enderecen el errático rumbo que llevan. Un nuevo año siempre abre ventanas de esperanzas a mejores días. A los que aquí, o lejos de la patria la aman, mis deseos de que en 2011 suenen para ellos las trompetas de la paz, la equidad y la justicia.

<> Este artículo se publicó el 20 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Del poder y la cuna

La opinión de…

 

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Frei Betto es un fraile dominico brasileño, figura importante de la Teología de la Liberación, corriente religiosa católica que no hace buenas migas con todo lo que dicta el Vaticano. Siendo fraile fue a prisión varias veces por oponerse al régimen militar brasileño que se tomó el poder en 1964.

Es un religioso “izquierdoso” que mantiene viva su fe en Dios, tal como lo expresa en la hermosa “Acción de gracias”, que dice: “Doy gracias al Señor por la fe que me arrebata y me quema, que calcina mi espíritu… y dobla mis rodillas ante el Misterio… por el encantamiento de la palabra… por los que se rehúsan a hacer guerras y exponen al ridículo la arrogancia de los poderosos… Gracias, Dios, por la poesía y por la duda…”.

De su libro La mosca azul este fragmento: “Dé a la persona una tajada de poder y sabrá quién es.   El poder, al contrario de lo que se dice, no cambia a las personas. Hace que se revelen.    Es como el artista a quien faltaban pincel, tintas y tela, o el asesino que, finalmente, dispone de arma…    Como el alcohol, embriaga y, a veces, hace delirar, excita la agresividad, derrumba escrúpulos.    Una vez investida de la función o cargo, título o prebenda, la persona se cree superior y no admite que subalternos contraríen su voluntad, sus opiniones, sus ideas y sus caprichos…”.

Del artículo “Quién tiene el poder” (29/11/2010): “Tiene poder toda persona o institución capaz de decidir el rumbo de nuestras vidas. Esto es poder: darnos o quitarnos el trabajo; aumentar o reducir el salario; ofrecer o no mejores sistemas de salud y educación. No me interesa el poder de los maharajás de la India o el de los multimillonarios árabes… Pero me alcanza el poder del presidente de Estados Unidos (Panamá, en nuestro caso). No puedo prescindir del poder de quien ostenta el poder político aunque no haya sido elegido con mi voto… La tendencia es que el subalterno, cuanto más apegado a su función que a su espíritu crítico, se infantilice frente al superior; ríe de lo que no tiene gracia, elogia lo que no merece consideración… Muchos que tienen poder nutren su ego gracias a la corte de aduladores. Y tienden a no aceptar que los critiquen. La mayoría se calla ante el poderoso aunque le conozca contradicciones y defectos…”.

Humildad deriva de humus (tierra); humilde es el que mantiene los pies en el suelo, sin vuelos egolátricos, dice Frei Betto; también, que muchos defectos podrían ser corregidos si los funcionarios y subalternos tuvieran canales para expresar críticas y sugerencias.

Que esos canales faltan en el Gobierno actual ha quedado demostrado múltiples veces; las discrepancias con el Ejecutivo, de altos funcionarios, no surten efecto: las cosas se hacen a la medida del Presidente, o del ministro de ministros, Papadimitriu.   Igual sucede con la opinión de la sociedad civil organizada; de intelectuales y de periodistas; de los que opinan “por la libre” en los medios y en la calle.

En vano señalan al Gobierno los yerros en la conducción del país; los abusos; la repetición de las malas artes en la política.   Y le advierten: el negocio de los Corredores es mal negocio; construir el Metro es imprudente riesgo económico: ¡no hay gente pa’ tanto Metro!    El tratado de intercambio de información fiscal con Estados Unidos es humillante genuflexión ante los intereses norteamericanos; es soga al cuello que afectará negativamente nuestro centro financiero, de la que no escaparán mensajeros, secretarias, abogados, notarios, traductores, cajeros, etc.

No hacen mella las críticas a la construcción de Torre Tusa al lado del Hospital Santo Tomás, capricho de nuevo rico por cuenta nuestra, los “paganini”; a los despidos masivos, con mega-aspiradoras, que hacen aún más deficiente el servicio público; al asilo, deshonroso para Panamá, de María Hurtado, jefa de espionaje (“sapeadera” en panameño) del gobierno Uribe, del que no se salvaba “ni el gato”; la improvisación y el desorden en megaproyectos; a la compra de políticos de oposición sin espinazo moral, indecencia de doble vía, ayer, hoy y siempre; por la agresión minera contra la naturaleza y nuestra salud.

En oportuna pausa de amor, celebremos el Día de la Madre. Todos los días recuerdo a la mía, mujer extraordinaria que marcó mi vida en forma indeleble. Para ella, y para todas las madres, las palabras de Frei Betto en “Acción de Gracias”: “Gracias al Señor por la mirada tierna de la madre inclinada junto a la cuna…”.

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<> Este artículo se publicó el 6 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

Dar tiempo al tiempo

La opinión de….

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Fue triste ver el desalojo, de su hogar, de una mujer mayor discapacitada por envenenamiento con dietilene glycol, uno de los tantos rostros de una tragedia nacional cuyo final no se vislumbra. Esta desgracia no empezó en 2003 con la licitación de 9 mil kilos de glicerina; no empezó en España, ni en China.

Fue aquí, en Panamá, donde viejos males (codicia, negligencia, falta de controles, indiferencia gubernamental), la hicieron posible.   Un señor de escasos recursos económicos, “representante” de la compañía con el sonoro nombre, Grupo Comercial Medicom, se adjudicó la licitación; Medicom pidió el producto a Rasfer Internacional, empresa española comerciante en químicos y farmacéuticos; Rasfer la pidió a un proveedor quien, a su vez, la compró al fabricante chino; en este pasar de manos hubo acuerdos para inflar el precio.

La Audiencia Nacional (España) asegura que Rasfer, “en clara connivencia con el proveedor y el fabricante chino, obtuvo un producto a un precio muy inferior al del mercado; …falseando la realidad de la factura de compraventa con el único fin de obtener un mayor beneficio, sin importarle la calidad del producto a exportar…”. Como información extra, que un ex ministro chino acusado de corrupción fue ejecutado en 2005 por recibir sobornos de empresas farmacéuticas y por incumplimiento de su deber.

La injusticia y la impunidad indignan. ¿Estaba atrasada aquella mujer, en el pago del alquiler, la hipoteca?  ¿Vivía con algún familiar por razón de su enfermedad?   No sé, la noticia no daba detalles. ¿Es su deuda más grave que la que tienen con las víctimas y la justicia los responsables del mayor envenenamiento con dietilene glycol registrado en el mundo?  Esa mujer representa lo que están viviendo cientos, tal vez miles, que buscando salud ahora enfrentan desempleo, desamparo gubernamental, dolencias graves y, al final, la certeza de una muerte inmerecida.  La Fiscalía Especial confirmó que parte del lote 03071601 comenzó a usarse en 2004, por lo que el número de afectados podría ser mayor;   la cifra real nunca se sabrá, ya que muchos no asociaron sus síntomas con envenenamiento.

El punto de partida es el laboratorio que elaboraba los medicamentos de la Caja de Seguro Social (CSS); los encargados habían advertido a sus superiores sobre sus deficiencias;  aun así no hubo mejoras.   Uno de los comerciantes implicados afirma que el producto “pasó por la aprobación” del laboratorio químico aduanero.   ¿Sería mirando por fuera los 46 bidones mortales?   Según las investigaciones Medicom alteró la fecha de caducidad, no el contenido; es importante anotar que el tiempo no transforma la glicerina en dietilene glycol.

La CSS asegura que analizó la calidad y la pureza de la glicerina; y aunque no lo crea, no analizó por posibles sustancias tóxicas.   Para la producción de medicamentos la CSS solo contaba con el permiso anual.    ¿Por qué la Dirección de Farmacia y Drogas del Minsa eximía a la CSS del registro sanitario? Para mayor claridad sobre estas situaciones, recomiendo la lectura del artículo   “Un punto de vista”,   del doctor Mauro Zúñiga   (La Prensa 10/11/2006) y de la entrevista al doctor Gustavo Arosemena, director del Instituto Especializado de Análisis de la Universidad de Panamá (IEA)  (La Estrella de Panamá 15/7/2010).  Me parece recordar que cuando empezaron las investigaciones, un funcionario del laboratorio de la CSS dijo que no enviaba las muestras de los productos al IEA “por falta de mensajero”.

Resumiendo: no analizar correctamente el producto en Panamá, antes de utilizarlo, causó esta tragedia. ¿Negligencia, falta de presupuesto, disputas territoriales? Faltó el control previo (atención, contralora de Bianchini) que en finanzas puede resultar en peculados, sobornos, quiebra, etc.  En salud, como en este caso, en muerte y discapacidad.    La cifra de muertos y de intoxicados sigue creciendo; las investigaciones continúan.

Por ser profana en asuntos del derecho, me permito preguntar si cuando muera el último de los envenenados, los responsables de las muertes podrían invocar la figura legal “sustracción de materia” que consiste, básicamente, en “la desaparición de los supuestos, hechos o normas que sustentan una acción; cuando esto sucede, la autoridad administrativa o legal no podrá decidir o pronunciarse sobre algo …”.

Al cerrar este escrito la última noticia es que la Fiscalía Especial formula cargos, por el envenenamiento, a los miembros de la junta directiva-2006 de la CSS. En este caso en especial, “dar tiempo al tiempo” para evadir responsabilidades es una infamia sin nombre.   “Una cualidad de la justicia es hacerla pronto y sin dilaciones; hacerla esperar es injusticia”, Jean de la Bruyere, escritor francés.

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<> Este artículo se publicó el 22  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/calvit-berna/

Con frenesí y sin control

La opinión de la comunicadora social…

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Bajo el sol inclemente, la señora vendía flores con la esperanza de que ese día, de difuntos, ganaría algo para “parar la olla” en casa. El Mes de la Patria es bueno para los “empresarios” de la carne en palito, el mafá, raspa’os, o fritangas; para los que venden banderas panameñas que, en algunos, despierta efímero amor por Panamá porque el resto del año poco les importa su suerte.

En los desfiles, cada vez más desvirtuados de su verdadero significado, no faltan los estudiantes engalanados con charreteras y quepis, haciendo complicadas piruetas con los instrumentos musicales a ritmo de regué o “pasa–pasa”; y las chicas, con ropa más apropiada para Carnaval que para desfiles patrios, se contonean como en coreografía de concurso Baila conmigo. Sería mejor, para no terminar de estropear estas festividades, que los periodistas no les hagan preguntas peliagudas como ¿Qué se celebra hoy? ¿Quién fue el primer presidente de Panamá? ¿En qué año dejó Panamá de ser parte de Colombia? Afortunadamente, siempre hay estudiantes y grupos que por su sobriedad y buena presentación salvan los desfiles.

Pasaré estos días con el ánimo fortalecido para resistir, con estoicismo digno de pupila de Séneca, la usual palabrería hueca de los políticos que aprovechan para decir cuánto aman a su pueblo, con cuánto sacrificio trabajan por nuestro bienestar, bla, bla.    Entre el “jalouin”, las fiestas patrias, el Día de la Madre, y la llegada de Navidad y el nuevo año, estamos tan distraídos que si al Gobierno se le ocurriera vender la torre de Panamá La Vieja o el Parque Catedral, ni cuenta nos daríamos.   Si algo así sucediera (los locos son impredecibles), solo unos cuantos pegarían el grito al cielo (inútilmente, por cierto), porque el resto estaría muy ocupado en llenar los centros comerciales como si el fin del mundo estuviera cercano; comprando frenéticamente porque hay que apartar los juguetes de los hijos, comprar el pavo, el lechón, el “guaro”, el arbolito y pintar la casa.

Con tanta distracción, tres días antes del “jalouin” la contralora general de la República, Gioconda de Bianchini, ex contralora del Super 99, decidió exceptuar a los ministerios del control previo para manejo de fondos, recursos y bienes públicos.   Qué oportuna decisión (que se sospecha no salió de Contraloría) cuando, precisamente, se aprobaba el presupuesto más alto de la historia, 13 mil 9 millones, para una serie de paquidérmicos y delirantes proyectos, algunos innecesarios y otros, hasta irresponsables.

Los diputados, sumisos servidores de palacio, siguen diciendo sí. El ministro de Economía y Finanzas, Vallarino, dice que está destinado a proyectos de inversión de compromiso social. ¿Compromiso social la caprichosa torre La Tusa (69 pisos, 2 mil 200 estacionamientos) justo al lado del hospital Santo Tomás (monumento histórico), área de silencio, pesadilla, ya, de caos vehicular; carreteras y puentes para favorecer a inversionistas inmobiliarios que se llevarán la parte del león?   Rubén Darío Carles (Chinchorro), que destaca por el manejo serio de la Contraloría durante el gobierno de Guillermo Endara, y José Chen Barría, ex contralor y señor de todos mis respetos, afirman que eliminar el control previo pone en peligro la administración de los recursos públicos y fomenta la corrupción.   Imagínense que los directores de escuelas podrán hacer contratos para reparar escuelas sin publicar la información en Panamá Compra. ¡Bingo!

¿Ya se olvidó el escándalo de corrupción millonaria en el Fondo de Equidad y Calidad de la Educación (FECE), gracias a la falta del control previo?   Los ministerios de Obras Públicas y de Salud manejarán durante el año 2011, unos B/.848 millones en el renglón de inversiones sin “control previo” ni necesidad de publicar los detalles de la contratación o compra. Dice de Bianchini: “No significa que no vamos a fiscalizar. Por el contrario, nos mantendremos vigilantes”.

¿Cuándo? ¿Después que, por ejemplo, alguien pase cuentas por $500 mil en tuercas que en realidad cuestan $36 mil, “clavo pasado” porque el negocio es del pariente o amigo de algún encopetado funcionario? ¿Vigilará con la eficiencia que reflejó el censo nacional 2009, el más desastroso de nuestra historia?   ¿Y qué con lo del FIS/FES y la auditoría de la Contraloría?

El Gobierno, ignorando recomendaciones objetivas, avanza como aplanadora, sin miramientos. Ni que tuviéramos las riquezas de los Emiratos Árabes.   No perder el poder en 2014, a este costo, es irresponsable. Sobre todo, porque las verdaderas necesidades sociales siguen insatisfechas.   “El poder sin límites es un frenesí que arruina su propia autoridad”, dijo Fenelón, prelado y erudito francés.

<> Este artículo se publicó el 8  de noviembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.
Más artículos de la autora  en: https://panaletras.wordpress.com/category/calvit-berna/