Desigualdad y bienestar

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La opinión de…

Juan Jované 

Entre los más recientes estudios dedicados al análisis del impacto humano de la falta de equidad económica y social se destaca el libro de los distinguidos epidemiólogos británicos Richard Wilkinson de la Universidad de Nottingham y Kate Pickett de la Universidad de York, publicado por el editorial Pinguin (2009) bajo el título de “The Spirit Level”.
La tesis fundamental del libro, cuya demostración se basa en la comparación minuciosa entre cerca de dos docenas de países desarrollados, así como entre los cincuenta estados de los Estados Unidos de América, es que la falta de equidad afecta profundamente la siquis humana, crea ansiedad, desconfianza social y toda otra serie de problemas tanto físicos como mentales.
Los resultados concretos del estudio son contundentes, la mayor inequidad genera de manera sistemática efectos tales como más violencia, falta de cohesión social, casos de abusos de drogas y de embarazos prematuros, así como un peor aprovechamiento de la educación, una menor movilidad social, una expectativa de vida inferior y un estatus reducido para la mujer.

Los resultados antes descritos, conviene enfatizar, se lograron con un alto nivel de apego al método científico, el cual llevó a que los autores dedicaran una parte de la investigación a asegurarse que aún eliminando otras causas alternativas de estos fenómenos, como lo son las diferencias culturales, la vinculación entre falta de equidad y los mismos seguía siendo robusta.

 

Así mismo lograron demostrar claramente que la dirección de la determinación va de la falta de equidad hacia los problemas sociales antes señalados. Se trata, vale la pena añadir, de una demostración que coincide con los recientes hallazgos de Dean Baker y David Ronsnick del Center for Economic and Policy Research, quienes al estudiar la situación de los jubilados del seguro social norteamericano han llegado a la conclusión de que mientras que entre los de mayor ingreso la expectativa de vida se ha incrementado, lo mismo no ha sucedido con los de menores ingresos relativos.

La tesis demostrada por Wilkinson y Pikett, que ratifica que la equidad es un elemento central del desarrollo humano sostenible, tiene la mayor importancia para un país como Panamá, en el que pese a sus altas tasas de crecimiento se muestra una distribución del ingreso profundamente sesgada por medio de la cual el 10% más rico de la población, es decir la clase dorada que controla la vida económica y política del país, se apropia de cerca del 40% del ingreso nacional disponible.

Resulta así necesario empezar a definir un nuevo paradigma para nuestra economía en el que:

1) el objetivo central sea el pleno desarrollo de cada panameño y panameña;

2) se provea a todos de una existencia humana decente asegurándoles la satisfacción de sus necesidades básicas;

3) esté disponible un empleo decente para cada trabajador;

4) se instale una amplia democracia participativa basada en la organización de la comunidad;

5) se asegure una situación de respeto y sostenibilidad frente al medio ambiente.

Para esto debemos construir una fuerza política independiente amplia.

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<>Artículo publicado el 11  de enero de 2011  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

Suenen las trompetas

La opinión de…

 

BERNA  CALVIT
bdcalvit@cwpanama.net

Las fiestas de fin de año llegan ensombrecidas por la pérdida de vidas y bienes causados por la inclemencia de lluvias sin precedentes e inundaciones devastadoras. Los que no sufrieron los rigores extremos de la naturaleza, y porque las cosas son como son, festejarán Navidad como siempre, con juguetes para los niños, con el Santa Claus que otra vez opaca la celebración del nacimiento del Niño Jesús; habrá regalos y fuegos artificiales y música; y en las mesas, jamón, tamales, ron ponche.   Así será porque es propio de la naturaleza humana, aun en medio de las penas, procurarse alegrías, y compartirlas; y es comprensible, especialmente si se tiene la satisfacción de haber aliviado con algún gesto solidario a las víctimas de una naturaleza que se cobra el maltrato que recibe.

La llegada de un nuevo año es propicia para revisar logros y fracasos. Es grato repasar lo que resultó bien; y a los fallos, no pasarles el borrador de la memoria debería servir, no para la amargura, sino para enmendarlos o evitar repetirlos.

Este año ni deseos tengo de tararear el alegre Burrito Sabanero; la ciudad, cada vez más enloquecida, es irritante hija descarriada del orden y la limpieza. Casi todas las noticias me espelucan. Al 11/12/2010 el gobierno había hecho compras directas por casi $500 millones.

¿Habrán aprovechado para llegar a los $600 millones en medio de tanta fiesta y tanto jolgorio mientras nos distraen con la reelección; con los muñecos de Bosco Vallarino; con el presidente Martinelli, como un Santa Claus, donando aturdidamente dinero del erario a la Teletón? Me pregunto: ¿Qué habré hecho para merecer el castigo de ver y oír a un locuaz y desfachatado diputado calentar las orejas del presidente Martinelli con lo de reelegirse; o será que no es así el asunto, sino más bien que le pusieron de tarea agitar las aguas de la reelección inmediata? ¿Hasta cuándo el diputado Tito Afudólares nos va a atormentar con su máscara de inocencia en el caso Cemis? ¿Se hará realidad la “Monstruotusa” en la Avenida Balboa, que en tenaces pesadillas nocturnas imagino persiguiéndome y aplastándome; y las que me causa el almibarado ministro Ferrufino, que corre tras de mí para entregarme un cheque del programa Cien para los Setenta, mientras grito, desesperada, “¡No, no se me acerque, no los necesito, estoy pensionada!”?

Obstinada, me digo a mí misma: “Lo que viene no puede ser peor;   “no hay mal que dure cinco años ni cuerpo que lo resista”. Sería fácil decir, como muchos panameños apáticos, indiferentes, “todo está igual, no está peor; siempre ha sido así; lo que diga o haga no va a cambiar nada”.   No. Rehúso aceptar, resignada, las malas acciones de los que ven el poder como un botín; los costosos desvaríos de planes faraónicos que anteponen a las necesidades reales e inmediatas.   El Presidente prometió que todo cambiaría para mejor. Pero los hechos indican que de la silla presidencial fluyen ondas, influjos, o maleficios que vuelve ciegos, sordos y tercos a los que se acercan a ella.

Es larga la lista de lo que no ha cambiado, y de lo que ha empeorado. Para muchos la popular sopa de carne con ñame, otoe, zapallo y yuca, es lujo, comida dominguera o especial para cuando hay invitados; las compras y obras sin licitación son escandalosas y los argumentos para justificarlas no convencen; las presiones y amenazas contra periodistas han sobrepasado las fronteras nacionales; la Contraloría es morisqueta al servicio de los caprichos del gobierno; las ciudades son basurero y la capital, Panamá, el trono de los desperdicios; crecemos alocadamente, sin orden ni concierto, arruinando nuestra riqueza natural; los diputados siguen haciendo de las suyas, y a disposición del Ejecutivo. La economía de Panamá, dijo recientemente el economista Rubén Lachman, “crece en áreas muy particulares que no se están vinculando a otra áreas”, lo que para mí significa que riqueza mal repartida sigue siendo pobreza; razón para que 2010 también haya sido un año de “mucho para pocos” y “poco para muchos”.

Pese a todo, renuevo mi fe en más y mejores ciudadanos; en los que participan, opinan y actúan para tratar de que los gobernantes enderecen el errático rumbo que llevan. Un nuevo año siempre abre ventanas de esperanzas a mejores días. A los que aquí, o lejos de la patria la aman, mis deseos de que en 2011 suenen para ellos las trompetas de la paz, la equidad y la justicia.

<> Este artículo se publicó el 20 de diciembre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que a la  autora, todo el crédito que les corresponde.

Implosión social

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La opinión del Abogado y Administrador de Empresa, Profesor Universitario….

Miguel A. Boloboski Ferreira

El término subdesarrollo es controversial. La Real Academia de la Lengua lo define como “el atraso de un país o región que no habría alcanzado determinados niveles socioeconómicos y culturales”. Además de económico y cultural el subdesarrollo es un problema social, político y de administración que tiene su génesis en la orfandad de una sólida educación.  Profundizar en las causas del subdesarrollo es ahondar en los por qué de la pobreza, la marginación y por sobre todo de la “Inequidad”. Un país que no promueva y garantice la “Equidad” en las oportunidades (entre ellas el acceso a tiempo a la educación) esta condenado al subdesarrollo.

Según la III Encuesta Nacional, entre 2003 y 2008 la pobreza en Panamá disminuyó; aunque aún persisten grandes diferencias entre los hogares que tienen mucho y los que viven en la indigencia, principalmente en provincias y áreas comarcales.   El 20% de los hogares más pobres (extrema pobreza) dispuso del 5.1% del ingreso nacional, pero el 20% de los hogares con más ingresos tuvo acceso al 29% de estos ingresos en el mismo periodo. Tal disparidad es insostenible y tenemos que encontrar una solución a corto plazo si queremos evitar una Implosión Social.

No hace falta ser genio para saberlo, ni pretendemos fungir de pitonisos infalibles, no obstante es justo cuando menos avisar. Dice Horacio Galeano Perrone que las sociedades también “explotan hacia adentro”. El que te roba o asalta; El que te secuestra; resulta ser tu propio vecino quien ve en tu progreso una afrenta; y te agrede. Es el fin de una forma de vida que privilegiaba la solidaridad y el cuidado mutuo entre pares, y que ahora actúa como disparador del odio y la violencia. Una guerra civil silenciosa en donde se asesina por un auto, un celular o un par de zapatillas.

Una alternativa de solución nos la ofrece “El Índice de Oportunidades Humanas” (IOH) elaborado por el Banco Mundial. Imaginemos un país en donde el futuro de nuestros hijos/nietos no dependa de cuánto dinero ganan sus padres, del color de su piel, del género (hombre o mujer), y menos en qué tipo de cuna nació. Imaginemos que sus circunstancias personales al nacer; (aquellas sobre las que no tiene control ni responsabilidad) no condicione sus oportunidades y las de sus hijos. Imaginemos que la educación oportuna, el agua potable o la conexión eléctrica sean realidades concretas. Mientras que la igualdad es controversial, la equidad cuenta con apoyo unánime a lo largo del espectro político.

“Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra sea sinónimo de una paz verdadera, aun siendo tan deseada. No existe verdadera paz sino viene acompañada de Equidad, verdad, justicia, y solidaridad” (Juan Pablo II)

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<>Artículo publicado el  8 de diciembre  de 2010  en el diario El Panamá América,   a quienes damos,  lo mismo que al autor,  todo el crédito que les corresponde.

La verdadera pobreza

La opinión de…

 

May Jane Coulson  

Un día en casa recogía ropa de poco uso y en buenas condiciones para regalar a personas con necesidades y uno de mis hijos me preguntó: “Mami, ¿por qué existe la pobreza?”.

Le contesté que ese era un asunto que no debiera existir, o que debiera ser de fácil solución, pero que los seres humanos a veces nos complicamos. E iniciamos una larga conversación al respecto.

Durante nuestra plática, se dio una profunda e interesante reflexión sobre lo que realmente significa ser pobres y ricos.   Éste es un asunto que va mucho más allá de la pertenencia de bienes materiales, del poder adquisitivo y del dinero. Es un asunto de amor y aprecio por la vida, de respeto al prójimo y a la dignidad humana. Es un mero asunto de valores.

La verdadera pobreza se da cuando nos hace falta un propósito de vida; cuando vivimos preocupados por las apariencias; cuando descuidamos la familia y las amistades; cuando no usamos nuestros talentos al servicio de los demás;   cuando se es mezquino, deshonesto e irresponsable; cuando damos un trato injusto a los demás; cuando basamos nuestra conducta en el “juega vivo”; cuando nos creemos superiores a otros; cuando nuestro comportamiento carece de valores y principios éticos.

Por otro lado, la verdadera riqueza no consiste en acumular bienes, sino en ser capaces de poder desprendernos de ellos, de compartir, de vivir en paz, amor y alegría con nosotros mismos y con los demás.

Es importante sentir, creer y vivir en valores. Solo así podremos contagiar y pasárselos a los demás. Solo así podremos contribuir a eliminar las malas prácticas y la corrupción.

Solo así podremos construir una mejor sociedad donde prevalezca lo que es verdaderamente importante: la honestidad, el amor, el respeto y la equidad.

<> Este artículo se publicó el 31  de octubre de 2010  en el diario La Prensa, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.

El crecimiento de pocos

La opinión del Economista, Político y Docente Universitario …

Juan Jované 

Hace apenas algunos días altos funcionarios del actual gobierno anunciaban, con una certidumbre digna de mejor causa, que estaban elevando sus expectativas de crecimiento de la economía hasta un 7.0% para el presente año.   Se trata de una visión bastante optimista teniendo en cuenta, por ejemplo, que la recuperación internacional se puede calificar de lánguida, mientras que analistas tan importantes como Nouriel Roubini y otros llaman la atención sobre los efectos de una posible guerra cambiaria, todo esto en condiciones que el Ministerio de Economía y Finanzas apuesta a un crecimiento extrovertido.

 

Sin embargo, la mayor dificultad en los planteamientos del sector oficial es que los mismos no hacen ninguna mención de cuál es el real impacto que ha tenido, en base al modelo dominante, el crecimiento sobre la suerte de los panameños y panameñas de a pie. Es así que si bien muchos han celebrado las altas tasas de crecimiento que mostró la economía entre el 2004 y 2008, con un promedio anual de 9.1%, lo cierto es que esto en la práctica significó mucho para pocos y poco para muchos. Si se mide en términos reales, es decir a precios de 1996, pese a que el ingreso nacional promedio per cápita se elevó entre esos dos años en B/. 1,473.64, lo cierto es que en el decil más rico de la población este incremento alcanzó a B/. 5,570.12, mientras que en el decil más pobre fue de apenas B/. 176.35.

Más aún, se puede señalar que del total del crecimiento observado del ingreso nacional en el período señalado, el 20% más rico de la población logró apropiarse del 56.1% de sus frutos, mientras que al 40% más pobre le correspondió apenas el 12.3%.

Si recordamos, tal como lo destacó Juan XXIII en su Mater et Magistra, “que el desarrollo económico y el progreso social deben ir juntos y acomodarse mutuamente, de forma que todas las categorías sociales tengan participación adecuada en el aumento de la riqueza de la nación”, resulta evidente que nos encontramos frente a un crecimiento sesgado, concentrado y que rompe con lo que el Papa Bueno llamó “un precepto gravísimo de la justicia social”.

Esto se confirma si se tiene presente que, pese a todo esta expansión, en el 2009 se observó que el 6.6% de la población económicamente activa estaba desocupada, mientras que el 14.3% de los ocupados se encontraban subocupados y el 42.1% de los trabajadores no agrícolas podían ser calificados como informales.

Se trata de una situación que carece de todo sentido de equidad, que destaca la profunda falta de solidaridad que se encuentra en la naturaleza misma del esquema oficial de crecimiento, a la vez que se muestra su insostenibilidad en el tiempo. No en vano Alicia Bárcena, actual Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, ha afirmado que “la desigualdad mina, tarde o temprano, la estabilidad política y erosiona el consenso en que se basa la estrategia de desarrollo”. Se trata de un consejo que no se puede dejar de atender.

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<> Este artículo se publicó el 26  de octubre de 2010  en el diario El Panamá América, a quienes damos,  lo mismo que al autor, todo el crédito que les corresponde.
Mas artículos del autor en: https://panaletras.wordpress.com/category/jovane-juan/

La cenicienta…

La opinión de la Periodista….

Adelita Coriat

El sector agropecuario esta desesperado por encontrar un rumbo. El gobierno no ha enviado un mensaje claro a los productores con respecto a la política arancelaria y éstos temen pérdidas ante la competencia que se les avecina.

Se enfatiza en el Panamá de los servicios y dejan al agro como cenicienta. Las señales son contradictorias.   En un año, tierras altas ha sido testigo de dos bajas arancelarias inconsultas.

Falta definir una política arancelaria a corto, mediano y largo plazo, plantear el inventario de los principales productos de la canasta básica, inyectar confianza en el productor para insertar sus productos en el mercado sin temor a pérdidas por bajas arancelarias o competitividad y facilidad de préstamos blandos. Las inconformidades de los agricultores se centran en la falta de competitividad, insumos, recursos económicos, burocracia, letargo, falta de hipotecas o dinero a destiempo.

Invertir en el agro es evitar la pobreza. Suena irónico que a un ministerio de corte social se destine menos del 1% del presupuesto nacional; 113 millones de los cuales el 80% se va en funcionamiento.

Un factor que complica el escenario será la escasez de ciertos rubros debido a sequías o inundaciones en el mundo; trigo, arroz o cereales.   Las heladas de Rusia provocarán un alza de 25 dólares por quintal, el doble del precio actual.

Se dice que la canasta básica sigue estable, que es simplista enfatizar en que el intermediario es el que se queda con todo, por lo que es necesario ser más enérgico en lograr que funcione la libre competencia.

Al final la ganancia extraordinaria por la importación no se le pasa al consumidor.

El PIB ronda los 25 mil millones de dólares, la gente involucrada en el sector primario del país no tiene un ingreso acorde al crecimiento de otros rubros. Debemos avanzar en equidad.

<> Artículo publicado el 27 de septiembre de 2010 en el diario El Panamá América, a quienes damos,    lo mismo que a la autora,   todo el crédito que les corresponde.

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Cápsulas

La opinión de Doctora en Medicina y Rotaria….

MARISÍN VILLALAZ DE ARIAS

Equidad: Es el valor mediante el cual se garantizan a todos los individuos las mismas oportunidades de acceso a los bienes de la sociedad y el mismo derecho a participar activamente en nuestro país.

La equidad se puede entender como la igualdad de oportunidades para el goce de las libertades y de la justicia. La equidad requiere de la participación de toda la población y del gobierno, que busca mejorar las condiciones de vida y las oportunidades de los grupos menos favorecidos. La equidad permite hacer más justa la justicia.

Honestidad: Es un valor cuyo fundamento es la verdad, implica respeto y genera confianza. Cualidad de una persona decente y de buenas costumbres. La honestidad es una cualidad que encierra valores como tener palabra, hablar con la verdad, ser congruentes con lo que decimos y hacemos, reconocer nuestro errores y aprender de ellos; buscar el éxito sin pasar por encima de nadie y evitar la corrupción. La honestidad abarca también cualidades como la sinceridad, el respeto, la justicia, la franquea, la confianza, la objetividad y la verdad.

Igualdad: Cualidad que elimina las diferencias entre personas o cosas.   Principio jurídico que admite la capacidad de todos los ciudadanos para disfrutar de los mismos derechos. La igualdad es una condición natural del ser humano. Todos los seres humanos son iguales, no importa el color de la piel, la raza, el credo, la apariencia física y el sexo, pues son seres humanos con capacidades para desarrollarse en cualquier aspecto de la vida. Todas las personas tienen diferencias como edad, sexo, condición social, características físicas, pero como seres humanos todos somos iguales.

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Este artículo fue publicado el  12 de agosto de 2010  en el diario La Estrella de Panamá,  a quienes damos, lo mismo que a la autora, todo el crédito que les corresponde.